Parece ser que todo el que ha sobrepasado los 30 y utiliza los medios digitales para comunicarse es un imigrante digital, al menos eso es lo que nos planteaba Tirso Maldonado, un profundo conocedor del mundo virtual y gurú de las nuevas tendencias en interntet, en un taller sobre redes sociales y gestión de clientes al que asistí recientemente en el hotel Zen Balagares, alojamiento de moderno y agradable diseño ubicado en un entorno rural pero cerca del aeropuerto y un gran centro comercial, provisto de spa y amplios salones con conexión a internet y señal suficiente como para dar cobertura a los 25 portátiles de los allí reunidos.
Aquel encuentro me dio nuevas muestras de como internet ha revolucionado nuestra forma de comportamiento. Las reflexiones que antes guardábamos en un diario privado ahora las hacemos públicas en un blog.
El niño tímido que antes dejaba grabado un corazón en un árbol o metía una carta dentro de una botella hoy es un adulto que, no sin cierto pudor, decide exhibirse en el facebook, el tuenti o el Xing, en un desesperado intento de no perder la rueda de las nuevas tendencias y a duras penas poder seguir manteniéndose conectado con el mundo y existir en la red, el nuevo templo de culto contemporáneo, lugar para ver y dejarse ver, de intercambio de ideas y mercaderías, cumpliendo la función del ágora de las polis griegas, referente necesario para todas sociedades urbanas posteriores y que el siglo XXI ha transformado en virtual.
Ciertamente, supongo que igual que la mayor parte de los nacidos en los años 70 del pasado siglo, no soy un nativo digital e igual que los africanos que venden CDs en las calles chapurreando un idioma que no es el suyo, me encuentro desorientado y perdido en esta nueva frecuencia, utilizando un lenguaje y unos referentes que ya no son los míos, en un arriesgado cambio de piel y una huida hacia delante, sin rumbo y siempre temiendo encontrarme profundos abismos y peligrosos precipicios, en un vano intento de sobrevivir a la postmodernidad.
Vistas de página en total
Mostrando entradas con la etiqueta tendencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tendencias. Mostrar todas las entradas
martes, 16 de junio de 2009
lunes, 16 de febrero de 2009
LA CAZA DEL CARNERO SALVAJE

Hay quien tacha la literatura oriental de excesivamente críptica o encerrada en si misma.
No es el caso del escritor Haruki Murakami ( Kioto, 1949 ) que con su novela La Caza del Carnero Salvaje consigue un relato ágil e intelligente que refleja bien el desasiego del hombre urbano contemporáneo, presentándonos un estilo de vida y unos valores que nos resultan cercanos pese a lejanía del lugar donde se desarrolla el relato, el Japón de finales de los 70.
Una intriga lineal y fácil de seguir que engancha desde el primer instante, donde su prosa limpia y sencilla llena sugerentes imágenes vertebran un relato que se sale de lo convencional sin caer en lo abiertamente fantástico.
Un publicista treintañero recién divorciado con una vida gris, no más desestructurada y vulgar que la de otros muchos de su generación y circunstancias, edita una fotografía con un extraño carnero que le llevará a emprender un largo viaje a la remota región de Hokkaido y a realizar una surrealista investigación en la que se verá acompañado de una bella modelo de orejas deslumbrantes.
Una propuesta que pese a su ligero toque fantástico funciona perfectamente y un viaje de lo urbano a lo rural que se hace francamente agradable y nos aporta una amplia visión de un Japón que en poco más de una generación ha asumido plenamente su condición occidental y comparte nuestros mismos problemas y dilemas.
No es el caso del escritor Haruki Murakami ( Kioto, 1949 ) que con su novela La Caza del Carnero Salvaje consigue un relato ágil e intelligente que refleja bien el desasiego del hombre urbano contemporáneo, presentándonos un estilo de vida y unos valores que nos resultan cercanos pese a lejanía del lugar donde se desarrolla el relato, el Japón de finales de los 70.
Una intriga lineal y fácil de seguir que engancha desde el primer instante, donde su prosa limpia y sencilla llena sugerentes imágenes vertebran un relato que se sale de lo convencional sin caer en lo abiertamente fantástico.
Un publicista treintañero recién divorciado con una vida gris, no más desestructurada y vulgar que la de otros muchos de su generación y circunstancias, edita una fotografía con un extraño carnero que le llevará a emprender un largo viaje a la remota región de Hokkaido y a realizar una surrealista investigación en la que se verá acompañado de una bella modelo de orejas deslumbrantes.
Una propuesta que pese a su ligero toque fantástico funciona perfectamente y un viaje de lo urbano a lo rural que se hace francamente agradable y nos aporta una amplia visión de un Japón que en poco más de una generación ha asumido plenamente su condición occidental y comparte nuestros mismos problemas y dilemas.
viernes, 13 de febrero de 2009
SAN VALENTÍN
Los escaparates de los comercios están literalmente empapelados con grandes carteles recordándonos que mañana es San Valentín, los restaurantes de lujo editan folletos proponiendo menús especiales y el correo electrónico está invadido con emails de lastminute y atrapalo.com sugiriéndonos románticas escapadas.
Parece ser que el hombre contemporáneo está sometido a más estímulos informativos en unas pocas semanas ( prensa, radio, televisión, internet ) que el medieval ( iglesia, castillo, terruño ) en toda su existencia.
Constantemente nos chantajean emocionalmente y nos manipulan. Nos dicen que tenemos que comprar y cuando. Importamos el papá Noel pero sin olvidarnos de los reyes, al menos hasta la llegada de la tercera república.
Se inventan el día del padre, del abuelo, de Halloween, del amigo especial y por supuesto San Valentín.
Hasta el noble sentimiento amoroso, loado por cantores y poetas, cae presa de los depredadores de la sociedad de consumo.
No podía ser de otro modo, el sistema depende de estimular gastos superfluos para mantener la producción de objetos de todo tipo desde los cojines en forma de corazón a los peluches rosa, por no hablar de la bisutería de menguado precio y dudoso gusto.
En fin, sabemos que el mundo funciona así y detestaría estropear el día a los enamorados con estas reflexiones.
Todo lo contrario, porque el amor es precisamente lo opuesto a la racionalidad.
Afortunados sois, dejaos llevar, no importa lo que os digan, cualquier oportunidad es buena, es única, es tan especial como vosotros. Invitadla, sed espléndidos, sacadla a cenar.
Y los roñosos ya os vais buscando otra excusa, que de algo han de vivir los comercios, restaurantes y hoteles.
Parece ser que el hombre contemporáneo está sometido a más estímulos informativos en unas pocas semanas ( prensa, radio, televisión, internet ) que el medieval ( iglesia, castillo, terruño ) en toda su existencia.
Constantemente nos chantajean emocionalmente y nos manipulan. Nos dicen que tenemos que comprar y cuando. Importamos el papá Noel pero sin olvidarnos de los reyes, al menos hasta la llegada de la tercera república.
Se inventan el día del padre, del abuelo, de Halloween, del amigo especial y por supuesto San Valentín.
Hasta el noble sentimiento amoroso, loado por cantores y poetas, cae presa de los depredadores de la sociedad de consumo.
No podía ser de otro modo, el sistema depende de estimular gastos superfluos para mantener la producción de objetos de todo tipo desde los cojines en forma de corazón a los peluches rosa, por no hablar de la bisutería de menguado precio y dudoso gusto.
En fin, sabemos que el mundo funciona así y detestaría estropear el día a los enamorados con estas reflexiones.
Todo lo contrario, porque el amor es precisamente lo opuesto a la racionalidad.
Afortunados sois, dejaos llevar, no importa lo que os digan, cualquier oportunidad es buena, es única, es tan especial como vosotros. Invitadla, sed espléndidos, sacadla a cenar.
Y los roñosos ya os vais buscando otra excusa, que de algo han de vivir los comercios, restaurantes y hoteles.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
UNIDOS DE LA MANO

La semana pasada supuso, para mi, un soplo de esa verdadera multiculturalidad que tanto hecho en falta en Gijón.
Días de animados encuentros entre bretones, escoceses, galeses y asturianos en una auténtica celebración de las tradiciones célticas con el permiso de algún invitado inglés, brasileño o castellano donde el don de lenguas, la curiosidad y el desenfado parecían ser los atributos comunes de la mayor parte de los jóvenes invitados.
La atmósfera me llegó a recordar a mi enriquecedora etapa de estudiante en Cardiff, donde este tipo de encuentros eran cotidianos, suponiendo en mi caso el acontecimiento un genial cambio de escenario sin necesidad de salir de la ciudad, de modo que por una vez la montaña venía a Mahoma.
Así pues, y tras dos o tres divertidas jornadas llenas de sorpresas para todos; un asturiano escanciaba sidra mientras un escocés explicaba lo que significaba el Kilt en su cultura o el bretón rompía un cubito de hielo sobre la cabeza de algún inglés, llegó el acontecimiento que a todos no había reunido en la ciudad, el enlace matrimonial entre una asturiana ( en este caso mi hermana ), y un escocés.
Los británicos acudieron al evento, previsto para las 5,30 de la tarde, con su tradicional kilt realizando una especie de procesión desde el hotel donde se alojaban la mayoría hasta la iglesia de la ceremonia. Al frente de la original comitiva un personaje encantador y entrañable, Robert, gaitero de Kelzo, que con sus atemporales melodías, conseguía crear la adecuada atmósfera de contenida alegría y respeto por las arraigadas tradiciones.
Ya en la iglesia se cambio la música celta por la sacra y sólo la belleza de la novia y alguna de las invitadas conseguía restar algo de protagonismo a los vistosos trajes regionales de los escoceses.
En su sermón el sacerdote volvió a insistir en la idea de que las procedencias podían ser múltiples pero la divinidad una sola y que el orgullo por lo nuestro pero el respeto por lo ajeno debían de guiar nuestra conducta.
De nuevo en el exterior serpentinas, pétalos de rosa y nada de chabacano arroz. Más música de gaita, a veces escocesa, otras veces asturiana y un día espléndido para acompañarnos al banquete.
Desde la terraza del restaurante Bellavista magnificas puestas de sol para hacer honor a su nombre y delicioso y abundantísimo aperitivo en el que continuaron surgiendo risas y complicidades entre los invitados de las distintas procedencias.
El banquete que comenzó cerca de las 9,30 consistió en una interminable sucesión de sabrosos platos que consiguió que hasta el equipo de rugby de Aberdeen rechazase un segundo plato, por primera vez en su historia....
Tras la comida y siguiendo en este caso una tradición británica, se pasó a la lectura de discursos. El novio estuvo en su doble versión, castellano e inglés, divertido y cariñoso. Los testigos, solo en versión inglesa, fueron genialmente mordaces, tal vez por fortuna, buena parte de los invitados de España no pudieron entender nada. Su delirante gracia estaba en su ironía, pero como suele ser habitual en estos casos el novio no salió muy bien parado.
Por último hizo su intervención el hermano de la novia en un discurso sentido y emocional que fue muy aplaudido, sobre todo en su versión inglesa y por el que, debido sin duda a la extraordinaria generosidad de la gente, recibí muchas alabanzas.
Tras el trago de la lectura pude relajarme y los novios, mi hermana y Neil, pasaron a cortar la tarta.
Después del postre, que en esta ocasión fueron dos, tocaba el momento de bajar tanta comida y nos dirigimos a la zona de baile y allí nos encotramos con otra pequeña sorpresa. Louise, una delicada y jovencísima bailarina nos deleitó con una danza gaélica en toda una demostración de resistencia física, coordinación y calidad técnica.
Tras esto el convencional baile donde se mezclaron los habituales ritmos de pop españoles con los británicos y la proverbial barra libre.
Cuando a eso de las 4 de la mañana la música enlatada desapareció, de nuevo Robert, el impagable gaitero, vino en nuestra ayuda. La pureza de su música despertó de lo más profundo de nuestro interior ancestrales ritmos y sones.
Más de la mitad de los invitados ya se había ido, pero los que aún quedábamos empezamos a entrelazar con fuerza nuestros brazos, dábamos vueltas y una vez alcanzada la velocidad necesaria nos soltábamos para volver a coger de nuevo a quien tuviésemos más cerca en una suerte de enloquecido baile celta. Cuando las energías empezaban a decaer todos comenzamos a hacer un circulo y con los brazos en alto nos cogimos de la mano para bailar la danza prima mientras cantábamos el Asturias patria querida. En el centro haciendo un pequeño círculo estaban los novios y los padres de ambos. Rodeándolos un abigarrado grupo de gente de distintas edades, nacionalidades y procedencias que habían unido sus manos para celebrar algo único y especial, el imparable poder de un desbocado torrente que desborda barreras y prejuicios, la incontenible fuerza del amor.
Días de animados encuentros entre bretones, escoceses, galeses y asturianos en una auténtica celebración de las tradiciones célticas con el permiso de algún invitado inglés, brasileño o castellano donde el don de lenguas, la curiosidad y el desenfado parecían ser los atributos comunes de la mayor parte de los jóvenes invitados.
La atmósfera me llegó a recordar a mi enriquecedora etapa de estudiante en Cardiff, donde este tipo de encuentros eran cotidianos, suponiendo en mi caso el acontecimiento un genial cambio de escenario sin necesidad de salir de la ciudad, de modo que por una vez la montaña venía a Mahoma.
Así pues, y tras dos o tres divertidas jornadas llenas de sorpresas para todos; un asturiano escanciaba sidra mientras un escocés explicaba lo que significaba el Kilt en su cultura o el bretón rompía un cubito de hielo sobre la cabeza de algún inglés, llegó el acontecimiento que a todos no había reunido en la ciudad, el enlace matrimonial entre una asturiana ( en este caso mi hermana ), y un escocés.
Los británicos acudieron al evento, previsto para las 5,30 de la tarde, con su tradicional kilt realizando una especie de procesión desde el hotel donde se alojaban la mayoría hasta la iglesia de la ceremonia. Al frente de la original comitiva un personaje encantador y entrañable, Robert, gaitero de Kelzo, que con sus atemporales melodías, conseguía crear la adecuada atmósfera de contenida alegría y respeto por las arraigadas tradiciones.
Ya en la iglesia se cambio la música celta por la sacra y sólo la belleza de la novia y alguna de las invitadas conseguía restar algo de protagonismo a los vistosos trajes regionales de los escoceses.
En su sermón el sacerdote volvió a insistir en la idea de que las procedencias podían ser múltiples pero la divinidad una sola y que el orgullo por lo nuestro pero el respeto por lo ajeno debían de guiar nuestra conducta.
De nuevo en el exterior serpentinas, pétalos de rosa y nada de chabacano arroz. Más música de gaita, a veces escocesa, otras veces asturiana y un día espléndido para acompañarnos al banquete.
Desde la terraza del restaurante Bellavista magnificas puestas de sol para hacer honor a su nombre y delicioso y abundantísimo aperitivo en el que continuaron surgiendo risas y complicidades entre los invitados de las distintas procedencias.
El banquete que comenzó cerca de las 9,30 consistió en una interminable sucesión de sabrosos platos que consiguió que hasta el equipo de rugby de Aberdeen rechazase un segundo plato, por primera vez en su historia....
Tras la comida y siguiendo en este caso una tradición británica, se pasó a la lectura de discursos. El novio estuvo en su doble versión, castellano e inglés, divertido y cariñoso. Los testigos, solo en versión inglesa, fueron genialmente mordaces, tal vez por fortuna, buena parte de los invitados de España no pudieron entender nada. Su delirante gracia estaba en su ironía, pero como suele ser habitual en estos casos el novio no salió muy bien parado.
Por último hizo su intervención el hermano de la novia en un discurso sentido y emocional que fue muy aplaudido, sobre todo en su versión inglesa y por el que, debido sin duda a la extraordinaria generosidad de la gente, recibí muchas alabanzas.
Tras el trago de la lectura pude relajarme y los novios, mi hermana y Neil, pasaron a cortar la tarta.
Después del postre, que en esta ocasión fueron dos, tocaba el momento de bajar tanta comida y nos dirigimos a la zona de baile y allí nos encotramos con otra pequeña sorpresa. Louise, una delicada y jovencísima bailarina nos deleitó con una danza gaélica en toda una demostración de resistencia física, coordinación y calidad técnica.
Tras esto el convencional baile donde se mezclaron los habituales ritmos de pop españoles con los británicos y la proverbial barra libre.
Cuando a eso de las 4 de la mañana la música enlatada desapareció, de nuevo Robert, el impagable gaitero, vino en nuestra ayuda. La pureza de su música despertó de lo más profundo de nuestro interior ancestrales ritmos y sones.
Más de la mitad de los invitados ya se había ido, pero los que aún quedábamos empezamos a entrelazar con fuerza nuestros brazos, dábamos vueltas y una vez alcanzada la velocidad necesaria nos soltábamos para volver a coger de nuevo a quien tuviésemos más cerca en una suerte de enloquecido baile celta. Cuando las energías empezaban a decaer todos comenzamos a hacer un circulo y con los brazos en alto nos cogimos de la mano para bailar la danza prima mientras cantábamos el Asturias patria querida. En el centro haciendo un pequeño círculo estaban los novios y los padres de ambos. Rodeándolos un abigarrado grupo de gente de distintas edades, nacionalidades y procedencias que habían unido sus manos para celebrar algo único y especial, el imparable poder de un desbocado torrente que desborda barreras y prejuicios, la incontenible fuerza del amor.
lunes, 22 de septiembre de 2008
EL VIAJE MÁS APASIONANTE
Reproduzco el discurso que tantos nervios me hizo pasar.Se trataba de un momento especial para mi hermana y no quería fallarle. Se le echó valor y pude superar la prueba. Espero estar más tranquilo la proxima vez...
----------------------------------------------------------
La celebración de esta noche constituye un singular homenaje a este mundo global y cosmopolita que permite que una asturiana y un escocés caigan atrapados por las redes del amor en la hermosa, y ya no tan lejana para nadie, ciudad de la luz o que dos familias separadas por diferentes tradiciones lenguas y miles de kilómetros de distancia vengan a descubrir aquí en Gijón, al borde de una costa bañada por un mismo océano, lo mucho que les une en realidad y puedan compartir todos juntos, emociones, sentimientos e ilusiones comunes.
La Eva aún niña que jugaba a la comba o al cascallo en el barrio del Carmen y que recuerdo con total nitidez, la intrépida adolescente que decide irse a América en busca de nuevos horizontes, la inteligente universitaria que tras acabar sus estudios anhela nuevos estímulos y se deja seducir por el hechizo de París es hoy una joven reposada pero desenvuelta, tranquila pero curiosa, sobria pero moderna, austera pero elegante, independiente pero ilusionada por compartir el azaroso viaje de la vida con un inmejorable compañero, viajero infatigable, divertido, espontáneo, al que le unen valores, anhelos e inquietudes comunes y con el que se dispone con alegría contagiosa a afrontar los retos más estimulantes.
Eva y Neil, de todo corazón os deseo mucha suerte en este apasionante viaje.
-------------------------------------------------------
Tonight’s event celebrates the wonder of a world that allows a young asturian woman and a scotsman to meet and fall in love in Paris, the city of light. A union, which just a few years ago was an unimaginable dream uniting 2 families, which were previously separated by a different language,culture and thousands of miles between them, to come together, here in Gijon. 2 families who are in reality bonded by the same ocean allowing them to experience together the same emotions, feelings and dreams.
I remember a young girl, skipping or playing hopscotch in the street outside our house and I remember a brave young teenager deciding to exchange this beautiful coast for the plains of America in search of her new horizons, I remember the intelligent university graduate after finishing her studies burning with ambition for new challenges in Paris.
Today, I see my sister as a young woman, strong but caring, calm but inquisitive, traditional but modern, austere but elegant, independant but looking forward to taking the next step in her life with her perfect partner, a man who I see as a tireless traveller, funny, spontaneous who will share her aspirations and confrontations who will be at her side to share all their special moments
Eva and Neil, from the bottom of my heart I wish you both the best of luck in this veritable voyage.
jueves, 31 de julio de 2008
GLOBALIZADOS
Los jueves acostumbro a tomar un kebap en el turco que hay cerca de la playa. El camarero de Bangla Desh ya sabe las salsas que más me gustan y está casi tan rico como los que solía tomar en Inglaterra, donde este tipo de negocios tiene una larga tradición. Sin embargo ese día me apetecía tomar una cerveza y el dueño, estrictamente musulmán, no sirve alcohol en su local.
Decidí, pues, ir al chino que hay en la esquina. Allí entre escuálidas bellezas de ojos rasgados, probando esencias, aromas y sonidos de esa cultura milenaria desde siempre encerrada en si misma, caí en la cuenta de la gran transformación que se ha producido en nuestra sociedad en apenas una década.
Lo que a Marco Polo le costó, sufrimiento, incertidumbre, años de viaje, peligros infinitos y la incredulidad de sus coetáneos que lo acabaron tomando por loco y encerrando en una celda, hoy se puede disfrutar a cinco minutos de nuestras casas.Aún haciéndome estas reflexiones, ya en la calle, a la salida del restaurante, un fornido y sonriente africano de los que no hace tantos años causaría estupor, o al menos sorpresa, en alguna no tan apartada aldea, me ofrece con toda naturalidad las últimas novedades en DVD, todas americanas, por supuesto.
No estoy interesado y enseña la mercancía a otro transeúnte, en este caso un otoñal galán de chaleco amarillo y roída gabardina que tampoco le presta ninguna atención ya que su mirada está fija en dos desaliñadas rumanas. El buen señor parece más proclive a dejarse seducir por los soeces guiños de las dos muchachas, presumiblemente de la etnia gitana, ansiosas de dar un buen escarmiento a la, tal vez, no tan inocente vanidad del anciano.
Llego a casa todavía sonriendo y, tal y como hago todas las noches, me conecto a Internet. Entre mis contactos encuentro gente muy diversa que he conocido a lo largo de todos estos años, los hay de Grecia, Alemania, Lituania, Perú o China. La telaraña de la red consigue que las amistades no se elijan en función de criterios étnicos o geográficos. La gente se agrupa por afinidades simpatías o formas de entender el mundo.Definitivamente nuestro planeta se ha aplanado y democratizado, los lujos antes al alcance de unos pocos privilegiados hoy son accesibles para todos.
Esto nos proporciona grandes ventajas pero, a la vez, nuevas responsabilidades y retos que afrontar.El obrero chino compite con el alemán. El informático americano colabora con el hindú. Al arquitecto coreano le surge competencia en España.Las intangibles barreras que Occidente había creado para proteger su way of life caen con más estrépito que el muro de Berlín.
El proceso ya ha comenzado y lo más inteligente es sacar el máximo provecho de este nuevo entorno. No seamos tan vanidosos como mi maduro vecino y actuemos con prudencia y respeto. Las nuevas culturas tienen mucho que aportar, aprendamos humildemente todo lo bueno que nos ofrecen y descartemos solo aquello que realmente sea dañino deshonesto o cruel.Es hora de dejar de hacer lo rutinario y aburrido, vamos a tener el placer de enfrentarnos con fantásticos, desconocidos y excitantes retos. Nuevos amigos, oportunidades y horizontes nos esperan allende los mares.
Decidí, pues, ir al chino que hay en la esquina. Allí entre escuálidas bellezas de ojos rasgados, probando esencias, aromas y sonidos de esa cultura milenaria desde siempre encerrada en si misma, caí en la cuenta de la gran transformación que se ha producido en nuestra sociedad en apenas una década.
Lo que a Marco Polo le costó, sufrimiento, incertidumbre, años de viaje, peligros infinitos y la incredulidad de sus coetáneos que lo acabaron tomando por loco y encerrando en una celda, hoy se puede disfrutar a cinco minutos de nuestras casas.Aún haciéndome estas reflexiones, ya en la calle, a la salida del restaurante, un fornido y sonriente africano de los que no hace tantos años causaría estupor, o al menos sorpresa, en alguna no tan apartada aldea, me ofrece con toda naturalidad las últimas novedades en DVD, todas americanas, por supuesto.
No estoy interesado y enseña la mercancía a otro transeúnte, en este caso un otoñal galán de chaleco amarillo y roída gabardina que tampoco le presta ninguna atención ya que su mirada está fija en dos desaliñadas rumanas. El buen señor parece más proclive a dejarse seducir por los soeces guiños de las dos muchachas, presumiblemente de la etnia gitana, ansiosas de dar un buen escarmiento a la, tal vez, no tan inocente vanidad del anciano.
Llego a casa todavía sonriendo y, tal y como hago todas las noches, me conecto a Internet. Entre mis contactos encuentro gente muy diversa que he conocido a lo largo de todos estos años, los hay de Grecia, Alemania, Lituania, Perú o China. La telaraña de la red consigue que las amistades no se elijan en función de criterios étnicos o geográficos. La gente se agrupa por afinidades simpatías o formas de entender el mundo.Definitivamente nuestro planeta se ha aplanado y democratizado, los lujos antes al alcance de unos pocos privilegiados hoy son accesibles para todos.
Esto nos proporciona grandes ventajas pero, a la vez, nuevas responsabilidades y retos que afrontar.El obrero chino compite con el alemán. El informático americano colabora con el hindú. Al arquitecto coreano le surge competencia en España.Las intangibles barreras que Occidente había creado para proteger su way of life caen con más estrépito que el muro de Berlín.
El proceso ya ha comenzado y lo más inteligente es sacar el máximo provecho de este nuevo entorno. No seamos tan vanidosos como mi maduro vecino y actuemos con prudencia y respeto. Las nuevas culturas tienen mucho que aportar, aprendamos humildemente todo lo bueno que nos ofrecen y descartemos solo aquello que realmente sea dañino deshonesto o cruel.Es hora de dejar de hacer lo rutinario y aburrido, vamos a tener el placer de enfrentarnos con fantásticos, desconocidos y excitantes retos. Nuevos amigos, oportunidades y horizontes nos esperan allende los mares.
lunes, 30 de junio de 2008
DISFRUTEMOS DEL FÚTBOL
El árbitro, el puñetazo de Tasotti, el calor, la dureza de la liga... Cualquier excusa era buena para justificar las profundas decepciones y las crueles derrotas de la selección española de fútbol.
La cruda realidad mostraba generaciones de jugadores ensimismados y fallones, sobre valorados, impresionables, furiosos, poco competitivos y, sobre todo, abrumados ante la responsabilidad de la alta competición.
Algún destello de buen juego no era ni lejano reflejo de lo que el fútbol español representaba en el mundo. Algo fallaba pero la autocrítica era nula y las carencias se repetían competición tras competición.
Por fin, un señor mayor y sabio supo romper con las vacas sagradas, con el pasado y con Raúl y diseñar un equipo joven y fresco donde se asumen los retos con naturalidad y desparpajo, donde se elige al más en forma para cada puesto ( aunque no sea ni el más alto ni el más famoso ) y donde se tiene un guardameta con garantías para afrontar la suprema suerte de los penaltis, tan importante para este tipo de competición.
Esto da como resultado un equipo competitivo y brillante desde el principio. Se pasa de la primera fase con solvencia ganando así solidez y confianza. Queda el trance de cuartos pero los jugadores están preparados para sobreponerse a los momentos difíciles y a 88 años de historia y marrullerías italianas. A partir de ahí todo es un paseo y terminan el campeonato maravillando con su extraordinario juego, siempre ofensivo y al toque, ante Rusia y Alemania.
Ni perversos árbitros ni oscuras conspiraciones podrían parar ya a la perfecta máquina española. Un grupo en estado de gracia que, lejos de la furiosa impotencia anterior, acaba cristalizando su superioridad en forma de goles, donde ya da igual si es Villa, Torres, Xavi o Güiza quién los marca pues en estas circunstancias los tantos acaban cayendo por su propio peso. Tenemos un equipo campeón y un estilo propio. La senda del buen fútbol queda abierta para el futuro. Ahora podemos.
Disfrutemos con orgullo de este fantástico triunfo y congratulémonos también con el ascenso del Sporting ( otra larga historia de sinsabores balompédicos y de oscura gestión que no procede abordar ahora ), que ha puesto Gijón patas arriba y me ha congraciado nuevamente con el fútbol. Quedo impregnado por una vez de agradables sensaciones futbolíticas. No hay frustración ni rabia. Demasiadas emociones en pocos días y escaso tiempo para escribir bitácoras pero con una selección que gana títulos y un Sporting en primera habrá ocasiones para explayarme, sin duda, en un futuro no muy lejano.
La cruda realidad mostraba generaciones de jugadores ensimismados y fallones, sobre valorados, impresionables, furiosos, poco competitivos y, sobre todo, abrumados ante la responsabilidad de la alta competición.
Algún destello de buen juego no era ni lejano reflejo de lo que el fútbol español representaba en el mundo. Algo fallaba pero la autocrítica era nula y las carencias se repetían competición tras competición.
Por fin, un señor mayor y sabio supo romper con las vacas sagradas, con el pasado y con Raúl y diseñar un equipo joven y fresco donde se asumen los retos con naturalidad y desparpajo, donde se elige al más en forma para cada puesto ( aunque no sea ni el más alto ni el más famoso ) y donde se tiene un guardameta con garantías para afrontar la suprema suerte de los penaltis, tan importante para este tipo de competición.
Esto da como resultado un equipo competitivo y brillante desde el principio. Se pasa de la primera fase con solvencia ganando así solidez y confianza. Queda el trance de cuartos pero los jugadores están preparados para sobreponerse a los momentos difíciles y a 88 años de historia y marrullerías italianas. A partir de ahí todo es un paseo y terminan el campeonato maravillando con su extraordinario juego, siempre ofensivo y al toque, ante Rusia y Alemania.
Ni perversos árbitros ni oscuras conspiraciones podrían parar ya a la perfecta máquina española. Un grupo en estado de gracia que, lejos de la furiosa impotencia anterior, acaba cristalizando su superioridad en forma de goles, donde ya da igual si es Villa, Torres, Xavi o Güiza quién los marca pues en estas circunstancias los tantos acaban cayendo por su propio peso. Tenemos un equipo campeón y un estilo propio. La senda del buen fútbol queda abierta para el futuro. Ahora podemos.
Disfrutemos con orgullo de este fantástico triunfo y congratulémonos también con el ascenso del Sporting ( otra larga historia de sinsabores balompédicos y de oscura gestión que no procede abordar ahora ), que ha puesto Gijón patas arriba y me ha congraciado nuevamente con el fútbol. Quedo impregnado por una vez de agradables sensaciones futbolíticas. No hay frustración ni rabia. Demasiadas emociones en pocos días y escaso tiempo para escribir bitácoras pero con una selección que gana títulos y un Sporting en primera habrá ocasiones para explayarme, sin duda, en un futuro no muy lejano.
viernes, 23 de mayo de 2008
OUTDOOR TRAINING

Atrapados en nuestras agobiantes agendas y endiabladas rutinas, a veces, es difícil encontrar un momento de respiro que nos permita conocer mejor nuestro entorno más cercano y a nosotros mismos.
Un cambio radical de escenario o de actitud mental no ha de ir precedido necesariamente de un pesado vuelo internacional o del inevitable jet lag.
A una media hora de Oviedo se encuentra la tranquila y acogedora aldea de Cofiño, peculiar paraje de indescriptible belleza encajado entre la Sierra del Sueve y los Picos de Europa, donde el mundo fluye a otros ritmo, el aire es más fresco y el paisaje nos regala un sin fin de inolvidables instantáneas.
Confortablemente alojados en un impecable hotel rural y tras una apetitosa cena, original pero contundente ( odio esa nueva cocina que siempre te deja con hambre ), iniciamos una serie de actividades que desentumecieron nuestros músculos y nuestra mente y nos alejaron del confortable sedentarismo en el que solemos parapetarnos.
Rodeados de un círculo de compañeros y a punto de perder el equilibrio resultaba natural entrar en contacto físico, la inercia de los acontecimientos nos llevó a vernos manteados avanzando en forma de gusano o realizando saltos de fe a la espera de que nuestros compañeros nos recogieran antes de dar con nuestros maltrechos huesos en el suelo, todo según un programa perfectamente diseñado pero donde nada parecía forzado y entre el regocijo y diversión ( incluso yo, que no simpatizo con las actividades físicas extremas ), de todos los participantes.
Sin darnos cuenta nos dieron casi las tres de la mañana y nos retiramos a dormir.
Tras las emociones previas y arropado por la paz del entorno, me fue fácil conciliar un sueño profundo y reparador, sin duda, necesario dado lo que nos esperaba el día siguiente.
Tras un rápido desayuno partimos hacia Arriendas a primera hora de la mañana.
En el amplio entorno que rodea la escuela de piragüismo, y divididos en varios equipos de unas 5 personas, realizamos otra serie de pruebas en equipo donde la estrategia primó sobre la habilidad y la fuerza, la naturalidad sobre el encorsetamiento y la actitud positiva y el buen humor sobre la competitividad extrema.
Hacer relevos con una aleta de submarinista, tirar con arco con los ojos tapados o saltar por entre cuerdas imposibles fueron tan solo algunos de los retos planteados.
A media mañana el sol lucía radiante y aún quedaba la guinda de la jornada, el descenso del Sella.
Entre palada y palada, festiva de agüadillas y chapuzones, un poco de sudor y alguna lágrima, pero de risa, en el zizagueante (dado las dificultades que, cómo piragüista novato, tuve para hacerme con el control de la embarcación) descenso fluvial en canoa de Arriondas a Toraño dónde dimos por concluida una jornada inolvidable.
Un cambio radical de escenario o de actitud mental no ha de ir precedido necesariamente de un pesado vuelo internacional o del inevitable jet lag.
A una media hora de Oviedo se encuentra la tranquila y acogedora aldea de Cofiño, peculiar paraje de indescriptible belleza encajado entre la Sierra del Sueve y los Picos de Europa, donde el mundo fluye a otros ritmo, el aire es más fresco y el paisaje nos regala un sin fin de inolvidables instantáneas.
Confortablemente alojados en un impecable hotel rural y tras una apetitosa cena, original pero contundente ( odio esa nueva cocina que siempre te deja con hambre ), iniciamos una serie de actividades que desentumecieron nuestros músculos y nuestra mente y nos alejaron del confortable sedentarismo en el que solemos parapetarnos.
Rodeados de un círculo de compañeros y a punto de perder el equilibrio resultaba natural entrar en contacto físico, la inercia de los acontecimientos nos llevó a vernos manteados avanzando en forma de gusano o realizando saltos de fe a la espera de que nuestros compañeros nos recogieran antes de dar con nuestros maltrechos huesos en el suelo, todo según un programa perfectamente diseñado pero donde nada parecía forzado y entre el regocijo y diversión ( incluso yo, que no simpatizo con las actividades físicas extremas ), de todos los participantes.
Sin darnos cuenta nos dieron casi las tres de la mañana y nos retiramos a dormir.
Tras las emociones previas y arropado por la paz del entorno, me fue fácil conciliar un sueño profundo y reparador, sin duda, necesario dado lo que nos esperaba el día siguiente.
Tras un rápido desayuno partimos hacia Arriendas a primera hora de la mañana.
En el amplio entorno que rodea la escuela de piragüismo, y divididos en varios equipos de unas 5 personas, realizamos otra serie de pruebas en equipo donde la estrategia primó sobre la habilidad y la fuerza, la naturalidad sobre el encorsetamiento y la actitud positiva y el buen humor sobre la competitividad extrema.
Hacer relevos con una aleta de submarinista, tirar con arco con los ojos tapados o saltar por entre cuerdas imposibles fueron tan solo algunos de los retos planteados.
A media mañana el sol lucía radiante y aún quedaba la guinda de la jornada, el descenso del Sella.
Entre palada y palada, festiva de agüadillas y chapuzones, un poco de sudor y alguna lágrima, pero de risa, en el zizagueante (dado las dificultades que, cómo piragüista novato, tuve para hacerme con el control de la embarcación) descenso fluvial en canoa de Arriondas a Toraño dónde dimos por concluida una jornada inolvidable.
miércoles, 14 de mayo de 2008
¿ UN MUNDO FELIZ ?
Desde el luminoso salón de mi casa, unas veces lugar de reunión con los amigos y otras lugar de místicas iluminaciones releo la obra de Huxley “Un Mundo Feliz”. Tras un buen rato de lectura hago una pausa, miro por la ventana y reparo en el cartel de la Corporación Dermoestética.El antiguo teatro Arango se hace un lifting y se transforma en un centro de belleza.
Distintas necesidades sociales requieren establecimientos diferentes y la silicona se ha convertido en el nuevo becerro de oro, Yola Berrocal su sacerdotisa y Lolo Ferrari su primer martir.Para que más teatro clásico si ya tenemos a Marlene Moreau o Anita Obregón, sus redondeces están mejor terminadas que todo el teatro de Lope, Fénix de los ingenios. El serrano cuerpo de Ana Nicole Smith o Asia Carrera parece ser más inspirador que cualquier obra de Shakespeare. Nuevas Desdémonas tientan al Otelo contemporáneo que se desahoga contando sus desdichas en Salsa Rosa o El Diario de Patricia. Los gurús de la madrugada nos dicen que el concepto ya no cuenta que es abstracto y aburrido y lo único que nos presentan es griterío, ligereza e imágenes manipuladas.El bisturí transforma a la Cenicienta en señora y ya no es necesario ningún nuevo Pigmalion para que les enseñe maneras o dicción. Para qué, si según estos nuevos cánones, nuestro desarrollo personal es directamente proporcional al aumento de nuestros pechos, músculos y falos.
Las señoras bien hace mucho que han dejado de ir a la ópera , los atributos de Dinio son más sugerentes que la música de Verdi y compatibles con el Bolero de Ravel.Las pancartas de la postmodernidad pontifican que un mundo sin grasas ni pilosidades es un mundo más justo y para qué pensar más si todos seremos más felices con nuestros recauchutados cuerpos y nuestra predecible forma de vida.Ni el propio Huxley en sus novelas más apocalípticas podía imaginar un destino peor para la humanidad.
Distintas necesidades sociales requieren establecimientos diferentes y la silicona se ha convertido en el nuevo becerro de oro, Yola Berrocal su sacerdotisa y Lolo Ferrari su primer martir.Para que más teatro clásico si ya tenemos a Marlene Moreau o Anita Obregón, sus redondeces están mejor terminadas que todo el teatro de Lope, Fénix de los ingenios. El serrano cuerpo de Ana Nicole Smith o Asia Carrera parece ser más inspirador que cualquier obra de Shakespeare. Nuevas Desdémonas tientan al Otelo contemporáneo que se desahoga contando sus desdichas en Salsa Rosa o El Diario de Patricia. Los gurús de la madrugada nos dicen que el concepto ya no cuenta que es abstracto y aburrido y lo único que nos presentan es griterío, ligereza e imágenes manipuladas.El bisturí transforma a la Cenicienta en señora y ya no es necesario ningún nuevo Pigmalion para que les enseñe maneras o dicción. Para qué, si según estos nuevos cánones, nuestro desarrollo personal es directamente proporcional al aumento de nuestros pechos, músculos y falos.
Las señoras bien hace mucho que han dejado de ir a la ópera , los atributos de Dinio son más sugerentes que la música de Verdi y compatibles con el Bolero de Ravel.Las pancartas de la postmodernidad pontifican que un mundo sin grasas ni pilosidades es un mundo más justo y para qué pensar más si todos seremos más felices con nuestros recauchutados cuerpos y nuestra predecible forma de vida.Ni el propio Huxley en sus novelas más apocalípticas podía imaginar un destino peor para la humanidad.
domingo, 30 de marzo de 2008
CHIKILICUATRES
Los votantes lo han querido, al final en Eurovisión nos representará Rodolfo Chikilicuatre. El friki de las patillas no es más que el lógico producto de una época en lo que todo parece tomarse a chirigota y donde la sensatez brilla por su ausencia. El público ha vuelto a dejarse seducir por el histrionismo simplista y ha ignorado el trabajo y la calidad artística.El nuevo representante del país, promovido por Buenafuente, ese ínclito epígono del Sr. Sardá y titiritero de la Secta, es un argentino carente de vergüenza y formación artística.Presentar semejante esperpento es una burla al propio festival y renunciar al cualquier posibilidad de triunfo.
El público europeo verá la imagen real de esa nueva España carente de aspiraciones, pobre y simplista, que hemos ido gestando en estos últimos años. La España de la irracionalidad, del desahogo y la caspa, donde los conceptos ya no significan absolutamente nada y todo se desvirtúa y se simplifica hasta lo absurdo.Un mundo de fantasía donde las bromas y parodias se imponen a lo real y lo serio, donde todo lo que resulta ajeno se trata de ridiculizar y destruir sin pensar que el auténticamente envilecido y grotesco es el bufón que se presta a hacer semejante número y todos los que le apoyan.El fenómeno eurovisivo en nada nos ha ofendido. Ahí está y ahí seguirá y si no nos gusta lo mejor que podemos hacer es no participar.Se puede argüir, y es cierto, que Eurovisión no es algo importante para nuestras vidas y que la elegancia y la inteligencia debemos de guardarla para otros foros o reuniones internacionales.Lo lamentable es que Rodolfo no es el único Chikilicuatre que ha salido elegido estos días para representar la imagen exterior de España.
La ignorancia, la falta de dignidad, de sentido del ridículo, de disciplina y rigor impregnan todos los ámbitos políticos y sociales desde hace unos años.El desahogo, lo caricaturesco y lo chabacano son la imagen actual de España.Si el espíritu de superación encarnado por los chicos de Operación Triunfo se tachaba de comercial y negativo, creo que el sonrojante ridículo actual es francamente peor. No aporta nada ( estaría bien para canción de verano o para el chiringuito de un pueblo ) y no nos lleva a ningún lado. Debemos de reír por no llorar.
El público europeo verá la imagen real de esa nueva España carente de aspiraciones, pobre y simplista, que hemos ido gestando en estos últimos años. La España de la irracionalidad, del desahogo y la caspa, donde los conceptos ya no significan absolutamente nada y todo se desvirtúa y se simplifica hasta lo absurdo.Un mundo de fantasía donde las bromas y parodias se imponen a lo real y lo serio, donde todo lo que resulta ajeno se trata de ridiculizar y destruir sin pensar que el auténticamente envilecido y grotesco es el bufón que se presta a hacer semejante número y todos los que le apoyan.El fenómeno eurovisivo en nada nos ha ofendido. Ahí está y ahí seguirá y si no nos gusta lo mejor que podemos hacer es no participar.Se puede argüir, y es cierto, que Eurovisión no es algo importante para nuestras vidas y que la elegancia y la inteligencia debemos de guardarla para otros foros o reuniones internacionales.Lo lamentable es que Rodolfo no es el único Chikilicuatre que ha salido elegido estos días para representar la imagen exterior de España.
La ignorancia, la falta de dignidad, de sentido del ridículo, de disciplina y rigor impregnan todos los ámbitos políticos y sociales desde hace unos años.El desahogo, lo caricaturesco y lo chabacano son la imagen actual de España.Si el espíritu de superación encarnado por los chicos de Operación Triunfo se tachaba de comercial y negativo, creo que el sonrojante ridículo actual es francamente peor. No aporta nada ( estaría bien para canción de verano o para el chiringuito de un pueblo ) y no nos lleva a ningún lado. Debemos de reír por no llorar.
domingo, 10 de febrero de 2008
PLENITUD
Nos hacen creer que que las opulentas sociedades occidentales lo tenemos todo, lo sabemos todo, lo hemos visto todo.
Sin embargo miramos hacia nuestro interior y vemos que estamos completamente vacios por dentro, que no tenemos nada verdadero salvo nuestra casi siempre maltrecha y endeudada tarjeta de crédito, que no sabemos más que aquello que nos quiere vender la televisión, que no hemos visto nada real más allá del edulcorado disneyworld.
Ya en el parvulario nos hiceron creer que habíamos ganado un concurso de dibujo para vendernos la enciclopedia Espasa y luego Hollywood que éramos tipos completamente excepcionales.
Al confrontar esto con la desnuda realidad toda una generación se convirtió a la religión del descreimiento.No confiamos en los altavoces que retumban en los supermercados para vendernos champú porque la contaminación y el stress nos ha dejado sin pelo, tampoco en lo que nos susurran las chicas pues Errol Flynn ha muerto alcoholizado y nuestros sueños se han quebrado hace mucho.
Insoportable panorama y dos alternativas. El pueril escape del indulgente autoengaño para unos, triunfadores de sus fantasías. Calculado, consciente, cruel y autodegradante vagar para otros, pero marineros todos en un oceano que no tiene olas ni habitan las sirenas, en un viaje sin rumbo, consumiendo nuestros años en una continua huida hacia adelante buscando paraisos perdidos con una sola certeza, nuestro inevitable final.
Ya en el parvulario nos hiceron creer que habíamos ganado un concurso de dibujo para vendernos la enciclopedia Espasa y luego Hollywood que éramos tipos completamente excepcionales.
Al confrontar esto con la desnuda realidad toda una generación se convirtió a la religión del descreimiento.No confiamos en los altavoces que retumban en los supermercados para vendernos champú porque la contaminación y el stress nos ha dejado sin pelo, tampoco en lo que nos susurran las chicas pues Errol Flynn ha muerto alcoholizado y nuestros sueños se han quebrado hace mucho.
Insoportable panorama y dos alternativas. El pueril escape del indulgente autoengaño para unos, triunfadores de sus fantasías. Calculado, consciente, cruel y autodegradante vagar para otros, pero marineros todos en un oceano que no tiene olas ni habitan las sirenas, en un viaje sin rumbo, consumiendo nuestros años en una continua huida hacia adelante buscando paraisos perdidos con una sola certeza, nuestro inevitable final.
domingo, 20 de enero de 2008
MALLORCA
Llegué a Mallorca el día 31 de diciembre por la noche, con el tiempo justo para tomarme las uvas con unos magníficos compañeros de viaje, nuestro incombustible Michel y dos fantásticas amigas que se trasladaron desde Murcia para unirse a nuestra improvisada fiesta.El puerto deportivo, concentraba los pubs más animados y las fiestas más atestadas. Tras visitar un par de chiringuitos que sonaban a lo de siempre tratamos de buscar algo un tanto más exclusivo y original. Salimos, pues, del centro de Palma acompañados por dos nuevos fichajes, un hiperactivo empresario toledado y su exótica compañera, y nos trasladamos a Andratx donde pasamos gran parte de la noche en un elegante pub decorado con globos, con vistas a otro fantástico puerto deportivo de impresionantes yates, más recoleto y acogedor que el de la propia capital. El lugar se convirtió en inmejorable refugio, entre camareros que solo hablaban inglés dado lo variopinto y cosmopolita de la clientela y más si cabe tras nuestra llegada al recinto.Entre muchas risas y algunas copas ( no demasiadas esta vez ) se acabó la noche. Había que guardar fuerzas para realizar un poco de turismo los días posteriores.Pasado el mediodía me levanté para explorar un poco la ciudad por el día. Del centro de Palma me sorprendió su espectacular y recia catedral, la mayor de España, que guarda en su interior una original sorpresa, el trabajo de Miquel Barceló en el ábside lateral, un puzzle cerámico que parece surgir de la propia pidra, dando la sensación de que una eclosión de vida y naturaleza en estado puro está naciendo de los viejos muros del templo.Muy cerca del lugar también son interesantes los baños árabes y un paseo por las callejuelas del centro siempre puede resultar agradable. Allí descubriremos que el turismo balear no son todo las aglomeraciones del arenal o el puerto deportivo, rebuscando un poco aun se pueden encontrar cuidados negocios u hotelitos de diseño.Pero para conocer más profundamente la isla nada mejor que coger un coche tal y como hicimos en los días posteriores. No muy lejos de Palma está Illetes, con su popular balneario en una bonita cala. El lugar, normalmente atestado de gente, estaba ese día ( un miércoles laborable de enero ), sorprendentemente tranquilo y con un servicial personal atento de satisfacer todos nuestros caprichos. Tras la sabrosa comida tuvimos oportunidad de relajarnos en sus cómodos sillones arrullados por la música de chill out, la modorra se apoderó de nosotros y la realidad y la ensoñación parecieron confundirse por un instante.Otro lugar a conocer en los alrededores de Palma es Génova, ladera con estupendas vistas de la ciudad y la isla, con restaurantes con comida tradicional y magníficos miradores y hoy día refugio, de intelectuales, artistas y bohemios.Ineludible en cualquier visita a Mallorca, es la entrada en las cuevas del Drac en el otro extremo de la isla. Increíbles sus estalactitas pero horrible la acción del hombre en un ejemplo de los que los estragos del turismo de masas sobre el medio natural. Impresentables pistas de hormigón incluso en el interior de la cueva y chabacano juego de luces y música en un espectáculo final de dudoso gusto.Mejor preservado y apacible resultó el pueblo de Porto Colom a pocos kilómetros del lugar. El pueblo mantiene, al menos en parte, su aire tradicional y marinero. Las viviendas tradicionales de la primera línea de costa están perfectamente conservadas de manera que fue relajante pasear por el abrigado pueblo con las pequeñas casitas de pescadores de cara al mar como telón de fondo.De ahí y ya al interior Santanyí, otro lugar pintoresco, con casitas de piedra, estrechas callejuelas donde sin duda se mantiene el espíritu de la isla.Finalmente, y si lo que queremos es una visión completamente distinta de Mallorca debemos de acercarnos al pueblo de Soller, esta vez en dirección noroeste. Situado en la Serrra Traumontana, el lugar tiene el aspecto de un pueblo de montaña, con sus casas de piedra encajadas entre la colina y el valle y su elegante tranvía de madera. Allí nos encontrábamos cuando de repente comenzó a jarrear. Oscurecía y teníamos hambre, de forma que entramos en el restaurante más cercano, justo en frente del ayuntamiento. Tuvimos suerte con la improvisada elección, se trataba de un coqueto restaurante llamado Sa Cova, regentado por un veterano francés especializado en la comida de su país. Disfrutamos más que nunca de la comida caliente ya que estábamos empapados y Michel con inequívocos síntomas de gripe. Tras una sobremesa en la que rememoramos algunos de los episodios más divertidos del viaje decidimos que era hora de volver al hotel en Palma y tratar de reponer fuerzas. Al día siguiente cogíamos el avión, Michel para volver a la península y yo para continuar viaje hacia Malta.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
PAPA NOEL
Esta Navidad los regalos no los traerá papá Noel, está gordo y anticuado y necesita lifting y gimnasio. Los renos se le han congelado con la ola de frío, los elfos detestan las nuevas tecnologías, son poco productivos y además pretenden revisar su convenio y se han puesto en huelga. Este año el encargado de traernos los regalos será Gadafi.
Muammar ya no juguetea a ser un rebelde. Se terminó el volar aviones y masacrar a occidentales. Aprendió bien las lecciones del papaito Reagan y él también se ha dejado seducir por el juego de Hollywood. Se ha vuelto un chico cool y moderno, se ha inyectado botox, usa gafas de diseño y su chilaba es de Armani.
En vez de elfos contrata becarias, son sufridas mujeres musulmanas de clítoris mutilado. No son reivindicativas, achacosas y cascarrabias como elfos y duendes, son, eso si, vírgenes e inexpertas pero Muammar se encargará de que pronto dejen de serlo.
Gadafi ahora es generoso, a ZP que ha sido un niño muy bueno le dará unos miles de millones de euros de aguinaldo. A los revoltosos de la clase, Sarkozy, le petit Nicolas,y a José María, de los Aznar de toda la vida, en vez de carbón les traerá petróleo, que hasta en eso hay que modernizarse.
Corren nuevos tiempos. Más vale que sus majestades los Reyes Magos de Oriente se vayan poniendo a dieta y traten mejor a su séquito. España cada día se mira más en el espejo de la república y Hugo Chávez se postula para traernos los regalos el día 6 de enero.
En vez de elfos contrata becarias, son sufridas mujeres musulmanas de clítoris mutilado. No son reivindicativas, achacosas y cascarrabias como elfos y duendes, son, eso si, vírgenes e inexpertas pero Muammar se encargará de que pronto dejen de serlo.
Gadafi ahora es generoso, a ZP que ha sido un niño muy bueno le dará unos miles de millones de euros de aguinaldo. A los revoltosos de la clase, Sarkozy, le petit Nicolas,y a José María, de los Aznar de toda la vida, en vez de carbón les traerá petróleo, que hasta en eso hay que modernizarse.
Corren nuevos tiempos. Más vale que sus majestades los Reyes Magos de Oriente se vayan poniendo a dieta y traten mejor a su séquito. España cada día se mira más en el espejo de la república y Hugo Chávez se postula para traernos los regalos el día 6 de enero.
viernes, 30 de noviembre de 2007
BACHILLERES
Cuando, tras recibir el premio Nóbel de Literatura, algún periodista mostraba su admiración por la vasta cultura de don Camilo José Cela, el escritor, que no concluyó carrera universitaria alguna, respondía, muy serio, que su secreto era que había tenido un “buen bachiller”.
En términos semejantes, y siempre ponderando la importancia de los conocimientos adquiridos durante su bachillerato, se manifestaba el polifacético Fernando Fernán Gómez, recientemente fallecido.El sistema español minucioso y exigente, formaba en el trabajo, la superación y disciplina, sin embargo, tras su reforma por obra y gracia de nefastos planes educativos los resultados de los bachilleres españoles han cambiado ostensiblemente.
Un informe de la agencia independiente PISA ( programa de evaluación internacional de alumnos ) indica que España es el país del mundo desarrollado que más empeoró desde la evaluación anterior, hace tres años, y el nivel de comprensión lectora de los estudiantes es uno de los más bajos de los 57 países examinados, habiéndose deteriorado significativamente en los últimos años.Paradójicamente un gobierno que se atribuye éxitos económicos inexistentes y agota recursos en sobornar ególatras y chantajistas de todo pelaje, elude toda responsabilidad y culpa del fracaso escolar a las familias. No obstante, esa actitud de los encargados de la política educativa es la que trae tan nefastas consecuencias para los que son el futuro de nuestra sociedad.
La clase dirigente no valora el esfuerzo y su único objetivo es “escurrir el bulto”, afanados en una supervivencia insostenible culpan al prójimo de su incompetencia colgándoles si es necesario una soga al cuello erosionando todo aquello que tocan.Aún van más allá, en un maquiavélico ejercicio de confusión fustigan a las sufridas familias que trasmiten nobles y sanos valores de modo que las personas sensatas y formadas pretenden ser sustituidas por una caterva de ciudadanos bobalicones e idiotizados fácilmente manipulables, de esos que caminan hipnotizados tras el oportuno señuelo, sea éste una pancarta, un megáfono o un mensaje simplista e incendiario.
Esta situación me recuerda a la reunión entre Cayo, el campesino genialmente retratado por Delibes autosuficiente en un medio hostil y aislado, y el timorato político, incapaz de sobrevivir cuando se enfrenta al mundo real.El gobernante incapaz disfraza su debilidad de desdén, su estrechez de miras de adanismo, su despreocupación por lo cercano de providencialismo, acabando por despreciar finalmente al pueblo al que dice servir.Nuestros jóvenes se quedan sin bases conceptuales ni referentes, así y todo, espero que algunos alcancen a encontrar el camino.
En términos semejantes, y siempre ponderando la importancia de los conocimientos adquiridos durante su bachillerato, se manifestaba el polifacético Fernando Fernán Gómez, recientemente fallecido.El sistema español minucioso y exigente, formaba en el trabajo, la superación y disciplina, sin embargo, tras su reforma por obra y gracia de nefastos planes educativos los resultados de los bachilleres españoles han cambiado ostensiblemente.
Un informe de la agencia independiente PISA ( programa de evaluación internacional de alumnos ) indica que España es el país del mundo desarrollado que más empeoró desde la evaluación anterior, hace tres años, y el nivel de comprensión lectora de los estudiantes es uno de los más bajos de los 57 países examinados, habiéndose deteriorado significativamente en los últimos años.Paradójicamente un gobierno que se atribuye éxitos económicos inexistentes y agota recursos en sobornar ególatras y chantajistas de todo pelaje, elude toda responsabilidad y culpa del fracaso escolar a las familias. No obstante, esa actitud de los encargados de la política educativa es la que trae tan nefastas consecuencias para los que son el futuro de nuestra sociedad.
La clase dirigente no valora el esfuerzo y su único objetivo es “escurrir el bulto”, afanados en una supervivencia insostenible culpan al prójimo de su incompetencia colgándoles si es necesario una soga al cuello erosionando todo aquello que tocan.Aún van más allá, en un maquiavélico ejercicio de confusión fustigan a las sufridas familias que trasmiten nobles y sanos valores de modo que las personas sensatas y formadas pretenden ser sustituidas por una caterva de ciudadanos bobalicones e idiotizados fácilmente manipulables, de esos que caminan hipnotizados tras el oportuno señuelo, sea éste una pancarta, un megáfono o un mensaje simplista e incendiario.
Esta situación me recuerda a la reunión entre Cayo, el campesino genialmente retratado por Delibes autosuficiente en un medio hostil y aislado, y el timorato político, incapaz de sobrevivir cuando se enfrenta al mundo real.El gobernante incapaz disfraza su debilidad de desdén, su estrechez de miras de adanismo, su despreocupación por lo cercano de providencialismo, acabando por despreciar finalmente al pueblo al que dice servir.Nuestros jóvenes se quedan sin bases conceptuales ni referentes, así y todo, espero que algunos alcancen a encontrar el camino.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
EL LABERINTO BOLIVARIANO
Unos nativos que tras su muerte y sin el distante parapeto de la Corona, quedaban a merced de los excesos de los sátrapas locales.
El libertador, protagonista de la novela, es un criollo de tez pálida, cabello oscuro y sangre española, nacido en la colonia pero educado en la metrópoli. En su primera juventud sabe superar con gran dignidad la prematura muerte de su adolescente y delicada esposa y en su vuelta al continente, tratando de aplacar su tristeza, asiste a hitos como la coronación de Napoleón como emperador, visita Roma o bebe directamente de las fuentes de la ilustración.
Ese reformador del Caribe aprovecha la interinidad gubernamental de un entonces agonizante imperio español, maniatado por el astuto corso Bonaparte, para hacerse con el control de la colonia. De porte aristocrático, refinado, con exquisitos modales, el general, sin duda un hijo díscolo, pero digno rival y caballero al fin, no reconocería como suya una prole carente de mundo y de luces, ni a subproductos de una húmeda charca, oscura tierra apenas transformada que diría Luis Martín Santos.
Se avergonzaría si algún estrambótico personaje, grotesco, con simiescos modales, tosco porte y nula cultura, ridículo hasta el sonrojo, narcisista hasta la exasperación, soez hasta la nausea y obsesionado por el poder, se declarase su descendiente.
Le dolería que tratase de exorcizar sus fantasmas internos buscando enemistarse con las naciones más prósperas y desarrolladas mientras insolentes descastados rien sus gracias , amparan sus zafiedades o balbucean tarde y mal.
Le agradaría que un noble señor, con coraje y arrestos, un digno caballero de los de antaño, se atreviese a mandarle callar ante el estupor general.
miércoles, 1 de agosto de 2007
RIGOLETTO
Desde hace unos años tengo el placer de asistir a la trastienda de un singular proceso creativo, la puesta en escena y representación de un clásico de la ópera según la audaz visión de Guridi Producciones, una compañía fresca, moderna y rompedora.
Tal y como pude comprobar en las representaciones de La Boheme o La Traviata en ocasiones anteriores, no es necesario tocar libretos o partituras para transmitir al espectador nuevos y sugerentes mensajes.Nuestro entorno cotidiano está sujeto a múltiples cambios según los países, épocas o costumbres pero los sentimientos y la música son atemporlaes y los ropajes no deben ser un obstáculo para encontrar la auténtica esencia de una obra.Es más, experimentar a mirar desde otro ángulo o vestir el conjunto de otra forma puede ayudar a descubrir la auténtica sustancia de una creación artística.
Con estas adaptaciones, tan solo formales, la compañía pretende buscar la complicidad del espectador, que familiarizado con la música y el texto, puede, sin embargo, dejar volar su imaginación y recrearse con una nueva y siempre desmitificadora mirada del clásico.Este año tocaba Rigolletto y la idea era convertir a todo el mundo cortesano, con duques, amores y traiciones en una auténtica pesadilla del protagonista usando sólo la adecuada ambientación y caracterización de los personajes.
El tormento de Rigoletto, un personaje jorobado y bufonesco, es en esta nueva versión más psicológico que físico, tal y como suele suceder en los tiempos que corren.Un mundo de fantasmagóricas ensoñaciones aparecería al fondo del escenario en forma de transparencias. El decorado se convertiría en un entorno completamente surreal con relojes que se difuminan o un inquietante mobiliario inspirado en el propio mundo de Dalí, maestro del surrealismo.El reto era ya no solo crear la atmósfera onírica adecuada, sino coordinar esto con la actuación y las voces de los cantantes y hacer que estos se sintiesen cómodos en este nuevo medio en sólo cinco días de ensayo.
La animosa compañía, bien dirigida por el director de escena Federico Figueroa, se enfrentó a la exigente propuesta con una predisposición y profesionalidad encomiables pero las dificultades eran muchas y en el ensayo general del miércoles los problemas se acumularon, descoordinación, transparencias que no funcionaban, nervios que hacía que las voces no luciesen en su plenitud...El jueves, el día antes del estreno, y reunidos todos en el salón del hotel ante el reproductor de DVD que les presté repasaron fallos, estudiaron soluciones y se obstinaron en sacar la obra adelante. El viernes en una atmósfera de inquietud contenida y con un nudo en el estómago, partieron para el Teatro Jovellanos. A su vuelta los vi contentos y relajados, habían sufrido pero la representación resultó impecable, sin apenas fallos, con las voces luciendo con naturalidad y el público aplaudiendo y disfrutando.
El sábado las excelentes críticas de los periódicos no hicieron más que aumentar su alegría y confianza. Así y todo no los veía tan entusiasmados como años anteriores, sabían que la representación tenía potencial de mejora y querían actuar gustándose plenamente.Su oportunidad era el domingo, en la segunda y última representación, a la que acudí invitado y en la que por supuesto no defraudaron.Desde el primer momento se notaron buenas vibraciones en el escenario y todo fluyó con gran armonía.
La apabullante voz del barítono Luis Cansino llevó el peso de la obra y lució en todo su esplendor logrando momentos de gran brillantez y dramatismo por su perfecta simbiosis con la soprano Svetla Krasteva. El tenor Israel Lozano fue el adecuado complemento con su papel de libertino y ligero anti héroe. Su bella voz se recreaba en la interpretación de alguna de las melodías más conocidas de la obra como la “donna e mobile”, lo cual ayudaba a bajar la tensión dramática, y conseguía incluso la sonrisa del público cuando nos explicaba aquello de que la mujer es ligera y voluble. Mientras Rigoletto sufre el lascivo y superficial duque de Mantua se divierte.
Todo ello arropado por la orquesta sinfónica y coro de Gijón demostrando un magnífico nivel técnico y profesional.La actuación resultó perfecta con el elenco al completo gustándose, disfrutando, ofreciendo lo mejor de si mismos, en auténtico estado de gracia.Tras tres horas que parecieron un auténtico suspiro terminó el espectáculo entre flores y atronadores aplausos.Se notaba la gran satisfacción y, ahora si, el auténtico entusiasmo de todos. Es más se les veía con “mono” de actuación.
Una lástima no poder hacer alguna representación más ahora que se notaban seguros, cómplices y en auténtica comunión con la nueva versión de la obra. Tal vez haya alguna otra oportunidad, representantes del teatro de Vigo parecían francamente interesados en llevarse este gran espectáculo a su ciudad.Al despedirse me prometieron nueva visita a Gijón el próximo año, con una nueva ópera y la misma simpatía de siempre. No faltaré a la cita.
Tal y como pude comprobar en las representaciones de La Boheme o La Traviata en ocasiones anteriores, no es necesario tocar libretos o partituras para transmitir al espectador nuevos y sugerentes mensajes.Nuestro entorno cotidiano está sujeto a múltiples cambios según los países, épocas o costumbres pero los sentimientos y la música son atemporlaes y los ropajes no deben ser un obstáculo para encontrar la auténtica esencia de una obra.Es más, experimentar a mirar desde otro ángulo o vestir el conjunto de otra forma puede ayudar a descubrir la auténtica sustancia de una creación artística.
Con estas adaptaciones, tan solo formales, la compañía pretende buscar la complicidad del espectador, que familiarizado con la música y el texto, puede, sin embargo, dejar volar su imaginación y recrearse con una nueva y siempre desmitificadora mirada del clásico.Este año tocaba Rigolletto y la idea era convertir a todo el mundo cortesano, con duques, amores y traiciones en una auténtica pesadilla del protagonista usando sólo la adecuada ambientación y caracterización de los personajes.
El tormento de Rigoletto, un personaje jorobado y bufonesco, es en esta nueva versión más psicológico que físico, tal y como suele suceder en los tiempos que corren.Un mundo de fantasmagóricas ensoñaciones aparecería al fondo del escenario en forma de transparencias. El decorado se convertiría en un entorno completamente surreal con relojes que se difuminan o un inquietante mobiliario inspirado en el propio mundo de Dalí, maestro del surrealismo.El reto era ya no solo crear la atmósfera onírica adecuada, sino coordinar esto con la actuación y las voces de los cantantes y hacer que estos se sintiesen cómodos en este nuevo medio en sólo cinco días de ensayo.
La animosa compañía, bien dirigida por el director de escena Federico Figueroa, se enfrentó a la exigente propuesta con una predisposición y profesionalidad encomiables pero las dificultades eran muchas y en el ensayo general del miércoles los problemas se acumularon, descoordinación, transparencias que no funcionaban, nervios que hacía que las voces no luciesen en su plenitud...El jueves, el día antes del estreno, y reunidos todos en el salón del hotel ante el reproductor de DVD que les presté repasaron fallos, estudiaron soluciones y se obstinaron en sacar la obra adelante. El viernes en una atmósfera de inquietud contenida y con un nudo en el estómago, partieron para el Teatro Jovellanos. A su vuelta los vi contentos y relajados, habían sufrido pero la representación resultó impecable, sin apenas fallos, con las voces luciendo con naturalidad y el público aplaudiendo y disfrutando.
El sábado las excelentes críticas de los periódicos no hicieron más que aumentar su alegría y confianza. Así y todo no los veía tan entusiasmados como años anteriores, sabían que la representación tenía potencial de mejora y querían actuar gustándose plenamente.Su oportunidad era el domingo, en la segunda y última representación, a la que acudí invitado y en la que por supuesto no defraudaron.Desde el primer momento se notaron buenas vibraciones en el escenario y todo fluyó con gran armonía.
La apabullante voz del barítono Luis Cansino llevó el peso de la obra y lució en todo su esplendor logrando momentos de gran brillantez y dramatismo por su perfecta simbiosis con la soprano Svetla Krasteva. El tenor Israel Lozano fue el adecuado complemento con su papel de libertino y ligero anti héroe. Su bella voz se recreaba en la interpretación de alguna de las melodías más conocidas de la obra como la “donna e mobile”, lo cual ayudaba a bajar la tensión dramática, y conseguía incluso la sonrisa del público cuando nos explicaba aquello de que la mujer es ligera y voluble. Mientras Rigoletto sufre el lascivo y superficial duque de Mantua se divierte.
Todo ello arropado por la orquesta sinfónica y coro de Gijón demostrando un magnífico nivel técnico y profesional.La actuación resultó perfecta con el elenco al completo gustándose, disfrutando, ofreciendo lo mejor de si mismos, en auténtico estado de gracia.Tras tres horas que parecieron un auténtico suspiro terminó el espectáculo entre flores y atronadores aplausos.Se notaba la gran satisfacción y, ahora si, el auténtico entusiasmo de todos. Es más se les veía con “mono” de actuación.
Una lástima no poder hacer alguna representación más ahora que se notaban seguros, cómplices y en auténtica comunión con la nueva versión de la obra. Tal vez haya alguna otra oportunidad, representantes del teatro de Vigo parecían francamente interesados en llevarse este gran espectáculo a su ciudad.Al despedirse me prometieron nueva visita a Gijón el próximo año, con una nueva ópera y la misma simpatía de siempre. No faltaré a la cita.
lunes, 30 de julio de 2007
EL FADO
Ya hace tiempo que me acabé la botella de tawny que me traje de Lisboa la pasada primavera, al menos me queda la cinta de Amalia que compré en la Rua Augusta y me recreo escuchando fado.
Me invade entonces la melancolía, ese sentimiento tan necesario en un mundo excesivamente autocomplaciente, y por un momento me siento un fadista, un bohemio, un subversivo carente de cualquier corrección política, un fatalista según el origen etimológico de la palabra fado (fatum en latín).
Quiero conocer otros mundos y vivir otras vidas menos convencionales, peligroso camino para aquellos que no dominan los secretos del arte y la música, para aquellos que no poseen el don de Orfeo, que no pueden encandilar al mismísimo Hades con la magia de su melodía y salir indemnes del infernal inframundo.
Pero enfrentarse al horror de lo desconocido es el proceso necesario para destilar las necesarias dosis de sabiduría. Todo puede comenzar en la Taberna del Rey en la Alfama lisboeta escuchando a la angoleña Ana María ( la misma que en el 2004 impresionó a Bill Gates ) poner toda su sudorosa alma negra y sus abundantes kilos en la interpretación de cada estrofa o deleitándome en la terraza de la Galana, en la plaza mayor de Gijón, una calurosa noche de verano con la pureza de la música de Ana Sofía Varela y Ricardo Ribeiro, dos jóvenes músicos portugueses incansables embajadores del fado en cualquier rincón del mundo, en lo que han sido mis dos gloriosos encuentros con el fado en directo el pasado 2006, entre bacalaos el primero y sidras el segundo y preludio de dos noches intensas y profundas en sendos barrios altos.
El fado no conoce de idiomas o lugares, es un veneno que se te mete en el cuerpo, un poso que sedienta en los pliegues de los corazones inconformistas y para el que no existe más antídoto que unos tragos de tawny en los momentos de grave crisis.Como dice un famoso fado "ser fadista é triste sorte porque nos faz pensar na vida e na morte".
Me invade entonces la melancolía, ese sentimiento tan necesario en un mundo excesivamente autocomplaciente, y por un momento me siento un fadista, un bohemio, un subversivo carente de cualquier corrección política, un fatalista según el origen etimológico de la palabra fado (fatum en latín).
Quiero conocer otros mundos y vivir otras vidas menos convencionales, peligroso camino para aquellos que no dominan los secretos del arte y la música, para aquellos que no poseen el don de Orfeo, que no pueden encandilar al mismísimo Hades con la magia de su melodía y salir indemnes del infernal inframundo.
Pero enfrentarse al horror de lo desconocido es el proceso necesario para destilar las necesarias dosis de sabiduría. Todo puede comenzar en la Taberna del Rey en la Alfama lisboeta escuchando a la angoleña Ana María ( la misma que en el 2004 impresionó a Bill Gates ) poner toda su sudorosa alma negra y sus abundantes kilos en la interpretación de cada estrofa o deleitándome en la terraza de la Galana, en la plaza mayor de Gijón, una calurosa noche de verano con la pureza de la música de Ana Sofía Varela y Ricardo Ribeiro, dos jóvenes músicos portugueses incansables embajadores del fado en cualquier rincón del mundo, en lo que han sido mis dos gloriosos encuentros con el fado en directo el pasado 2006, entre bacalaos el primero y sidras el segundo y preludio de dos noches intensas y profundas en sendos barrios altos.
El fado no conoce de idiomas o lugares, es un veneno que se te mete en el cuerpo, un poso que sedienta en los pliegues de los corazones inconformistas y para el que no existe más antídoto que unos tragos de tawny en los momentos de grave crisis.Como dice un famoso fado "ser fadista é triste sorte porque nos faz pensar na vida e na morte".
viernes, 29 de junio de 2007
PASAJE A NUESTROS SUEÑOS
Nunca había salido del Gijón industrial de finales de los años 70, aquel condicionado por el trabajo a turnos en ENSIDESA y un efervescente Musel, con sindicalistas que se hacía dueños de las calles o domingueros que iban a disfrutar del eurosporting o a tomarse aperitivos en la ruta de los vinos.
Yo solo era un niño de 4 años pero aún puedo rememorar la primera vez que me llevaron a uno de esos mágicos templos de la modernidad. Aún puedo recrearme con las sensaciones que me produjo aquel entorno. Fue algo quasi místico. Me encontraba en la antesala de un inexplicable agujero de gusano que me absorbía y me lanzaba muy lejos, más allá del horizonte.Andando el tiempo pude ir conociendo otros muchos y recrearme dejándome hechizar por ellos.
Son puertas de entrada a mundos diferentes y distantes, el vestíbulo de países y civilizaciones, crisol de culturas e idiomas, torres de Babel caóticas y fascinantes.Son los aeropuertos, desmesurados y frágiles, algunos inmensos, otros pequeños o medianos pero siempre inabarcables.Incertidumbre, interminables horas de espera, conexiones imposibles, emoción prisas y pánico al perder el enlace, equipajes que desaparecen, vuelos que no llegan pero, al fin, el único acceso posible a otras sensaciones y texturas, otras etnias y atuendos, otra gestualidad e idiomas.
Los hay futuristas, con peligrosas e inacabables cintas para caminar y psicodélicas luces inspiradas en las películas de ciencia ficción de los 70, como el de Frankfurt.Los hay claustrofóbicos, densos y abigarrados como Heathrow.Los hay arcaicos y con interminables rampas hasta la estación de autobús, como el de Gatwick. Curiosos recuerdos tengo de aquel lugar y de aquel vuelo, un 11 de septiembre del 2001.
Los hay demasiado cerca de la urbe, achacosos y destartalados, como el de Lisboa.Los hay enmoquetados y ultralimpios, sofisticados, novísimos y megaseguros, como el Changui en Singapur.Los hay sorprendentemente occidentales y espaciosos como el de Ataturk en Estambul.Los hay desorganizados y caóticos, con nubes de maletas volando por cualquier rincón, pero al fin eficaces (al menos tuve la suerte de salir airoso del trance), como el de Fiumicino en Roma.Los hay menos desorganizados y caóticos pero profundamente italianos al fin y al cabo como el de Malpensa en Milán.
Los hay con techos bajos y monjes budistas mezclándose entre la horda de turistas como el de Bangkok.Los hay amplios, cristalinos, luminosos pero demasiado sofisticados para las capacidades de sus moradores como la T4 en Barajas o entrañables como su parte antigua.Los hay coquetos, accesibles y a escala humana como El Pratt de Barcelona.Los hay que son el saloncito de tu casa, pequeños, amables y acogedores, como Ranón en Asturias. De allí salí por primera vez siendo un niño y quedé atrapado para siempre en sus redes.
Yo solo era un niño de 4 años pero aún puedo rememorar la primera vez que me llevaron a uno de esos mágicos templos de la modernidad. Aún puedo recrearme con las sensaciones que me produjo aquel entorno. Fue algo quasi místico. Me encontraba en la antesala de un inexplicable agujero de gusano que me absorbía y me lanzaba muy lejos, más allá del horizonte.Andando el tiempo pude ir conociendo otros muchos y recrearme dejándome hechizar por ellos.
Son puertas de entrada a mundos diferentes y distantes, el vestíbulo de países y civilizaciones, crisol de culturas e idiomas, torres de Babel caóticas y fascinantes.Son los aeropuertos, desmesurados y frágiles, algunos inmensos, otros pequeños o medianos pero siempre inabarcables.Incertidumbre, interminables horas de espera, conexiones imposibles, emoción prisas y pánico al perder el enlace, equipajes que desaparecen, vuelos que no llegan pero, al fin, el único acceso posible a otras sensaciones y texturas, otras etnias y atuendos, otra gestualidad e idiomas.
Los hay futuristas, con peligrosas e inacabables cintas para caminar y psicodélicas luces inspiradas en las películas de ciencia ficción de los 70, como el de Frankfurt.Los hay claustrofóbicos, densos y abigarrados como Heathrow.Los hay arcaicos y con interminables rampas hasta la estación de autobús, como el de Gatwick. Curiosos recuerdos tengo de aquel lugar y de aquel vuelo, un 11 de septiembre del 2001.
Los hay demasiado cerca de la urbe, achacosos y destartalados, como el de Lisboa.Los hay enmoquetados y ultralimpios, sofisticados, novísimos y megaseguros, como el Changui en Singapur.Los hay sorprendentemente occidentales y espaciosos como el de Ataturk en Estambul.Los hay desorganizados y caóticos, con nubes de maletas volando por cualquier rincón, pero al fin eficaces (al menos tuve la suerte de salir airoso del trance), como el de Fiumicino en Roma.Los hay menos desorganizados y caóticos pero profundamente italianos al fin y al cabo como el de Malpensa en Milán.
Los hay con techos bajos y monjes budistas mezclándose entre la horda de turistas como el de Bangkok.Los hay amplios, cristalinos, luminosos pero demasiado sofisticados para las capacidades de sus moradores como la T4 en Barajas o entrañables como su parte antigua.Los hay coquetos, accesibles y a escala humana como El Pratt de Barcelona.Los hay que son el saloncito de tu casa, pequeños, amables y acogedores, como Ranón en Asturias. De allí salí por primera vez siendo un niño y quedé atrapado para siempre en sus redes.
viernes, 22 de junio de 2007
ETERNA CHINA
Beijing cambia de piel y crece en centímetros. Los barrios tradicionales desaparecen a ritmo de vértigo y en su lugar se edifican bloques de edificios y enormes centros comerciales, auténtico símbolo de una nueva China salvajemente consumista pero nominalmente aún comunista.
El comercio florece y el oportunista, tras extenuante regateo, puede hacerse con verdaderas gangas en lugares como el surtidísimo mercado de la seda, auténtico santuario donde nada es original pero todo lo parece.En las entrañas mismas de la ciudad aún sobrevive lo que se denomina Hutong, barrio tradicional de casas bajas y estrechas callejuelas, constantemente amenazado por las excavadoras y grúas que proliferan por doquier.
Caminaba por la gran avenida que conecta el hotel Marriot, donde me alojaba, con la plaza de Plaza de Tian'anmen cuando desaliñado chino se bajó de su bicicleta y me animó a que me sentase en el habitáculo de la parte trasera de del vehículo y descubriese lo más recóndito de lo que aún queda de la antigua ciudad. Estrechas y polvorientas callejuelas, viviendas a todas luces sin las más mínimas condiciones de habitabilidad, curiosos que se asoman a ver el extraño que irrumpe en su mundo en extinción. Había algo de decadente en la atmósfera y decidí bajarme de la bicicleta, abandonar el barrio y tomar de nuevo dirección a Plaza de Tian'anmen , la enorme plaza donde se rinde culto al cuerpo embalsamado de Mao, se homenajea a la bandera o se reprime a estudiantes revolucionarios o a intelectuales alborotadores.
Accedí desde un paso subterráneo donde se arremolinaban vendedores mientras algún músico callejero tocaba instrumentos autóctonos y me encontré con un espacio de dimensiones colosales pero lleno de vida dada la proliferación de curiosos, aniñados militares, turistas y transeúntes.A un extremo de la plaza hay una antigua puerta de acceso, al otro la Ciudad Prohibida, magnífico conjunto de pabellones concebidos para dirigir un enorme imperio. Sólo atravesarla me consumió casi media jornada. Al final un exquisito jardín con deliciosos edificios, flores y montañas artificiales recreando un mundo perfecto, idílico e irreal.
Ya fuera del recinto aun queda un bello parque a las faldas de una montaña que en un tiempo perteneció al complejo y donde aun es posible encontrar alguna zona tranquila.
Cansado de tanto paseo me encaminé al hotel donde me encontré con Jing. Cenamos en la última planta de uno de los numerosos centros comerciales que abundan en la zona. Optamos por una austera comida rápida, barata y muy picante y justo después nos retiramos. Al día siguiente tocaba excursión.
Parte del trazado de la gran muralla, de unos 4.000 kilómetros en total, no está demasiado distante de Beijing, a apenas 80 kilómetros. Son muchas las excursiones que parten diariamente hacia tan emblemático lugar, algunas concebidas especialmente para el turista chino, francamente económicas, pero inaccesibles para aquel que no hable mandarín, no obstante yo contaba con la ayuda de Jing y no nos fue difícil reservar para una de ellas.
Vinieron a recogernos a las 6 de la mañana al hotel, el resto de pasajeros ya habían asistido previamente al largo, tedioso y patriotero homenaje a la bandera china que diariamente se celebraba en Tian'anmen .Al entrar al autobús nos percatamos que las dos únicas plazas disponibles estaban ubicadas en ambos extremos del mismo. El vehículo, de aproximadamente las dimensiones de un mono volumen, contaba, increíblemente, con más de 20 asientos. Me costó encajarme entre los 5 chinos que se apiñaban en la última fila ( no se como se hubiera arreglado un hombre grande ), afortunadamente el cansancio me hizo dormir gran parte del trayecto y ya cerca de nuestro destino pude disfrutar con las picudas montañas y el original paisaje.
Al llegar a Badaling observé que el lugar vivía exclusivamente para la muralla, amplias zonas de aparcamiento, servicios públicos de olor nauseabundo donde el water es un simple agujero y en el que los chinos defecan en cuclillas, tiendas de comestibles ( imposible encontrar una cafetería en china ), y unos circenses osos negros en el empinado camino hacia la gran atracción turística.
Afortunadamente no era necesario hacer todo el trayecto a pie, en determinado punto una vagoneta eléctrica individual, del estilo de las que hay en los parques de atracciones, permitía continuar la ruta cómodamente sentado, seguía cansado y no me importó que el vehículo careciese de las mínimas medidas de seguridad.
Al final llegamos a la muralla propiamente dicha y me impactó contemplar como aquellas sólidas paredes de 3 metros de alto y 2 de ancho subían y bajaban uniendo las cimas de la cordillera de triangulares montañas hasta perderse en el horizonte.El trazado era muy pendiente y me lo tomé con calma, tras recorrer poco más de un kilómetro me paré en un mirador y allí permanecí extasiado, abstraído de las oleadas de turistas de tez amarilla que me rodeaban, disfrutando del frescor del aire y de la serpenteante construcción.El esfuerzo había valido la pena.
El viaje a las tumbas Ming, otra vez en un hacinado autobús rodeado de turistas chinos, no resultó tan espectacular como esperaba, varias edificaciones de gran tamaño sin gracia alguna y delirantes explicaciones del supersticioso guía, más preocupado en que tocásemos el caparazón de la escultura de una tortuga o que entrásemos en determinadas estancias con el pie derecho por delante ( realmente pensé que Jing bromeaba cuando traducía del mandarín al inglés ) que de darnos detalles sobre la biografía de los monarcas allí enterrados o las técnicas constructivas utilizadas.
De allí nos desplazamos a un antiguo y destartalado parque de atracciones donde niños y adultos parecían encontrar gran diversión pese a la precariedad de las atracciones.Lo que si encontré interesante, aún a unos kilómetros de Beijing, fue la visita a un antiguo poblado completamente restaurado y actualmente vendido como una urbanización de lujo tras dotarle de los servicios más modernos sin que ello haya mermado su encanto tradicional.
Ya de vuelta al el centro de Beijing pude disfrutar con el templo del cielo, uno de los edificios más bellos de la ciudad. Se compone de tres pabellones y en el principal el emperador rezaba para que las cosechas fueran buenas. A su alrededor hay amplios jardines ideales para el paseo.
No muy lejos de ese lugar está la Calle Wangfujing , peatonalizada recientemente, repleta de vida y centros comerciales. Me llamaron la atención los comercios especializados en jade, la joya favorita de los chinos, a la que estiman tanto como nosotros el oro. El capricho de hacerme con una pequeña muestra me costó una pequeña fortuna. Ya anochecía y la calle comenzó a llenarse de luces de neón, auténtico reflejo de la imagen de la nueva China. Era el momento ideal para ir a cenar en uno de los agradables restaurantes de las inmediaciones frecuentados por occidentales donde se puede disfrutar de la mejor comida por un precio muy asequible, en uno de ellos me topé casualmente con el aventurero británico Ian Wright y decidí sobre la marcha abandonar Beijing y apurar mi última semana de vacaciones en la provincia de Yunnan, al pie del Himalaya.
La jornada siguiente transcurrió entre compras paseos y preparativos para el viaje a Lijiang, en la provincia de Yunnan. No nos resultó fácil ni excesivamente barato ( los vuelos domésticos son un producto de lujo en China ), hacernos con un par de pasajes para el día siguiente, pero al final conseguimos nuestro objetivo. Volaríamos hacia el pequeño aeropuerto de Lijiang, a tres horas y media en avión al suroeste. A más de dos mil metros de altura, en la zona conocida como el preTibet, donde el escritor James Milton ubicó en legendario pueblo de Shangri la, se encuentra Lijiang, antigua ciudad de canales, puentes y extraordinaria belleza, capital de la minoría conocida como Nakxi, un pueblo de tradiciones matriarcales orgulloso de conservar su propio idioma, cultura y escritura pictográfica conocida como Dongba.Llegar a este lugar es tocar el paraíso con los dedos, dejarse seducir por un paisaje excepcional, experimentar una indescriptible sensación de calma y bienestar. Pasear por Lijiang es hacerlo entre edificios centenarios construidos con madera y rodeados de canales de agua pura venida directamente del Himalaya. De madera era el hotel donde me alojé o los restaurantes donde solía comer usando ineludiblemente los palos. Pero lo que realmente hace único a Lijiang es su comunión con el entorno y con la Montaña del Dragón de Jade, con sus nieves perpetuas reinando sobre tanta hermosura.
El pueblo Nakxi es abierto, alegre y disfruta tarareando viejas melodías o retándose a improvisar cánticos, aparentemente por su gestualidad, cada cual más ingenioso. Los fines de semana también saben disfrutar en cervecerías y karaokes.Para conocer las sendas y los mágicos parajes que rodean Lijiang, lo más aconsejable es utilizar el caballo. Se pueden recorrer los escondidos pueblos de la zona o el húmedo altiplano en el entorno del lago. En ese punto te animarán a coger una barca y ya en el interior del lago alguien vendrá a tratar de venderte comida desde otra embarcación, comer pescado en medio del lago es una auténtica delicia. Pero impregnado de nuevas sensaciones y ya familiarizado con los caballos querrás ponerte nuevos retos, llegar hasta horizontes aún más lejanos y al día siguiente tal vez te encuentres, igual que yo, ascendiendo por el llamado paso de Shagri la, acompañado por Jing y dos lugareñas, y provistos de oxígeno y ropa de abrigo, con el objetivo de llegar hasta una altura de más de 4000 salvando un desnivel de más de 2000 metros en unas pocas horas. Estrechísimas sendas, tremendos desfiladeros, vegetación de montaña, flores salvajes e imponentes valles y montañas a nuestro alrededor. Mi cuerpo volvió a bajar al valle pero mi espíritu aún seguía en el paso de Sangri la.
Obsesionado por las leyendas de la gente que no envejece me dirigí a Shuhe, cerca de Liyang, donde nos dijeron que había un alquimista que podía desvelar las claves de la eterna juventud.Para allí partimos y pronto nos topamos con un templo de estilo tibetano. Un monje apareció a nuestro encuentro y nos dijo que el alquimista había desaparecido entre las montañas, pero que tal vez él podría ayudarnos. Ante nuestras cuestiones se limitó a explicarnos sus ritos funerarios y la forma de preparar el viaje al más allá.Decepcionados salimos del recinto del templo y usando nuestras manos bebimos agua fresca de la cercana fuente. Cansados y confusos decidimos hacer un alto en el camino y nos sentamos en el banco de piedra de la plaza del mercado mientras caballos y hombres circulaban a nuestro alrededor a un ritmo pausado.Entonces sus ojos se cruzaron con los míos, nos miramos y vimos que había algo en nuestro interior que no envejecía con el tiempo, que se hacía más sólido y consistente, que nos proporcionaba luz y energía y nos daba fuerzas para continuar nuestra larga marcha. Llegaba la hora de abandonar las montañas.
El regreso a Beijing lo haríamos desde el aeropuerto Da Li a más de tres horas en autobús de Lijiang. El viaje volvió a hacérseme sumamente pesado, más teniendo en cuenta la orografía de la zona, la ya descrita precariedad del transporte público en China y los vehículos que se aventuran a la ruta convirtiendo el trayecto en un zigzagueante carrusel de curvas y adelantamientos.La etnia mayoritaria en Da Li se denomina bai y su centro histórico se encuentra también magníficamente conservado. El lugar ha sido tradicionalmente punto de encuentro de mochileros y soñadores tras sus andanzas por el Tibet. Alguno se ha instalado en Da Li de forma permanente dandole a la ciudad un tenue pero perceptible guiño occidental. Es una perfecta fusión entre los dos mundos mucho mejor conseguida que en Beijing u otras grandes capitales. Aquí las esencias asiáticas prevalecen y la arquitectura tradicional se encuentra mucho mejor preservada.Me sorprendió ver una iglesia católica con un estilo arquitectónico completamente oriental, o la populosa calle del extranjero donde, igual que en una pequeña ciudad europea, me pude sentar en una terraza a tomar una pizza aunque en una atmósfera genuinamente oriental.La zona es también famosa por la calidad de su te, de diferentes aromas y variedades, en la casa de un comerciante de la zona tuve la oportunidad de hacer diferentes catas.
Pero lo que le da auténtico sabor a Da Li es cercano lago Erhai, de unos veinte kilómetros de diámetro y donde se pueden encontrar islitas con curiosos templos o pequeños pueblos de exquisita arquitectura bai. Lástima no haber podido contar con más tiempo para pescar con comorán, actividad muy popular en el lago.Las mejores vistas del lago se obtienen desde la ladera del monte a las afueras de Da Li, lo mejor, según pude comprobar, es usar el teleférico, una vez allí se puede visitar un pequeño templo, unos jardines y unas interesantes y angostas cuevas de estalactitas.A la vuelta es inevitable la visita al templo de las tres pagodas, tres imponentes torres ( unas de ellas construidas en el siglo IX ) visibles desde casi toda la zona.Y de allí de nuevo regreso al centro de Da Li donde continúe paseando y disfrutando de lo especial del lugar, de lo colorido de sus casas, de las tranquilas rutinas de sus gentes u ocasionalmente alguna reliquia de la temprana presencia europea en el lugar.Al día siguiente volaría a Beijing desde donde regresaría de nuevo a España, el sueño tocaba a su fin.
El comercio florece y el oportunista, tras extenuante regateo, puede hacerse con verdaderas gangas en lugares como el surtidísimo mercado de la seda, auténtico santuario donde nada es original pero todo lo parece.En las entrañas mismas de la ciudad aún sobrevive lo que se denomina Hutong, barrio tradicional de casas bajas y estrechas callejuelas, constantemente amenazado por las excavadoras y grúas que proliferan por doquier.
Caminaba por la gran avenida que conecta el hotel Marriot, donde me alojaba, con la plaza de Plaza de Tian'anmen cuando desaliñado chino se bajó de su bicicleta y me animó a que me sentase en el habitáculo de la parte trasera de del vehículo y descubriese lo más recóndito de lo que aún queda de la antigua ciudad. Estrechas y polvorientas callejuelas, viviendas a todas luces sin las más mínimas condiciones de habitabilidad, curiosos que se asoman a ver el extraño que irrumpe en su mundo en extinción. Había algo de decadente en la atmósfera y decidí bajarme de la bicicleta, abandonar el barrio y tomar de nuevo dirección a Plaza de Tian'anmen , la enorme plaza donde se rinde culto al cuerpo embalsamado de Mao, se homenajea a la bandera o se reprime a estudiantes revolucionarios o a intelectuales alborotadores.
Accedí desde un paso subterráneo donde se arremolinaban vendedores mientras algún músico callejero tocaba instrumentos autóctonos y me encontré con un espacio de dimensiones colosales pero lleno de vida dada la proliferación de curiosos, aniñados militares, turistas y transeúntes.A un extremo de la plaza hay una antigua puerta de acceso, al otro la Ciudad Prohibida, magnífico conjunto de pabellones concebidos para dirigir un enorme imperio. Sólo atravesarla me consumió casi media jornada. Al final un exquisito jardín con deliciosos edificios, flores y montañas artificiales recreando un mundo perfecto, idílico e irreal.
Ya fuera del recinto aun queda un bello parque a las faldas de una montaña que en un tiempo perteneció al complejo y donde aun es posible encontrar alguna zona tranquila.
Cansado de tanto paseo me encaminé al hotel donde me encontré con Jing. Cenamos en la última planta de uno de los numerosos centros comerciales que abundan en la zona. Optamos por una austera comida rápida, barata y muy picante y justo después nos retiramos. Al día siguiente tocaba excursión.
Parte del trazado de la gran muralla, de unos 4.000 kilómetros en total, no está demasiado distante de Beijing, a apenas 80 kilómetros. Son muchas las excursiones que parten diariamente hacia tan emblemático lugar, algunas concebidas especialmente para el turista chino, francamente económicas, pero inaccesibles para aquel que no hable mandarín, no obstante yo contaba con la ayuda de Jing y no nos fue difícil reservar para una de ellas.
Vinieron a recogernos a las 6 de la mañana al hotel, el resto de pasajeros ya habían asistido previamente al largo, tedioso y patriotero homenaje a la bandera china que diariamente se celebraba en Tian'anmen .Al entrar al autobús nos percatamos que las dos únicas plazas disponibles estaban ubicadas en ambos extremos del mismo. El vehículo, de aproximadamente las dimensiones de un mono volumen, contaba, increíblemente, con más de 20 asientos. Me costó encajarme entre los 5 chinos que se apiñaban en la última fila ( no se como se hubiera arreglado un hombre grande ), afortunadamente el cansancio me hizo dormir gran parte del trayecto y ya cerca de nuestro destino pude disfrutar con las picudas montañas y el original paisaje.
Al llegar a Badaling observé que el lugar vivía exclusivamente para la muralla, amplias zonas de aparcamiento, servicios públicos de olor nauseabundo donde el water es un simple agujero y en el que los chinos defecan en cuclillas, tiendas de comestibles ( imposible encontrar una cafetería en china ), y unos circenses osos negros en el empinado camino hacia la gran atracción turística.
Afortunadamente no era necesario hacer todo el trayecto a pie, en determinado punto una vagoneta eléctrica individual, del estilo de las que hay en los parques de atracciones, permitía continuar la ruta cómodamente sentado, seguía cansado y no me importó que el vehículo careciese de las mínimas medidas de seguridad.
Al final llegamos a la muralla propiamente dicha y me impactó contemplar como aquellas sólidas paredes de 3 metros de alto y 2 de ancho subían y bajaban uniendo las cimas de la cordillera de triangulares montañas hasta perderse en el horizonte.El trazado era muy pendiente y me lo tomé con calma, tras recorrer poco más de un kilómetro me paré en un mirador y allí permanecí extasiado, abstraído de las oleadas de turistas de tez amarilla que me rodeaban, disfrutando del frescor del aire y de la serpenteante construcción.El esfuerzo había valido la pena.
El viaje a las tumbas Ming, otra vez en un hacinado autobús rodeado de turistas chinos, no resultó tan espectacular como esperaba, varias edificaciones de gran tamaño sin gracia alguna y delirantes explicaciones del supersticioso guía, más preocupado en que tocásemos el caparazón de la escultura de una tortuga o que entrásemos en determinadas estancias con el pie derecho por delante ( realmente pensé que Jing bromeaba cuando traducía del mandarín al inglés ) que de darnos detalles sobre la biografía de los monarcas allí enterrados o las técnicas constructivas utilizadas.
De allí nos desplazamos a un antiguo y destartalado parque de atracciones donde niños y adultos parecían encontrar gran diversión pese a la precariedad de las atracciones.Lo que si encontré interesante, aún a unos kilómetros de Beijing, fue la visita a un antiguo poblado completamente restaurado y actualmente vendido como una urbanización de lujo tras dotarle de los servicios más modernos sin que ello haya mermado su encanto tradicional.
Ya de vuelta al el centro de Beijing pude disfrutar con el templo del cielo, uno de los edificios más bellos de la ciudad. Se compone de tres pabellones y en el principal el emperador rezaba para que las cosechas fueran buenas. A su alrededor hay amplios jardines ideales para el paseo.
No muy lejos de ese lugar está la Calle Wangfujing , peatonalizada recientemente, repleta de vida y centros comerciales. Me llamaron la atención los comercios especializados en jade, la joya favorita de los chinos, a la que estiman tanto como nosotros el oro. El capricho de hacerme con una pequeña muestra me costó una pequeña fortuna. Ya anochecía y la calle comenzó a llenarse de luces de neón, auténtico reflejo de la imagen de la nueva China. Era el momento ideal para ir a cenar en uno de los agradables restaurantes de las inmediaciones frecuentados por occidentales donde se puede disfrutar de la mejor comida por un precio muy asequible, en uno de ellos me topé casualmente con el aventurero británico Ian Wright y decidí sobre la marcha abandonar Beijing y apurar mi última semana de vacaciones en la provincia de Yunnan, al pie del Himalaya.
La jornada siguiente transcurrió entre compras paseos y preparativos para el viaje a Lijiang, en la provincia de Yunnan. No nos resultó fácil ni excesivamente barato ( los vuelos domésticos son un producto de lujo en China ), hacernos con un par de pasajes para el día siguiente, pero al final conseguimos nuestro objetivo. Volaríamos hacia el pequeño aeropuerto de Lijiang, a tres horas y media en avión al suroeste. A más de dos mil metros de altura, en la zona conocida como el preTibet, donde el escritor James Milton ubicó en legendario pueblo de Shangri la, se encuentra Lijiang, antigua ciudad de canales, puentes y extraordinaria belleza, capital de la minoría conocida como Nakxi, un pueblo de tradiciones matriarcales orgulloso de conservar su propio idioma, cultura y escritura pictográfica conocida como Dongba.Llegar a este lugar es tocar el paraíso con los dedos, dejarse seducir por un paisaje excepcional, experimentar una indescriptible sensación de calma y bienestar. Pasear por Lijiang es hacerlo entre edificios centenarios construidos con madera y rodeados de canales de agua pura venida directamente del Himalaya. De madera era el hotel donde me alojé o los restaurantes donde solía comer usando ineludiblemente los palos. Pero lo que realmente hace único a Lijiang es su comunión con el entorno y con la Montaña del Dragón de Jade, con sus nieves perpetuas reinando sobre tanta hermosura.
El pueblo Nakxi es abierto, alegre y disfruta tarareando viejas melodías o retándose a improvisar cánticos, aparentemente por su gestualidad, cada cual más ingenioso. Los fines de semana también saben disfrutar en cervecerías y karaokes.Para conocer las sendas y los mágicos parajes que rodean Lijiang, lo más aconsejable es utilizar el caballo. Se pueden recorrer los escondidos pueblos de la zona o el húmedo altiplano en el entorno del lago. En ese punto te animarán a coger una barca y ya en el interior del lago alguien vendrá a tratar de venderte comida desde otra embarcación, comer pescado en medio del lago es una auténtica delicia. Pero impregnado de nuevas sensaciones y ya familiarizado con los caballos querrás ponerte nuevos retos, llegar hasta horizontes aún más lejanos y al día siguiente tal vez te encuentres, igual que yo, ascendiendo por el llamado paso de Shagri la, acompañado por Jing y dos lugareñas, y provistos de oxígeno y ropa de abrigo, con el objetivo de llegar hasta una altura de más de 4000 salvando un desnivel de más de 2000 metros en unas pocas horas. Estrechísimas sendas, tremendos desfiladeros, vegetación de montaña, flores salvajes e imponentes valles y montañas a nuestro alrededor. Mi cuerpo volvió a bajar al valle pero mi espíritu aún seguía en el paso de Sangri la.
Obsesionado por las leyendas de la gente que no envejece me dirigí a Shuhe, cerca de Liyang, donde nos dijeron que había un alquimista que podía desvelar las claves de la eterna juventud.Para allí partimos y pronto nos topamos con un templo de estilo tibetano. Un monje apareció a nuestro encuentro y nos dijo que el alquimista había desaparecido entre las montañas, pero que tal vez él podría ayudarnos. Ante nuestras cuestiones se limitó a explicarnos sus ritos funerarios y la forma de preparar el viaje al más allá.Decepcionados salimos del recinto del templo y usando nuestras manos bebimos agua fresca de la cercana fuente. Cansados y confusos decidimos hacer un alto en el camino y nos sentamos en el banco de piedra de la plaza del mercado mientras caballos y hombres circulaban a nuestro alrededor a un ritmo pausado.Entonces sus ojos se cruzaron con los míos, nos miramos y vimos que había algo en nuestro interior que no envejecía con el tiempo, que se hacía más sólido y consistente, que nos proporcionaba luz y energía y nos daba fuerzas para continuar nuestra larga marcha. Llegaba la hora de abandonar las montañas.
El regreso a Beijing lo haríamos desde el aeropuerto Da Li a más de tres horas en autobús de Lijiang. El viaje volvió a hacérseme sumamente pesado, más teniendo en cuenta la orografía de la zona, la ya descrita precariedad del transporte público en China y los vehículos que se aventuran a la ruta convirtiendo el trayecto en un zigzagueante carrusel de curvas y adelantamientos.La etnia mayoritaria en Da Li se denomina bai y su centro histórico se encuentra también magníficamente conservado. El lugar ha sido tradicionalmente punto de encuentro de mochileros y soñadores tras sus andanzas por el Tibet. Alguno se ha instalado en Da Li de forma permanente dandole a la ciudad un tenue pero perceptible guiño occidental. Es una perfecta fusión entre los dos mundos mucho mejor conseguida que en Beijing u otras grandes capitales. Aquí las esencias asiáticas prevalecen y la arquitectura tradicional se encuentra mucho mejor preservada.Me sorprendió ver una iglesia católica con un estilo arquitectónico completamente oriental, o la populosa calle del extranjero donde, igual que en una pequeña ciudad europea, me pude sentar en una terraza a tomar una pizza aunque en una atmósfera genuinamente oriental.La zona es también famosa por la calidad de su te, de diferentes aromas y variedades, en la casa de un comerciante de la zona tuve la oportunidad de hacer diferentes catas.
Pero lo que le da auténtico sabor a Da Li es cercano lago Erhai, de unos veinte kilómetros de diámetro y donde se pueden encontrar islitas con curiosos templos o pequeños pueblos de exquisita arquitectura bai. Lástima no haber podido contar con más tiempo para pescar con comorán, actividad muy popular en el lago.Las mejores vistas del lago se obtienen desde la ladera del monte a las afueras de Da Li, lo mejor, según pude comprobar, es usar el teleférico, una vez allí se puede visitar un pequeño templo, unos jardines y unas interesantes y angostas cuevas de estalactitas.A la vuelta es inevitable la visita al templo de las tres pagodas, tres imponentes torres ( unas de ellas construidas en el siglo IX ) visibles desde casi toda la zona.Y de allí de nuevo regreso al centro de Da Li donde continúe paseando y disfrutando de lo especial del lugar, de lo colorido de sus casas, de las tranquilas rutinas de sus gentes u ocasionalmente alguna reliquia de la temprana presencia europea en el lugar.Al día siguiente volaría a Beijing desde donde regresaría de nuevo a España, el sueño tocaba a su fin.
martes, 29 de mayo de 2007
BUSCANDO LA LUZ
Una llamada telefónica interrumpió mi siesta. Era José Manuel. Me animaba de que fuese a un acto con él esa tarde. Siempre tan misterioso no quiso aclararme en que consistía exactamente el acontecimiento. Me excusé. Esa misma noche mis padres llegaban de París, la ciudad de la luz, debía de coger el coche para traerlos desde el aeropuerto y temía que se tratase de una espicha o alguna otra clase de encuentro por el estilo con el alcohol como protagonista.
Insistió y al final logró convencerme. El acontecimiento lo organizaba Jonás, antiguo compañero en la Facultad y ahora exitoso abogado y tertuliano con el que José Manel aún mantenía un contacto fluido. No lo había visto desde hacía años y me apetecía charlar un rato con él.Sólo cuando acepté me explicó que el encuentro era en el Centro Pumarín Sur a las 8 de la tarde. Respiré aliviado, evidentemente aquel no era el lugar adecuado para una espicha.
La curiosidad me hizo ser bastante más puntual de lo que es habitual en mi y allí me encontré con Tomás. Me saludó con cordialidad, igual que si no hubiesen pasado tantos años desde que me prestaba apuntes en la facultad. Se notaba más delgado y seguro de si mismo, con un poso de tristeza por lo que había dejado atrás pero ilusionado por nuevos aires caribeños. Iniciamos una animada conversación a la que también se unió José Manuel a los pocos minutos. Se le notaba cómodo hablando del pasado pero pronto tuvo que dejarnos, no sin antes animarnos a que tomásemos asiento en el salón de actos.
Allí fueron apareciendo rostros conocidos en el ámbito local. Concejales, periodistas, no recuerdo si también la venerable alcaldesa.A los pocos minutos vi aparecer al lado de Tomás un hombre cincuentón, bizco y de barba entrecana. Era Fernando Savater, vasco, rebelde, inquieto y autor de alguno de los libros más lúcidos que he leído como Las Preguntas de la Vida o Ética para Amador.
El encuentro con el filósofo no se había anunciado en ningún medio de comunicación tal vez buscando que se tratase de un acto íntimo y participativo o más probablemente, evitando dar demasiadas pistas a aquellos que lo habían amenazado de muerte. Entonces agradecí en su justa mediada la llamada de José Manuel, su discreción y paciencia, insistiendo en que acudiese a la cita. Se trataba de un acontecimiento único y exclusivo, con Savater, uno de mis ensayistas favoritos, como gran protagonista.
Se dirigieron una mesa habilitada en la tarima y tras la introducción del anfitrión, impecable y amena, pero para mi interminable, dado el ansia que tenía de escuchar a Savater, el filósofo cogió por fin el micrófono y comenzó la disertación. El sabio donostiarra animaba a fomentar la curiosidad como única forma de liberar a los hombres de su destino. Esto habría de modularse mediante las herramientas adecuadas, es decir, las que proporcionaba la educación. Explicaba como en la Grecia de Pericles se educaba porque cualquier ciudadano podía convertirse en cualquier cosa dentro de la sociedad griega y se quejaba del fatalismo de nuestras sociedades donde se piensa que el hijo del ignorante siempre tendrá que serlo o que el del pobre siempre ha de ser pobre.
La educación es, sin embargo, el elemento de progreso que permite la movilidad social. Mientras el filósofo hablaba se le veía disfrutar, sonreía. Parecía imposible que un hombre tan poco agraciado físicamente pudiese resultar tan carismático e inspirador. De una forma sorprendentemente didáctica exploró los recovecos de la libertad, la belleza, la justicia y la muerte.No dudó en llamar idiotas ( del griego idiotes ) al referirse a los que no se metían en política, preocupados solo de lo suyo, incapaces de ofrecer nada a los demás y pontificó la obligación del ciudadano de informarse, de mantenerse al tanto de devenir político y social, del mismo modo que conocía los cotilleos del vecindario o el equipo campeón de la liga de fútbol.
También fue claro cuando abordó el problema vasco. Según nos explico la raíz del mal es que tal problema no existe ya que (a diferencia de Irlanda, por ejemplo, donde la situación de los católicos ha sido tradicionalmente de marginación) no hay una base objetiva, histórica ni económica para justificarlo y sus ideas no serían tomadas en serio si no fuese por la violencia.
Finalmente dio una receta para alcanzar la felicidad. En una sociedad materialista regida por mentes sencillas y gustos complejos, la clave es darle la vuelta y tener la mente compleja y los gustos sencillos.Acabada la conferencia, y ya con prisa, apenas tuve tiempo para despedirme de José Manuel y ni me planteé acercarme a Tomás o al filósofo donostiarra, rodeados ya de políticos y figurones.Mientras conducía el coche de camino al aeropuerto pensaba en mis padres y sus bonitas vacaciones en la ciudad de la luz, siempre tan bella, mágica e inspiradora, pero nada que ver con la clase de iluminación que yo había tenido aquella tarde.
Insistió y al final logró convencerme. El acontecimiento lo organizaba Jonás, antiguo compañero en la Facultad y ahora exitoso abogado y tertuliano con el que José Manel aún mantenía un contacto fluido. No lo había visto desde hacía años y me apetecía charlar un rato con él.Sólo cuando acepté me explicó que el encuentro era en el Centro Pumarín Sur a las 8 de la tarde. Respiré aliviado, evidentemente aquel no era el lugar adecuado para una espicha.
La curiosidad me hizo ser bastante más puntual de lo que es habitual en mi y allí me encontré con Tomás. Me saludó con cordialidad, igual que si no hubiesen pasado tantos años desde que me prestaba apuntes en la facultad. Se notaba más delgado y seguro de si mismo, con un poso de tristeza por lo que había dejado atrás pero ilusionado por nuevos aires caribeños. Iniciamos una animada conversación a la que también se unió José Manuel a los pocos minutos. Se le notaba cómodo hablando del pasado pero pronto tuvo que dejarnos, no sin antes animarnos a que tomásemos asiento en el salón de actos.
Allí fueron apareciendo rostros conocidos en el ámbito local. Concejales, periodistas, no recuerdo si también la venerable alcaldesa.A los pocos minutos vi aparecer al lado de Tomás un hombre cincuentón, bizco y de barba entrecana. Era Fernando Savater, vasco, rebelde, inquieto y autor de alguno de los libros más lúcidos que he leído como Las Preguntas de la Vida o Ética para Amador.
El encuentro con el filósofo no se había anunciado en ningún medio de comunicación tal vez buscando que se tratase de un acto íntimo y participativo o más probablemente, evitando dar demasiadas pistas a aquellos que lo habían amenazado de muerte. Entonces agradecí en su justa mediada la llamada de José Manuel, su discreción y paciencia, insistiendo en que acudiese a la cita. Se trataba de un acontecimiento único y exclusivo, con Savater, uno de mis ensayistas favoritos, como gran protagonista.
Se dirigieron una mesa habilitada en la tarima y tras la introducción del anfitrión, impecable y amena, pero para mi interminable, dado el ansia que tenía de escuchar a Savater, el filósofo cogió por fin el micrófono y comenzó la disertación. El sabio donostiarra animaba a fomentar la curiosidad como única forma de liberar a los hombres de su destino. Esto habría de modularse mediante las herramientas adecuadas, es decir, las que proporcionaba la educación. Explicaba como en la Grecia de Pericles se educaba porque cualquier ciudadano podía convertirse en cualquier cosa dentro de la sociedad griega y se quejaba del fatalismo de nuestras sociedades donde se piensa que el hijo del ignorante siempre tendrá que serlo o que el del pobre siempre ha de ser pobre.
La educación es, sin embargo, el elemento de progreso que permite la movilidad social. Mientras el filósofo hablaba se le veía disfrutar, sonreía. Parecía imposible que un hombre tan poco agraciado físicamente pudiese resultar tan carismático e inspirador. De una forma sorprendentemente didáctica exploró los recovecos de la libertad, la belleza, la justicia y la muerte.No dudó en llamar idiotas ( del griego idiotes ) al referirse a los que no se metían en política, preocupados solo de lo suyo, incapaces de ofrecer nada a los demás y pontificó la obligación del ciudadano de informarse, de mantenerse al tanto de devenir político y social, del mismo modo que conocía los cotilleos del vecindario o el equipo campeón de la liga de fútbol.
También fue claro cuando abordó el problema vasco. Según nos explico la raíz del mal es que tal problema no existe ya que (a diferencia de Irlanda, por ejemplo, donde la situación de los católicos ha sido tradicionalmente de marginación) no hay una base objetiva, histórica ni económica para justificarlo y sus ideas no serían tomadas en serio si no fuese por la violencia.
Finalmente dio una receta para alcanzar la felicidad. En una sociedad materialista regida por mentes sencillas y gustos complejos, la clave es darle la vuelta y tener la mente compleja y los gustos sencillos.Acabada la conferencia, y ya con prisa, apenas tuve tiempo para despedirme de José Manuel y ni me planteé acercarme a Tomás o al filósofo donostiarra, rodeados ya de políticos y figurones.Mientras conducía el coche de camino al aeropuerto pensaba en mis padres y sus bonitas vacaciones en la ciudad de la luz, siempre tan bella, mágica e inspiradora, pero nada que ver con la clase de iluminación que yo había tenido aquella tarde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

















