El niño jugaba en la plaza del foro. Cuando los ecos del cercano anfiteatro anunciaron que su gladiador favorito había vencido una explosión de entusiasmo inundó todo su ser. Una ligera neblina cubría el Vesubio esa tarde, pero ni él ni la ciudad de Pompeya parecían preocuparse. Estaban acostumbrados a convivir con el volcán y el humo siempre acababa por disiparse. El niño ignoraba que el volcán acababa de entrar en erupción, estaba exultante y era feliz.
El campanario sonaba en la iglesia, los judíos habían sido quemados en la hoguera y el mal cesaría pronto. Las tos, la fiebre y los pestilentes bubones pronto se desvanecerán, pensaba el comerciante. Optimista creía que su puesto de orfebrería en el puente Vecchio pronto volvería a prosperar. El comerciante ignoraba que el brote de peste bubónica había prendido en la ciudad de Florencia, estaba esperanzado y era feliz.
Los recién casados brindaban por su brillante futuro en la cena de gala del trasatlántico. Llevaban 4 días de travesía y pronto llegarían a Nueva York para disfrutar de su merecida luna de miel. Salieron a cubierta y miraron las estrellas. La pareja ignoraba que un iceberg acababa de impactar con la cubierta de su barco, el Titanic, estaban ilusionados y eran felices.
El histriónico youtuber anunciaba por las redes su amor, compraba rosas para San Valentín y se hacía selfies con corazones. El youtuber ignoraba que ella había dejado de quererle hacía tiempo, estaba enamorado y era feliz.
La marabunta salió a las calles a manifestarse. La marabunta ignoraba todo lo que sucedería después, estaba engañada y era feliz.
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domingo, 11 de julio de 2021
miércoles, 24 de marzo de 2021
LA NARIZ DE CHARLES DARWIN
El libro que propongo en esta ocasión se titula La Nariz de Charles Darwin, un ensayo de divulgación de gran claridad expositiva, sencillez y rigor, que se puede leer poco a poco (porque consta de capítulos no conectados e independientes) o todo de un tirón.
En 36 pequeñas historias de fácil lectura pero gran calado nos va presentando algunos de los temas (anorexia, autismo, enfermedad de las vacas locas, la polio) y debates más sugestivos (estados de conciencia mínima, el germen del altruismo) que plantea la neurociencia actual, lo que lo convierte en un libro muy adecuado para los que no han tenido aún contacto con el tema.
El modo en el que el autor bucea en las historias, algunas tan clásicas como el caso de Phineas Gage, entrelazando ideas de diferentes campos y personajes de distintas épocas, de Descartes a Leonardo pasando por Freud o Mary Shelley hace del libro un bocado auténticamente delicioso que, como ya comenté, se puede ir degustando en pequeñas porciones. El texto rezuma vida y pasión y ya se nos hable de conciencia, de los zombis o de la supuesta anorexia de la muñeca Barbie, de cómo aumentar la memoria o trucos para para mejorar nuestra comunicación con los otros, el autor trata siempre de huir del pedestal, aportar puntos de vista de distintos campos del conocimiento con el objetivo de acercar lo más posible la neurociencia a nuestra realidad cotidiana.
Además al estar escrito por José Ramón Alonso, un autor español, desgraciadamente algo no tan común cuando se trata de divulgación científica, desliza numerosas anécdotas que lo conectan con personajes más próximos a nuestro país desde Negrín a Dalí o la selección española de fútbol con lo que su lectura acaba por convertirse no sólo en un gran aprendizaje sobre cómo funciona nuestro cerebro, sino también, y sobre todo, en un auténtico disfrute.
En 36 pequeñas historias de fácil lectura pero gran calado nos va presentando algunos de los temas (anorexia, autismo, enfermedad de las vacas locas, la polio) y debates más sugestivos (estados de conciencia mínima, el germen del altruismo) que plantea la neurociencia actual, lo que lo convierte en un libro muy adecuado para los que no han tenido aún contacto con el tema.
El modo en el que el autor bucea en las historias, algunas tan clásicas como el caso de Phineas Gage, entrelazando ideas de diferentes campos y personajes de distintas épocas, de Descartes a Leonardo pasando por Freud o Mary Shelley hace del libro un bocado auténticamente delicioso que, como ya comenté, se puede ir degustando en pequeñas porciones. El texto rezuma vida y pasión y ya se nos hable de conciencia, de los zombis o de la supuesta anorexia de la muñeca Barbie, de cómo aumentar la memoria o trucos para para mejorar nuestra comunicación con los otros, el autor trata siempre de huir del pedestal, aportar puntos de vista de distintos campos del conocimiento con el objetivo de acercar lo más posible la neurociencia a nuestra realidad cotidiana.
Además al estar escrito por José Ramón Alonso, un autor español, desgraciadamente algo no tan común cuando se trata de divulgación científica, desliza numerosas anécdotas que lo conectan con personajes más próximos a nuestro país desde Negrín a Dalí o la selección española de fútbol con lo que su lectura acaba por convertirse no sólo en un gran aprendizaje sobre cómo funciona nuestro cerebro, sino también, y sobre todo, en un auténtico disfrute.
sábado, 27 de febrero de 2021
DESMAYARSE
Los grandes clásicos son inmortales porque trasmiten emociones universales. Sentimientos profundos, confusos e inmperecederos sin fecha de caducidad, comunes a cualquier generación y cultura. Y de lo que en el vídeo se habla, sea licor o veneno, produce a día de hoy la misma sacudida de sensaciones e idéntico regusto en el paladar que en la época de Lope de Vega. Así es y seguirá siendo, y quien lo probó lo sabe.
Yo particularmente lo definiría como una explosión de emociones contrapuestas. El "big bang" de un nuevo universo que implosiona en ese corazon que palpita enardecido. Nuestro antiguo mundo se desmorona y aparece otro nuevo, siempre y cuando tengamos el valor de atrevernos a probarlo.
lunes, 1 de febrero de 2021
PERPETUO Y FUGITIVO INSTANTE
No hay mejor edad que la que tengo,
ni mejor aire que el que respiro.
No hay mejor compañía que la tuya,
ni mejor momento que este nuestro.
Y lo peor es que la chica de ayer ya no existe,
y que mañana será demasiado tarde.
ni mejor aire que el que respiro.
No hay mejor compañía que la tuya,
ni mejor momento que este nuestro.
Y lo peor es que la chica de ayer ya no existe,
y que mañana será demasiado tarde.
jueves, 28 de enero de 2021
NETWORK
Lo cierto es que “el ser humano está muy poco interesado en conocer la verdad, pero sí debería de estarlo al menos en su supervivencia”. Este es lo que expone Howard Beale, un presentador de noticias trastornado y reconvertido en gurú apocalíptico, en la película Network dirigida por Sidney Lumet en 1976. El personaje está interpretado por Peter Finch y obtuvo el Oscar a título postumo como mejor actor principal en 1977.
Beale se considera un elegido y "anuncia la verdad porque sale en la televisión" medio por el que se informa, según explica en otro de sus desquiciados sermones, el grueso de la masa ya que sólo el 15% sigue los periódicos y menos del 3% lee libros.
Beale reprocha a los telespectadores guarecerse pasivamente en sus hogares en un momento de cataclismo económico y social confiados en mantener así sus comodidades y les impulsa a montar en cólera. Aún va más allá y anuncia su suicidio en directo. Para regocijo de los ejecutivos de la cadena, especialmente la despiadada Diana Christensen interpretada por la bellísima Fane Dunaway, los índices de audiencia se disparan. Sólo Max Schumaker ( William Holden ), veterano jefe de informativos, ejerce el papel de hombre maduro y decente que lucha honestamente por resistirse, sin demasiado éxito, a este vórtice de indecencia y agresividad.
Sin embargo lo que aparentemente es presentado como un acto de rebelión contra el sistema es finalmente controlado y absorbido por el mismo sistema. A medida que se vuelve más previsible y profundo el interés por el mensaje de Beale acaba por decaer y los índices de audiencia por desplomarse.
Lo que hace 40 años era una alegoría, una exagerada metáfora del mercado de la televisión, hoy es el panorama habitual; obscenidad, amoralidad, explotación de grotescos monstruos y, sobre todo, desinformación y manipulación, apelando a los sentimientos más bajos y arrebatados del espectador. La agitación tiene poco de libre y espontánea y mucho de estudiado proceso de ingeniería social.
Cuando decrece el interés de los espectadores o cambia el mensaje a transmitir, el infeliz monigote es sacrificado para deleite de la salvaje recua de yonkis adictos a la sangre y los dramas. Y así se nutren de sensaciones los cerebros carentes de ideas.
La verdad hace tiempo que ha dejado de tener importancia, pero, aún peor, las ideas propias están en peligro de extinción y sin ellas la autonomía del individuo no sobrevivirá a la dictadura de las audiencias y los algoritmos.
Beale se considera un elegido y "anuncia la verdad porque sale en la televisión" medio por el que se informa, según explica en otro de sus desquiciados sermones, el grueso de la masa ya que sólo el 15% sigue los periódicos y menos del 3% lee libros.
Beale reprocha a los telespectadores guarecerse pasivamente en sus hogares en un momento de cataclismo económico y social confiados en mantener así sus comodidades y les impulsa a montar en cólera. Aún va más allá y anuncia su suicidio en directo. Para regocijo de los ejecutivos de la cadena, especialmente la despiadada Diana Christensen interpretada por la bellísima Fane Dunaway, los índices de audiencia se disparan. Sólo Max Schumaker ( William Holden ), veterano jefe de informativos, ejerce el papel de hombre maduro y decente que lucha honestamente por resistirse, sin demasiado éxito, a este vórtice de indecencia y agresividad.
Sin embargo lo que aparentemente es presentado como un acto de rebelión contra el sistema es finalmente controlado y absorbido por el mismo sistema. A medida que se vuelve más previsible y profundo el interés por el mensaje de Beale acaba por decaer y los índices de audiencia por desplomarse.
Lo que hace 40 años era una alegoría, una exagerada metáfora del mercado de la televisión, hoy es el panorama habitual; obscenidad, amoralidad, explotación de grotescos monstruos y, sobre todo, desinformación y manipulación, apelando a los sentimientos más bajos y arrebatados del espectador. La agitación tiene poco de libre y espontánea y mucho de estudiado proceso de ingeniería social.
Cuando decrece el interés de los espectadores o cambia el mensaje a transmitir, el infeliz monigote es sacrificado para deleite de la salvaje recua de yonkis adictos a la sangre y los dramas. Y así se nutren de sensaciones los cerebros carentes de ideas.
La verdad hace tiempo que ha dejado de tener importancia, pero, aún peor, las ideas propias están en peligro de extinción y sin ellas la autonomía del individuo no sobrevivirá a la dictadura de las audiencias y los algoritmos.
jueves, 7 de enero de 2021
BUFALOS
Cuando la mentira y la falta de criterio se adueña de las instituciones.
Cuando la egolatría está por encima de lo razonable o del bien común.
Cuando se demoniza a los rivales.
Cuando no se respetan las reglas de juego.
Cuando se incita y se jalea a la violencia, sólo si es contra los demás.
Sucede que los búfalos señorean y mancillan los sagrados símbolos de la democracia.
En Estados Unidos, y en todo el mundo, vivimos malos tiempos para el reencuentro con unos valores, los democráticos, que tanta prosperidad nos han proporcionado a muchos países.
La fortaleza de la democracia americana, la independencia de los senadores y el testimonio de la prensa han vencido en este primer asalto.
Reforcemos nuestras instituciones para que el germen de la violencia no prospere en nuestro país.
El populismo como los camaleones se mimetiza con el color del estado de ánimo de los más irascibles y desesperados y se viste, se desviste y se traviste con todo tipo de disfraces y uniformes pero siempre tiene algunos puntos en común que lo caracterizan y lo delatan al mismo tiempo: la mentira, la irresponsabilidad, el despotismo totalitario, la arbitrariedad, el frentismo, el fanatismo, la crueldad, la estrechez de miras y la eliminación de los contrapesos de poder y de las voces disidentes ( ridiculizándolas, arruinándolas o ajusticiándolas según sea el caso o la oportunidad ) .
El modo de crear sociedades sanas, libres y felices es no recetando a los demás la medicina que a nosotros nos resultaría nociva. El respeto a las tradiciones y los equilibrios, la veracidad, la trasparencia, la ejemplaridad y la armonía son los principios que inevitablemente conducen a la prosperidad y a la concordia, a una nación de la que sentirse orgulloso.
Cuando la egolatría está por encima de lo razonable o del bien común.
Cuando se demoniza a los rivales.
Cuando no se respetan las reglas de juego.
Cuando se incita y se jalea a la violencia, sólo si es contra los demás.
Sucede que los búfalos señorean y mancillan los sagrados símbolos de la democracia.
En Estados Unidos, y en todo el mundo, vivimos malos tiempos para el reencuentro con unos valores, los democráticos, que tanta prosperidad nos han proporcionado a muchos países.
La fortaleza de la democracia americana, la independencia de los senadores y el testimonio de la prensa han vencido en este primer asalto.
Reforcemos nuestras instituciones para que el germen de la violencia no prospere en nuestro país.
El populismo como los camaleones se mimetiza con el color del estado de ánimo de los más irascibles y desesperados y se viste, se desviste y se traviste con todo tipo de disfraces y uniformes pero siempre tiene algunos puntos en común que lo caracterizan y lo delatan al mismo tiempo: la mentira, la irresponsabilidad, el despotismo totalitario, la arbitrariedad, el frentismo, el fanatismo, la crueldad, la estrechez de miras y la eliminación de los contrapesos de poder y de las voces disidentes ( ridiculizándolas, arruinándolas o ajusticiándolas según sea el caso o la oportunidad ) .
El modo de crear sociedades sanas, libres y felices es no recetando a los demás la medicina que a nosotros nos resultaría nociva. El respeto a las tradiciones y los equilibrios, la veracidad, la trasparencia, la ejemplaridad y la armonía son los principios que inevitablemente conducen a la prosperidad y a la concordia, a una nación de la que sentirse orgulloso.
sábado, 2 de enero de 2021
BESOS ARREBATADOS
Qué desolador es vivir sin que la piel se erice al contemplar una sonrisa. Sin sentir el cálido tacto de una mano amiga. Sin el benefactor abrazo de un semejante. Sin el protector afecto de los cuerpos de los seres queridos. Sin que pueda mimar a los míos.
Caricia, achuchón, carantoña o ternura se han convertido en términos aciagos, proscritos del diccionario.
Tantas desoladas despedidas, tétricas ausencias sin lágrimas derramadas que pronto desbordarán los muros invisibles del terror y encharcarán nuestra conciencia.
Quisiera sentir, aun efímeramente, la delicadeza de aquellos labios, aquellos besos que el infortunio nos robó y que ningún prodigio venidero nos devolverá.
El mundo, ya sea en Gijón, Wuhan o Estambul se ha quedado huérfano de los besos que la adversidad le arrebató y la gélida huella del desamparó inexorablemente grabará indelebles cicatrices en nuestros afligidos corazones.
Caricia, achuchón, carantoña o ternura se han convertido en términos aciagos, proscritos del diccionario.
Tantas desoladas despedidas, tétricas ausencias sin lágrimas derramadas que pronto desbordarán los muros invisibles del terror y encharcarán nuestra conciencia.
Quisiera sentir, aun efímeramente, la delicadeza de aquellos labios, aquellos besos que el infortunio nos robó y que ningún prodigio venidero nos devolverá.
El mundo, ya sea en Gijón, Wuhan o Estambul se ha quedado huérfano de los besos que la adversidad le arrebató y la gélida huella del desamparó inexorablemente grabará indelebles cicatrices en nuestros afligidos corazones.
domingo, 4 de octubre de 2020
LA NUEVA NARRATIVA
Desde niños todos hemos sentido fascinación por las historias y los cuentos. Tanto que, si eran buenos, ni siquiera hacía falta que fueran ciertos. Todos nos hemos ilusionado con el ratoncito Pérez, Papa Noel o los Reyes Magos. Una dosis de fantasía genera esperanza, pero a determinada edad llegaba el momento de hacernos adultos y enfrentarnos a la realidad.
Y de lo que no hay duda es de que la propia narrativa condiciona la realidad.
La interpretación distorsionada de los acontecimientos circundantes puede convertir las calamidades en retos, las tragedias en epopeyas, a los sanguinarios en pacificadores y a los farsantes en fiables doctores.
En la oscarizada película italiana de 1997 “La Vida es Bella” el abnegado padre protagonista utiliza el humor y la fantasía para convertir un campo de concentración en un escenario de juegos para su pequeño hijo y así protegerle de la realidad.
En Don Quijote, de nuestro universal Cervantes, Quijano Alonso un cincuentón aburrido, cansado de la monotonía y ansioso por experimentar sensaciones teje un universo de locura dónde se olvida de quien es y consigue transformarse en el intrépido caballero andante que nunca logró ser en el mundo real.
Utilizando estrategias similares y con deliberado afán de manipulación, oportunistas de toda época han sabido combinar las dosis perfectas de fantasía y olvido para hacer valer una línea de pensamiento oficial, donde un grupo de elegidos se convierten en los dueños de la historia.
Un discurso monolítico donde no hay cabida para el pensamiento subjetivo. El mundo deja de construirse de dentro hacia fuera. La experiencia personal y las emociones particulares son convenientemente manipuladas, de modo que la realidad se empieza a percibir desde fuera hacia adentro. Alguien exterior toma el control de mi vida; escribe mi biografía y lo que debo de sentir.
Se busca controlar a un número creciente de iniciados mansos (muchas religiones y sectas tienen larga experiencia en el uso de estas estrategias), sumisos actores que se identifiquen tanto con la historia que acaben por no cuestionársela y a formar parte de ella de modo que la renunciar a la misma supondría algo así como renunciar a su propia vida.
La consecuencia es un mundo intolerante y plano donde el individuo acepta ser comparsa a cambio de una supuesta protección personal y un encaje en el grupo o lo que es lo mismo un mal disimulado remedo del feudalismo más rancio.
No son buenos tiempos para quien intente orientarse por su particular brújula interior o busque enriquecedores contactos entre iguales (sean estos intelectuales, económicos, comerciales o afectivos). El vivir fuera de los asfixiantes límites del pensamiento oficial es un estremecedor grito en el silencio con la angustiosa estética de Munch.
Y con esta cobertura la apisonadora de la postmodernidad destruye todo el riquísimo entramado anterior de relaciones para dejarnos un mundo de burócratas y multinacionales donde la clase media se achica o se destruye, el menor número de actores en el mercado limita la libre competencia, el reparto de la riqueza es menos igualitario, disentir no se lleva y pensar es peligroso.
Se niega la familia y la transmisión de algo aún más importante que los propios genes, los memes (la transmisión del conocimiento interpersonal- de individuo a individuo- en el sentido que le daba Richard Dawkins en su libro de 1976, El Gen Egoísta). En la defensa de unos supuestos beneficios colectivos se acaba por encadenar nuestro libre albedrío. Unos grilletes cada vez más opresores y represivos que engendran ciudades tristemente iguales y sin sorpresas. Engendros carentes de vitalidad donde lo vulgar es la norma y nada deslumbra, donde los acogedores negocios de barrio son sustituidos por Mc Donalds, Decathlon, Panris o Starbucks y las personas por expendedores automáticos.
Una vida artificial donde el guión ya está escrito y las vivencias son más virtuales que reales, explosiones de imágenes perfectamente estudiadas con el objetivo de impactar en la conciencia. Un escenario estrecho que no da soporte a toda la complejidad de la vivencia humana y donde el individuo renuncia a manejar las riendas de su propio destino. El devenir vital pasa a ser una insufrible sucesión de indigestas cursilerías y tediosos tópicos. Un letargo tan solo interrumpido ante la exposición a predeterminados Hastags o establecidos automatismos. Entonces el plácido rebaño se transforma en una jauría enrabietada que saliva del mismo modo que los perros de Paulov.
El adoctrinamiento generalizado, la falta de capacidad de respuesta intelectual, el cobarde repliegue ante las humillaciones pone en peligro el desarrollo del ser humano en plenitud, limita su capacidad ampliar su conciencia y su crecimiento personal. Pero aún hay esperanza, esta monstruosa aberración diseñada por zafios fundamentalistas tiene gruesos muros pero frágiles cimientos. Un solo corazón libre que palpite verdad puede provocar que todo el entramado se desmorone igual que un castillo de naipes.
La interpretación distorsionada de los acontecimientos circundantes puede convertir las calamidades en retos, las tragedias en epopeyas, a los sanguinarios en pacificadores y a los farsantes en fiables doctores.
En la oscarizada película italiana de 1997 “La Vida es Bella” el abnegado padre protagonista utiliza el humor y la fantasía para convertir un campo de concentración en un escenario de juegos para su pequeño hijo y así protegerle de la realidad.
En Don Quijote, de nuestro universal Cervantes, Quijano Alonso un cincuentón aburrido, cansado de la monotonía y ansioso por experimentar sensaciones teje un universo de locura dónde se olvida de quien es y consigue transformarse en el intrépido caballero andante que nunca logró ser en el mundo real.
Utilizando estrategias similares y con deliberado afán de manipulación, oportunistas de toda época han sabido combinar las dosis perfectas de fantasía y olvido para hacer valer una línea de pensamiento oficial, donde un grupo de elegidos se convierten en los dueños de la historia.
Un discurso monolítico donde no hay cabida para el pensamiento subjetivo. El mundo deja de construirse de dentro hacia fuera. La experiencia personal y las emociones particulares son convenientemente manipuladas, de modo que la realidad se empieza a percibir desde fuera hacia adentro. Alguien exterior toma el control de mi vida; escribe mi biografía y lo que debo de sentir.
Se busca controlar a un número creciente de iniciados mansos (muchas religiones y sectas tienen larga experiencia en el uso de estas estrategias), sumisos actores que se identifiquen tanto con la historia que acaben por no cuestionársela y a formar parte de ella de modo que la renunciar a la misma supondría algo así como renunciar a su propia vida.
La consecuencia es un mundo intolerante y plano donde el individuo acepta ser comparsa a cambio de una supuesta protección personal y un encaje en el grupo o lo que es lo mismo un mal disimulado remedo del feudalismo más rancio.
No son buenos tiempos para quien intente orientarse por su particular brújula interior o busque enriquecedores contactos entre iguales (sean estos intelectuales, económicos, comerciales o afectivos). El vivir fuera de los asfixiantes límites del pensamiento oficial es un estremecedor grito en el silencio con la angustiosa estética de Munch.
Y con esta cobertura la apisonadora de la postmodernidad destruye todo el riquísimo entramado anterior de relaciones para dejarnos un mundo de burócratas y multinacionales donde la clase media se achica o se destruye, el menor número de actores en el mercado limita la libre competencia, el reparto de la riqueza es menos igualitario, disentir no se lleva y pensar es peligroso.
Se niega la familia y la transmisión de algo aún más importante que los propios genes, los memes (la transmisión del conocimiento interpersonal- de individuo a individuo- en el sentido que le daba Richard Dawkins en su libro de 1976, El Gen Egoísta). En la defensa de unos supuestos beneficios colectivos se acaba por encadenar nuestro libre albedrío. Unos grilletes cada vez más opresores y represivos que engendran ciudades tristemente iguales y sin sorpresas. Engendros carentes de vitalidad donde lo vulgar es la norma y nada deslumbra, donde los acogedores negocios de barrio son sustituidos por Mc Donalds, Decathlon, Panris o Starbucks y las personas por expendedores automáticos.
Una vida artificial donde el guión ya está escrito y las vivencias son más virtuales que reales, explosiones de imágenes perfectamente estudiadas con el objetivo de impactar en la conciencia. Un escenario estrecho que no da soporte a toda la complejidad de la vivencia humana y donde el individuo renuncia a manejar las riendas de su propio destino. El devenir vital pasa a ser una insufrible sucesión de indigestas cursilerías y tediosos tópicos. Un letargo tan solo interrumpido ante la exposición a predeterminados Hastags o establecidos automatismos. Entonces el plácido rebaño se transforma en una jauría enrabietada que saliva del mismo modo que los perros de Paulov.
El adoctrinamiento generalizado, la falta de capacidad de respuesta intelectual, el cobarde repliegue ante las humillaciones pone en peligro el desarrollo del ser humano en plenitud, limita su capacidad ampliar su conciencia y su crecimiento personal. Pero aún hay esperanza, esta monstruosa aberración diseñada por zafios fundamentalistas tiene gruesos muros pero frágiles cimientos. Un solo corazón libre que palpite verdad puede provocar que todo el entramado se desmorone igual que un castillo de naipes.
sábado, 30 de mayo de 2020
DI, DA, DI, DA
Di da, Di da… Tic tac, Tic tac.
¿Son las lágrimas o es el tiempo lo que realmente borra el dolor para que todas las emociones puedan volver a ponerse de nuevo en orden?
Con la cadencia de un reloj, di-da, la música nos sumerge con delicadeza en un nuevo estado emocional, el de la aceptación. Y se inicia otra etapa desde la cual abrimos las puertas a un flamante futuro donde tal vez alguien piense otra vez en nosotros y esboce una sonrisa.
Y al ritmo de Di, da.. Di da, os invito a escuchar esta canción popular china, es pura hermosura y armonía.
¿Son las lágrimas o es el tiempo lo que realmente borra el dolor para que todas las emociones puedan volver a ponerse de nuevo en orden?
Con la cadencia de un reloj, di-da, la música nos sumerge con delicadeza en un nuevo estado emocional, el de la aceptación. Y se inicia otra etapa desde la cual abrimos las puertas a un flamante futuro donde tal vez alguien piense otra vez en nosotros y esboce una sonrisa.
Y al ritmo de Di, da.. Di da, os invito a escuchar esta canción popular china, es pura hermosura y armonía.
sábado, 2 de mayo de 2020
LA NUEVA NORMALIDAD
Mi hábitat, cálido y acogedor, súbitamente se fugó para emerger un territorio hostil e irreconocible.
Un espacio deshabitado de abrumador silencio, despojado del murmullo de otros semejantes, del rugido del motor de una camioneta o el chirrido de los frenos de un coche, del taconeo de las pisadas, del tintineo de las monedas en los bolsillos de los paseantes, de las risotadas de los niños en los parques, de la cautivante fragancia que desprendía la jovencita al pasar, del nauseabundo hedor del contenedor de la basura que removía el indigente, del agradable olor a chocolate de la churrería o del peculiar aroma del fermento de la sidra con serrín de las sidrerías.
Un lugar donde las palomas aguardaban en vano por niños que las persiguieran, las gaviotas ya no tenían restos de comida en las terrazas a los que acechar, los regalos de los escaparates no llegarían a tiempo para el día del padre y, en unas calles desiertas, los furtivos caminantes ya no necesitaban zigzaguear para evitar el chocar con otras personas. El desagradable y ronco eco del sonido de la emisora del coche patrulla era lo único que impregnaba aquel angustioso ambiente.
Gijón, igual que otras tantas poblaciones de España y del mundo, era una ciudad desahuciada que ya no olía, ni sentía que carente de pulso y razón agonizaba provocando una desoladora sensación de malestar. De repente volvieron a salir los niños y pude observarlo todo de otro modo. Y es así cómo, tras este brusco y despiadado paréntesis, fui capaz de mirar a mi ciudad, con los mismos ojos un niño que tras una transitoria ceguera vuelve a ver el mundo. Con el mismo entusiasmo que mi sobrino Yago sentía cuando con poco más de dos años veía los pictogramas del Puerto Deportivo, “prohibido bañarse”, “cuidado resbala”, “prohibido aparcar” y se deleitaba al comprender que aquellos dibujos tenían algún significado. Con la misma sorpresa que le producía la rugosidad de la corteza del tronco al acercar la mano al árbol. Con la misma atención con la que seguía el movimiento de las palomas cuando las cebaba o las perseguía. Con la mismo espíritu aventurero que demostraba cuando exploraba una cercana casa en ruinas y se asustaba al ver los cristales rotos, las caras a medio terminar de los grafiteros o los amarillentos recordatorios de comunión de una librería abandonada. Alegría, sorpresa, susto, todo emociones a flor de piel, así fue como vi Gijón en aquel momento.
Me percaté del florecer de las plantas, de la colonia de patitos que habían colonizado el estanque de la plaza de Europa, de la fisonomía de los edificios, de las grietas en el suelo por la que emerge una fila de sufridas hormigas, de la gente que se cruza, de las casonas que resistían entre los altos bloques de pisos, de los miradores, de las cornisas, de las columnas en forma cariátides, de los letreros de caligrafías imposibles y de otros muchos hitos del paisaje urbano en los que, pese a pasar delante de ellos casi a diario, nunca había reparado. Por un momento me creí capaz de oler los sonidos y escuchar los colores. La sinestesia, esa maravillosa capacidad que los niños tienen y los adultos hemos perdido por completo.
Me sorprendió el resonar del bote de las pelotas en el Paseo de Begoña, los niños corriendo, el avance de los ciclistas o la marabunta de personas moviéndose en el Muro. En esos primeros instantes de mi vuelta a la calle disfruté paseando con el mismo placer y regocijo que experimento cuando viajo a un lugar lejano y exótico por primera vez. Sin embargo el cielo violáceo me hizo ver que anochecía y debía de volver pronto a casa. Algo me produjo cierto desasosiego y malestar, me invadió sensación de desconcierto y nostalgia, ecos de una profunda tristeza que no pudieron acallar los aplausos desde los balcones.
Entonces caí en la cuenta de que lo que hace para cada uno de nosotros maravilloso este mundo es precisamente nuestra propia capacidad para reconocerlo e interpretarlo sin cortapisas. La aspiración es encontrar la plenitud en él según nuestra particular vision del mismo, la cual está condicionada por nuestras propias vivencias previas, nuestros orígenes y peripecias, nuestra jerga, lenguaje o idioma, nuestra escala de valores, nuestros miedos o fobias, nuestros particulares talentos, gustos e intereses, nuestras liturgias, nuestro tiempo de duelo, nuestro propio modo de sentir, nuestro ritmo vital. Cada individuo es un particular microcosmos único e inimitable. Por tanto debemos mirar el mundo siempre como algo poliédrico, especial e insólito. Muchos pretenden acotar o descifrar la realidad por nosotros o determinar lo que está bien o lo que está mal, quiénes son los buenos o los malos o que es importante o no. Entiendo que dejarse influir por esas interferencias no es vivir una vida plena, ni tomar conciencia de lo que sucede. Sin perjudicar nunca a los demás cada uno tiene que elegir su propia realidad, a qué va que poner más énfasis y cuáles son sus prioridades.
Recuerdo cuando de la mano de mi sobrina Aitana de entonces apenas tres años, paseaba por el bonito pueblo de Manly, cerca de Sidney. Nada podía ser más perfecto, surferos en la interminable playa, un luminoso día, cuidadas casitas, una amplia costanera, y, por supuesto, el murmullo de la gente local, las fugaces conversaciones acá y allá, un sonido comprensible para ambos (sobre todo para ella que es bilingüe) pero sin la armonía y musical calidez del primer y familiar idioma. Detrás de nosotros oímos, al fin, una pareja de españoles que conversaban. Hablan ñol!!!- Me dijo emocionada Aitana.
Temo que la pomposa nueva normalidad sea la excusa para imponernos una nueva realidad. Detestaría vivir un esplendoroso nuevo mundo tecnológico que nunca hablará mi idioma nativo y en el que siempre sería forastero. Abominaría un lugar donde los algoritmos, los técnicos anónimos y la autocracia se convirtieran en los censores de mi pensamiento. Deseo decidir sin interferencias, arropado por mi familia y mis recuerdos, fiel a mis orígenes y mis raíces, en armonía con el tiempo y espacio donde me he criado y las experiencias que me han tocado vivir. Quiero el mundo de antes, aunque ahora sea capaz de mirarlo con unos nuevos ojos.
Gijón, igual que otras tantas poblaciones de España y del mundo, era una ciudad desahuciada que ya no olía, ni sentía que carente de pulso y razón agonizaba provocando una desoladora sensación de malestar. De repente volvieron a salir los niños y pude observarlo todo de otro modo. Y es así cómo, tras este brusco y despiadado paréntesis, fui capaz de mirar a mi ciudad, con los mismos ojos un niño que tras una transitoria ceguera vuelve a ver el mundo. Con el mismo entusiasmo que mi sobrino Yago sentía cuando con poco más de dos años veía los pictogramas del Puerto Deportivo, “prohibido bañarse”, “cuidado resbala”, “prohibido aparcar” y se deleitaba al comprender que aquellos dibujos tenían algún significado. Con la misma sorpresa que le producía la rugosidad de la corteza del tronco al acercar la mano al árbol. Con la misma atención con la que seguía el movimiento de las palomas cuando las cebaba o las perseguía. Con la mismo espíritu aventurero que demostraba cuando exploraba una cercana casa en ruinas y se asustaba al ver los cristales rotos, las caras a medio terminar de los grafiteros o los amarillentos recordatorios de comunión de una librería abandonada. Alegría, sorpresa, susto, todo emociones a flor de piel, así fue como vi Gijón en aquel momento.
Me percaté del florecer de las plantas, de la colonia de patitos que habían colonizado el estanque de la plaza de Europa, de la fisonomía de los edificios, de las grietas en el suelo por la que emerge una fila de sufridas hormigas, de la gente que se cruza, de las casonas que resistían entre los altos bloques de pisos, de los miradores, de las cornisas, de las columnas en forma cariátides, de los letreros de caligrafías imposibles y de otros muchos hitos del paisaje urbano en los que, pese a pasar delante de ellos casi a diario, nunca había reparado. Por un momento me creí capaz de oler los sonidos y escuchar los colores. La sinestesia, esa maravillosa capacidad que los niños tienen y los adultos hemos perdido por completo.
Me sorprendió el resonar del bote de las pelotas en el Paseo de Begoña, los niños corriendo, el avance de los ciclistas o la marabunta de personas moviéndose en el Muro. En esos primeros instantes de mi vuelta a la calle disfruté paseando con el mismo placer y regocijo que experimento cuando viajo a un lugar lejano y exótico por primera vez. Sin embargo el cielo violáceo me hizo ver que anochecía y debía de volver pronto a casa. Algo me produjo cierto desasosiego y malestar, me invadió sensación de desconcierto y nostalgia, ecos de una profunda tristeza que no pudieron acallar los aplausos desde los balcones.
Entonces caí en la cuenta de que lo que hace para cada uno de nosotros maravilloso este mundo es precisamente nuestra propia capacidad para reconocerlo e interpretarlo sin cortapisas. La aspiración es encontrar la plenitud en él según nuestra particular vision del mismo, la cual está condicionada por nuestras propias vivencias previas, nuestros orígenes y peripecias, nuestra jerga, lenguaje o idioma, nuestra escala de valores, nuestros miedos o fobias, nuestros particulares talentos, gustos e intereses, nuestras liturgias, nuestro tiempo de duelo, nuestro propio modo de sentir, nuestro ritmo vital. Cada individuo es un particular microcosmos único e inimitable. Por tanto debemos mirar el mundo siempre como algo poliédrico, especial e insólito. Muchos pretenden acotar o descifrar la realidad por nosotros o determinar lo que está bien o lo que está mal, quiénes son los buenos o los malos o que es importante o no. Entiendo que dejarse influir por esas interferencias no es vivir una vida plena, ni tomar conciencia de lo que sucede. Sin perjudicar nunca a los demás cada uno tiene que elegir su propia realidad, a qué va que poner más énfasis y cuáles son sus prioridades.
Recuerdo cuando de la mano de mi sobrina Aitana de entonces apenas tres años, paseaba por el bonito pueblo de Manly, cerca de Sidney. Nada podía ser más perfecto, surferos en la interminable playa, un luminoso día, cuidadas casitas, una amplia costanera, y, por supuesto, el murmullo de la gente local, las fugaces conversaciones acá y allá, un sonido comprensible para ambos (sobre todo para ella que es bilingüe) pero sin la armonía y musical calidez del primer y familiar idioma. Detrás de nosotros oímos, al fin, una pareja de españoles que conversaban. Hablan ñol!!!- Me dijo emocionada Aitana.
Temo que la pomposa nueva normalidad sea la excusa para imponernos una nueva realidad. Detestaría vivir un esplendoroso nuevo mundo tecnológico que nunca hablará mi idioma nativo y en el que siempre sería forastero. Abominaría un lugar donde los algoritmos, los técnicos anónimos y la autocracia se convirtieran en los censores de mi pensamiento. Deseo decidir sin interferencias, arropado por mi familia y mis recuerdos, fiel a mis orígenes y mis raíces, en armonía con el tiempo y espacio donde me he criado y las experiencias que me han tocado vivir. Quiero el mundo de antes, aunque ahora sea capaz de mirarlo con unos nuevos ojos.
lunes, 8 de enero de 2018
FELICIDAD (ALBANO Y ROMINA)
En frio o en caliente, con o sin empatía, las emociones siempre toman las decisiones por nosotros.
Tomar las riendas de nuestro destino supone dejar de ser algo más que esclavos de nuestras pulsiones internas.
Sólo nos queda, pues, propiciar el estado de ánimo adecuado. Si no la vida se convertirá en una desasosegada sucesión de garrafales errores. Una biografía fallida y maldita.
Una vida plena solo se alcanza desde la serenidad, dejándose atrapar por esa palmada en el hombro, esa mirada de complicidad, ese beso, hermoso, duradero e inconmensurable aquel día que Albano y Romina eran aún felices. Esos instantes eternos que alumbran el camino a la lucidez y nos proporcionan la entereza necesaria para, superadas todas nuestras angustias, sentirnos, por fin, completamente libres.
Disfrutad del día de la felicidad!!! y de todos los demás.
Tomar las riendas de nuestro destino supone dejar de ser algo más que esclavos de nuestras pulsiones internas.
Sólo nos queda, pues, propiciar el estado de ánimo adecuado. Si no la vida se convertirá en una desasosegada sucesión de garrafales errores. Una biografía fallida y maldita.
Una vida plena solo se alcanza desde la serenidad, dejándose atrapar por esa palmada en el hombro, esa mirada de complicidad, ese beso, hermoso, duradero e inconmensurable aquel día que Albano y Romina eran aún felices. Esos instantes eternos que alumbran el camino a la lucidez y nos proporcionan la entereza necesaria para, superadas todas nuestras angustias, sentirnos, por fin, completamente libres.
Disfrutad del día de la felicidad!!! y de todos los demás.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
EL TRINEO DE NUESTRA INFANCIA
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Tras otra agotadora jornada, prisioneros del mundo y sus reglas, desvalidos, incomprendidos quizá, el millonario Charles Foster Kane, el vagabundo de Chaplin y todos nosotros nos tumbamos en la oscura penumbra de una habitación y tras bucear en las profundas aguas de nuestra memoria caemos en la cuenta de que nuestro único verdadero y singular patrimonio son nuestros recuerdos. Ellos nos proporcionan la sabiduría y la dicha pero también el amargo pero adictivo regusto de la nostalgia.
Pensamos en el pasado y una y otra vez reconstruimos nuestras vidas, dándo a los acontecimientos nuevos matices y perspectivas según el giro de nuestras vivencias posteriores, nuestro estado de ánimo o el ángulo que utilicemos para enfocar nuestra mirada. Producimos así infinitas películas con nuevas acotaciones u originales montajes con finales tristes o alegres, según donde pongamos el punto final del cuento ¿ Es posible que Butch Cassidy y The Sundance Kid sobrevivan al último fotograma? o el énfasis de la historia ¿ Somos el Dr Jekyll o Mr Hyde ?.
Nuestra vida, cualquier existencia, puede ser una comedia coral o un drama griego, introspectiva o de acción, relatada por un narrador omniscente en forma de voz en off o contada en primera persona.
La vida que recordamos no es más que una sucesión de acontecimientos que seleccionamos de forma aleatoria, casi nunca en orden cronológico, que valoramos como queremos y recreamos a nuestro antojo. Nuestro mundo interior es, en realidad, el producto de nuestra fantasía, donde, igual que el Sr. Kane, todos guardamos celosamente nuestro particular Rosebud.
Pensamos en el pasado y una y otra vez reconstruimos nuestras vidas, dándo a los acontecimientos nuevos matices y perspectivas según el giro de nuestras vivencias posteriores, nuestro estado de ánimo o el ángulo que utilicemos para enfocar nuestra mirada. Producimos así infinitas películas con nuevas acotaciones u originales montajes con finales tristes o alegres, según donde pongamos el punto final del cuento ¿ Es posible que Butch Cassidy y The Sundance Kid sobrevivan al último fotograma? o el énfasis de la historia ¿ Somos el Dr Jekyll o Mr Hyde ?.
Nuestra vida, cualquier existencia, puede ser una comedia coral o un drama griego, introspectiva o de acción, relatada por un narrador omniscente en forma de voz en off o contada en primera persona.
La vida que recordamos no es más que una sucesión de acontecimientos que seleccionamos de forma aleatoria, casi nunca en orden cronológico, que valoramos como queremos y recreamos a nuestro antojo. Nuestro mundo interior es, en realidad, el producto de nuestra fantasía, donde, igual que el Sr. Kane, todos guardamos celosamente nuestro particular Rosebud.
lunes, 8 de febrero de 2016
REBELIÓN EN LA GRANJA
Ayer en nuestra tertulia nocturna hablábamos del libro Rebelión en la
Granja... Más actual que nunca, a todos nos convendría releer de vez en
cuando la genial metáfora social de Orwell para no repetir errores.
Atroces experimentos sociales que solo trajeron miseria, pobreza y
crueldad a aquellos pueblos que fueron aplicados. Sociedades destruidas
para el único beneficio de unos pocos santones mesiánicos que arrasan
sin piedad, individuos, familias y tradiciones o incluso creencias
íntimas, con el único fin de controlar cualquier resquicio de poder. El
estado omnimodo y los experimentos sociales ineludiblemente han traido
miseria y desesperación al pueblo, pero sus infalibles líderes siempre
han encontrado precisas excusas para no poder aportar ese paraiso en la
tierra que teóricamente prometen. Ellos jamás fallan y se perpetuarán
siempre. El hambre, el desabastecimiento, la miseria, tan solo son
efectos colaterales de su proyecto teórico. No importa lo que suceda,
jamás asumiran sus responsabilidades porque, tal y como decía Sartre, el
infierno siempre serán los demás.
lunes, 11 de enero de 2016
EX MACHINA
Lo bueno de los viajes intercontinentales es que uno tiene mucho tiempo
para ver películas, e incluso descubrir algunas en las que no repararía
en otras circunstancias. Ese ha sido el caso de Ex Machina, todo un
hallazgo. Dirigida por Alex Garland nos lleva al mundo de la
inteligencia artificial para realizar un introspectivo anális sobre lo
que representa la naturaleza humana, las pasiones, el fingimiento, la
libertad de elección y el egoismo darwiniano en pos de nuestros intereses,
ese gen curioso y egoista que, junto con el sentido del humor, quizá
sea lo más característico de nuestra especie. Una propuesta interesante,
un guión cuidado, tres personajes principales y un desarrollo de los
acontecimientos con intriga y sorpresas y ya tenemos una película
redonda que nos hará reflexionar de un modo parecido al que lo hacía La
Isla del Doctor Moreau, clásico con el que tiene alguna semejanza. Eso
es el auténtico cine y no la pirotecnia, ni los efectos especiales sin
ningún sentido ni anclaje argumental que tanto imperan en el cine actual
y que alejan a los auténticos cinéfilos de las salas.
sábado, 25 de abril de 2015
EL FRACASO DE LOS PAÍSES, ESCANDINAVIA Y EL SUEÑO DEL DORADO.
Los países escandinavos, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, son bellos pero rigurosos por su
clima extremo. Sin embargo, su nivel de vida, su riqueza y prosperidad es
envidiada por muchos, tanto es así que algunos movimientos ciudadanos de nuevo cuño proponen seguir su
modelo económico y social.
A veces de pasada, pero he viajado por todos ellos y siempre me he planteado que es lo que permite que estos países tengan un nivel tan alto de desarrollo. El economista Mauricio Rojas, profesor adjunto de la
universidad de Lund y residente en Suecia desde hace más de 30 años, me dio algunas claves en la tesis que presentó en el 2013 que no hace más que confirmar mis propias ideas fruto de mis
observaciones personales y otras lecturas:
1) Tuvieron una profunda revolución liberal y capitalista
durante el siglo XIX.
Visitando Tampere, al norte de Finlandia me llamó la atención como en un lugar tan al norte, multitud de antiguas fábricas hoy reconvertidas en museos, tiendas o cafés hablaban del pasado apogeo industrial de esta ciudad que llegó a ser conocida como la pequeña Manchester de Finlandia. No es un hecho aislado pude observar el mismo fenómeno el Malmoe (Suecia) o en Bergen (Noruega).
Visitando Tampere, al norte de Finlandia me llamó la atención como en un lugar tan al norte, multitud de antiguas fábricas hoy reconvertidas en museos, tiendas o cafés hablaban del pasado apogeo industrial de esta ciudad que llegó a ser conocida como la pequeña Manchester de Finlandia. No es un hecho aislado pude observar el mismo fenómeno el Malmoe (Suecia) o en Bergen (Noruega).
2) Sus grandes empresas no nacieron encerradas en sus
pequeños mercados nacionales ni fueron protegidas por el Estado. Tal y como pude comprobar en la ciudad de Bergen la tradición del comercio libre en esa zona ya tiene reminiscencias en la llamada liga Hanseática (promovida en este caso por los germanos). Huir del proteccionismo, comerciar e innovar, no tener miedo a competir en un mercado globalizado. No es una casualidad que IKEA sea una empresa sueca.
3) Este capitalismo se vio potenciado por una fuerte
igualdad de oportunidades.Son sociedades libres, que respetan el pensamiento de todos. A nadie se le ponen etiquetas ni se desarrollan estériles batallas cainitas.
4) Tienen una cultura meritocrática, igualitarista y muy
sobria. No se juzga a las personas por sus apellidos o sus contactos, sino por
sus méritos y capacidades.
5) Detestan el privilegio y la ostentación. Abundan los self service, nadie espera actitudes serviles. Son ricos, pero
conservan una moral de campesinos pobres y esforzados, con un alto sentido del
deber. En mis cortas estancias en esas tierras siempre me parecieron amables e implicados cuando surgía un problema, pero austeros en sus gestos y nada aduladores. Como yo entiendo que debe de ser.
6 ) No son ideológicos y aún menos utópicos. Tal vez por su
crudo invierno son gente práctica que no se deja entusiasmar por vanas ilusiones. Son voraces lectores y no esperan a iluminados que vengan con soluciones. Pragmáticamente suelen optar por los mejores arreglos y el consenso.
Yendo a un concepto más general, son sistemas abocados al éxito porque tal y como explican los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson en su libro titulado “Por qué fracasan los países” (Deusto) de reciente edicción y que me ha impresionado vivamente (tanto que ha cambiado mi visión sobre ciertas cosas), tienen las estructuras, la mentalidad y las instituciones adecuadas.
Según exponen los autores con numerosos ejemplos a lo largo de la historia pasada y también la contemporánea, vemos que si se respetan la propiedad privada, la libertad de elección, la participación ciudadana y la igualdad de oportunidades, las instituciones inclusivas (esa es la palabra mágica), tal y como sucede en los países escandinavos, entonces la riqueza llega sola.
Simplemente hay que mirar que lugares cumplen mejor con estas premisas y tendremos una herramienta infalible, un modelo universal que actúa como lupa extraordinaria para interpretar toda la historia económica mundial. Los países de esa zona de Europa cumplen las premisas y por tanto prosperan, así de simple.
Por contra en una sociedad donde impere la anarquía las instituciones extractivas (donde la riqueza se reparte en pocas manos) pueden llegar a ser una mejora sobre el estado anterior a corto plazo pero al no estar preparadas para evolucionar y no premiar a las personas según sus meritos (capacidad de innovación y esfuerzo) ineludiblemente acabarán fracasando a medio o largo plazo. Para ello ilustran con numerosos ejemplos históricos.

Las sociedades latinoamericanas no han sabido evolucionar desde sus sistemas económicos demasiado proteccionistas, siempre favorecedores de los intereses de determinadas familias, hasta el grado de inclusión a la hora de tomar decisiones y repartir beneficios que poseen sus vecinos de Estados Unidos o Canadá.
Nogales (Arizona) y Nogales (Sonora), dos localidades que comparten nombre y separadas sólo por una valla tienen la misma población, cultura y situación ¿ Por qué una es rica y otra pobre? Pues precisamente por la diferencia de sus instituciones, económicas, políticas y sociales.
Así el desarrollo de distintas instituciones, en ocasiones debido a circunstancias accidentales luego tiene consecuencias enormes para favorecer la "destrucción creativa", de estructuras inútiles y potenciar el desarrollo social y económico. Existe, así una mayor probablilidad de que los países desarrollen las instituciones inclusivas adecuadas cuando tienen un sistema político plural y abierto con competencia entre los candidatos a ocupar cargos políticos y un amplio electorado con capacidad de apostar por nuevos líderes políticos.
Otro ejemplo paradigmático es el de Botsuana, el único país de esa zona de Africa que prospera actualmente, ya que se convirtió en más igualitario que el resto de la región. Según explican, en el siglo XIX tres jefes viajaron a Inglaterra para pedir protección a la reina Victoria de Inglaterra. Los ingleses sólo pidieron instalar una vía de tren y gracias a este acuerdo los nativos pudieron salvaguardar las minas de diamantes cuya producción repercutió en todo el pueblo. Si la mejora no repercute en todos y todas las sensibilidades no están representadas en la toma de decisiones las instituciones se anquilosan.
Yendo a un concepto más general, son sistemas abocados al éxito porque tal y como explican los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson en su libro titulado “Por qué fracasan los países” (Deusto) de reciente edicción y que me ha impresionado vivamente (tanto que ha cambiado mi visión sobre ciertas cosas), tienen las estructuras, la mentalidad y las instituciones adecuadas.
Según exponen los autores con numerosos ejemplos a lo largo de la historia pasada y también la contemporánea, vemos que si se respetan la propiedad privada, la libertad de elección, la participación ciudadana y la igualdad de oportunidades, las instituciones inclusivas (esa es la palabra mágica), tal y como sucede en los países escandinavos, entonces la riqueza llega sola.
Simplemente hay que mirar que lugares cumplen mejor con estas premisas y tendremos una herramienta infalible, un modelo universal que actúa como lupa extraordinaria para interpretar toda la historia económica mundial. Los países de esa zona de Europa cumplen las premisas y por tanto prosperan, así de simple.
Por contra en una sociedad donde impere la anarquía las instituciones extractivas (donde la riqueza se reparte en pocas manos) pueden llegar a ser una mejora sobre el estado anterior a corto plazo pero al no estar preparadas para evolucionar y no premiar a las personas según sus meritos (capacidad de innovación y esfuerzo) ineludiblemente acabarán fracasando a medio o largo plazo. Para ello ilustran con numerosos ejemplos históricos.

Las sociedades latinoamericanas no han sabido evolucionar desde sus sistemas económicos demasiado proteccionistas, siempre favorecedores de los intereses de determinadas familias, hasta el grado de inclusión a la hora de tomar decisiones y repartir beneficios que poseen sus vecinos de Estados Unidos o Canadá.
Nogales (Arizona) y Nogales (Sonora), dos localidades que comparten nombre y separadas sólo por una valla tienen la misma población, cultura y situación ¿ Por qué una es rica y otra pobre? Pues precisamente por la diferencia de sus instituciones, económicas, políticas y sociales.
Así el desarrollo de distintas instituciones, en ocasiones debido a circunstancias accidentales luego tiene consecuencias enormes para favorecer la "destrucción creativa", de estructuras inútiles y potenciar el desarrollo social y económico. Existe, así una mayor probablilidad de que los países desarrollen las instituciones inclusivas adecuadas cuando tienen un sistema político plural y abierto con competencia entre los candidatos a ocupar cargos políticos y un amplio electorado con capacidad de apostar por nuevos líderes políticos.
Otro ejemplo paradigmático es el de Botsuana, el único país de esa zona de Africa que prospera actualmente, ya que se convirtió en más igualitario que el resto de la región. Según explican, en el siglo XIX tres jefes viajaron a Inglaterra para pedir protección a la reina Victoria de Inglaterra. Los ingleses sólo pidieron instalar una vía de tren y gracias a este acuerdo los nativos pudieron salvaguardar las minas de diamantes cuya producción repercutió en todo el pueblo. Si la mejora no repercute en todos y todas las sensibilidades no están representadas en la toma de decisiones las instituciones se anquilosan.
¿Y como se desatasca una economía y unas instituciones que se han vuelto ineficaces? Pues sólo con medidas específicas.
Daniel Lacalle en su último artículo apunta algunas de las medidas implantadas en los países escandinavos para superar la grave crisis que sufrieron a principios de los 90:
- Los funcionarios no tienen puesto vitalicio.
- Son de los primeros en libertad económica y facilidad para crear negocio.
- Las comunicaciones y las eléctricas están
privatizadas.(y pagan mucho menos por la electricidad y la luz)
- El Salario Mínimo Interprofesional no se impone por ley ( pero
valorando a las personas por su productividad y capacidad el salario medio está
por encima del nuestro)
- Mercado laboral flexible, (despido en
Dinamarca es poco gravoso. Sin embargo, dada la
estructura dinámica de su propia economía, hay casi pleno empleo y fácilmente vuelven
a encontrar otro lugar donde trabajar; el drama social de las familias sin
recursos prácticamente no existe y, en todo caso, para ello se arbitran medidas
asistenciales y correctoras).
- Los suecos tuvieron en 1994 una gran crisis que puso en peligro todo su sistema. Desde entonces decidieron ser mucho más riguros y en la medida de los posible bajan impuestos y cortan
gastos (bajando impuesto de sociedades de 28% en 2006 a 22% en 2013)
- Como sociedad eminentemente prácticas que son puestan por las
energías más eficientes: Energía hidráulica (Noruega 95%) y nuclear
(Dinamarca: 74% nuclear, Finlandia nuclear 25%, gas y carbón 28%).
- Apuestan al máximo por dinamizar el comercio y la economía, generar intercambios comerciales y empleos, por tanto los impuestos a las empresas no son excesivamente altos (24,5% en Finlandia y Dinamarca, 27,5% Noruega).
- En Noruega los estudiantes reciben créditos, no becas.
- En ellos se fomenta la educación privada mediante el cheque escolar.
- En ellos se obliga a los parados a aceptar cualquier trabajo
disponible para poder seguir recibiendo subsidio.
- Copago sanitario ( con asistencia
garantizada a los que no tienen recursos )
- Infraestructuras (carreteras, etc) privadas
(en Suecia, dos tercios de todas las carreteras del país son privados).
A la hora de votar cada uno decide a que modelo de sociedad
aspira a parecerse, eso se concreta en una serie de medidas específicas que
permiten avanzar en una dirección determinada, la de las instituciones inclusivas y los modelos que funcionan. Porque igual que las familias felices de las que hablaba Tolstoi, todas tienden a parecerse; sin embargo la infelicidad- o el fracaso- puede venir de maneras muy diversas.
Los inconcretos programas de estas nuevas formaciones no
plantean absolutamente nada de lo que aquí se expone. Por supuesto, no se trata de clonar uno por
uno todos los puntos porque la realidad social española actual no es como la
sueca, pero al menos han de plantearse unas medidas que permitan una sociedad más
inclusiva, acabar con los privilegios y
dar facilidades a los que aportan ilusión, trabajo o nuevas ideas (las
marxistas, además de rancias, tienden crear una nueva aritocracia que anula la libertad individual).
Lo que es seguro es que adoptando medidas de control de mercado y
no valorando ni la capacidad ni el mérito antes acabaremos siendo una república
bananera que la sociedad seria, laboriosa, próspera y responsable que
pretendemos. ¿O no es eso lo que pretendemos?
Para llegar a una meta concreta lo primero es elegir la senda adecuada, después viene el esfuerzo y la determinación para superar las dificultadses del camino. Pero lo absolutamente insensato es dejarse llevar por fantasiosos iluminados que están fuera de la realidad y nos conducirán directamente al abismo. No es el momento de dejarse seducir por hermosas
leyendas ni embarcarnos a la búsqueda de “Dorados imaginarios” allá por el amazonas. Todos sabemos
como termino la desdichada expedición de Lope de Aguirre.
miércoles, 20 de abril de 2011
LA ETERNA JUVENTUD
No concibo mayor angustia que la del hombre de vuelta de todo, aquel que, saciada su sed de experiencias y de vida, tiene la sensación de que ya no le queda nada por descubrir, nada en que creer, nada que transmitir.
La pasión de juventud se diluye y envejecer, morir es el único argumento de la obra, clamaba desesperado el poeta Jaime Gil de Biedma en su resignado verso al llegar al final de la treintena, prematuramente, sin duda, para sufrir tal frustración.
No volveré a ser joven se lamentaba el intelectual catalán, inmerso en una profunda crisis existencial, despojado ya de la vivacidad sus primeros años de descubrimiento y excesos. El quejumbroso título de su poema describe crudamente el desasosiego de una persona que, ingenuamente, ha porfiado con la vida y ésta, cruel e implacable con los que la desafían, le ha puesto irremediablemente en su lugar.
Sin embargo, la plenitud no la proporciona una fingida precocidad que no se asienta en un suelo estable, ni la velocidad autodestructiva y apresurada de bohemias noches adolescentes, fugaces devaneos y erráticos amores rapaces.
El tiempo no está para enfrentarse a él sino para atrapar lo mejor de cada instante. Siempre nos acompañará la ternura de la primera caricia o el regocijo de aquel beso pero la renuncia al deslumbramiento de una pasión que no cesa o al gozo de poder conquistar un nuevo horizonte más allá del mar convertiría la travesía en un auténtico suplicio.
El deleite de ir cristalizando nuestras ilusiones en realidades y, sobre todo, el pálpito de que jamás es tarde para ver saciados nuestros más imposibles anhelos proporcionarán consuelo, referente y guía.
Esa es la verdadera receta para conservar la vitalidad de la mocedad, sin necesidad de vender como Fausto nuestra alma al diablo ni sucumbir al bisturí de la cirugía, el botox y la superficialidad, cuyas insatisfechas víctimas hoy en día son auténtica legión.
Grandes conquistadores como Ponce de León, enamorado de una india mucho más joven que él, se afanaron por encontrar la fuente de la eterna juventud, a su romántica ensoñación debemos el descubrimiento de la Florida, pero sinceramente creo que Ponce, pese a que nunca alcanzó su quimérico objetivo en un lugar geográfico si consiguió vivir y morir joven, aún cuando su muerte se produjo con casi 65 años, edad más que considerable en el siglo XVI.
No cabe duda que el mantener el fuego eterno de la incertidumbre, esa llama de esperanza que nunca se doblega ni se resigna, a veces tormento y otras consuelo, es la auténtica savia de nuestra existencia porque es cierto que ya nada volverá a ser igual que ayer pero tal vez todo pueda ser aún mejor mañana.
miércoles, 6 de abril de 2011
VIVIR EN LAS ALTURAS
Flotar entre las nubes mientras otros se quedan aferrados a la tierra, sentir la caricia del sol a través de los diminutos cristales del avión mientras los cuerpos parecen liberarse de la presión de la atmósfera allá en lo alto.
Observatorio ideal de pequeños puntos que se deslizan de un lado a otro sobre los fondos verde, marrón o azul que va marcando el paisaje, perfiles y movimientos imposibles de captar desde tierra.
La vertiginosa ascensión nos distancia de la presión de lo terrenal, todo se vuelve más etéreo, la venenosa atmósfera se diluye y la fascinación del nuevo destino se apodera de nuestra mente, ávidos por afrontar el cambio de escenario que siempre nos deparará alguna sorpresa en forma de texturas, colores o sabores, verdadero alimento de nuestra alma y nuestra curiosidad, siempre joven e insaciable ajena al lento pero inexorable paso de los años que arrugan nuestros rostros con los surcos de previos ascensos y acrobacias.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
LA RUEDA DE LA VIDA
La certeza de este hecho paraliza las inquietudes de muchos, tentados a abandonar el carrusel y convertirse en meros espectadores de los acontecimientos, pues emprender un nuevo viaje en este particular tiovivo en el que sólo cambia, de tarde en tarde, alguna de las piezas del atrezzo, produce nauseas y mareos. El abandono y la apatía anestesiarán las aspiraciones de la mayoría pero algunos esforzados visionarios hallarán coraje para continuar.
Y entonces, de nuevo en la rueda, al mirar por encima de la cabeza de su caballito de cartón verán el paisaje desde una nueva perspectiva, han ganado altura y todo comienza a tener un nuevo sentido, cada vuelta les agota, les va reduciendo la proporción de oxígeno, pero les eleva de tal forma que lo mismo les parece diferente y comprenden que el camino circular no es tan plano como imaginaban, cada giro supone un imperceptible ascenso en la empinada y exigente montaña de la sabiduría, de modo que la excitación de ir saciando su avidez de conocimiento les compensa de la incomprensión generalizada y la sospecha de no recibir recompensa alguna una vez alcanzada la cumbre, quizá solo tirarse por el precipicio.
Tras meses sin comunicarme mediante este medio, de nuevo vuelvo a escribir. Muchas cosas me resultan familiares pero algo ha cambiado, ahora viajo con menos equipaje, y aunque cada paso resulta asfixiante y agotador, una voraz curiosidad me impulsa seguir girando irremediablemente en esta misteriosa rueda de la vida.
jueves, 15 de abril de 2010
LA RED
En las últimas semanas he sido reiteradamente interrogado por mi ausencia en este foro.Diversos emails desde distintas partes del mundo o conversaciones con conocidos en la calle, me han hecho caer en la cuenta de la importancia de mi YO virtual y, hasta cierto punto, su inquietante autonomía respecto al real.
He vuelto, si, pero con cierta precaución, con un tanto de recelo, con miedo, en fin, a que el personaje acabe por devorar a la persona, igual que Saturno hizo con sus hijos.El mundo ha cambiado y pasamos cada vez mayor tiempo en red. Al final del pasado siglo XX, ni tan siquiera disponía de una dirección electrónica o sabía lo que era navegar por internet y ahora cada vez consumo más tiempo conectado, bien por las extranets que mi trabajo me suele obligar a revisar a diario, por la consulta de prensa on line o por el empleo del msn o el yahoo voice.La red ayuda a consolidar amigos o mantener relaciones a larga distancia antes imposibles o impensables pero también atrapa y cobra sus víctimas hasta convertirse para algunos en un sucedáneo de vida incierto, lúdico y virtual, del que es su mejor exponente el ínclito second life, según algunos genial experimento y placentero refugio, según otros auténtico santuario de frikis y pirados de todo pelaje.
Es indudable que los buscadores ponen a nuestro alcance todo el conocimiento posible a golpe de click pero esto no ha hecho a la humanidad, ni siquiera al singular individuo, más sabio o más prudente. Éste se deja llevar por los atávicos sentimientos sedimentados en los meandros de su cerebro de reptil o de primate y queda obnubilado por los por los tentadores cantos de sirena o por las eternas serenatas de los tenores huecos que tanto desdeñaba el poeta y todo aquel que busca ideas detrás de las palabras.Apasionantes viajes, principescos romances, figuras estilizadas, deportivos último modelo, nuevos estilos de vida, espiritualidad indolora, atajos para alcanzar la trascendencia, bombones que no engordan, alargamientos de pene... , con tanta felicidad a nuestro alcance casi parece de mal gusto mostrarse crítico o infeliz, sin embargo, lo que verdaderamente caracteriza nuestro entorno es la desorientación, las contradicciones ( el miedo al cambio climático sin renuncia al consumismo atroz o la hipersensibilidad carente de cualquier referencia emocional que no sea el propio hedonismo ), la trivialización de lo trascendente, la falta de respeto por normas y valores, la esquizofrenia colectiva, la degradación del arte, el imperio de la zafiedad, la falta de armonía.
Las nuevas armas tecnológicas que nos hubieran permitido convertirnos en “semidioses”, nos vuelven más esclavos que nunca.¿Será esta nuestra naturaleza?, o, tal vez, alguien lo cambia todo para que todo siga igual, tal y como nos advertía Lampedusa.
He vuelto, si, pero con cierta precaución, con un tanto de recelo, con miedo, en fin, a que el personaje acabe por devorar a la persona, igual que Saturno hizo con sus hijos.El mundo ha cambiado y pasamos cada vez mayor tiempo en red. Al final del pasado siglo XX, ni tan siquiera disponía de una dirección electrónica o sabía lo que era navegar por internet y ahora cada vez consumo más tiempo conectado, bien por las extranets que mi trabajo me suele obligar a revisar a diario, por la consulta de prensa on line o por el empleo del msn o el yahoo voice.La red ayuda a consolidar amigos o mantener relaciones a larga distancia antes imposibles o impensables pero también atrapa y cobra sus víctimas hasta convertirse para algunos en un sucedáneo de vida incierto, lúdico y virtual, del que es su mejor exponente el ínclito second life, según algunos genial experimento y placentero refugio, según otros auténtico santuario de frikis y pirados de todo pelaje.
Es indudable que los buscadores ponen a nuestro alcance todo el conocimiento posible a golpe de click pero esto no ha hecho a la humanidad, ni siquiera al singular individuo, más sabio o más prudente. Éste se deja llevar por los atávicos sentimientos sedimentados en los meandros de su cerebro de reptil o de primate y queda obnubilado por los por los tentadores cantos de sirena o por las eternas serenatas de los tenores huecos que tanto desdeñaba el poeta y todo aquel que busca ideas detrás de las palabras.Apasionantes viajes, principescos romances, figuras estilizadas, deportivos último modelo, nuevos estilos de vida, espiritualidad indolora, atajos para alcanzar la trascendencia, bombones que no engordan, alargamientos de pene... , con tanta felicidad a nuestro alcance casi parece de mal gusto mostrarse crítico o infeliz, sin embargo, lo que verdaderamente caracteriza nuestro entorno es la desorientación, las contradicciones ( el miedo al cambio climático sin renuncia al consumismo atroz o la hipersensibilidad carente de cualquier referencia emocional que no sea el propio hedonismo ), la trivialización de lo trascendente, la falta de respeto por normas y valores, la esquizofrenia colectiva, la degradación del arte, el imperio de la zafiedad, la falta de armonía.
Las nuevas armas tecnológicas que nos hubieran permitido convertirnos en “semidioses”, nos vuelven más esclavos que nunca.¿Será esta nuestra naturaleza?, o, tal vez, alguien lo cambia todo para que todo siga igual, tal y como nos advertía Lampedusa.
jueves, 12 de febrero de 2009
¿ AGUANTAR PARA VENCER ?
Existen culturas donde se premia al que primero llega, se admira al campeón, al valiente héroe invicto que se convierte en un referente y un ejemplo a seguir para toda la sociedad.
Este no es el modelo que impera en nuestro entorno, donde al que destaca se le corta la cabeza y el que se mueve no sale en la foto, según expresión de un político contemporáneo.
Los sistemas están creados por y para corredores de fondo, oscuros y sufridos fajadores, a los que se les programa para que sean predecibles y rutianarios, estimulando la mediocridad y persiguiendo al que es original o creativo o simplemente demuestra ser más diestro en una materia.
Desde la función pública a buena parte de la gran empresa o la sociedad en general, normalmente maniatadas por mezquinos poderes fácticos, el criterio de la antigüedad siempre prevalece sobre el del mérito a la hora de conceder una prevenda, un incentivo o un premio.
La envidia y la ruindad paralizan multitud de iniciativas y proyectos brillantes, corrompen los espíritus inquietos y obstaculizan cualquier tentativa de superación.
La única estrategia posible en un entorno tan poco alentador es la de armarse de paciencia y aguantar, agazaparse discretamente y no inmutarse cuando los otros vayan cayendo alrededor.
El que aguanta gana, aunque todo lo demás se hunda a sus pies.
Es entonces cuando un sentimiento de impotencia nos invade pensando que pudimos haber hecho algo más por cambiar las cosas, por construir un mundo mejor y con carroñera astucia nos escondimos, esperando a que el temporal amainase. Aguanta y vencerás pero no convencerás.
Este no es el modelo que impera en nuestro entorno, donde al que destaca se le corta la cabeza y el que se mueve no sale en la foto, según expresión de un político contemporáneo.
Los sistemas están creados por y para corredores de fondo, oscuros y sufridos fajadores, a los que se les programa para que sean predecibles y rutianarios, estimulando la mediocridad y persiguiendo al que es original o creativo o simplemente demuestra ser más diestro en una materia.
Desde la función pública a buena parte de la gran empresa o la sociedad en general, normalmente maniatadas por mezquinos poderes fácticos, el criterio de la antigüedad siempre prevalece sobre el del mérito a la hora de conceder una prevenda, un incentivo o un premio.
La envidia y la ruindad paralizan multitud de iniciativas y proyectos brillantes, corrompen los espíritus inquietos y obstaculizan cualquier tentativa de superación.
La única estrategia posible en un entorno tan poco alentador es la de armarse de paciencia y aguantar, agazaparse discretamente y no inmutarse cuando los otros vayan cayendo alrededor.
El que aguanta gana, aunque todo lo demás se hunda a sus pies.
Es entonces cuando un sentimiento de impotencia nos invade pensando que pudimos haber hecho algo más por cambiar las cosas, por construir un mundo mejor y con carroñera astucia nos escondimos, esperando a que el temporal amainase. Aguanta y vencerás pero no convencerás.
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