Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta excursion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta excursion. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de marzo de 2021

MUIR WOODS

A unos 30 kilómetros del ajetreado San Francisco tenemos un oasis de calma y naturaleza, se trata de Muir Woods.

Para llegar a él tenemos que tomar dirección Sausalito, una de las opciones más recomendables para llegar es el ferry y en el trayecto pasaremos por debajo del famoso Golden Gate.
Sausalito es una agradable localidad con casas de madera bajas y coloridas y aire de pueblo tranquilo e inspirador. Su agradable paseo marítimo con muchas cafeterías y restaurantes es un lugar perfecto para hacer un alto y tomar fuerzas para la visita al parque.
Muir Woods es un magnífico parque natural de 295 hectáreas declarado Monumento Nacional en 1908 y en el que podemos caminar entre secoyas de 7 metros de diámetro y entre 500 y 1200 años (son árboles que puede vivir hasta 3000 años) por limpios y bien trazados senderos de hasta 6 kilómetros perfectamente señalizados.
Al entrar en el parque sentiremos inmediatamente una sensación de frescor, son árboles de entre 100 y 150 metros de altura y los rayos de sol rara vez llegan al suelo.
Los árboles crecen bien en condiciones de alta humedad, por eso abundan en el denominado cinturón de niebla de California, donde es habitual que haya niebla en verano y les aporta la hidratación que necesitan en la temporada más seca.
La zona estuvo primero habitada por los indios nativos americanos Miwok Coast, con la llegada de los misioneros españoles los indios fueron enviados a la misión San Rafael. Se usó parte de la madera para la construcción de casas en la cercana San Francisco y semillas de estos árboles fueron enviadas a España y plantadas en el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso donde crecen jóvenes hermanos de estos árboles.
Sin embargo los problemas de tala indiscriminada no llegaron hasta la década de 1860 (mucho después de la retirada de los españoles) debido a la inmigración masiva provocada por la fiebre del oro.
Afortunadamente un filántropo y pionero del ecologismo llamado William Kent y su esposa compraron el terreno en 1905 para preservarlo, donándolo al estado en 1908.
Además de árboles el Muir Woods da cobijo a más de 380 especies de plantas y animales incluyendo 27 de mamíferos, 50 de aves, 12 de reptiles y 5 de anfibios. El riachuelo que discurre entre los árboles se llama Redwood Creek y sus aguas viven salmones y truchas.
Pasear por el parque produce una sensación de frescor, paz y conexión con la naturaleza realmente increible. Si estáis de visita en San Francisco es una excursión de medio día fácil de realizar y que merece muchísimo la pena.

miércoles, 3 de mayo de 2017

LISBOA


El sol bañaba la plaza del Comercio. El día, recién llegados de latitudes más septentrionales, nos resultaba demasiado caluroso y húmedo. Aquel atrayente y vetusto tranvía amarillo se convirtió en la mejor opción para visitar las colinas que configuran la fisonomía lisboeta. Fue montar en el y empezar a sentir su acariciador y suave traquetreo. Era sorprendente ver como el ya centenario electrico, en un admirable ejercicio de equilibrio, conseguía zigzaguear por imposibles callejuelas. Las esquinas de algunas de aquellas casas de celeste azulejo y crepuscular belleza estaban limadas para facilitar el paso del tranvía. La dignidad de aquellas hermosas, decadentes y atemporales viviendas resistiendo el paso del tiempo era absolutamente sobrecogedora. Desde la ventana se veía a una nodriza africana de uniforme paseando el hijo de algún hacendado lusitano o unos simpáticos pilluelos tratando del coger el tranvía en marcha, maniobra especialmente peligrosa dada la estrechez de las calles.
Tras una ensoñación que duró 90 minutos para mi reloj y no se ya si un instante o toda una eternidad para mi alma, estabamos de vuelta en la plaza del Comercio. Una parada en una terraza nos ayudó a reponer fuerzas. Algunos oportunistas insistieron vendernos esa otra clase de chocolate o unas Ray Ban de imitación.Obstinadamente rehusamos y pedimos una cerveza portuguesa. Nos sirvieron una Bock, algo amarga pero muy refrescante.
Una delicia justo antes de toparnos con otra auténtica maravilla, el mirador de Santa Justa, Torre Eiffel en miniatura, encantador artefacto decimononico cuya mayor utilidad es permitir contemplar a los turistas fantásticas vistas del Tajo, los barrios antiguos de Lisboa y las ruinas del convento de Carmo, edificio semi derruido, sin reconstruir desde el terremoto de 1755 y verdadero homenaje al Portugal de antes del cataclismo, ese menguado pueblo de navegantes visionarios que puso sus factorías comerciales en Goa, Malaca, Macao o Belo Horizonte. Tras bajar la colina empezamos a deambular sin rumbo fijo hasta que, tras subir la enésima cuesta, nos encontramos con la Se.
Habíamos llegado al barrio más pintoresco del Lisboa, la Alfama. El bullicio y el colorido volvían a confundirnos. Paseamos y compramos unos recuerdos hasta que, subitamente, la noche cayó sobre la ciudad. De repente el vital y concurrido barrio quedó en total soledad. Tan solo los tendales con ropa aún fresca nos advertían de que las ruinosas y desvencijadas casas aún seguían estando habitadas, pero la gente parecía haber desaparecido. Por entre las empinadas y estrechas callejuelas nos topamos con una pequeña taberna. A pesar de que exteriormente no era más que otro achacoso edificio el hambre apretaba y decidimos entrar. Nada más traspasar la puerta una atmósfera mágica nos envolvió. El lugar, sin ser lujoso, era realmente acogedor. una señora de mediana edad de porte aristocrático nos invitó a tomar asiento. El comedor no tenía más de 10 mesas. Las laterales estaban ocupadas, así que pasamos a ocupar una de las centrales. Nos sugirieron unos entrantes y vino de Oporto y de segundo elegimos bacalao. Aún no habíamos empezado a degustar tan deliciosos manjares cuando un angelical sonido se metió hasta el fondo de mis entrañas sacudiendo mi alma y mi cuerpo. Nuestra anfitriona de madura y espiritual belleza cantaba para nosotros. Era una canción triste y envolvente que hablaba de bohemios embriagados de pasión en busca de paraisos perdidos. Era el FADO, un destino ya marcado al que unos soñadores inconformistas trataban de enfrentarse con las desiguales armas que les proporcionaba Orfeo. Después escuchamos una oronda africana de alma castigada, cargada de profundidad y de arte, desde entonces me volví completamente fadista y el desgarro y la saudade me dan lucidez y tristeza, fuerza y melancolía, amor y desamparo pero, sobre todo, dolorosa clarividencia.
Tras esa mágica revelación la introspeción, el sentimiento duradero y profundo y la emoción contenida se convirtieron en motores de mi vida aunque este torbellino interior manque, lastime y a veces me queme por dentro.Con ese estado de ánimo era el momento de tomar un tawny, subir al rufianesco Barrio Alto y perderse en la noche lisboeta.

lunes, 27 de abril de 2015

NEUSCHWANSTEIN, EL CASTILLO DEL REY LOCO.



En una época en la que los reinos desaparecían y los castillos ya no tenían ningún valor defensivo, un soñador, un atormentado personaje de otra época decide construir una fortaleza de estilo medieval.  
 
Se trata del castillo de Neuschwanstein, enclavado en un paisaje de ensueño solo accesible tras una buena caminata a pie (más de media hora  por una empinada cuesta desde el punto donde me dejó autobús) o en carretas de caballo habilitadas. Una edificación singular en la que pude sentir el escalofriante halo de la tragedia y el misterio.

Para ir entrando en situación, antes de llegar al castillo recomiendo acercarse por un sendero hasta el puente de Maria o Marienbrücke, una espectacular pasarela sobre el barranco del Póllat que tiene las mejores vistas del Castillo y los alrededores. A mediados del siglo XIX se construyó un puente de madera que años más tarde fue sustituido por uno de metal. Pasear a casi 100 metros de altura hizo que me sintiera completamente sumergido en el paisaje alpino, feliz de experimentar el vértigo de contemplar la armonía de la edificación y la naturaleza desde un mirador único.

El visionario personaje al que me refería anteriormente y que decide emprender la construcción de Neuschwanstein no puede ser más controvertido,  se trata de Luis II de Baviera (1845-1886), un rey querido por el pueblo y despreciado por la burguesía,  que nunca encontró la paz ni el cariño familiar, ni su lugar en el mundo, excesivo, dotado de una sensibilidad infinita pero con un lado oscuro y aterrador.
El monarca, confidente de Sisi emperatriz, con una inusitada y escandalosa admiración por el compositor Wagner, pésimo gestor, extenuado por no llegar a alcanzar nunca lo que se supone que debería de representar un rey, se refugia en un mundo interior que es el que tratará de recrear en el castillo. Una obra de unos 20 años que coincidirá más o menos con el periodo de su reinado, que va desde la adolescencia a la cuarentena cuando fallece prematuramente y en extrañas circunstancias.
El castillo, a imagen y semenjanza del monarca, representa un mundo atormentado, promiscuo, un tanto aberrante pero muy sofisticado y lleno de riqueza visual.
El rey, especialemente en su última y oscura etapa, cuando el deterioro físico y psicológico era más que evidente, inspiró la leyenda de la Bella y la bestia, un personaje atormentado y huidizo que se escondía en un lejano castillo hechizado pero que desgraciadamente tal vez tenga más similitud con nuestro contemporáneo Michel  Jackson y su estrafalario Neverland.
El vulgarmente conocido como rey Loco proyecta así una construcción de ensueño rodeada por un hermoso paisaje, que compone un decorado que no deja indiferente.
El ambicioso proyecto de Luis II de Baviera comenzó a tomar forma en 1869 con el encargo del diseño del castillo a un escenógrafo teatral que, según las ideas del rey, proyectó un espacio más estético que funcional con guiños a todos sus iconos y fantasías; allí se homenajean desde los personajes alegóricos más importantes de las obras de su querido Wagner a héroes de la época medieval.
A pesar del aspecto medieval con el que se construyó el castillo, éste incorporó numerosas modernidades para la época. Contaba con calefacción central de aire caliente, luz eléctrica, agua corriente caliente y fría, desagües automáticos e incluso una línea telefónica. 
El castillo cuenta con 200 habitaciones entre las que destacan llamativas estancias como la Sala del Trono (creado para glorificar el reinado de la gracia de Dios y  recargado de símbolos religiosos y opulencia máxima para el lugar donde debería de haber estado el trono del monarca con las mejores vistas panorámicas del paisaje alpino bávaro, incluido el vecino castillo de Hohenschwangau, lagos y montañas), un lugar con más de 13 metros de altura y marmoles de carrara que seguro hizo suspirar al rey loco y a mi me dejó completamente anonadado. Otra sala llamativa es la de los Cantores (donde destacan numerosas pinturas murales de la leyenda de Parzifal y un espléndido escenario con arcos) y que a pesar de su gran tamaño y su escenario no estaba dedicada a acoger fiestas de la corte. También podemos destacar el dormitorio del rey y la capilla, realizados en estilo neogótico.
Imaginario, estrafalario y poético  el castillo supone el exponente máximo de la arquitectura romántica de final del siglo XIX caracterizada por su gran eclépticismo y la superposición de distintos estilos arquitectónicos. Mientras paseaba por él una descarga de saudade y melancolía sacuidió mi alma, una de sus fachadas me recordó trajo a la mente el castillo de Sintra, de ingrato recuerdo para mi, con el que comparte estilo arquitectónico y el mismo espíritu dramático y torturado.  

El monarca entregó su alma en el desmesurado proyecto pero este constituyó un sueño efímero ya que Luis II sólo llegó a habitarlo aproximadamente 100 días. Cuatro meses después de retirarse a vivir a su anhelado refugio (al que aún le quedaban muchas piezas por rematar y que aún hoy en día continúa inconcluso), el monarca perecío ahogado en un cercano lago en muy extrañas circunstancias.

El rey bávaro pretendía que tras su muerte Neuschwanstein, reflejo de su propia intimidad, permaneciera siempre oculto de los ojos curiosos de los intrusos, pero, paradojas del destino, abre al público en 1886, tan solo unas semanas después de la muerte del rey, y dado su interés y relativa cercanía a Munich (sólo a 130 kilómetros de la capital Bávara) recibe actualmente más de un millón de visitantes al año. Aún peor, este castillo fue usado como inspiración y modelo para que el que se construyó en Disneylandia un siglo después.

Una muchedumbre profana diariamente la memoria del rey loco, que desazonado contemplará desde el más alla como escrutan los lugares más recónditos de su alma. El angustiado monarca no encontrará la paz ni después de muerto, trágico destino el suyo.

martes, 11 de febrero de 2014

LA RUTA DE LAS XANAS

El desfiladero de las xanas se encuentra entre los concejos asturianos de Santo Adriano, Proaza y Quirós, su punto de inicio no está muy distante del de la ruta del oso y podemos considerarla un auténtico monumento paisajístico que capta como pocos la belleza de este rincón del norte de España.

Su nombre hace honor a las xanas, hadas de lasfuentes en la mitología astur.



La senda fue tallada en la roca, en un antiguo proyecto para conectar por carretera, allá por los años 30 del pasado siglo, los pueblos de Pedroveya, Rebollada y Dosango con el valle del Trubia.

El proyecto se abandonó, pero los trabajos y perforaciones en la roca permitieron hablitar la senda.


La ruta no es excesivamente larga ni exigente, apenas 4 kilómetros, sin embargo es sumamente entretenida y variada.

 En nuestro caminar hacia Pedroveya, iremos atravesando varios túneles esculpidos en la piedra, puentes y una gran variedad de paisajes.


Tras una pequeña garganta de piedra y un túnel comienzan los precipicios y los mayores desniveles, que así y todo nunca llegan a ser excesivos.

El paisaje es muy pedregoso y es asombroso ver los arbolillos colgantes suspendidos en el vacío por capricho de la naturaleza. El cauce del río se escucha de fondo porque la fuerza del torrente es brutal, pero la densidad de la masa forestal impide ver una sola gota de agua blanca.

El sendero dibuja las laderas de la montaña y llega a la parte mas escarpada y emocionante del desfiladero.

 La senda sale del estrecho y se interna en un espeso bosque lleno de vida, donde todo suena a cuento y magia.

El camino recorre el bosque y atraviesa el río de las Xanas por un rústico puente de madera. En las orillas del arroyo crecen saucen, olmos, hayas, castaños y avellanos, convirtiendo la arboleda en una jungla de troncos.




Finalmente se sale a un territorio abierto de prados de siega y con aires de valle alpino.

 Tras recorrerlo llegaremos al pueblo de Pedroveya y al final de nuestra travesía.

Allí podemos recuperarnos del esfuerzo comiendo una excelente fabada casera en Casa Generosa, un lugar con tanto caracter y autenticidad como la propia travesía.



 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

POTSDAM Y EL PUENTE DE LOS ESPÍAS.

El Puente Glienicke une Berlín y Potsdam, separadas por el río Havel en una zona llena de lagos y canales. Un bellísimo entorno que sin embargo no consiguió ganar la atención mundial hasta el perido de la Guerra Fría y por razones bien distintas. El puente dividió la parte occidental de Berlín de Potsdam, que quedó dentro del territorio de la República Democrática y en al menos tres ocasiones, el puente se convirtió en el escenario de intercambio de espías presos de la zona oriental y occidental. Es un lugar imprescindible para reconstruir la situación de tensión y guerra latente entre el bloque occidental y comunista durante los años 60 y 70 del pasado siglo XX.
Más aún cuando no muy lejos del puente nos encontramos un trozo del muro que dividía Alemania. El muro se extendía a lo largo de 45 kilómetros que cortaban la ciudad de Berlín en dos y 115 kilómetros que separaban a la parte occidental de la ciudad del territorio de la RDA donde como ya hemos comentado se encuentra Potsdam. El muro, como sabemos, fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la separación de Alemania en dos estados.

A escasos 10 minutos a pie de las dos anteriores referencias  y ubicado en la parte norte del parque Neuer Garten, con vistas al lago Jungfernsee, se ubica  El Palacio Cecilienhof, el último construido por la familia Hohenzollern y lugar de encuentro de la Conferencia de Potsdam del 17 de julio al 2 de agosto de 1945 entre Churchill, Truman y Stalin donde se definían las bases del nuevo orden que se establecía una vez se había puesto fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa.
Potsdam a escasos 40 kilómetros al suroeste de Berlín es la capital del estado federado de Brandeburgo y en algo más de media hora podemos llegar del centro de Berlín al centro de Postdam, una ciudad tranquila y acogedora con una zona antigua muy interesante y perfectamente conservada. Sin embargo, Potsdam tiene bastante mala prensa en Berlín. Para no pocos berlineses, sus habitantes son algo engreídos y demasiado orgullosos de su ciudad. Pero tal vez se deba a la envidia que despiertan los encantos de la elegante vecina.
Esta bonita iglesia católica en pleno centro de la ciudad es lo que primero nos llamará la atención, y más teniendo en cuenta el carácter marcadamente protestante de Potsdam. También es destacable la puerta de entrada a la ciudad o su barrio holandés, sin embargo, los mayores atractivos de Potsdam se encuentran en sus palacios y jardines.
Los cinco kilómetros cuadrados de parques y los 150 edificios palaciegos de Potsdam, construidos entre 1730 y 1916, forman un conjunto artístico cuyo eclecticismo refuerza su singularidad. Este complejo de obras maestras arquitectónicas y paisajísticas fue construido progresivamente dentro de un espacio único e incorporó estilos opuestos sin afectar la armonía general.La casa del té china se ubica dentro de este conjunto, en el parque de Sanssouci de Potsdam. El edificio quiere recordar a una pagoda china, aunque la verdad hay que echarle un poco de imaginación...
El palacio de Sanssouci fue la vivienda preferida del rey más importante de Prusia Federico el Grande que empezó a planificar de su residencia poco después de subir al trono, encargando la realización al arquitecto Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff.

 Sanssouci es un palacete veraniego, de sólo 12 salas, en estilo rococó. El rey pasó largas temporadas en su “casita del viñedo”, como la solía llamar, y también murió allí el 17 de agosto de 1786. Su tumba se encuentra en la terraza principal.

viernes, 24 de mayo de 2013

KORCULA, OTRA PEQUEÑA PERLA EN EL ADRIÁTICO.

Para llegar a la isla de Kórcula desde el continente debemos atravesar el Adriático en barco. Numerosos ferrys realizan la travesía varias veces al día.









La principal localidad de la isla es Kórcula. Fue construida en una pequeña península para, desde sus murallas, controlar el paso de navios por el estrecho canal que la separa del continente.
El tramo de escalera que sube hasta la Puerta de Tierra proporciona, tal y como podemos comprobar en la foto, un espectacular acceso al casco antiguo. La puerta, ubicada en un bastión del siglo XIV, estaba muy protegida.





Las murallas de Korcula resultaron suficientemente robustas para repeler un ataque de los turcos otomanos en 1571. Actualmente, han desaparecido algunos tramos para dejar paso a una carretera, aunque aún se conservan varios bastiones y restos de las murallas con cañones hacia el canal.
 
Es continuo el trasiego de embarcaciones que circulan por el estrecho canal que separa a la isla de Korcula del continente.












La ciudad de Korcula es pequeña, pero cuenta con numerosos templos. Las iglesias de Todos los Santos, San Miguel y de Nuestra Señora se hallan dentro de las murallas del casco antiguo.

 
Las calles estrechas del recinto amurallado son muy llamativas: las que desembocan en el lado oeste se trazaron rectas para que el mistral de verano refrescara la ciudad.
Todo lo contrario que las callejuelas del este, ligeramente curvadas para debilitar el molesto y gélido bura, y para establecer estrategias defensivas ante las invasiones enemigas.
Korkula, conocido también como pequeño Dubrovnik por su fisonomía y estar rodeado de montañas, está por contra mucho menos masificado que su hermana mayor, cuenta con multitud de terrazas y miradores propicios para el relax y el descanso contemplando el mar y el devenir de la tranquila vida del pueblo, alterada, en todo caso, por la llegada de algún crucero.

Siguendo el perímetro circular de la muralla hay un bonito paseo con fantásticas vistas al mar, donde se colocan agradables terrazas y se ubican ls viviendas más vistosas.

Decidí subir a la parte más alta de la ciudad, una pequeña colina ya fuera del perímetro estricto de la muralla para tener las mejores vistas, para conseguirlo no hubo más remedio que subir un montón de escalones.
 
La ciudad desde lo alto ofrece un mosaico de tejados rodeados de una muralla medieval y salpicado de capiteles que se alzan sobre el azul cobalto del Adriático, con el magestuoso macizo Peljesac como telón de fondo.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

ESTAMBUL, PUENTE DE CIVILIZACIONES.

Estambul, antigua Constantinopla, fue capital de Bizancio (el impero romano de Oriente) hasta que cayó en manos de los otomanos en 1453. Enclavada entre Europa y Asia, es la ciudad más poblada de Turquía y la tercera mayor de Europa con unos 12 millones de habitantes. La megalópolis es un gran hervidero de personas y mercancías siempre al borde del caos, con grandes y espaciosas avenidas repletas de tráfico alrededor de sus impresionantes monumentos arquitectónicos.


Perdida entre las callejuelas de la ciudad vieja se encuentra el Gran Bazar, su austero diseño exterior y sus discretas entradas  no invitan a pensar en lo que realmente nos encontraremos dentro, 64 calles interiores, 16 patios y más de 4000 tiendas donde trabajan unas 20.000 personas ofertando artículos de joyería, orfebrería, alfombras y todos los productos y calidades imaginables,  verdaderos o de imitación. Lleva abierto desde 1455 cuando lo inauguró Mehmed II, por lo que, además de ser uno de los más grandes, es posiblemente el bazar más antiguo del mundo. Conviene entrar al lugar cargado de paciencia y dispuesto a regatear con firmeza, en el fragor de la lucha alguno de los comerciantes nos ofrecerá un té para aliviar la tensión, allí empezaremos a palpar el verdadero espíritu de esta ciudad milenaria.
A unos 10 minutos a pie del bazar y tras pasar por la plaza donde está el obelisco, antiguo hipódromo romano,  no nos pasará desapercibida La Mezquita Azul, la más importante de la ciudad, inaugurada en el año 1617 durante el mandato de Mustafá I.  
Causó revuelo desde su construcción ya que se le dotó de 6 minaretes igual que a la de la Meca, ciudad Santa del Islam. Finalmente a la de la ciudad de Mahoma se le agregó uno más para marcar la diferencia.

Al penetrar en el patio de la Mezquita Azul no nos quedará ninguna duda sobre la conveniencia de su nombre, los de 20.000 azulejos azules traídos desde Nicea que adornan la cúpula y la su parte superior le confieren un brillo azulado y una luz especial.
Ya en el interior del edificio sorprende la iluminación proporcionada por  más de 200 vidrieras y de las lámparas de araña que cuelgan del techo.
Toda la concurrida parte monumental suele ser frecuentada por los vendedores de te. Este tipo de comerciantes tradicionales son muy habituales por las calles de Estambul, igual que los que venden simit, las deliciosas roscas de pan de sésamo que acompañan la bebida. Es costumbre tomarlo de merienda junto con el té. No sería mala idea hacer un alto en el camino y alimentarnos con este apetitoso manjar antes de iniciar la visita a Santa Sofía, al fondo de la foto.


Santa Sofía es el símbolo de Estambul, construida durante el mandato de Justiniano entre los años 532 y 537 es  la obra cumbre del arte bizantino. Cuando la ciudad es conquistada en 1453 y pasa a formar parte del Imperio Otomano fue convertida en mezquita, dotándola de cuatro minaretes y en 1935 tuvo su última gran transformación pasando a ser un museo.


El interior de Santa Sofía es impresionante, ya no sólo por las descomunales dimensiones de la sala principal y la cúpula, sino por lo original de su atmósfera con la iluminación difusa, los enormes medallones decorativos que esconden los frescos cristianos de la época anterior y las columnas monolíticas que logran que experimentemos una sensación de sobrecogimiento.
Sorprende asimismo su excelente estado de conservación tras casi 1500 años de vida y múltiples transformaciones, el imponente edificio sigue resistiendo al tiempo y mostrándonos su fascinante historia.

 
Si hay realmente único en Santa Sofía son sus mosaicos, los mejores del periodo bizantino que posteriormente sirvieron de  referencia para todo el arte ortodoxo posterior.
A la entrada solo hay que levantar la vista para ver el mosaico bizantino más famoso del mundo, el Cristo pantocrátor, situado encima de la puerta principal.
Pero además, en la segunda planta podemos disfrutar de una interesante colección de mosaicos en muy buen estado. En la fotografía podemos observar uno de mis favoritos en el que se representan a Jesucristo, la Virgen María y Juan Bautista.
El palacio Topkapi, también muy próximo, es el emblema de la época imperial en Estambul y con su exceso de ornamentación y riqueza trata de mostrar al exterior el poder que alcanzó Constantinopla como sede del Imperio Otomano. Desde este fastuoso palacio los sultanes gobernaron su vasto impero hasta mediados del siglo XIX cuando se trasladaron al palacio Dolmabahçe.

El palacio Topkapi ocupa una enorme extensión, y siguiendo los cánones del estilo asiático que lo caracteriza está formado por varios pabellones independientes con diversos fines, sala de armas, cocina, establos reales, tesoro. Cuatro patios interiores vertebran todo el complejo arquitectónico. El Tesoro cuenta con alguno de los objetos más valiosos del mundo, como el diamante cucharero de 88 kilates o el puñal topkapi hecho en oro con esmeraldas incrustadas. En el harem vivían de 500 a 800 mujeres perfectamente adiestradas en las habilidades amatorias.

Acabada esta visita podemos encaminarnos a la parte nueva de la ciudad, para ello necesariamente tendremos que cruzar el puente Galata, basculante y con unos 500 metros de longitud. Se encuentra ubicado en el estuario conocido como el Cuerno de Oro que es un punto de constante tránsito y lleno de vida, en el que se pesca, se camina, se venden objetos de recuerdo o se pide limosna. Al fondo se divisa la Torre Gálata.






La Galata Kulesi es una de las torres más antiguas del mundo. Desde su parte más alta se obtiene una de las mejores vistas de Estambul.
La primera torre fue construida en madera en el año 528 para servir como faro y a mediados del siglo XIV fue reconstruida por los genoveses con el nombre de Torre de Cristo, desde entonces se ha convertido en la implacable vigía de la ciudad.

Pasada la torre nos encontraremos en pleno barrio de Pera, tradicionalmente el más europeo de Estambul. La calle Istiklal de casi 2 kilómetros de largo es el lugar de referencia en esta zona. En ella se encuentran no sólo su emblemático tranvía sino también tiendas de ropa o zapatos de estilo muy actual, así como cines, teatros, bares, restaurantes, cafeterías, librerías, y también numerosos rastros y mercados de pescado fresco u otros alimentos en las calles laterales. Por la noche hay un divertido pero a veces un tanto tenebroso ambiente nocturno, con discotecas y pubs abiertos hasta las primeras horas de la mañana.


El lado asiático de Estambul es el gran desconocido debido a su distancia al centro de la ciudad.
Allí podemos tomar un té en un promontorio con un parque y una terraza rodeada de una agradable zona verde mientras disfrutamos de la vista sobre sobre el Cuerno de Oro y admiramos los magníficos puentes que conectan el continente asiático con el europeo.


Este es uno de los puentes colgantes que une la parte asiática y la europea de Estambul atravesando el canal del Bósforo. Tiene una longitud más de 1000 metros y posee 6 carriles.
En la ciudad hay otro puente colgante situado a unos 5 kilómetros, durante las horas punta de tráfico ambos sufren grandes atascos.
Para evitarlos podemos volver a la zona europea en barco y así tendremos la oportunidad ver la fachada de los edificios desde el agua.


La fachada más bella del Palacio Dolmabahçe se contempla precisamente desde el Bósforo.  Fue el primero al estilo europeo construido en Estambul y sustituyó al palacio Topaki como residencia oficial de los sultanes en 1856. La parte más vistosa de su interior es la administrativa donde se encuentran los salones oficiales. El salón del Trono aún es utilizado en la actualidad para las recepciones del Estado.

Después de tanta visita podemos compensar con actividades más relajadas. Así al atardecer es recomendable dejarse caer por una tetería tradicional y fumar narguille o tabaco aromático de una cachimba, una costumbre que aún es posible practicar públicamente en Estambul, aunque la cantidad de establecimientos que ofrecen esta opción por desgracia está disminuyendo paulatinamente.


Ya por último, podemos rematar el día en un hammam (baño en árabe). Los baños turcos están emparentados con la tradición romana de socializar en las termas, pero su popularidad se mantiene hasta nuestra época.
Durante el siglo XVIII Estambul llegó a tener más de 150 baños. Un baño turco tradicional es una variante más húmeda de la sauna y se divide en varias partes de frío a caliente incluyendo limpieza exfoliante y contundentes masajes. El interior de los baños decorado en mármol tiene que ver con la capacidad de este material para conservar el calor.
Muchos están ubicados en edificios históricos y es posible encontrar algún hamman en funcionamiento inaugurado en el siglo XVI, todo un lujo y un encuentro con la historia.