La película La Land, de exquisita ejecución técnica es todo un homenaje al cine clásico de Hollywood, a los grandes musicales y a la ciudad de Los Angeles, que pocas veces aparece tan bien retratada como en esta película.
Pero lo que se nos plantea es mucho más que un simple ejercicio formal. La escena final de la película propone aquella vida que pude ser y no fue… si editásemos sólo unos pequeños detalles (aquella sonrisa que no dimas, o esas palabras mágicas que no acertamos a pronunciar o esa cita a la que no llegamos a tiempo) tendríamos la vida que no pudimos, no quisimos o no nos atrevimos a vivir.
¿Peor, mejor? Sin duda distinta. Cada uno escoge su camino, muchas veces ese purgatorio a medio camino entre el cielo al que aspirábamos y ese mundo que ya dejamos tan atrás que no admite retorno porque consumimos todas nuestras naves al dar combustible a nuestros sueños, posiblemente en un vano alarde pirotécnico. Pero ahí estamos y lo único que tenemos es la realidad que decidimos vivir, la presente, la única disponible.
Consolémonos, tal vez, simplemente la mejor posible para nosotros.
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martes, 23 de marzo de 2021
lunes, 22 de marzo de 2021
¡VIVE!
Una vida miserable de aspiraciones es una infraexistencia amputada de esperanzas, una constante frustración. La ilusión, la emoción van configurando nuestras vivencias, así como nuestros anhelos y deseos. Renunciar a ellos es renunciar a la plenitud. Cuando encontremos una meta o una ambición que nos impulse, nos agite o nos inspire, la única opción coherente es luchar por ella sin ahorrar esfuerzo ni guardar energía para el regreso. En ese punto la única posibilidad de salvación es llegar a la otra orilla. Ese lugar que los mezquinos nunca conocerán porque queda fuera de sus estrechos mapas mentales.
La película Gattaca, injustamente infravalorada, plantea una sociedad donde los que no estaban genéticamente modificados no tenían ninguna posibilidad de éxito. Sin embargo, la lucha y la determinación pueden rebasar y confundir a todo el sistema, con lo que la historia que nos plantean es realmente un auténtico himno a la vida y a la superación. Aquí una de las escenas que más me gusta y que ilustra perfectamente todo lo que estoy comentando.
La película Gattaca, injustamente infravalorada, plantea una sociedad donde los que no estaban genéticamente modificados no tenían ninguna posibilidad de éxito. Sin embargo, la lucha y la determinación pueden rebasar y confundir a todo el sistema, con lo que la historia que nos plantean es realmente un auténtico himno a la vida y a la superación. Aquí una de las escenas que más me gusta y que ilustra perfectamente todo lo que estoy comentando.
jueves, 4 de marzo de 2021
Ñ DE ESPAÑA
Una de las cosas que más hecho de menos cuando viajo a otros países, y me veo obligado a usar teclados diferentes, es no poder escribir la letra Ñ. Una grafía de la que sentirse orgulloso, más importante de lo que parece, con la que se escribe empeÑo, cariÑo y maÑana.
Realmente creo que hay cosas que no se pueden expresar sin usar la Ñ.
I
El seÑor de DoÑana empozoÑa EspaÑa.
PreÑado de engaÑos el aseÑorado seÑorito apaÑa con el moÑos y los antiespaÑolistas el apuÑalamiento este aÑo.
AÑagazas contra los madrileÑos.
Hasta el moÑo de sus artimaÑas.
No hay paÑuelos ni cariÑos pero si guadaÑas a los daÑados o a los ya aÑosos.
Este es el aÑo de la Santa CompaÑa.
Todo el aÑorado antaÑo cae aÑicos.
No se enseÑa. Se daÑa y se enmaraÑa.
II
Con la Ñ seÑalamos a las alimaÑas sin entraÑas que se ensaÑan con EspaÑa:
A los niÑatos en paÑales que se encoÑan y amaÑan con los que nos encaÑonan.
A las muÑequitas que tiÑen sus escaÑos.
A los que pergeÑan ensoÑaciones acompaÑados de caribeÑos y carroÑeros caraqueÑos que nos empozoÑan.
A los que se adueÑan de seÑoríos con artimaÑas, empaÑados en apaÑos.
A los que araÑan nuestras entraÑas.
III
AÑos extraÑos de daÑinas guadaÑas, emmaraÑadas cuÑas, guiÑos a muÑecos, aÑejas morriÑas, empequeÑecer las hazaÑas y campaÑa por AzaÑa.
Se aliÑa un maÑana donde se enseÑarán aniÑadas ÑoÑeces, daÑando a los que empuÑan la enseÑa de EspaÑa.
Pero un puÑado de peÑa empuÑa sus uÑas y puÑos ante los que caÑonean lo espaÑol, empeÑados con maÑa en escudriÑar en sus engaÑOs.
¡¡Ya no más patraÑas!!
Ante la pozoÑa: Todos una piÑa.
AÑoro a los seÑores de antaÑo,con CataluÑa y la ikurriÑa preÑadas de Ñ, cuando EspaÑa era la caÑa.
AÑos escoÑados.
¡¡¡Ya vale, CoÑo!!!
( El texto es un ejercicio estiístico donde el filo de la Ñ aguijonéa más de lo habitual en mis escritos. Ella me ha guiado y yo me he dejado llevar...)
Realmente creo que hay cosas que no se pueden expresar sin usar la Ñ.
I
El seÑor de DoÑana empozoÑa EspaÑa.
PreÑado de engaÑos el aseÑorado seÑorito apaÑa con el moÑos y los antiespaÑolistas el apuÑalamiento este aÑo.
AÑagazas contra los madrileÑos.
Hasta el moÑo de sus artimaÑas.
No hay paÑuelos ni cariÑos pero si guadaÑas a los daÑados o a los ya aÑosos.
Este es el aÑo de la Santa CompaÑa.
Todo el aÑorado antaÑo cae aÑicos.
No se enseÑa. Se daÑa y se enmaraÑa.
II
Con la Ñ seÑalamos a las alimaÑas sin entraÑas que se ensaÑan con EspaÑa:
A los niÑatos en paÑales que se encoÑan y amaÑan con los que nos encaÑonan.
A las muÑequitas que tiÑen sus escaÑos.
A los que pergeÑan ensoÑaciones acompaÑados de caribeÑos y carroÑeros caraqueÑos que nos empozoÑan.
A los que se adueÑan de seÑoríos con artimaÑas, empaÑados en apaÑos.
A los que araÑan nuestras entraÑas.
III
AÑos extraÑos de daÑinas guadaÑas, emmaraÑadas cuÑas, guiÑos a muÑecos, aÑejas morriÑas, empequeÑecer las hazaÑas y campaÑa por AzaÑa.
Se aliÑa un maÑana donde se enseÑarán aniÑadas ÑoÑeces, daÑando a los que empuÑan la enseÑa de EspaÑa.
Pero un puÑado de peÑa empuÑa sus uÑas y puÑos ante los que caÑonean lo espaÑol, empeÑados con maÑa en escudriÑar en sus engaÑOs.
¡¡Ya no más patraÑas!!
Ante la pozoÑa: Todos una piÑa.
AÑoro a los seÑores de antaÑo,con CataluÑa y la ikurriÑa preÑadas de Ñ, cuando EspaÑa era la caÑa.
AÑos escoÑados.
¡¡¡Ya vale, CoÑo!!!
( El texto es un ejercicio estiístico donde el filo de la Ñ aguijonéa más de lo habitual en mis escritos. Ella me ha guiado y yo me he dejado llevar...)
miércoles, 25 de noviembre de 2020
MARADONA Y EL BAR NILO
El bar Nilo es un destartalado establecimiento del barrio de los españoles, en el Nápoles profundo. Allí me encontré este improvisado altar que homenajea, desde hace décadas, el cabello de Maradona.
Pocos jugadores de fútbol son capaces de despertar estas pasiones casi místicas. Un temperamental dios en el campo y un atolondrado demonio fuera de él. Fue grande con equipos pequeños y pequeño con los equipos grandes. Era puro carisma, todo o nada, o conmigo o contra mí. Líder ejemplar en la cancha y nada modélico fuera de ella.
Su vida son blancos y negros. Unos cuantos momentos deslumbrantes y muchos turbios incidentes demasiado oscuros. Nunca le gustaron los grises.
Recuerdo con absoluto detalle y precisión sus dos goles a Inglaterra en el mundial 86; donde los vi y como los viví. La mano de Dios, todo atrevimiento y picardía, y la descomunal arrancada donde por furia, talento y potencia se va en regates sucesivos de medio equipo inglés.
Es lo que tienen los genios su legado queda adherido para siempre entre los cimientos de tu memoria más pretérita, tanto que a veces ya dudas si fue real o fue leyenda.
D.E.P
Pocos jugadores de fútbol son capaces de despertar estas pasiones casi místicas. Un temperamental dios en el campo y un atolondrado demonio fuera de él. Fue grande con equipos pequeños y pequeño con los equipos grandes. Era puro carisma, todo o nada, o conmigo o contra mí. Líder ejemplar en la cancha y nada modélico fuera de ella.
Su vida son blancos y negros. Unos cuantos momentos deslumbrantes y muchos turbios incidentes demasiado oscuros. Nunca le gustaron los grises.
Recuerdo con absoluto detalle y precisión sus dos goles a Inglaterra en el mundial 86; donde los vi y como los viví. La mano de Dios, todo atrevimiento y picardía, y la descomunal arrancada donde por furia, talento y potencia se va en regates sucesivos de medio equipo inglés.
Es lo que tienen los genios su legado queda adherido para siempre entre los cimientos de tu memoria más pretérita, tanto que a veces ya dudas si fue real o fue leyenda.
D.E.P
viernes, 28 de agosto de 2020
EL PASILLO ESTRECHO
La evolución hacia una sociedad que garantice la libertad, la autonomía y la posibilidad del pleno desarrollo personal de todos sus súbditos no es un proceso fácil.
Se trata de EL PASILLO ESTRECHO tal y como lo definen Daron Acemoglu y James A. Robinson en el libro así titulado y donde tratan de exponer las razones por las que unos estados prosperan en libertad y otros son dominados por la tiranía.
La desconfianza ante un excesivo autoritarismo de las élites hizo que en las civilizaciones primitivas fuese complicado articular una estructura de poder. Los Tiv, grupo étnico localizado entre la actual Nigeria y Camerún, fueron minuciosamente estudiados hacia 1930 (en el periodo de la colonización europea) y encajan exactamente en estas pautas de comportamiento. Muchos clanes africanos tradicionales aún apelan a la brujería o a lo sobrenatural para impedir cambios en su organización.
En este tipo de sociedades se reprime al innovador, se castiga al que alcanza el éxito o logra acumular más bienes que los demás. Se desincentiva el progreso del individuo si temen que con ello se alterará la estructura del grupo; a veces a sangre y fuego.
Asimismo, antes de que existiese una estructura estatal sólida los conflictos entre las diferentes tribus, clanes y etnias eran continuos produciéndose un sanguinario ambiente de hostilidades donde la venganza, la muerte y la desesperación era el único horizonte posible.
Se hizo necesario un cambio de fase y en muchos lugares surgió el "Leviathan" (el nombre es un homenaje al monstruo marino creado por Hobbes y a su descripción de este proceso). Se trata de un poder centralizado y omnímodo capaz de evitar conflictos y desarrollar grandes proyectos comunes.
Es un sistema más sofisticado que el anterior pero aunque con el tiempo acaba por convertirse igualmente en despiadado e insatisfactorio para el individuo. Ejemplos de este tipo de organización son las monarquías absolutistas europeas, la Unión Soviética (uno de sus versiones más conseguidas) o a distintas etapas históricas de China (incluida, por supuesto, la actual). El Estado Leviathan es excesivo y al final siempre despiadado. Desprecia al individuo y no favorece el desarrollo intelectual. Tampoco la participación, la autonomía o la innovación ante nuevos retos. Puede resistir un tiempo pero, tras exigir un gran sacrificio y generalmente infligir mucho dolor a una o varias generaciones, siempre acaba por colapasarse.
Así la unidad que Mahoma consiguió en el Oriente Medio sin duda fue preferible a las tribus de beduinos guerreando constantemente entre sí, pero finalmente la consolidación de naciones donde la religión lo domina todo tampoco es la situación ideal.
Ante todo esto, sin duda la situación óptima es la del "Leviathan encadenado". Metáfora con la que los autores tratan de describir un Estado lo bastante fuerte como para poder ejecutar sus proyectos con rigor (con poder coercitivo para hacer valer sus normas y ser un elemento disuasorio y apaciguador frente a la violencia y los conflictos) pero con los suficientes mecanismos de control activados para que no caiga en los excesos del despotismo. Debe haber un blindaje frente la arbitrariedad, la desigualdad, el fraude y las malas prácticas.
El Estado por su propia idiosincrasia e igual que algunos tumores malignos siempre tiene una inercia expansiva; busca crecer, acaparar parcelas de poder y perpetuarse.
La sociedad civil siempre ha de estar vigilante y es esencial que cuente con mecanismos e instituciones para reducir o desactivar este proceso. Es lo que los autores llaman dinámicas de la Reina Roja (en homenaje al personaje del libro Alicia en el País de las Maravillas). El estado y los ciudadanos disputan una interminable carrera para estar siempre en el mismo lugar. Corren y corren con el único objetivo de no perder sus posiciones iniciales.
Para explicar por qué algunos países elegidos alcanzan el estrecho pasillo de la libertad y otros no (y también por qué algunos que habían entrado acaban por abandonarlo, la corrupción de república de Weimar acaba por transformala en la Alemania nazi), los autores nos sumergen en un apasionante análisis desde perspectivas muy distintas (sociológica, política, económica) buceando por momentos muy diversos de la historia universal :
El problema de Gilgamesh (rey de Uruk), la Atenas clásica de Solón, el desectructurado Líbano moderno, los Tiv de la Nigeria rural, la Egira del profeta Mahoma, los zulús del jefe Shaka, el Hawaii de Kamehameha, la Georgia de Shevardnadze, las ciudades-estado de la Italia medieval, un extenso y exhaustivo repaso de la historia inglésa y su Carta Magna, el imperio bizantino, el Sacro Imperio Romano, Prusia, un pormenorizado análisis dela historia del autoritarismo en China, las castas de la India, los orígenes de la confederación suiza, las guerras de clanes de Albania y Montenegro, el éxito de Solidaridad en Polonia y el fracaso de la consolidación de una democracia en Rusia después de 1989, el surgimiento de la democracia en Costa Rica y el despotismo en su vecina en Guatemala, los padres fundadores de Estados Unidos, la burocracia argentina, el gobierno ausente colombiano, Liberia, Emiratos Arabes y la Casa Saud como semilla del 11S, la ascensión al poder de Salvador Allende en Chile, la Alemania de Weimar, el Apartheid en Sudáfrica y su colapso, el sangriento Congo Belga, la socialdemocracia sueca de 1930 hasta la actualidad, Japón y Gran Bretaña en la posguerra.
Lo que al final se demuestra en todos los casos es que la democracia surge donde al Estado se le puede envolver con una tijera o cremallera social que es capaz de controlarlo o "encadenarlo" según la terminología de los autores. En la Europa contemporánea fueron las Cortes (de reminiscencias germánicas y nunca anuladas completamente), otros se apoyaron en sociedades gremiales. En Estados Unidos los refinados repartos de atribuciones y los acuerdos a los que se llegaron al constituir la federación, así como las inteligentes enmiendas.
Una sociedad inclusiva y con un reparto proporcional de la riqueza previo facilita mucho el proceso. Todo lo que no sea partir de ahí suele llevar a las naciones fuera de la senda o a alguna fase intermedia. Lo que los autores llaman "Leviathanes de papel". Son naciones con apariencia de democrática y alma despótica, generalmente controlados por élites políticas o económicas sin escrúpulos con el único ánimo de perpetuarse en el poder. Muchas veces se asientan en instituciones seculares como las castas en la India o la ultra ortodoxia religiosa en Arabia Saudí. Esta exaltación de lo tradicional suele ser alentada por la propia estructura de poder para debilitar la sociedad civil y seguir sacando ventaja de la situación.
En otras ocasiones la estrategia es implementar una jaula de normas, una plétora de leyes, edictos y disposiciones – a veces contradictorios- que esclerotizan el sistema. La Argentina peronista se sostiene sobre una burocracia excesiva e ineficiente (nos explica el libro el caso de los ñoquis, miles de funcionarios elegidos a dedo que nunca van a trabajar). Colombia opta por desentenderse de grandes áreas del país controladas por caciques o guerrillas locales.
Todas ellas son formas espurias de democracia poco interesadas por velar por el bien común o el interés general. Por último me referiré a lo que los autores definen como "el orangután con esmoquin", una figura muy gráfica para señalar a determinados tipos de gobernante y de gobiernos peligrosísimos para todas aquellas naciones que pretenden seguir por la senda de la democracia.
Este sistema se caracteriza por tener un exterior ordenado (el ropaje del esmoquin) y una maquinaria de saqueo deliberado y de adormecimiento y desactivación de las asociaciones civiles que se pone en marcha con el único objetivo de satisfacer el ansia de poder e influencia de unos pocos (el cuerpo del orangután). Los mecanismos de control son suprimidos o deslegitimados, las libertades individuales cercenadas, el espíritu emprendedor completamente desalentado. La cultura del esfuerzo no es premiada. Se favorece el partidismo, el frentismo y la agitación permanente.
Una sobredimensionada burocracia elegida atendiendo exclusivamente a intereses políticos hace de barrera y de control social, el dinamismo asociativo es domesticado mediante prebendas y subvenciones.
A las fuerzas más retrógradas, sanguinarias y disruptivas de la sociedad se les da carta de naturaleza, mientras que los representantes de los sectores más dinámicos son completamente ignorados. “Para mis amigos todo, para los demás la ley.” El "orangután con esmoquin" es el piloto perfecto para hacer descarrilar a cualquier nación y sacarla definitivamente del pasillo. ¿Acaso me estoy refiriendo ahora a la España actual?
Tal vez si, o tal vez he utilizado como ejemplo a alguno de los otros países que se han salido de la senda. En cualquier caso os animo a averiguarlo leyendo EL PASILLO ESTRECHO, un libro que a lo largo de sus 688 páginas os dará una visión global, coherente y esclarecedora de la historia de las democracias y os ayudará a estar vigilantes frente a quienes quieren destruirlas.
Se trata de EL PASILLO ESTRECHO tal y como lo definen Daron Acemoglu y James A. Robinson en el libro así titulado y donde tratan de exponer las razones por las que unos estados prosperan en libertad y otros son dominados por la tiranía.
La desconfianza ante un excesivo autoritarismo de las élites hizo que en las civilizaciones primitivas fuese complicado articular una estructura de poder. Los Tiv, grupo étnico localizado entre la actual Nigeria y Camerún, fueron minuciosamente estudiados hacia 1930 (en el periodo de la colonización europea) y encajan exactamente en estas pautas de comportamiento. Muchos clanes africanos tradicionales aún apelan a la brujería o a lo sobrenatural para impedir cambios en su organización.
En este tipo de sociedades se reprime al innovador, se castiga al que alcanza el éxito o logra acumular más bienes que los demás. Se desincentiva el progreso del individuo si temen que con ello se alterará la estructura del grupo; a veces a sangre y fuego.
Asimismo, antes de que existiese una estructura estatal sólida los conflictos entre las diferentes tribus, clanes y etnias eran continuos produciéndose un sanguinario ambiente de hostilidades donde la venganza, la muerte y la desesperación era el único horizonte posible.
Se hizo necesario un cambio de fase y en muchos lugares surgió el "Leviathan" (el nombre es un homenaje al monstruo marino creado por Hobbes y a su descripción de este proceso). Se trata de un poder centralizado y omnímodo capaz de evitar conflictos y desarrollar grandes proyectos comunes.
Es un sistema más sofisticado que el anterior pero aunque con el tiempo acaba por convertirse igualmente en despiadado e insatisfactorio para el individuo. Ejemplos de este tipo de organización son las monarquías absolutistas europeas, la Unión Soviética (uno de sus versiones más conseguidas) o a distintas etapas históricas de China (incluida, por supuesto, la actual). El Estado Leviathan es excesivo y al final siempre despiadado. Desprecia al individuo y no favorece el desarrollo intelectual. Tampoco la participación, la autonomía o la innovación ante nuevos retos. Puede resistir un tiempo pero, tras exigir un gran sacrificio y generalmente infligir mucho dolor a una o varias generaciones, siempre acaba por colapasarse.
Así la unidad que Mahoma consiguió en el Oriente Medio sin duda fue preferible a las tribus de beduinos guerreando constantemente entre sí, pero finalmente la consolidación de naciones donde la religión lo domina todo tampoco es la situación ideal.
Ante todo esto, sin duda la situación óptima es la del "Leviathan encadenado". Metáfora con la que los autores tratan de describir un Estado lo bastante fuerte como para poder ejecutar sus proyectos con rigor (con poder coercitivo para hacer valer sus normas y ser un elemento disuasorio y apaciguador frente a la violencia y los conflictos) pero con los suficientes mecanismos de control activados para que no caiga en los excesos del despotismo. Debe haber un blindaje frente la arbitrariedad, la desigualdad, el fraude y las malas prácticas.
El Estado por su propia idiosincrasia e igual que algunos tumores malignos siempre tiene una inercia expansiva; busca crecer, acaparar parcelas de poder y perpetuarse.
La sociedad civil siempre ha de estar vigilante y es esencial que cuente con mecanismos e instituciones para reducir o desactivar este proceso. Es lo que los autores llaman dinámicas de la Reina Roja (en homenaje al personaje del libro Alicia en el País de las Maravillas). El estado y los ciudadanos disputan una interminable carrera para estar siempre en el mismo lugar. Corren y corren con el único objetivo de no perder sus posiciones iniciales.
Para explicar por qué algunos países elegidos alcanzan el estrecho pasillo de la libertad y otros no (y también por qué algunos que habían entrado acaban por abandonarlo, la corrupción de república de Weimar acaba por transformala en la Alemania nazi), los autores nos sumergen en un apasionante análisis desde perspectivas muy distintas (sociológica, política, económica) buceando por momentos muy diversos de la historia universal :
El problema de Gilgamesh (rey de Uruk), la Atenas clásica de Solón, el desectructurado Líbano moderno, los Tiv de la Nigeria rural, la Egira del profeta Mahoma, los zulús del jefe Shaka, el Hawaii de Kamehameha, la Georgia de Shevardnadze, las ciudades-estado de la Italia medieval, un extenso y exhaustivo repaso de la historia inglésa y su Carta Magna, el imperio bizantino, el Sacro Imperio Romano, Prusia, un pormenorizado análisis dela historia del autoritarismo en China, las castas de la India, los orígenes de la confederación suiza, las guerras de clanes de Albania y Montenegro, el éxito de Solidaridad en Polonia y el fracaso de la consolidación de una democracia en Rusia después de 1989, el surgimiento de la democracia en Costa Rica y el despotismo en su vecina en Guatemala, los padres fundadores de Estados Unidos, la burocracia argentina, el gobierno ausente colombiano, Liberia, Emiratos Arabes y la Casa Saud como semilla del 11S, la ascensión al poder de Salvador Allende en Chile, la Alemania de Weimar, el Apartheid en Sudáfrica y su colapso, el sangriento Congo Belga, la socialdemocracia sueca de 1930 hasta la actualidad, Japón y Gran Bretaña en la posguerra.
Lo que al final se demuestra en todos los casos es que la democracia surge donde al Estado se le puede envolver con una tijera o cremallera social que es capaz de controlarlo o "encadenarlo" según la terminología de los autores. En la Europa contemporánea fueron las Cortes (de reminiscencias germánicas y nunca anuladas completamente), otros se apoyaron en sociedades gremiales. En Estados Unidos los refinados repartos de atribuciones y los acuerdos a los que se llegaron al constituir la federación, así como las inteligentes enmiendas.
Una sociedad inclusiva y con un reparto proporcional de la riqueza previo facilita mucho el proceso. Todo lo que no sea partir de ahí suele llevar a las naciones fuera de la senda o a alguna fase intermedia. Lo que los autores llaman "Leviathanes de papel". Son naciones con apariencia de democrática y alma despótica, generalmente controlados por élites políticas o económicas sin escrúpulos con el único ánimo de perpetuarse en el poder. Muchas veces se asientan en instituciones seculares como las castas en la India o la ultra ortodoxia religiosa en Arabia Saudí. Esta exaltación de lo tradicional suele ser alentada por la propia estructura de poder para debilitar la sociedad civil y seguir sacando ventaja de la situación.
En otras ocasiones la estrategia es implementar una jaula de normas, una plétora de leyes, edictos y disposiciones – a veces contradictorios- que esclerotizan el sistema. La Argentina peronista se sostiene sobre una burocracia excesiva e ineficiente (nos explica el libro el caso de los ñoquis, miles de funcionarios elegidos a dedo que nunca van a trabajar). Colombia opta por desentenderse de grandes áreas del país controladas por caciques o guerrillas locales.
Todas ellas son formas espurias de democracia poco interesadas por velar por el bien común o el interés general. Por último me referiré a lo que los autores definen como "el orangután con esmoquin", una figura muy gráfica para señalar a determinados tipos de gobernante y de gobiernos peligrosísimos para todas aquellas naciones que pretenden seguir por la senda de la democracia.
Este sistema se caracteriza por tener un exterior ordenado (el ropaje del esmoquin) y una maquinaria de saqueo deliberado y de adormecimiento y desactivación de las asociaciones civiles que se pone en marcha con el único objetivo de satisfacer el ansia de poder e influencia de unos pocos (el cuerpo del orangután). Los mecanismos de control son suprimidos o deslegitimados, las libertades individuales cercenadas, el espíritu emprendedor completamente desalentado. La cultura del esfuerzo no es premiada. Se favorece el partidismo, el frentismo y la agitación permanente.
Una sobredimensionada burocracia elegida atendiendo exclusivamente a intereses políticos hace de barrera y de control social, el dinamismo asociativo es domesticado mediante prebendas y subvenciones.
A las fuerzas más retrógradas, sanguinarias y disruptivas de la sociedad se les da carta de naturaleza, mientras que los representantes de los sectores más dinámicos son completamente ignorados. “Para mis amigos todo, para los demás la ley.” El "orangután con esmoquin" es el piloto perfecto para hacer descarrilar a cualquier nación y sacarla definitivamente del pasillo. ¿Acaso me estoy refiriendo ahora a la España actual?
Tal vez si, o tal vez he utilizado como ejemplo a alguno de los otros países que se han salido de la senda. En cualquier caso os animo a averiguarlo leyendo EL PASILLO ESTRECHO, un libro que a lo largo de sus 688 páginas os dará una visión global, coherente y esclarecedora de la historia de las democracias y os ayudará a estar vigilantes frente a quienes quieren destruirlas.
jueves, 28 de mayo de 2020
CUESTION DE CONFIANZA
No he conocido un país más descosido que Sudáfrica. El centro de Johannesburgo, antes punto neurálgico comercial y administrativo de la elitista minoría blanca y hoy ocupado totalmente por la población de color, parece una trinchera. Un paseo por el lugar tiene más de reto que de experiencia placentera; escaparates protegidos por rejas, cámaras de seguridad, parques vallados, edificios de antiguo empaque descuidados, desencajados y despojados de los adornos que habían sido su seña de identidad, transacciones informales y callejeras con la violencia siempre a flor de piel, miradas acechantes por doquier y cámaras fotográficas prestas a ser el objetivo de un más que seguro pillaje, atmósfera crispada, clima prebélico. Por la noche aún peor, la santa compaña, los zombis y los vampiros se adueñan de las calles. Si uno tiene aprecio por su integridad más vale que se vaya al hotel. Los hombres blancos se refugian en sus lujosas urbanizaciones donde es preferible no salir después de las 6 de la tarde y el nuevo centro administrativo se ha trasladado a unos kilómetros del anterior. Aquí, con mucha precaución, aún podemos aventurarnos a caminar unos pasos hasta el centro comercial más cercano sin ser hostigados o tomar un café en una terraza.
Algo mejor es la situación en Ciudad de El Cabo, una bonita urbe a las faldas de la plana montaña de la Mesa con gran variedad de edificios art decó, victorianos, coloristas y presuntuosos rascacielos, un relajante puerto histórico elegantemente reconstruido y magníficas playas y paseos donde aún es posible disfrutar de un distendido paseo, al menos dentro del horario comercial. Cuando las luces se apagan toda la decepción de una población que fue hostigada y desplazada se adueña de las calles, súbitamente solitarias tras la caída del sol. Años de recelos, de la imposibilidad de la población de color de acceder a las exclusivas zonas blancas sin las indispensables tarjetas verdes (sólo se concedían para trabajar y hasta las 5 de la tarde como máximo, no portarla suponía 3 meses de cárcel) y de enfrentamientos aún pesan más que el liderazgo, la indulgencia y el afán de reconciliación de Nelson Mandela.
Sudáfrica aún son dos pueblos compartiendo un mismo territorio y sin demasiado afán por cohesionarse. La nueva élite negra y la decadente clase alta blanca tratan de sacar el mejor partido de la situación en un país, aunque desestructurado, rico en recursos naturales y bien organizado económicamente, en el que aún es posible lucrarse. No obstante el temor y el recelo siempre presentes lo hacen completamente insatisfactorio para habitar.
No mucho mejor es la situación de Bosnia. En Móstar ya es posible cruzar de una orilla a otra del rio Neretva a través del famoso puente que la guerra destruyó pero los cadáveres aún siguen enterrados en los parques y la población permanece desunida y segmentada. Acatan distintas normas según el origen étnico de cada cual y todos se miran con desconfianza lo que les condena a un profundo malestar y una endémica pobreza.
Una situación distinta pero ciertamente incómoda la percibí en aquel Beijing de principios de este siglo. Los antiguos Hutongs (barrios tradicionales de laberínticas callejuelas) caían súbitamente fulminados a golpe de picota mientras las grúas levantaban velozmente imponentes rascacielos. Un país que ya había sufrido el terror de la revolución cultural seguía recurriendo a la trampa y la impostura para poder conservar su innata vitalidad y sus antiguas tradiciones. Desgraciadamente la nefasta política del desprecio a las tradiciones, de la creación de frentes irreconciliables, del odio al diferente y de la imposibilidad de un proyecto común parece que comienza a prosperar también en los países occidentales con más fuerza que nunca.
El capitalismo democrático y social, un sistema económico que durante décadas nos proporcionó un crecimiento y prosperidad sin precedentes, parece llegar a su agotamiento. Unos retos y una exigencia tecnológica que avanzan a un ritmo frenético, muy por delante de la capacidad de adaptación de las instituciones y del individuo, produce un profundo desazón y resentimiento en una sociedad que se siente traicionada, abandona y desprotegida. La vía de escape de muchos es apostar contra el sistema o lo que es lo mismo, por los elementos más indeseables y extremistas del espectro político. Auténticos trileros, troleros, tahúres del Mississippi, jugadores de fortuna amorales y sin escrúpulos, capaces de abrir la Caja de Pandora, esparcir el odio, fraccionar la sociedad, quebrar la fraternidad con el único afán de no asumir nunca responsabilidades en una impresentable actitud de Yo soy el Mesías y el infierno son todos los demás.
Decepcionados, muchos no quieren entender que lo que proporciona bienestar a un pueblo no es la división, ni el enfrentamiento, tampoco los atajos ni las soluciones simplistas. La clave está en el trabajo, el premio al esfuerzo, la capacidad de adaptación, la resilencia, la solidaridad con el necesitado y, sobre todo, la protección y la integración de todos bajo una bandera común, sin reproches, sin etiquetas, al ritmo adecuado y al compás de los tradicionales ritos y liturgias.
Ante esta encrucijada necesitamos una sociedad que olvide el nombre de las cosas, que ignore si lo que come es pera, limón o naranja pero que deguste con fruición todo el aroma de la fruta, que perciba sin prejuicios los matices de sus sabores y se beneficie de sus nutrientes. Una sociedad que olvide donde está el lado izquierdo o el derecho pero sea capaz de enderezar el rumbo y mirar siempre hacia adelante.
Si en el año 2008 defendí que además de una crisis económica nos enfrentábamos una crisis de valores (debilitamiento de los mecanismos de control, codicia de la banca, despreocupacion por el ahorro, superficialidad y materialismo del consumidor) lo que advierto en estos tiempos, y ya antes de la pandemia que nos ha asolado, es una crisis de confianza en el sistema y en los que lo lideran. La degradación de las instituciones y la fractura social en la mayor parte de las democracias occidentales aún no es tan dramática como la que observé en la República Sudafricana, Bosnia o China pero algunos líderes parecen hacer todo lo posible para acercarse a esos escenarios. La negligencia, la incompetencia, la mentira, la estigmatización del otro, la unilateralidad, la censura, la burda propaganda, el maquiavelismo de salón, el odio, el aparheid de clases, el engaño, el tacticismo, el autoritarismo, el cesarismo, el maniqueísmo, el oscurantismo, el hostigamiento, el chivo expiatorio, el escapismo y la prepotencia absoluta no ayudarán a recuperar la confianza perdida.
Algo mejor es la situación en Ciudad de El Cabo, una bonita urbe a las faldas de la plana montaña de la Mesa con gran variedad de edificios art decó, victorianos, coloristas y presuntuosos rascacielos, un relajante puerto histórico elegantemente reconstruido y magníficas playas y paseos donde aún es posible disfrutar de un distendido paseo, al menos dentro del horario comercial. Cuando las luces se apagan toda la decepción de una población que fue hostigada y desplazada se adueña de las calles, súbitamente solitarias tras la caída del sol. Años de recelos, de la imposibilidad de la población de color de acceder a las exclusivas zonas blancas sin las indispensables tarjetas verdes (sólo se concedían para trabajar y hasta las 5 de la tarde como máximo, no portarla suponía 3 meses de cárcel) y de enfrentamientos aún pesan más que el liderazgo, la indulgencia y el afán de reconciliación de Nelson Mandela.
Sudáfrica aún son dos pueblos compartiendo un mismo territorio y sin demasiado afán por cohesionarse. La nueva élite negra y la decadente clase alta blanca tratan de sacar el mejor partido de la situación en un país, aunque desestructurado, rico en recursos naturales y bien organizado económicamente, en el que aún es posible lucrarse. No obstante el temor y el recelo siempre presentes lo hacen completamente insatisfactorio para habitar.
No mucho mejor es la situación de Bosnia. En Móstar ya es posible cruzar de una orilla a otra del rio Neretva a través del famoso puente que la guerra destruyó pero los cadáveres aún siguen enterrados en los parques y la población permanece desunida y segmentada. Acatan distintas normas según el origen étnico de cada cual y todos se miran con desconfianza lo que les condena a un profundo malestar y una endémica pobreza.
Una situación distinta pero ciertamente incómoda la percibí en aquel Beijing de principios de este siglo. Los antiguos Hutongs (barrios tradicionales de laberínticas callejuelas) caían súbitamente fulminados a golpe de picota mientras las grúas levantaban velozmente imponentes rascacielos. Un país que ya había sufrido el terror de la revolución cultural seguía recurriendo a la trampa y la impostura para poder conservar su innata vitalidad y sus antiguas tradiciones. Desgraciadamente la nefasta política del desprecio a las tradiciones, de la creación de frentes irreconciliables, del odio al diferente y de la imposibilidad de un proyecto común parece que comienza a prosperar también en los países occidentales con más fuerza que nunca.
El capitalismo democrático y social, un sistema económico que durante décadas nos proporcionó un crecimiento y prosperidad sin precedentes, parece llegar a su agotamiento. Unos retos y una exigencia tecnológica que avanzan a un ritmo frenético, muy por delante de la capacidad de adaptación de las instituciones y del individuo, produce un profundo desazón y resentimiento en una sociedad que se siente traicionada, abandona y desprotegida. La vía de escape de muchos es apostar contra el sistema o lo que es lo mismo, por los elementos más indeseables y extremistas del espectro político. Auténticos trileros, troleros, tahúres del Mississippi, jugadores de fortuna amorales y sin escrúpulos, capaces de abrir la Caja de Pandora, esparcir el odio, fraccionar la sociedad, quebrar la fraternidad con el único afán de no asumir nunca responsabilidades en una impresentable actitud de Yo soy el Mesías y el infierno son todos los demás.
Decepcionados, muchos no quieren entender que lo que proporciona bienestar a un pueblo no es la división, ni el enfrentamiento, tampoco los atajos ni las soluciones simplistas. La clave está en el trabajo, el premio al esfuerzo, la capacidad de adaptación, la resilencia, la solidaridad con el necesitado y, sobre todo, la protección y la integración de todos bajo una bandera común, sin reproches, sin etiquetas, al ritmo adecuado y al compás de los tradicionales ritos y liturgias.
Ante esta encrucijada necesitamos una sociedad que olvide el nombre de las cosas, que ignore si lo que come es pera, limón o naranja pero que deguste con fruición todo el aroma de la fruta, que perciba sin prejuicios los matices de sus sabores y se beneficie de sus nutrientes. Una sociedad que olvide donde está el lado izquierdo o el derecho pero sea capaz de enderezar el rumbo y mirar siempre hacia adelante.
Si en el año 2008 defendí que además de una crisis económica nos enfrentábamos una crisis de valores (debilitamiento de los mecanismos de control, codicia de la banca, despreocupacion por el ahorro, superficialidad y materialismo del consumidor) lo que advierto en estos tiempos, y ya antes de la pandemia que nos ha asolado, es una crisis de confianza en el sistema y en los que lo lideran. La degradación de las instituciones y la fractura social en la mayor parte de las democracias occidentales aún no es tan dramática como la que observé en la República Sudafricana, Bosnia o China pero algunos líderes parecen hacer todo lo posible para acercarse a esos escenarios. La negligencia, la incompetencia, la mentira, la estigmatización del otro, la unilateralidad, la censura, la burda propaganda, el maquiavelismo de salón, el odio, el aparheid de clases, el engaño, el tacticismo, el autoritarismo, el cesarismo, el maniqueísmo, el oscurantismo, el hostigamiento, el chivo expiatorio, el escapismo y la prepotencia absoluta no ayudarán a recuperar la confianza perdida.
domingo, 17 de mayo de 2020
LA POST HUMANIDAD
En el no tan lejano tiempo en el que me crie para evocar futuros quiméricos o alegóricos lo más común era leer una novela de ciencia ficción o tal vez alguna de aquellas películas apocalípticas que tanto se llevaban a principios de los ochenta del pasado siglo.
Ahora no hace falta recurrir a la ficción, tan solo una profunda lectura de las noticias o un atento paseo por la calle nos muestra el escenario, el guion y el attrezzo del futuro distópico que se cierne sobre nosotros. Entre tanto los sufridos figurantes somos adiestrados en este peripatético baile del que marcamos torpemente nuestros primeros pasos. El ballet aún no ha comenzado pero ya todo está preparado para la gran función.
Lo que me parecía impensable a finales de los 90 cuando leía la novela de Nancy Kress, Mendigos y Opulentos en parte está sucediendo ya. La obra describe una sociedad dividida en tres clases sociales, los "super-insomnes" unos seres mejorados genéticamente desde generaciones, con altísimas capacidades de aprendizaje, incomprendidos y quasi divinos que tienen el control de la sociedad. Estos se apoyan en los "auxiliares", sólo parcialmente mejorados, que realizan las labores técnicas, administrativas y de mantenimiento de la maquinaria que se encarga de toda la producción de bienes materiales y de consumo. Tal es así que la mano de obra humana deja de ser necesaria. Por tanto la tercera clase social de ese mundo, los "vividores", pasan a ser totalmente prescindible de modo que en algunos regímenes de estilo totalitario aplicando principios eugenésicos optan por restringir su número o por el cruel genocidio total. En los países de estilo más social y filantrópico los vividores son entretenidos con televisión, absurdas carreras de motos y holo conciertos que hacen caer a gran parte del público en un trance hipnótico. A los "vividores" no se les estimula para que consigan ninguna meta. Estos desdichados seres, holgazanes e improductivos, aspirantes a jubilados desde su nacimiento viven solo para respirar. Aunque tengan todo el conocimiento a su alcance, sin estímulos, son generalmente analfabetos y asumen su papel dócilmente, sin pretensiones ni mayores ambiciones. Eso les lleva a un estado de total dependencia de estilo comunista. En pos de su bienestar el estado debe a controlarlo todo, ya nadie pasa hambre pero ningún "vividor" maneja ya moneda, su comercio se basa en el trueque y el estado proporciona las fichas administrativas para las máquinas de entretenimiento. Al no disponer de dinero propio tampoco tienen la posibilidad de ser mejorados genéticamente como los "auxiliares". Su vida, sin estímulos intelectuales ni retos por alcanzar, es desgraciada, miserable y mezquina. Están alimentados, tienen vivienda y tiempo de ocio ilimitado pero se han convertido en una subespecie sin capacidad de mejora ni sacrificio, un doméstico y desvirtuado esperpento de lo que antes fue un ser humano que ahora sólo puede producir grima y compasión. Su única función es otorgar sus votos y reforzar la influencia de los "auxiliares", los cuales son muy conscientes de que mientras los "vividores" sigan ignorantes y dependientes continuarán dóciles.
Me temo que la época post humanista en la que ya hemos puesto pie también tiene muchos paralelismos con el anterior relato pero también con lo que H.G Wells profetizaba para el futuro en su novela La máquina del Tiempo. Un mundo polarizado, de "elois", elfos bien formados habitantes de un paisaje idílico, y "morkocks", seres violentos deformes y fotofóbicos, moradores de un tenebroso subsuelo que entregan sin resistencia ni atisbos de remordimiento a sus propios compañeros como alimento para alimento de los aristocráticos "elois".
Mejor aún, un lugar donde los “eternos” ocultos en una burbuja a la que llaman Vortex ubicada en un remoto valle ponen a volar ídolos de barro lanzando mensajes carentes de sutileza para que los “brutos” se muevan a su antojo, tal y como sucedía en la película Zardoz dirijida por John Boorman y protagonizada por Sean Conery. Sin embargo en esta sociedad los "eternos", condenados a una insufrible inmortalidad, guardianes de los datos de todo el conocimiento de la humanidad y sometidos a una Inteligencia artificial que toma las decisiones por ellos, son las verdaderas víctimas. Crecen aburridos en una sociedad viciada éticamente donde se medita pero ya no se sueña y donde muchos han caído en una permanente apatía.
No sé si el mundo llegará en las próximas décadas a los límites de los sombríos horizontes descritos en estas obras pero lo cierto es que hemos llegado a un punto de inflexión y todo lo que hemos conocido hasta este momento se descompone vertiginosamente. El verdadero drama no lo supone, la, muchas veces forzada, lucha de clases (todos sufren y son perdedores en este juego) sino el desarraigo que supone para todos despojarnos de aquello que nos humaniza, el desasosiego de tener que reinventarnos y la pérdida de identidad. Todos somos individuos corrientes, pero a la vez no tenemos nada de corrientes, nuestro legado genético es único y debemos luchar por aferrarnos al papel que nos corresponde. El de actor y observador subjetivo que da sentido a la escena y que con su simple mirada consciente puede cambiar el devenir de las cosas, así como los electrones pueden comportarse como ondas o como partículas según sean observados o no.
Hace un par de años visité Dubai, una metrópolis hecha en pleno desierto en apenas dos décadas. Una mega ciudad con el edificio más alto del mundo, pasarelas con aire acondicionado entre una tupida red de rascacielos, áreas recreativas con canales que pretenden sin éxito imitar a los de Venecia, grandes acuarios, una pseudo-estación de esquí con nieve artificial dentro de un gran centro comercial o un paseo marítimo que se despliega en forma de gran palmera. Sin embargo el antiguo zoco, embrión de la ciudad, hoy no es más que un menguado museo. Todos los dependientes, taxistas, jardineros, recepcionistas y obreros son mercenarios, forasteros en un entorno de cartón piedra carente de poso y profundos cimientos. Simplemente un paraíso del consumismo más inmediato. Nada que ver con mis lejanos recuerdos de Tanger o Estambul, ciudades con palpitantes zocos y bazares, grandes palacios en contraste con otros edificios que se descomponen. Antiguas iglesias que han pasado a ser mezquitas testimonio del paso de varias civilizaciones. Intrincadas callejuelas en las que perderse y en la que los buscavidas siempre pondrán tu paciencia e incluso tu integridad a prueba, pero lugares que palpitan por cada uno de los poros de sus antiguos muros plenos de vigorosa humanidad.
Lo cierto es que los seres humanos hemos cedido nuestro papel de protagónistas para convertirnos en pasivos consumidores de experiencias en entornos edulcorados y riesgo cero donde el algoritmo decide qué dirección debemos de seguir o que es lo que debe de hacernos felices. En los últimos años hemos perdido gran parte de nuestra capacidad para improvisar y, sobre todo, para experimentar.
Una carretera provista de determinados aparatos de medida podrá informar de los puntos en los que hay mayor circulación para un programa decida por nosotros que ruta debemos tomar para evitar atascos. Sin embargo una carretera nunca podrá tener la sensación de estar “atascada”.
Es por ello de que no se deber perder nunca la capacidad de probar, degustar, curiosear, tantear, ensayar, perdernos, cometer errores, sacar conclusiones de ellos y seguir luchando. La intuición y los mapas de papel deben dirigir nuestro rumbo, por encima de las geolocalizaciones.
Nuestro destino debe de estar muy por encima de convertirnos en esclavos de las redes de datos o criaturas incapaces de digerirlos tal y como le sucedía a Funes el Memorioso en el cuento de Borges. Una infinita memoria sólo puede ser útil vivir en un permanente presente o revivir cada minuto del pasado, por eso la humanidad es mucho más que fríos datos y estadísticas. La capacidad de conmovernos con los paisajes de la ruta, de disfrutar de una caricia en el camino, de llorar cuando le duele a los otros, de ser humilde lavandera en el azul Chefchaouen o apurado ejecutivo en el abarrotado Shibuya, de rebelarnos y de poner orden al caos es lo que nos hace humanos. La vida y la posibilidad de percibir toda la gama de sensaciones y sentimientos es un acto indelegable. Bregar y experimentar es una opción, la otra diluirnos en la irrelevancia.
Ahora no hace falta recurrir a la ficción, tan solo una profunda lectura de las noticias o un atento paseo por la calle nos muestra el escenario, el guion y el attrezzo del futuro distópico que se cierne sobre nosotros. Entre tanto los sufridos figurantes somos adiestrados en este peripatético baile del que marcamos torpemente nuestros primeros pasos. El ballet aún no ha comenzado pero ya todo está preparado para la gran función.
Lo que me parecía impensable a finales de los 90 cuando leía la novela de Nancy Kress, Mendigos y Opulentos en parte está sucediendo ya. La obra describe una sociedad dividida en tres clases sociales, los "super-insomnes" unos seres mejorados genéticamente desde generaciones, con altísimas capacidades de aprendizaje, incomprendidos y quasi divinos que tienen el control de la sociedad. Estos se apoyan en los "auxiliares", sólo parcialmente mejorados, que realizan las labores técnicas, administrativas y de mantenimiento de la maquinaria que se encarga de toda la producción de bienes materiales y de consumo. Tal es así que la mano de obra humana deja de ser necesaria. Por tanto la tercera clase social de ese mundo, los "vividores", pasan a ser totalmente prescindible de modo que en algunos regímenes de estilo totalitario aplicando principios eugenésicos optan por restringir su número o por el cruel genocidio total. En los países de estilo más social y filantrópico los vividores son entretenidos con televisión, absurdas carreras de motos y holo conciertos que hacen caer a gran parte del público en un trance hipnótico. A los "vividores" no se les estimula para que consigan ninguna meta. Estos desdichados seres, holgazanes e improductivos, aspirantes a jubilados desde su nacimiento viven solo para respirar. Aunque tengan todo el conocimiento a su alcance, sin estímulos, son generalmente analfabetos y asumen su papel dócilmente, sin pretensiones ni mayores ambiciones. Eso les lleva a un estado de total dependencia de estilo comunista. En pos de su bienestar el estado debe a controlarlo todo, ya nadie pasa hambre pero ningún "vividor" maneja ya moneda, su comercio se basa en el trueque y el estado proporciona las fichas administrativas para las máquinas de entretenimiento. Al no disponer de dinero propio tampoco tienen la posibilidad de ser mejorados genéticamente como los "auxiliares". Su vida, sin estímulos intelectuales ni retos por alcanzar, es desgraciada, miserable y mezquina. Están alimentados, tienen vivienda y tiempo de ocio ilimitado pero se han convertido en una subespecie sin capacidad de mejora ni sacrificio, un doméstico y desvirtuado esperpento de lo que antes fue un ser humano que ahora sólo puede producir grima y compasión. Su única función es otorgar sus votos y reforzar la influencia de los "auxiliares", los cuales son muy conscientes de que mientras los "vividores" sigan ignorantes y dependientes continuarán dóciles.
Me temo que la época post humanista en la que ya hemos puesto pie también tiene muchos paralelismos con el anterior relato pero también con lo que H.G Wells profetizaba para el futuro en su novela La máquina del Tiempo. Un mundo polarizado, de "elois", elfos bien formados habitantes de un paisaje idílico, y "morkocks", seres violentos deformes y fotofóbicos, moradores de un tenebroso subsuelo que entregan sin resistencia ni atisbos de remordimiento a sus propios compañeros como alimento para alimento de los aristocráticos "elois".
Mejor aún, un lugar donde los “eternos” ocultos en una burbuja a la que llaman Vortex ubicada en un remoto valle ponen a volar ídolos de barro lanzando mensajes carentes de sutileza para que los “brutos” se muevan a su antojo, tal y como sucedía en la película Zardoz dirijida por John Boorman y protagonizada por Sean Conery. Sin embargo en esta sociedad los "eternos", condenados a una insufrible inmortalidad, guardianes de los datos de todo el conocimiento de la humanidad y sometidos a una Inteligencia artificial que toma las decisiones por ellos, son las verdaderas víctimas. Crecen aburridos en una sociedad viciada éticamente donde se medita pero ya no se sueña y donde muchos han caído en una permanente apatía.
No sé si el mundo llegará en las próximas décadas a los límites de los sombríos horizontes descritos en estas obras pero lo cierto es que hemos llegado a un punto de inflexión y todo lo que hemos conocido hasta este momento se descompone vertiginosamente. El verdadero drama no lo supone, la, muchas veces forzada, lucha de clases (todos sufren y son perdedores en este juego) sino el desarraigo que supone para todos despojarnos de aquello que nos humaniza, el desasosiego de tener que reinventarnos y la pérdida de identidad. Todos somos individuos corrientes, pero a la vez no tenemos nada de corrientes, nuestro legado genético es único y debemos luchar por aferrarnos al papel que nos corresponde. El de actor y observador subjetivo que da sentido a la escena y que con su simple mirada consciente puede cambiar el devenir de las cosas, así como los electrones pueden comportarse como ondas o como partículas según sean observados o no.
Hace un par de años visité Dubai, una metrópolis hecha en pleno desierto en apenas dos décadas. Una mega ciudad con el edificio más alto del mundo, pasarelas con aire acondicionado entre una tupida red de rascacielos, áreas recreativas con canales que pretenden sin éxito imitar a los de Venecia, grandes acuarios, una pseudo-estación de esquí con nieve artificial dentro de un gran centro comercial o un paseo marítimo que se despliega en forma de gran palmera. Sin embargo el antiguo zoco, embrión de la ciudad, hoy no es más que un menguado museo. Todos los dependientes, taxistas, jardineros, recepcionistas y obreros son mercenarios, forasteros en un entorno de cartón piedra carente de poso y profundos cimientos. Simplemente un paraíso del consumismo más inmediato. Nada que ver con mis lejanos recuerdos de Tanger o Estambul, ciudades con palpitantes zocos y bazares, grandes palacios en contraste con otros edificios que se descomponen. Antiguas iglesias que han pasado a ser mezquitas testimonio del paso de varias civilizaciones. Intrincadas callejuelas en las que perderse y en la que los buscavidas siempre pondrán tu paciencia e incluso tu integridad a prueba, pero lugares que palpitan por cada uno de los poros de sus antiguos muros plenos de vigorosa humanidad.
Lo cierto es que los seres humanos hemos cedido nuestro papel de protagónistas para convertirnos en pasivos consumidores de experiencias en entornos edulcorados y riesgo cero donde el algoritmo decide qué dirección debemos de seguir o que es lo que debe de hacernos felices. En los últimos años hemos perdido gran parte de nuestra capacidad para improvisar y, sobre todo, para experimentar.
Una carretera provista de determinados aparatos de medida podrá informar de los puntos en los que hay mayor circulación para un programa decida por nosotros que ruta debemos tomar para evitar atascos. Sin embargo una carretera nunca podrá tener la sensación de estar “atascada”.
Es por ello de que no se deber perder nunca la capacidad de probar, degustar, curiosear, tantear, ensayar, perdernos, cometer errores, sacar conclusiones de ellos y seguir luchando. La intuición y los mapas de papel deben dirigir nuestro rumbo, por encima de las geolocalizaciones.
Nuestro destino debe de estar muy por encima de convertirnos en esclavos de las redes de datos o criaturas incapaces de digerirlos tal y como le sucedía a Funes el Memorioso en el cuento de Borges. Una infinita memoria sólo puede ser útil vivir en un permanente presente o revivir cada minuto del pasado, por eso la humanidad es mucho más que fríos datos y estadísticas. La capacidad de conmovernos con los paisajes de la ruta, de disfrutar de una caricia en el camino, de llorar cuando le duele a los otros, de ser humilde lavandera en el azul Chefchaouen o apurado ejecutivo en el abarrotado Shibuya, de rebelarnos y de poner orden al caos es lo que nos hace humanos. La vida y la posibilidad de percibir toda la gama de sensaciones y sentimientos es un acto indelegable. Bregar y experimentar es una opción, la otra diluirnos en la irrelevancia.
lunes, 11 de mayo de 2020
MI TEORÍA DEL CAOS
Tras cruzar sobre el lago Hanoi por el puente Huc, ondulante, delicado y de un intenso rojo bermellón, me topé con la gran avenida que circunvalaba el vasto humedal y principal zona de esparcimiento en el centro de la capital de Vietnam.
La travesía era un auténtico aluvión de carros, bicicletas, tuck-tucks, algún automóvil de gama baja y, sobre todo, motocicletas, muchas motocicletas.
Anochecía y debía atravesar la avenida para regresar a al hotel tras mi visita turística pero no había semáforos ni guardias urbanos y la circulación no ofrecía ni un resquicio. El tráfico era denso y compacto. Pasaban los minutos y comenzaba a impacientarme cuando me percaté de la técnica de los locales para cruzar la avenida. Simplemente se sumergían entre el tráfico y los conductores, que ciertamente tampoco iban a grandes velocidades, maniobraban para hacer las correcciones necesarias y evitar la colisión. En el tiempo que permanecí allí todos los que probaron a cruzar llegaron a la otra acera ilesos, así que decidí hacer lo mismo.
Realmente se trataba de un auténtico acto de fe. Con decisión me encaminé a la ruidosa y atestada calzada y, para mi sorpresa, note como los vehículos parecían deslizarse suavemente a mi alrededor en una especie de rítmico baile. Entre el vasto océano de motores un sendero diáfano iba emergiendo frente a mí tal como las aguas se abrían para Moíses, y, por supuesto, llegué sano y salvo al otro lado.
Aunque tal vez no nos resulte tan obvio como el tráfico de Hanoi el mundo que nos rodea es un conjunto indeterminado de caos en el que constantemente navegamos sin apenas darnos cuenta de los riesgos que corremos (o simplemente los asumimos naturalmente) ni del poco control que tenemos sobre las situaciones.
Este incesante fluir entre la confusión, el caos y el desorden suele concluir en un brusco cataclismo ya sea un accidente, una crisis económica, un terremoto, una pandemia o un colapso sin fecha de caducidad determinada. No se sabe cuándo ni cómo pero llegará y en ese instante necesitaremos resetear y volver a iniciar todo el sistema. Connie Willis en su divertidísima novela Oveja Mansa nos cuenta como una socióloga que analiza modas y tendencias y un experto en teoría del caos en vez de con macacos como pretendían terminan experimentando con ovejas. No hay nada más gregario que un rebaño pero tampoco percibían un líder claro. La que sin saberlo encauzaba los comportamientos del grupo era la oveja mansa; otra como las demás, sin nada especial, irreconocible para el rebaño y casi para los investigadores pero un poco más hambrienta, un poco más rápida y un poco más ansiosa que el resto.
En el mundo que vivimos sucede lo mismo, hay inconscientes disrruptores que nadie reconoce como líderes tal vez sólo un poco más rápidos o un poco más ansiosos pero que al final son los causantes últimos de que se produzcan nuevos escenarios o situaciones. Nadie sabe a ciencia cierta por qué todas las jovencitas modernas se cortaron el pelo a lo garçon en la Francia de los años 20 del pasado siglo, por qué en los parques en todo el mundo en los años 60 los adolescentes hacían equilibrios con el hula-hoop o por qué en el 2020 se viraliza un vídeo. Tampoco se sabe por qué se pasan de moda esos fenómenos.
En el libro El Poder del Desorden, Tim Harford nos muestra como el ajuste a circunstancias adversas o extremas puede conducir a resultados por impredecibles sorprendentemente buenos. Así nos cuenta como la leyenda del jazz de los años 70 Keith Jarret conmovido por el desconsuelo de una inexperta y casi adolescente promotora de espectáculos musicales accede a tocar con un piano desafinado. El calamitoso estado del instrumento le obligó a tocar de una forma muy especial, aporreándolo en ciertos instantes para que se escuchase desde las filas más altas del teatro. El resultado fue el Concierto de Colonia, probablemente la mejor interpretación de su vida y de cuya grabación vendió 3 millones de copias. También nos explica Haford como en el campo de batalla el general Romel, militar alemán que destacó por su valentía y sus victoriosas campañas en las dos guerras mundiales y popularmente conocido como el zorro del desierto, no temía enfrentarse a situaciones impredecibles. El secreto de sus victorias era su alta capacidad de adaptación y cambiar sin miedo de tácticas, estrategias y objetivos casi a tiempo real. En el ámbito de la política el reverendo Martin Luther King que para el sermón semanal de su parroquia solía dedicar 15 horas de preparación, por distintas razones (ya fuera la falta de tiempo o el dejarse llevar por la multitud que le escuchaba) realizó alguno de sus discursos más multitudinarios, conocidos y emotivos (“I have a a dream”, por ejemplo) casi de forma improvisada, bien es verdad que su experiencia y su talento preparando discursos durante años fue, sin duda, lo que le permitió alumbrar discursos tan inspirados sin apenas preparación previa.
Hablo de caos e inmediatamente vienen a mi mente imágenes de La Fiera de mi Niña, la disparatada, surrealista y divertidísima comedia de Howard Howks. Todos recordamos como reímos y en parte sufrimos (al menos los tímidos) con las peripecias de David Huxley (Cary Grant) un apocado arqueólogo de salón prometido con una rígida y convencional mujer cuya máxima aspiración es ensamblar el esqueleto de un brontosaurio. La casualidad hace que el día antes de su boda caiga en las redes de la caprichosa, adinerada y excéntrica Susan Vance (Katherine Hepburn), a su vez sobrina de una millonaria. La vida del arqueólogo se pondrá a partir de entonces patas arriba en una sucesión de situaciones absurdas y disparatadas; leopardos, huesos enterrados, detenciones policiales, diálogos desquiciados, vestidos que se rompen, esqueletos que se desmoronan y locura por doquier pero a la vez en una existencia monótona aparecen frescura, inteligencia, mordacidad, pasión, arrebato y vehemencia. Su vida ahora será más complicada pero seguro que tendrá más sabor.
Todo lo expuesto nos demuestra que sucumbir siempre a la disciplina del orden hace que nuestras vidas sean predecibles aburridas y no estaremos entrenados para afrontar las perturbaciones que inexorablemente encontraremos en nuestro devenir vital. Cualquier oveja mansa puede ser capaz de asumir un reto imposible, un viaje deslumbrante, una aventura al límite, leer, aprender, soñar, curiosear, compartir sentimientos e ilusiones, formar parte de algo más, y, por supuesto, enamorarse; el tsunami que provoca naufragios en los corazones, destroza los muros de la razón, hace que el cuerpo palpite al máximo nivel de agitación y todo lata al ritmo de un compás desenfrenado. El desorden está a nuestro alrededor acechándonos no hay motivos para temerlo, abracémoslo con pasión y regocijémonos en él.
Anochecía y debía atravesar la avenida para regresar a al hotel tras mi visita turística pero no había semáforos ni guardias urbanos y la circulación no ofrecía ni un resquicio. El tráfico era denso y compacto. Pasaban los minutos y comenzaba a impacientarme cuando me percaté de la técnica de los locales para cruzar la avenida. Simplemente se sumergían entre el tráfico y los conductores, que ciertamente tampoco iban a grandes velocidades, maniobraban para hacer las correcciones necesarias y evitar la colisión. En el tiempo que permanecí allí todos los que probaron a cruzar llegaron a la otra acera ilesos, así que decidí hacer lo mismo.
Realmente se trataba de un auténtico acto de fe. Con decisión me encaminé a la ruidosa y atestada calzada y, para mi sorpresa, note como los vehículos parecían deslizarse suavemente a mi alrededor en una especie de rítmico baile. Entre el vasto océano de motores un sendero diáfano iba emergiendo frente a mí tal como las aguas se abrían para Moíses, y, por supuesto, llegué sano y salvo al otro lado.
Aunque tal vez no nos resulte tan obvio como el tráfico de Hanoi el mundo que nos rodea es un conjunto indeterminado de caos en el que constantemente navegamos sin apenas darnos cuenta de los riesgos que corremos (o simplemente los asumimos naturalmente) ni del poco control que tenemos sobre las situaciones.
Este incesante fluir entre la confusión, el caos y el desorden suele concluir en un brusco cataclismo ya sea un accidente, una crisis económica, un terremoto, una pandemia o un colapso sin fecha de caducidad determinada. No se sabe cuándo ni cómo pero llegará y en ese instante necesitaremos resetear y volver a iniciar todo el sistema. Connie Willis en su divertidísima novela Oveja Mansa nos cuenta como una socióloga que analiza modas y tendencias y un experto en teoría del caos en vez de con macacos como pretendían terminan experimentando con ovejas. No hay nada más gregario que un rebaño pero tampoco percibían un líder claro. La que sin saberlo encauzaba los comportamientos del grupo era la oveja mansa; otra como las demás, sin nada especial, irreconocible para el rebaño y casi para los investigadores pero un poco más hambrienta, un poco más rápida y un poco más ansiosa que el resto.
En el mundo que vivimos sucede lo mismo, hay inconscientes disrruptores que nadie reconoce como líderes tal vez sólo un poco más rápidos o un poco más ansiosos pero que al final son los causantes últimos de que se produzcan nuevos escenarios o situaciones. Nadie sabe a ciencia cierta por qué todas las jovencitas modernas se cortaron el pelo a lo garçon en la Francia de los años 20 del pasado siglo, por qué en los parques en todo el mundo en los años 60 los adolescentes hacían equilibrios con el hula-hoop o por qué en el 2020 se viraliza un vídeo. Tampoco se sabe por qué se pasan de moda esos fenómenos.
En el libro El Poder del Desorden, Tim Harford nos muestra como el ajuste a circunstancias adversas o extremas puede conducir a resultados por impredecibles sorprendentemente buenos. Así nos cuenta como la leyenda del jazz de los años 70 Keith Jarret conmovido por el desconsuelo de una inexperta y casi adolescente promotora de espectáculos musicales accede a tocar con un piano desafinado. El calamitoso estado del instrumento le obligó a tocar de una forma muy especial, aporreándolo en ciertos instantes para que se escuchase desde las filas más altas del teatro. El resultado fue el Concierto de Colonia, probablemente la mejor interpretación de su vida y de cuya grabación vendió 3 millones de copias. También nos explica Haford como en el campo de batalla el general Romel, militar alemán que destacó por su valentía y sus victoriosas campañas en las dos guerras mundiales y popularmente conocido como el zorro del desierto, no temía enfrentarse a situaciones impredecibles. El secreto de sus victorias era su alta capacidad de adaptación y cambiar sin miedo de tácticas, estrategias y objetivos casi a tiempo real. En el ámbito de la política el reverendo Martin Luther King que para el sermón semanal de su parroquia solía dedicar 15 horas de preparación, por distintas razones (ya fuera la falta de tiempo o el dejarse llevar por la multitud que le escuchaba) realizó alguno de sus discursos más multitudinarios, conocidos y emotivos (“I have a a dream”, por ejemplo) casi de forma improvisada, bien es verdad que su experiencia y su talento preparando discursos durante años fue, sin duda, lo que le permitió alumbrar discursos tan inspirados sin apenas preparación previa.
Hablo de caos e inmediatamente vienen a mi mente imágenes de La Fiera de mi Niña, la disparatada, surrealista y divertidísima comedia de Howard Howks. Todos recordamos como reímos y en parte sufrimos (al menos los tímidos) con las peripecias de David Huxley (Cary Grant) un apocado arqueólogo de salón prometido con una rígida y convencional mujer cuya máxima aspiración es ensamblar el esqueleto de un brontosaurio. La casualidad hace que el día antes de su boda caiga en las redes de la caprichosa, adinerada y excéntrica Susan Vance (Katherine Hepburn), a su vez sobrina de una millonaria. La vida del arqueólogo se pondrá a partir de entonces patas arriba en una sucesión de situaciones absurdas y disparatadas; leopardos, huesos enterrados, detenciones policiales, diálogos desquiciados, vestidos que se rompen, esqueletos que se desmoronan y locura por doquier pero a la vez en una existencia monótona aparecen frescura, inteligencia, mordacidad, pasión, arrebato y vehemencia. Su vida ahora será más complicada pero seguro que tendrá más sabor.
Todo lo expuesto nos demuestra que sucumbir siempre a la disciplina del orden hace que nuestras vidas sean predecibles aburridas y no estaremos entrenados para afrontar las perturbaciones que inexorablemente encontraremos en nuestro devenir vital. Cualquier oveja mansa puede ser capaz de asumir un reto imposible, un viaje deslumbrante, una aventura al límite, leer, aprender, soñar, curiosear, compartir sentimientos e ilusiones, formar parte de algo más, y, por supuesto, enamorarse; el tsunami que provoca naufragios en los corazones, destroza los muros de la razón, hace que el cuerpo palpite al máximo nivel de agitación y todo lata al ritmo de un compás desenfrenado. El desorden está a nuestro alrededor acechándonos no hay motivos para temerlo, abracémoslo con pasión y regocijémonos en él.
lunes, 2 de septiembre de 2019
PERDIDO ENTRE DOS MARES
Más de veinte años tiene esta canción y algunas cosas apenas han variado desde entonces, " perdido entre dos mares sin viento, sin bandera, soy un bufón errante que sigue buscando... "
Pero desde luego otras si que son distintas. No se a Fito, pero a mi cada vez me parece más agotador buscar princesas. Los protocolos de la realeza son demasiado complicados para mi ingenua sencillez.
Afortunadamente hay muchos argumentos para seguir navegando, hemos aprendido a leer en las estrellas a orientarnos mejor con los sutiles hitos que facilitan los viajes por los oceanos menos transitados aquellos en los que aún quedan misteriosas islas por descubrir, remotos e inexplorados parajes por explorar donde tantear o simplemente tontear con la rozagante naturaleza.
El concierto del fin de semana promete nuevos y originales matices de la misma música. Y seguro que la disfrutaremos más que nunca.
domingo, 19 de mayo de 2019
EL HILO DEL OVILLO
Cada día estoy más convencido de que el devenir vital es como un hilo de ovillo con aleatorios pliegues que, en determinadas encrucijadas espacio temporales, permite que el pasado, presente y futuro puedan cohabitar.
Tortuosos afluentes que convergen en un mismo estuario o conmovedores acontecimientos que estructuran nuestra historia a modo de anclajes biográficos. Esas son las coordenadas de los tormentosos cruces de caminos por los que atravesar antiguas pasarelas de oxidadas emociones y volátiles energías que aguijonean nuestro interior y nos proyectan a desconocidos parajes decorados con espejos cóncavos y convexos donde vemos el reflejo de inciertos horizontes futuros. Algunos son desdichados y tenebrosos, otros brillantes y deslumbrantes, y, todos ellos, asombrosos universos de extrema fragilidad. Su naturaleza es inestable, fugaz y efímera, como las pompas de jabón, que se evaporan al primer contacto, escenarios inéditos que nos conmueven con una pureza y hermosura que trasciende nuestro entendimiento.
Viajar por los meandros de nuestra memoria, explorar nuevas realidades y avanzar en el conocimiento, no es un trance seguro. Se trata de un juego exigente, expuesto y muy peligroso. Abrimos puertas a nuevas dimensiones, si, pero también al laberinto de nuestros recuerdos, donde podemos quedar dramáticamente enredados o, aún peor, al encontrar la salida descubrir que todo en lo que creíamos hasta ahora es una infantil mascarada.
La alternativa es vivir sólo el aquí y el ahora, según el vano hedonismo del instante feliz inspirado por la absurda superficialidad que hoy impera. Frecuentando únicamente los lugares conocidos, evitando las encrucijadas, los abismos y esas sinuosas montañas que ofrecen nuevas perspectivas. Una infra existencia sumidos en el acuario de los peces de colores, cuya memoria a largo plazo no se prolonga más de cinco segundos.
Yo definitivamente sigo pensando que las realidades plenas están más allá de la pecera y, sobre todo, que debemos de aspirar a algo más que vivir al día.
Tortuosos afluentes que convergen en un mismo estuario o conmovedores acontecimientos que estructuran nuestra historia a modo de anclajes biográficos. Esas son las coordenadas de los tormentosos cruces de caminos por los que atravesar antiguas pasarelas de oxidadas emociones y volátiles energías que aguijonean nuestro interior y nos proyectan a desconocidos parajes decorados con espejos cóncavos y convexos donde vemos el reflejo de inciertos horizontes futuros. Algunos son desdichados y tenebrosos, otros brillantes y deslumbrantes, y, todos ellos, asombrosos universos de extrema fragilidad. Su naturaleza es inestable, fugaz y efímera, como las pompas de jabón, que se evaporan al primer contacto, escenarios inéditos que nos conmueven con una pureza y hermosura que trasciende nuestro entendimiento.
Viajar por los meandros de nuestra memoria, explorar nuevas realidades y avanzar en el conocimiento, no es un trance seguro. Se trata de un juego exigente, expuesto y muy peligroso. Abrimos puertas a nuevas dimensiones, si, pero también al laberinto de nuestros recuerdos, donde podemos quedar dramáticamente enredados o, aún peor, al encontrar la salida descubrir que todo en lo que creíamos hasta ahora es una infantil mascarada.
La alternativa es vivir sólo el aquí y el ahora, según el vano hedonismo del instante feliz inspirado por la absurda superficialidad que hoy impera. Frecuentando únicamente los lugares conocidos, evitando las encrucijadas, los abismos y esas sinuosas montañas que ofrecen nuevas perspectivas. Una infra existencia sumidos en el acuario de los peces de colores, cuya memoria a largo plazo no se prolonga más de cinco segundos.
Yo definitivamente sigo pensando que las realidades plenas están más allá de la pecera y, sobre todo, que debemos de aspirar a algo más que vivir al día.
domingo, 5 de mayo de 2019
MR NOBODY
En ajedrez un jugador está en zugzwang si cualquier movimiento permitido supone empeorar su situación… En muchas ocasiones tengo la sensación de en nos encontramos esa posición de la partida desde que nuestro corazón empieza a palpitar.
Sin embargo, cuando todo se detiene, todo es posible. Sospecho que es la temporalidad nos vuelve intrascendentes pero parece demasiado arrogante para un simple humano el tratar de burlar a Cronos en busca de la anhelada trascendencia.
Petulante o no, y aun conociendo del riesgo de acabar perdido en un auténtico laberinto, soy de los que piensa que sería demasiado triste claudicar sin intentarlo.
La vidas posibles de Mr Nobody es una película de imágenes hermosas, de momentos trascendentes, que rompe la cronología clásica y está envuelta de sensibilidad y romanticismo. Tal y como yo entiendo que ha de ser una vida plena, con muchos caminos y biografías posibles, con un final abierto, llena de claroscuros, meandros y flash backs, surcada de micro historias y posibilidades. Y con la única esperanza de que este ovillo de sensaciones encuentre una armonía final.
No elijas, sólo vive, el azar de la existencia es la cristalización de lo posible, y sí, aún todo es posible.
Sin embargo, cuando todo se detiene, todo es posible. Sospecho que es la temporalidad nos vuelve intrascendentes pero parece demasiado arrogante para un simple humano el tratar de burlar a Cronos en busca de la anhelada trascendencia.
Petulante o no, y aun conociendo del riesgo de acabar perdido en un auténtico laberinto, soy de los que piensa que sería demasiado triste claudicar sin intentarlo.
La vidas posibles de Mr Nobody es una película de imágenes hermosas, de momentos trascendentes, que rompe la cronología clásica y está envuelta de sensibilidad y romanticismo. Tal y como yo entiendo que ha de ser una vida plena, con muchos caminos y biografías posibles, con un final abierto, llena de claroscuros, meandros y flash backs, surcada de micro historias y posibilidades. Y con la única esperanza de que este ovillo de sensaciones encuentre una armonía final.
No elijas, sólo vive, el azar de la existencia es la cristalización de lo posible, y sí, aún todo es posible.
viernes, 10 de agosto de 2018
¿QUE ES LA REALIDAD?
Lo que sucede a extramuros de nuestra conciencia no es real.
Lo que escapa a nuestro foco de atención, percepción o conocimiento, no existe, al menos para nosotros.
No hace falta recurrir a la física cuántica para comprender que cada distinto observador crea un original universo subjetivo, con toda clase de singularidades y matices.
Desde la cosmogonía disparatada y grotesca del insufrible Puigdemont a la intolerable crueldad de Kim Jong-un, a la lúdica y vaporosa de Kim Kardashian o la falocrática e hipersexualizada de Nacho Vidal. Todo son sesgos, visiones particulares de un universo con opciones infinitas.
Unas gafas de madera que hace que un intenso dolor de muelas pueda atenazar a cualquiera de nosotros más que todo el sufrimiento y la miseria de la humanidad en su conjunto.
Unos referentes tan absurdos en general como la vida por el libro, las mujeres 90,60,90 o las normas de la casa de la sidra. Y una sociedad que pide, acción y más acción para matar cualquier atisbo de pensamiento racional o libre, sellando nuestra única vía de escape posible.
Porque, sin duda, el genuino medio de reivindicar nuestro YO y nuestra propia existencia, es nuestro pensamiento. El pienso, luego existo cartesiano.
Así que meditemos, reflexionemos, escudriñemos los meandros más recónditos de lo más profundo de nuestro ser, sumerjámonos en las abismales tinieblas marinas, próximas a donde naufragó el Titanic, un paraje en el que las corrientes son intensas, la presión es insoportable, nos quedamos sin aliento y el agua está gélida, es allí donde encontraremos los cisnes negros, esos que hacen caer con estrépito paradigmas ridículos y permiten, ya de vuelta a la superficie, volver más conectados con nuestro YO esencial e impregnados por la auténtica realidad que nos corresponde, la de nuestros más íntimos anhelos y sueños.
Lo que escapa a nuestro foco de atención, percepción o conocimiento, no existe, al menos para nosotros.
No hace falta recurrir a la física cuántica para comprender que cada distinto observador crea un original universo subjetivo, con toda clase de singularidades y matices.
Desde la cosmogonía disparatada y grotesca del insufrible Puigdemont a la intolerable crueldad de Kim Jong-un, a la lúdica y vaporosa de Kim Kardashian o la falocrática e hipersexualizada de Nacho Vidal. Todo son sesgos, visiones particulares de un universo con opciones infinitas.
Unas gafas de madera que hace que un intenso dolor de muelas pueda atenazar a cualquiera de nosotros más que todo el sufrimiento y la miseria de la humanidad en su conjunto.
Unos referentes tan absurdos en general como la vida por el libro, las mujeres 90,60,90 o las normas de la casa de la sidra. Y una sociedad que pide, acción y más acción para matar cualquier atisbo de pensamiento racional o libre, sellando nuestra única vía de escape posible.
Porque, sin duda, el genuino medio de reivindicar nuestro YO y nuestra propia existencia, es nuestro pensamiento. El pienso, luego existo cartesiano.
Así que meditemos, reflexionemos, escudriñemos los meandros más recónditos de lo más profundo de nuestro ser, sumerjámonos en las abismales tinieblas marinas, próximas a donde naufragó el Titanic, un paraje en el que las corrientes son intensas, la presión es insoportable, nos quedamos sin aliento y el agua está gélida, es allí donde encontraremos los cisnes negros, esos que hacen caer con estrépito paradigmas ridículos y permiten, ya de vuelta a la superficie, volver más conectados con nuestro YO esencial e impregnados por la auténtica realidad que nos corresponde, la de nuestros más íntimos anhelos y sueños.
martes, 20 de marzo de 2018
FACE YOUR FEARS, LIVE YOUR DREAMS
Ciertos episodios esta tarde me han hecho recordar este viejo póster que lucía hace más de 3 lustros en el salón de mi casa de estudiante en Cardiff. "Enfrentate con tus miedos, vive tus sueños", decía... O lo que es lo mismo, amplia horizontes, lee, siente y, sobre todo, viaja y viaja; físicamente o con tu mente.
No existe mayor placer que el de conocer.
No existe mayor placer que el de conocer.
lunes, 11 de diciembre de 2017
NOMADAS
El otro día me tocó reflexionar sobre el objeto del juego de
la vida…
Aparentemente no tiene mucho más sentido que el de un asno girando alrededor de
una noria donde poco importa la lúdica pirotecnia con la que nos consolemos.
Actuamos dentro de los estrechos límites de un circuito predeterminado o, en el
mejor de los casos, en el contorno predefinido de un escenario plano y da igual
que nos vistamos de enterradores que de lentejuelas. El resultado del juego,
que adopta casi siempre el formato de una burlesca
tragicomedia sádica, ya se conoce y el final siempre es el mismo, concluye con
la súbita caída del telón.
Sin embargo, el errático viaje a ninguna parte no debe de cesar. Aún pienso que hay esperanza, una postrera y última tabla de salvación, ese instante de comprensión absoluta en el que dos miradas se funden, el escenario se eleva, nuevos horizontes aparecen y el mundo se detiene para que allá desde lo alto nos deleitemos contemplándolo.
Soy de los que cree que Sangri La existe.
Sin embargo, el errático viaje a ninguna parte no debe de cesar. Aún pienso que hay esperanza, una postrera y última tabla de salvación, ese instante de comprensión absoluta en el que dos miradas se funden, el escenario se eleva, nuevos horizontes aparecen y el mundo se detiene para que allá desde lo alto nos deleitemos contemplándolo.
Soy de los que cree que Sangri La existe.
lunes, 24 de abril de 2017
PROTOCOLO ZOMBI
El vecino pasa absorto, sin verme cuando me cruzo con él en la escalera.
Camino de Oviedo el chico del asiento número 8 dormita en el ALSA con los auriculares puestos, ajeno a la primorosa rubia que le hace ojitos.
Llego a la capital dispuesto a hacer unas gestiones y me encuentro con que el operario de la oficina está ausente por un ERE, su compañero abrumado hace un sickie y el único ente que presta asistencia a los usuarios es una siniestra máquina fabricada en Corea con la que, por supuesto, no consigo realizar ningún trámite.
De vuelta en Gijón decido ir a cenar a mi restaurante favorito y observo como la pareja de la mesa del fondo celebra un simulacro de cena romántica a mayor gloria del móvil y los selfies. La fría dictadura de la pantalla arruina cualquier atisbo de complicidad o de calor humano y el iphone 7 acaba convirtiéndose en el prioritario foco de atracción de la velada, algo en parte lógico, ofrece mejor rendimiento, mayor autonomía y más posibilidades que la mayoría de los comensales.
Y caigo en la cuenta que todo lo que veo a mi alrededor son vidas fallidas, falta de entusiasmo, evasión en realidades paralelas, conformismo y sedación generalizada, nadie parece disfrutar con el mundo real y la pasión se derrocha de la forma más grotesca y absurda.
En vez de afrontar los retos con ilusión y valentía muchos se estancan en una permanente queja. La viciosa comodidad se impone en su día a día pero esto no genera más que insatisfacción y una falsificación de lo que debería de ser. Un mundo de ensoñación donde muchos acaban por no reconocer ni al rostro que se refleja en su espejo cuando se cepillan los dientes.
Desde luego estamos al borde del apocalipsis. El mundo tal y como lo habíamos concebido hasta ahora está a punto de colapsar. Ruego a los señores del gobierno que reconsideren su postura y tomen muy en serio la amenaza zombi.
¡¡Estamos rodeados de muertos vivientes y es necesario que el protocolo zombi se active cuanto antes!!
Camino de Oviedo el chico del asiento número 8 dormita en el ALSA con los auriculares puestos, ajeno a la primorosa rubia que le hace ojitos.
Llego a la capital dispuesto a hacer unas gestiones y me encuentro con que el operario de la oficina está ausente por un ERE, su compañero abrumado hace un sickie y el único ente que presta asistencia a los usuarios es una siniestra máquina fabricada en Corea con la que, por supuesto, no consigo realizar ningún trámite.
De vuelta en Gijón decido ir a cenar a mi restaurante favorito y observo como la pareja de la mesa del fondo celebra un simulacro de cena romántica a mayor gloria del móvil y los selfies. La fría dictadura de la pantalla arruina cualquier atisbo de complicidad o de calor humano y el iphone 7 acaba convirtiéndose en el prioritario foco de atracción de la velada, algo en parte lógico, ofrece mejor rendimiento, mayor autonomía y más posibilidades que la mayoría de los comensales.
Y caigo en la cuenta que todo lo que veo a mi alrededor son vidas fallidas, falta de entusiasmo, evasión en realidades paralelas, conformismo y sedación generalizada, nadie parece disfrutar con el mundo real y la pasión se derrocha de la forma más grotesca y absurda.
En vez de afrontar los retos con ilusión y valentía muchos se estancan en una permanente queja. La viciosa comodidad se impone en su día a día pero esto no genera más que insatisfacción y una falsificación de lo que debería de ser. Un mundo de ensoñación donde muchos acaban por no reconocer ni al rostro que se refleja en su espejo cuando se cepillan los dientes.
Desde luego estamos al borde del apocalipsis. El mundo tal y como lo habíamos concebido hasta ahora está a punto de colapsar. Ruego a los señores del gobierno que reconsideren su postura y tomen muy en serio la amenaza zombi.
¡¡Estamos rodeados de muertos vivientes y es necesario que el protocolo zombi se active cuanto antes!!
domingo, 23 de abril de 2017
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Vivimos en un época de sobreexposición tecnológica. Cualquier comportamiento genera un rastro y multitud de métricas posibles. Etiquetados, clasificados y puntuados, no falta más que un pequeño paso para convertirnos en cautivos de la Inteligencia Artificial (u otras inteligencias). ¿Nuestras decisiones se toman en nuestro cerebro o en Mountain View? ¿Está tomando el teléfono móvil el control de nuestras vidas? El futuro del marketing digital apasiona y sobrecoge. Tratemos de entender al menos parte de lo que sucede, es esencial para nuestro futuro y el de las organizaciones que dirigimos.
sábado, 18 de marzo de 2017
HAPPINESS
Sin embargo, esos pseudolibros son un curioso invento literario que reparte recetas mágicas y desvela milagrosas claves existenciales para mayor gloria de oportunistas y pedantes gurús.
Lo que esas guías no explican es que la ruta correcta no puede ser la del tramposo atajo para alcanzar una meta o, peor aún, la senda de la de la evasión de nuestro entorno.
Los inconsistentes creadores de pararealidades edulcoradas no comentan que el único truco posible es que no hay ningún truco, se trata de que no te importe que te duela, como bien aparece en aquella escena de la película Lawrence de Arabia cuando a Peter O´Toole se hacía una pequeña quemadura en la mano.
La propia felicidad como concepto es una pura utopía.
Vivir en la cándida y voltariana felicidad es renunciar a crecer, vivir de espaldas a la incomodidad y el dolor, enquistarse en un autocomplaciente hedonismo, ausentarse del mundo e inventar una realidad paralela soñada a nuestro antojo.
Así, al más puro estilo Matrix, nos convertiremos en el príncipe, el héroe, el seductor o el aventurero que nunca nos hemos atrevido a ser.
Will Ferguson, en su divertido libro Happiness nos narra con un regusto de ironía como el hipotético manual de autoayuda perfecto crea problemas aun mayores de los que trataba de resolver. En su nirvana de placer estos nuevos individuos felices acaban por sumir a la civilización entera en una apática siesta donde ya no hay objetivos, metas, ni ambiciones, de forma que el mundo tal y como lo conocemos acaba por desmoronarse produciéndose una tremenda involución.
Para el hombre lúcido es difícil encontrar sosiego, una vez que se ha probado el fruto del árbol de la ciencia le resulta difícil degradarse a estados de conciencia inferiores, de absurda placidez.
El tratar de desarrollar todo nuestro potencial y el de nuestro entorno es la mejor aspiración posible. Madurar y crecer consiste en abandonar los confortables edenes. No es posible detener el tiempo ni alargar las etapas evolutivas.
Tengo la certeza de que el Shangri La de James Hilton existe, de hecho hace casi una eternidad creí tocar ese lugar con los dedos de mi mano pero los horizontes perdidos son muy escurridizos y no conviene permanecer demasiado tiempo en ellos.
Los dragones del Edén, los demonios interiores, esos condenados residuos evolutivos de los que hablaba Carl Sagan, nos impulsan a abandonar de nuestra zona de comodidad más allá de lo que nuestra propia razón demandaría. Esa es nuestra maldición y nuestra grandeza. Claudicar, renunciar a evolucinar y crecer no es la salida, por pesada que pueda resultar la carga. La eterna búsqueda es nuestra maldición y nuestra grandeza. Por perdidos que creamos estar en el laberinto, claudicar, renunciar a evolucinar y crecer no es la salida; por pesada que pueda resultar la carga...
viernes, 10 de marzo de 2017
REGRESO AL FUTURO
Cuando Michel J. Fox viajaba al pasado con su famoso DeLorean mejoraba
con su intervención su propio futuro pero debía de ser muy respetuoso
con no alterar ciertas secuencias clave recordadas por él y toda su
familia (la canción en el baile o el beso en el coche) pues de hacerlo
pondría en peligro su propia existencia.
Cuando nosotros emprendemos un viaje mental a nuestro pasado (hasta el momento no he conseguido convencer a Doc para que me deje las llaves de su vehículo del tiempo) nos encontramos con una sucesión de imágenes dispersas. Sería peligroso borrar o cambiar alguna, podría hacer incongruente toda nuestra biografía o afectar nuestra propia cordura, pero si que es muy pertinente, a veces, cambiar el montaje de algunas escenas (modificar el orden, el tempo, o la música) con el objetivo de darle un enfoque emocional diferente.
Finalizado el ejercicio y de regreso al futuro veremos que la calidad de vida de nuestro presente mejora significativamente. Aquí y ahora.
Cuando nosotros emprendemos un viaje mental a nuestro pasado (hasta el momento no he conseguido convencer a Doc para que me deje las llaves de su vehículo del tiempo) nos encontramos con una sucesión de imágenes dispersas. Sería peligroso borrar o cambiar alguna, podría hacer incongruente toda nuestra biografía o afectar nuestra propia cordura, pero si que es muy pertinente, a veces, cambiar el montaje de algunas escenas (modificar el orden, el tempo, o la música) con el objetivo de darle un enfoque emocional diferente.
Finalizado el ejercicio y de regreso al futuro veremos que la calidad de vida de nuestro presente mejora significativamente. Aquí y ahora.
martes, 7 de marzo de 2017
EL EFECTO BARBARA STREISAND
Lo que aparece en la foto es la preciosa casa de la actriz Bárbara Streisand.
Hace unos años la editorial Taschen editó un libro de fotografías con alguna de las viviendas más vistosas de Malibú fotografiadas desde un helicóptero. El libro no tuvo mucha tirada ni repercusión y en ningún momento identificó a los dueños de las propiedades pero Barbara Streisand, que era propietaria de una de ellas, sintió que su intimidad era vulnerada solo por el hecho de mostrar la casa y decidió demandar a la editorial.
Pronto el asunto se viralizó por las redes sociales, de modo que en cuestión de horas millones de usuarios supieron la ubicación exacta del domicilio de la famosa actriz.
A esto se le conoce como el efecto Barbara Streisand y la moraleja es que el exceso de celo protegiendo la intimidad suele tener el efecto contrario al deseado; de igual modo que nosotros mismos somos los que solemos desencadenar todo aquello que más tememos.
Obremos con naturalidad y no nos obsesionemos, las reacciones y fobias excesivas nos llevan directos a los problemas que tratamos de evitar. Sacar el paraguas cuando no toca es la mejor forma de convocar a las tormentas, y, una vez abiertas, las cajas de los truenos son difíciles de controlar.
Hace unos años la editorial Taschen editó un libro de fotografías con alguna de las viviendas más vistosas de Malibú fotografiadas desde un helicóptero. El libro no tuvo mucha tirada ni repercusión y en ningún momento identificó a los dueños de las propiedades pero Barbara Streisand, que era propietaria de una de ellas, sintió que su intimidad era vulnerada solo por el hecho de mostrar la casa y decidió demandar a la editorial.
Pronto el asunto se viralizó por las redes sociales, de modo que en cuestión de horas millones de usuarios supieron la ubicación exacta del domicilio de la famosa actriz.
A esto se le conoce como el efecto Barbara Streisand y la moraleja es que el exceso de celo protegiendo la intimidad suele tener el efecto contrario al deseado; de igual modo que nosotros mismos somos los que solemos desencadenar todo aquello que más tememos.
Obremos con naturalidad y no nos obsesionemos, las reacciones y fobias excesivas nos llevan directos a los problemas que tratamos de evitar. Sacar el paraguas cuando no toca es la mejor forma de convocar a las tormentas, y, una vez abiertas, las cajas de los truenos son difíciles de controlar.
domingo, 5 de marzo de 2017
COLAPSO
Hablaba ayer con una persona con la que he compartido y aprendido
muchísimo en las últimas semanas de uno de mis libros de cabecera,
Colapso. Y hoy he decidido hacer esta entrada con el ánimo de divulgarlo
y animarlo a él y a todos vosotros a su lectura.
En el libro, Jared Diamond, el autor, es capaz de hilar historia, biololgía y antropología en un mismo plano para conseguir una vision global del éxito o fracaso de determinadas sociedades a lo largo de la historia, desde los vikingos en Groenlandia a los anasazi en Estados Unidos, los mayas de Mesoamerica, Ruanda, Haiti, Nueva Guinea o Japón hasta la isla de Pascua o Tikopia y trata de responder a la pregunta de porque unas fueron exitosas y otras fracasaron.
Pasemos si no a ejemplos concretos. La isla de Pascua, según los geólogos fue un auténtico vergel un milenio atrás y en la época contemporánea un lugar desolador sin árboles ni apenas vegetación. Lo cierto es que poco después de que la isla llegó a su climax de evolución, riqueza y población, el sistema se desmoronó súbitamente producto de una colectiva locura constructiva tratando de erigir los moais mas grandes ¿Qué pensó el habitante de Pascua que taló el último árbol? El problema es que el desdichado individuo tal vez nunca llegase a plantearse tal cuestión...El 90% de la población pereció, llegaron a recurrir al canibalismo y lo que encontraron los europeos no fue más que unos indios hambrientos carentes del esplendor de antaño.
A algunos miles de kilómetros de allí, en Tikopia, otra remotísima isla con unos pobladores obligados a afrontar similares retos, estos son capaces de salir airosos del envite y mantener una población estable así como un próspero modelo de desarrollo durante muchos cientos de años, manteniendo este tipo de gestión aún en la actualidad.
¿Cuales son las diferencias esenciales entre los dos modelos de desarrollo? Tikopia es mucho más pequeña que Pascua (la distancia máxima desde el centro de la isla al mar es de 1200 metros), de forma que todos los habitantes son conscientes y co responsables de lo que pasa en SU isla. Si no pueden mantener una familia evitan procrear de forma que la población ha mantenido estable durante generaciones, asimismo, están educados para ser respetuosos con un entorno del que no pueden escapar, donde no hay rincones por explorar y del que conocen cada pliegue. Los jefes hereditarios no son tan poderosos como los de la desdichada Pascua y en todo caso procuran gestionar toda la isla para producir alimentos de forma continua mediante un ingenioso sistema de cultivo por pisos del cual el más alto es el bosque tropical.
Demuestran eficiencia, disciplina y sensatez interactuando con el medio de la forma más adecuada y sostenible.
Desgraciadamente es curioso ver como en un remoto rincón de la vía láctea, un mundo frágil con recursos limitados y separado de cualquier otra civilización conocida, la aldea global llamada planeta Tierra, ahora totalmente interdependiente debido a las redes comerciales y de comunicación existentes, el sistema de gestión elegido para más gloria, poder e influencia de codiciosos jerifaltes es el del derroche, la irresponsabilidad y el exhibicionismo, se cambia simplemente la construcción de moais por la producción bienes de consumo innecesarios o por la edificación de grotescas moles de hormigón que cada vez alejan más al individuo de la naturaleza y de alguno de esos árboles con los que tan conectado me sentí ayer mismo.
No sólo Pascua, otras orgullosas civilizaciones como los mayas o los anasazi, perecieron justo después de alcanzar su punto más álgido evolutiva y tecnológicamente.
Nuestro destino como especie no ha de escribese en oscuros y lejanos despachos, está en nuestras singulares manos, esa es nuestra común responsabilidad.
En el libro, Jared Diamond, el autor, es capaz de hilar historia, biololgía y antropología en un mismo plano para conseguir una vision global del éxito o fracaso de determinadas sociedades a lo largo de la historia, desde los vikingos en Groenlandia a los anasazi en Estados Unidos, los mayas de Mesoamerica, Ruanda, Haiti, Nueva Guinea o Japón hasta la isla de Pascua o Tikopia y trata de responder a la pregunta de porque unas fueron exitosas y otras fracasaron.
Pasemos si no a ejemplos concretos. La isla de Pascua, según los geólogos fue un auténtico vergel un milenio atrás y en la época contemporánea un lugar desolador sin árboles ni apenas vegetación. Lo cierto es que poco después de que la isla llegó a su climax de evolución, riqueza y población, el sistema se desmoronó súbitamente producto de una colectiva locura constructiva tratando de erigir los moais mas grandes ¿Qué pensó el habitante de Pascua que taló el último árbol? El problema es que el desdichado individuo tal vez nunca llegase a plantearse tal cuestión...El 90% de la población pereció, llegaron a recurrir al canibalismo y lo que encontraron los europeos no fue más que unos indios hambrientos carentes del esplendor de antaño.
A algunos miles de kilómetros de allí, en Tikopia, otra remotísima isla con unos pobladores obligados a afrontar similares retos, estos son capaces de salir airosos del envite y mantener una población estable así como un próspero modelo de desarrollo durante muchos cientos de años, manteniendo este tipo de gestión aún en la actualidad.
¿Cuales son las diferencias esenciales entre los dos modelos de desarrollo? Tikopia es mucho más pequeña que Pascua (la distancia máxima desde el centro de la isla al mar es de 1200 metros), de forma que todos los habitantes son conscientes y co responsables de lo que pasa en SU isla. Si no pueden mantener una familia evitan procrear de forma que la población ha mantenido estable durante generaciones, asimismo, están educados para ser respetuosos con un entorno del que no pueden escapar, donde no hay rincones por explorar y del que conocen cada pliegue. Los jefes hereditarios no son tan poderosos como los de la desdichada Pascua y en todo caso procuran gestionar toda la isla para producir alimentos de forma continua mediante un ingenioso sistema de cultivo por pisos del cual el más alto es el bosque tropical.
Demuestran eficiencia, disciplina y sensatez interactuando con el medio de la forma más adecuada y sostenible.
Desgraciadamente es curioso ver como en un remoto rincón de la vía láctea, un mundo frágil con recursos limitados y separado de cualquier otra civilización conocida, la aldea global llamada planeta Tierra, ahora totalmente interdependiente debido a las redes comerciales y de comunicación existentes, el sistema de gestión elegido para más gloria, poder e influencia de codiciosos jerifaltes es el del derroche, la irresponsabilidad y el exhibicionismo, se cambia simplemente la construcción de moais por la producción bienes de consumo innecesarios o por la edificación de grotescas moles de hormigón que cada vez alejan más al individuo de la naturaleza y de alguno de esos árboles con los que tan conectado me sentí ayer mismo.
No sólo Pascua, otras orgullosas civilizaciones como los mayas o los anasazi, perecieron justo después de alcanzar su punto más álgido evolutiva y tecnológicamente.
Nuestro destino como especie no ha de escribese en oscuros y lejanos despachos, está en nuestras singulares manos, esa es nuestra común responsabilidad.
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