Tras el habitual retraso de Iberia, del que salí, con gran fortuna, mejor parado de lo que preveía, llegué en el minúsculo avión que hace el vuelo directo a Alicante, al aeropuerto de San Juan. Allí, en medio del calor plomizo, me esperaba Michel. A continuación nos acercamos, ya con hambre, pues eran casi las dos de la tarde, al centro de Alicante. La idea de comer en el Club de Regatas, sólo unos metros más allá de la playa del Postiguet, comedor amplio con magníficas vistas, servicio esmerado, suculentos platos típicos con un ligero toque innovador y precio relativamente asequible, fue todo un acierto.
Cargadas las baterías estábamos preparados para afrontar la subida al castillo de Santa Bárbara. La posibilidad de coger el ascensor se nos antojó en aquel momento incompatible con nuestro espíritu deportivo. Tan solo unos minutos después y en medio de las interminables rampas y el calor sofocante descubrimos que habíamos tomado la decisión equivocada. Al menos el paseo nos permitió conocer el barrio antiguo de estilo andaluz y fue culminado con maravillosas vistas de la ciudad. La bajada ya fue mucho más liviana y, de nuevo en el centro de la ciudad, nuestro cuerpo nos pedía algo refrescante. Un típico granizado de limón en una plaza decorada con un enorme acuario urbano fue la relajante forma de reponer fuerzas. Tras contemplar la profusión de lujosos yates cogimos el coche que habíamos aparcado en un garaje del puerto deportivo horas antes y seguimos viaje hacia Murcia.
Ya casi anochecía cuando llegamos a la vecina capital, pero el calor no parecía descender. Tras una ducha nos dirigimos al corazón de la ciudad donde me sorprendió agradablemente el ambiente desenfadado y universitario. Las guapas murcianas sabían mostrar con gracia todos aquellos encantos de los que la naturaleza les había provisto tan generosamente. En la terraza del pub Menos Cuarto, lugar frecuentado por Erasmus, la contemplación casi se convirtió en éxtasis. Era tiempo de regresar a casa, pero antes una parada en el pub de moda, el Plaza 3, cerca del Corte Inglés, nueva meca del postureo murciano abanderado por la ínclita Mari Cielo Pajares, hija del famoso humorista protagonista de Los Bingueros, Yo Hice a Roque III y otros grandes exitos de la filmografía patria.Tras un corto sueño inicié el siguiente día a media mañana y solo, pues Michel tenía uno de esos claustros a los que jamás falta. Aproveché para hacer unas compras, es curioso como las mismas franquicias ofrecen coloridos y modelos cambiantes según las latitudes, y dar un largo paseo por el centro.
La Murcia monumental es un auténtico homenaje al estilo Barroco del que la catedral es su obra cumbre e icono internacional, así como el museo dedicado al genial escultor Salcillo. Para tomarse un café tranquilo son agradables la propia plaza de la catedral, la del Teatro Romea o la plaza de las Flores, esta ya con un ambiente más joven y distendido. Fue precisamente en ese agradable lugar donde quedé con Michel, ya completamente liberado de sus obligaciones académicas y con sus dos largos meses de vacaciones a su disposición, para tomar una comida informal.
Por la tarde, y tras una corta visita al monasterio de la Fuensanta y alguna de las pedanías que rodean la ciudad, volvimos a casa donde nos encontramos con Javi, uno de los compañeros de piso de Michel, asturiano de origen a quien tratamos de arrastrar a la noche murciana, inteligentemente resistió nuestra presión, pues trabajaba al día siguiente.Empezamos con una original cena en un clásico de la comida tradicional murciana; Los Zagales, fundado en 1926, ambiente informal y rústico, paredes empapeladas de fotos de antiguos futbolistas y toreros y comida casera de la zona. Allí tuve oportunidad de probar el morcón, embutido recio y con fundamento, los michirones, consistente estofado de fabas, los morenitos, deliciosa combinación de dátil y bacon o el pisto murciano de suave aroma.Con tan estupendos ingredientes sólo nos faltaba internarnos en las profundidades de la noche. Decidimos empezar por algo ligero, una cerveza tostada en el Gospel, sin embargo, la falta de aire acondicionado pronto nos echó del local. De allí a La Clave, donde seguimos admirando los superlativos encantos de las zagalas murcianas. Después otro local de moda, el Fleming , donde nos sirvieron las copas en vasos de sidra, todo un lujo en aquella tierra. A continuación nos movimos a la zona de la plaza de toros. En los bajos de la propia plaza tienen acondicionados varios locales, como siempre el de música pachanguera fue el que más nos divirtió dándonos oportunidad de hacer numerosas gansadas mientras tratábamos de coreografiar las letras. Tras acabar las consumiciones larga caminata hasta el bar de Mari Cielo donde pretendíamos encontrarnos con Jose, "el Cañi", compañero de gimnasio y de correrías de Michel. El avituallamiento a medio camino con un par de furtivas cervezas en un establecimiento regentado por chinos fue providencial. Llegamos muy puestos al pub de moda y Jose no estaba, causas de fuerza mayor le mantenían ocupado como luego supimos, con más pena que gloria intentamos hacer aproximaciones y aumentar el número de amistades. Afortunadamente nos las ingeniamos para irnos con las bebidas cuando el ambiente empezó a decaer, sin que los machacas se apercibiesen.
Nos trasladamos a la zona del Zig-Zag, un enorme complejo de ocio, esperando que no estuviera todo el pescado vendido, con desesperación observamos que en Murcia la gente está habituada a volver antes a casa.Sólo nos quedaba el Novo, enorme discoteca poblada por peña descontrolada y en la que te cobran por entrar y por salir y en la que los porteros tratan de descargar sus frustraciones con los clientes. Una retirada a tiempo por la salida de emergencia ( que suerte dar con tan oportuna vía de escape ), me evitó esperar a la salida y el posible pago de una multa de 60 euros si no encontraba el ticket de entrada, que en ese momento no sabía donde había metido.Hartos de tanto abuso, decidimos volver a casa rondando las siete de la mañana.
Al mediodía ya estábamos de pie y sin demasiada resaca. En el salón de la casa me encontré a Dani, el otro inquilino del piso. Tras una breve pero agradable conversación partí con Michel hacia el cabo de Palos.Aún nos encontrábamos débiles por los excesos de la noche anterior así que decidimos darnos un gran homenaje. Nada mejor que un caldero en una de las típicas tabernas del lugar. El arroz hirviendo que sale del caldero y el delicioso pescado acabó con los últimos síntomas de malestar. El largo paseo por la zona del faro y el inicio de la manga fue francamente relajante. Después ya con el coche nos adentramos en los confines de la manga, auténtica profusión de ladrillo y construcciones de dudoso gusto a ambos lados de una estrecha franja de tierra.
Varios kilómetros después decidimos parar y darnos un chapuzón en el Mar Mayor por eso de cambiar el gusto del Cantábrico de vez en cuando.De nuevo en Murcia hicimos un poco de proselitismo y conseguimos que nuestros amigos residentes en Murcia se sacasen unas fotos con camisetas de Asturias. Esta vez si conseguimos atraer a Javi con nosotros, pero el plan era mucho más relajado que el del día anterior pues al día siguiente nos esperaban más de 10 horas de coche para volver a casa. En un bar del centro de Murcia aún pudimos ver los últimos minutos del Francia- Brasil y de nuevo me volví a emocionar con el juego y la clase de Zidane, ese inmortal del fútbol, ese gladiador, ese caballero, ese gran señor.Más comida murciana, una cervecita tranquila en un pub irlandés y a las dos estábamos de vuelta en casa.Por la mañana, cafés, despedidas, preparación de equipaje y luego un interminable viaje de regreso conociendo casi todas las estaciones de servicio de Sur a Norte. Cansados pero satisfechos a eso de las 10 de la noche estábamos de vuelta en nuestra querida Asturias.
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domingo, 15 de julio de 2007
viernes, 29 de junio de 2007
PASAJE A NUESTROS SUEÑOS
Nunca había salido del Gijón industrial de finales de los años 70, aquel condicionado por el trabajo a turnos en ENSIDESA y un efervescente Musel, con sindicalistas que se hacía dueños de las calles o domingueros que iban a disfrutar del eurosporting o a tomarse aperitivos en la ruta de los vinos.
Yo solo era un niño de 4 años pero aún puedo rememorar la primera vez que me llevaron a uno de esos mágicos templos de la modernidad. Aún puedo recrearme con las sensaciones que me produjo aquel entorno. Fue algo quasi místico. Me encontraba en la antesala de un inexplicable agujero de gusano que me absorbía y me lanzaba muy lejos, más allá del horizonte.Andando el tiempo pude ir conociendo otros muchos y recrearme dejándome hechizar por ellos.
Son puertas de entrada a mundos diferentes y distantes, el vestíbulo de países y civilizaciones, crisol de culturas e idiomas, torres de Babel caóticas y fascinantes.Son los aeropuertos, desmesurados y frágiles, algunos inmensos, otros pequeños o medianos pero siempre inabarcables.Incertidumbre, interminables horas de espera, conexiones imposibles, emoción prisas y pánico al perder el enlace, equipajes que desaparecen, vuelos que no llegan pero, al fin, el único acceso posible a otras sensaciones y texturas, otras etnias y atuendos, otra gestualidad e idiomas.
Los hay futuristas, con peligrosas e inacabables cintas para caminar y psicodélicas luces inspiradas en las películas de ciencia ficción de los 70, como el de Frankfurt.Los hay claustrofóbicos, densos y abigarrados como Heathrow.Los hay arcaicos y con interminables rampas hasta la estación de autobús, como el de Gatwick. Curiosos recuerdos tengo de aquel lugar y de aquel vuelo, un 11 de septiembre del 2001.
Los hay demasiado cerca de la urbe, achacosos y destartalados, como el de Lisboa.Los hay enmoquetados y ultralimpios, sofisticados, novísimos y megaseguros, como el Changui en Singapur.Los hay sorprendentemente occidentales y espaciosos como el de Ataturk en Estambul.Los hay desorganizados y caóticos, con nubes de maletas volando por cualquier rincón, pero al fin eficaces (al menos tuve la suerte de salir airoso del trance), como el de Fiumicino en Roma.Los hay menos desorganizados y caóticos pero profundamente italianos al fin y al cabo como el de Malpensa en Milán.
Los hay con techos bajos y monjes budistas mezclándose entre la horda de turistas como el de Bangkok.Los hay amplios, cristalinos, luminosos pero demasiado sofisticados para las capacidades de sus moradores como la T4 en Barajas o entrañables como su parte antigua.Los hay coquetos, accesibles y a escala humana como El Pratt de Barcelona.Los hay que son el saloncito de tu casa, pequeños, amables y acogedores, como Ranón en Asturias. De allí salí por primera vez siendo un niño y quedé atrapado para siempre en sus redes.
Yo solo era un niño de 4 años pero aún puedo rememorar la primera vez que me llevaron a uno de esos mágicos templos de la modernidad. Aún puedo recrearme con las sensaciones que me produjo aquel entorno. Fue algo quasi místico. Me encontraba en la antesala de un inexplicable agujero de gusano que me absorbía y me lanzaba muy lejos, más allá del horizonte.Andando el tiempo pude ir conociendo otros muchos y recrearme dejándome hechizar por ellos.
Son puertas de entrada a mundos diferentes y distantes, el vestíbulo de países y civilizaciones, crisol de culturas e idiomas, torres de Babel caóticas y fascinantes.Son los aeropuertos, desmesurados y frágiles, algunos inmensos, otros pequeños o medianos pero siempre inabarcables.Incertidumbre, interminables horas de espera, conexiones imposibles, emoción prisas y pánico al perder el enlace, equipajes que desaparecen, vuelos que no llegan pero, al fin, el único acceso posible a otras sensaciones y texturas, otras etnias y atuendos, otra gestualidad e idiomas.
Los hay futuristas, con peligrosas e inacabables cintas para caminar y psicodélicas luces inspiradas en las películas de ciencia ficción de los 70, como el de Frankfurt.Los hay claustrofóbicos, densos y abigarrados como Heathrow.Los hay arcaicos y con interminables rampas hasta la estación de autobús, como el de Gatwick. Curiosos recuerdos tengo de aquel lugar y de aquel vuelo, un 11 de septiembre del 2001.
Los hay demasiado cerca de la urbe, achacosos y destartalados, como el de Lisboa.Los hay enmoquetados y ultralimpios, sofisticados, novísimos y megaseguros, como el Changui en Singapur.Los hay sorprendentemente occidentales y espaciosos como el de Ataturk en Estambul.Los hay desorganizados y caóticos, con nubes de maletas volando por cualquier rincón, pero al fin eficaces (al menos tuve la suerte de salir airoso del trance), como el de Fiumicino en Roma.Los hay menos desorganizados y caóticos pero profundamente italianos al fin y al cabo como el de Malpensa en Milán.
Los hay con techos bajos y monjes budistas mezclándose entre la horda de turistas como el de Bangkok.Los hay amplios, cristalinos, luminosos pero demasiado sofisticados para las capacidades de sus moradores como la T4 en Barajas o entrañables como su parte antigua.Los hay coquetos, accesibles y a escala humana como El Pratt de Barcelona.Los hay que son el saloncito de tu casa, pequeños, amables y acogedores, como Ranón en Asturias. De allí salí por primera vez siendo un niño y quedé atrapado para siempre en sus redes.
viernes, 22 de junio de 2007
ETERNA CHINA
Beijing cambia de piel y crece en centímetros. Los barrios tradicionales desaparecen a ritmo de vértigo y en su lugar se edifican bloques de edificios y enormes centros comerciales, auténtico símbolo de una nueva China salvajemente consumista pero nominalmente aún comunista.
El comercio florece y el oportunista, tras extenuante regateo, puede hacerse con verdaderas gangas en lugares como el surtidísimo mercado de la seda, auténtico santuario donde nada es original pero todo lo parece.En las entrañas mismas de la ciudad aún sobrevive lo que se denomina Hutong, barrio tradicional de casas bajas y estrechas callejuelas, constantemente amenazado por las excavadoras y grúas que proliferan por doquier.
Caminaba por la gran avenida que conecta el hotel Marriot, donde me alojaba, con la plaza de Plaza de Tian'anmen cuando desaliñado chino se bajó de su bicicleta y me animó a que me sentase en el habitáculo de la parte trasera de del vehículo y descubriese lo más recóndito de lo que aún queda de la antigua ciudad. Estrechas y polvorientas callejuelas, viviendas a todas luces sin las más mínimas condiciones de habitabilidad, curiosos que se asoman a ver el extraño que irrumpe en su mundo en extinción. Había algo de decadente en la atmósfera y decidí bajarme de la bicicleta, abandonar el barrio y tomar de nuevo dirección a Plaza de Tian'anmen , la enorme plaza donde se rinde culto al cuerpo embalsamado de Mao, se homenajea a la bandera o se reprime a estudiantes revolucionarios o a intelectuales alborotadores.
Accedí desde un paso subterráneo donde se arremolinaban vendedores mientras algún músico callejero tocaba instrumentos autóctonos y me encontré con un espacio de dimensiones colosales pero lleno de vida dada la proliferación de curiosos, aniñados militares, turistas y transeúntes.A un extremo de la plaza hay una antigua puerta de acceso, al otro la Ciudad Prohibida, magnífico conjunto de pabellones concebidos para dirigir un enorme imperio. Sólo atravesarla me consumió casi media jornada. Al final un exquisito jardín con deliciosos edificios, flores y montañas artificiales recreando un mundo perfecto, idílico e irreal.
Ya fuera del recinto aun queda un bello parque a las faldas de una montaña que en un tiempo perteneció al complejo y donde aun es posible encontrar alguna zona tranquila.
Cansado de tanto paseo me encaminé al hotel donde me encontré con Jing. Cenamos en la última planta de uno de los numerosos centros comerciales que abundan en la zona. Optamos por una austera comida rápida, barata y muy picante y justo después nos retiramos. Al día siguiente tocaba excursión.
Parte del trazado de la gran muralla, de unos 4.000 kilómetros en total, no está demasiado distante de Beijing, a apenas 80 kilómetros. Son muchas las excursiones que parten diariamente hacia tan emblemático lugar, algunas concebidas especialmente para el turista chino, francamente económicas, pero inaccesibles para aquel que no hable mandarín, no obstante yo contaba con la ayuda de Jing y no nos fue difícil reservar para una de ellas.
Vinieron a recogernos a las 6 de la mañana al hotel, el resto de pasajeros ya habían asistido previamente al largo, tedioso y patriotero homenaje a la bandera china que diariamente se celebraba en Tian'anmen .Al entrar al autobús nos percatamos que las dos únicas plazas disponibles estaban ubicadas en ambos extremos del mismo. El vehículo, de aproximadamente las dimensiones de un mono volumen, contaba, increíblemente, con más de 20 asientos. Me costó encajarme entre los 5 chinos que se apiñaban en la última fila ( no se como se hubiera arreglado un hombre grande ), afortunadamente el cansancio me hizo dormir gran parte del trayecto y ya cerca de nuestro destino pude disfrutar con las picudas montañas y el original paisaje.
Al llegar a Badaling observé que el lugar vivía exclusivamente para la muralla, amplias zonas de aparcamiento, servicios públicos de olor nauseabundo donde el water es un simple agujero y en el que los chinos defecan en cuclillas, tiendas de comestibles ( imposible encontrar una cafetería en china ), y unos circenses osos negros en el empinado camino hacia la gran atracción turística.
Afortunadamente no era necesario hacer todo el trayecto a pie, en determinado punto una vagoneta eléctrica individual, del estilo de las que hay en los parques de atracciones, permitía continuar la ruta cómodamente sentado, seguía cansado y no me importó que el vehículo careciese de las mínimas medidas de seguridad.
Al final llegamos a la muralla propiamente dicha y me impactó contemplar como aquellas sólidas paredes de 3 metros de alto y 2 de ancho subían y bajaban uniendo las cimas de la cordillera de triangulares montañas hasta perderse en el horizonte.El trazado era muy pendiente y me lo tomé con calma, tras recorrer poco más de un kilómetro me paré en un mirador y allí permanecí extasiado, abstraído de las oleadas de turistas de tez amarilla que me rodeaban, disfrutando del frescor del aire y de la serpenteante construcción.El esfuerzo había valido la pena.
El viaje a las tumbas Ming, otra vez en un hacinado autobús rodeado de turistas chinos, no resultó tan espectacular como esperaba, varias edificaciones de gran tamaño sin gracia alguna y delirantes explicaciones del supersticioso guía, más preocupado en que tocásemos el caparazón de la escultura de una tortuga o que entrásemos en determinadas estancias con el pie derecho por delante ( realmente pensé que Jing bromeaba cuando traducía del mandarín al inglés ) que de darnos detalles sobre la biografía de los monarcas allí enterrados o las técnicas constructivas utilizadas.
De allí nos desplazamos a un antiguo y destartalado parque de atracciones donde niños y adultos parecían encontrar gran diversión pese a la precariedad de las atracciones.Lo que si encontré interesante, aún a unos kilómetros de Beijing, fue la visita a un antiguo poblado completamente restaurado y actualmente vendido como una urbanización de lujo tras dotarle de los servicios más modernos sin que ello haya mermado su encanto tradicional.
Ya de vuelta al el centro de Beijing pude disfrutar con el templo del cielo, uno de los edificios más bellos de la ciudad. Se compone de tres pabellones y en el principal el emperador rezaba para que las cosechas fueran buenas. A su alrededor hay amplios jardines ideales para el paseo.
No muy lejos de ese lugar está la Calle Wangfujing , peatonalizada recientemente, repleta de vida y centros comerciales. Me llamaron la atención los comercios especializados en jade, la joya favorita de los chinos, a la que estiman tanto como nosotros el oro. El capricho de hacerme con una pequeña muestra me costó una pequeña fortuna. Ya anochecía y la calle comenzó a llenarse de luces de neón, auténtico reflejo de la imagen de la nueva China. Era el momento ideal para ir a cenar en uno de los agradables restaurantes de las inmediaciones frecuentados por occidentales donde se puede disfrutar de la mejor comida por un precio muy asequible, en uno de ellos me topé casualmente con el aventurero británico Ian Wright y decidí sobre la marcha abandonar Beijing y apurar mi última semana de vacaciones en la provincia de Yunnan, al pie del Himalaya.
La jornada siguiente transcurrió entre compras paseos y preparativos para el viaje a Lijiang, en la provincia de Yunnan. No nos resultó fácil ni excesivamente barato ( los vuelos domésticos son un producto de lujo en China ), hacernos con un par de pasajes para el día siguiente, pero al final conseguimos nuestro objetivo. Volaríamos hacia el pequeño aeropuerto de Lijiang, a tres horas y media en avión al suroeste. A más de dos mil metros de altura, en la zona conocida como el preTibet, donde el escritor James Milton ubicó en legendario pueblo de Shangri la, se encuentra Lijiang, antigua ciudad de canales, puentes y extraordinaria belleza, capital de la minoría conocida como Nakxi, un pueblo de tradiciones matriarcales orgulloso de conservar su propio idioma, cultura y escritura pictográfica conocida como Dongba.Llegar a este lugar es tocar el paraíso con los dedos, dejarse seducir por un paisaje excepcional, experimentar una indescriptible sensación de calma y bienestar. Pasear por Lijiang es hacerlo entre edificios centenarios construidos con madera y rodeados de canales de agua pura venida directamente del Himalaya. De madera era el hotel donde me alojé o los restaurantes donde solía comer usando ineludiblemente los palos. Pero lo que realmente hace único a Lijiang es su comunión con el entorno y con la Montaña del Dragón de Jade, con sus nieves perpetuas reinando sobre tanta hermosura.
El pueblo Nakxi es abierto, alegre y disfruta tarareando viejas melodías o retándose a improvisar cánticos, aparentemente por su gestualidad, cada cual más ingenioso. Los fines de semana también saben disfrutar en cervecerías y karaokes.Para conocer las sendas y los mágicos parajes que rodean Lijiang, lo más aconsejable es utilizar el caballo. Se pueden recorrer los escondidos pueblos de la zona o el húmedo altiplano en el entorno del lago. En ese punto te animarán a coger una barca y ya en el interior del lago alguien vendrá a tratar de venderte comida desde otra embarcación, comer pescado en medio del lago es una auténtica delicia. Pero impregnado de nuevas sensaciones y ya familiarizado con los caballos querrás ponerte nuevos retos, llegar hasta horizontes aún más lejanos y al día siguiente tal vez te encuentres, igual que yo, ascendiendo por el llamado paso de Shagri la, acompañado por Jing y dos lugareñas, y provistos de oxígeno y ropa de abrigo, con el objetivo de llegar hasta una altura de más de 4000 salvando un desnivel de más de 2000 metros en unas pocas horas. Estrechísimas sendas, tremendos desfiladeros, vegetación de montaña, flores salvajes e imponentes valles y montañas a nuestro alrededor. Mi cuerpo volvió a bajar al valle pero mi espíritu aún seguía en el paso de Sangri la.
Obsesionado por las leyendas de la gente que no envejece me dirigí a Shuhe, cerca de Liyang, donde nos dijeron que había un alquimista que podía desvelar las claves de la eterna juventud.Para allí partimos y pronto nos topamos con un templo de estilo tibetano. Un monje apareció a nuestro encuentro y nos dijo que el alquimista había desaparecido entre las montañas, pero que tal vez él podría ayudarnos. Ante nuestras cuestiones se limitó a explicarnos sus ritos funerarios y la forma de preparar el viaje al más allá.Decepcionados salimos del recinto del templo y usando nuestras manos bebimos agua fresca de la cercana fuente. Cansados y confusos decidimos hacer un alto en el camino y nos sentamos en el banco de piedra de la plaza del mercado mientras caballos y hombres circulaban a nuestro alrededor a un ritmo pausado.Entonces sus ojos se cruzaron con los míos, nos miramos y vimos que había algo en nuestro interior que no envejecía con el tiempo, que se hacía más sólido y consistente, que nos proporcionaba luz y energía y nos daba fuerzas para continuar nuestra larga marcha. Llegaba la hora de abandonar las montañas.
El regreso a Beijing lo haríamos desde el aeropuerto Da Li a más de tres horas en autobús de Lijiang. El viaje volvió a hacérseme sumamente pesado, más teniendo en cuenta la orografía de la zona, la ya descrita precariedad del transporte público en China y los vehículos que se aventuran a la ruta convirtiendo el trayecto en un zigzagueante carrusel de curvas y adelantamientos.La etnia mayoritaria en Da Li se denomina bai y su centro histórico se encuentra también magníficamente conservado. El lugar ha sido tradicionalmente punto de encuentro de mochileros y soñadores tras sus andanzas por el Tibet. Alguno se ha instalado en Da Li de forma permanente dandole a la ciudad un tenue pero perceptible guiño occidental. Es una perfecta fusión entre los dos mundos mucho mejor conseguida que en Beijing u otras grandes capitales. Aquí las esencias asiáticas prevalecen y la arquitectura tradicional se encuentra mucho mejor preservada.Me sorprendió ver una iglesia católica con un estilo arquitectónico completamente oriental, o la populosa calle del extranjero donde, igual que en una pequeña ciudad europea, me pude sentar en una terraza a tomar una pizza aunque en una atmósfera genuinamente oriental.La zona es también famosa por la calidad de su te, de diferentes aromas y variedades, en la casa de un comerciante de la zona tuve la oportunidad de hacer diferentes catas.
Pero lo que le da auténtico sabor a Da Li es cercano lago Erhai, de unos veinte kilómetros de diámetro y donde se pueden encontrar islitas con curiosos templos o pequeños pueblos de exquisita arquitectura bai. Lástima no haber podido contar con más tiempo para pescar con comorán, actividad muy popular en el lago.Las mejores vistas del lago se obtienen desde la ladera del monte a las afueras de Da Li, lo mejor, según pude comprobar, es usar el teleférico, una vez allí se puede visitar un pequeño templo, unos jardines y unas interesantes y angostas cuevas de estalactitas.A la vuelta es inevitable la visita al templo de las tres pagodas, tres imponentes torres ( unas de ellas construidas en el siglo IX ) visibles desde casi toda la zona.Y de allí de nuevo regreso al centro de Da Li donde continúe paseando y disfrutando de lo especial del lugar, de lo colorido de sus casas, de las tranquilas rutinas de sus gentes u ocasionalmente alguna reliquia de la temprana presencia europea en el lugar.Al día siguiente volaría a Beijing desde donde regresaría de nuevo a España, el sueño tocaba a su fin.
El comercio florece y el oportunista, tras extenuante regateo, puede hacerse con verdaderas gangas en lugares como el surtidísimo mercado de la seda, auténtico santuario donde nada es original pero todo lo parece.En las entrañas mismas de la ciudad aún sobrevive lo que se denomina Hutong, barrio tradicional de casas bajas y estrechas callejuelas, constantemente amenazado por las excavadoras y grúas que proliferan por doquier.
Caminaba por la gran avenida que conecta el hotel Marriot, donde me alojaba, con la plaza de Plaza de Tian'anmen cuando desaliñado chino se bajó de su bicicleta y me animó a que me sentase en el habitáculo de la parte trasera de del vehículo y descubriese lo más recóndito de lo que aún queda de la antigua ciudad. Estrechas y polvorientas callejuelas, viviendas a todas luces sin las más mínimas condiciones de habitabilidad, curiosos que se asoman a ver el extraño que irrumpe en su mundo en extinción. Había algo de decadente en la atmósfera y decidí bajarme de la bicicleta, abandonar el barrio y tomar de nuevo dirección a Plaza de Tian'anmen , la enorme plaza donde se rinde culto al cuerpo embalsamado de Mao, se homenajea a la bandera o se reprime a estudiantes revolucionarios o a intelectuales alborotadores.
Accedí desde un paso subterráneo donde se arremolinaban vendedores mientras algún músico callejero tocaba instrumentos autóctonos y me encontré con un espacio de dimensiones colosales pero lleno de vida dada la proliferación de curiosos, aniñados militares, turistas y transeúntes.A un extremo de la plaza hay una antigua puerta de acceso, al otro la Ciudad Prohibida, magnífico conjunto de pabellones concebidos para dirigir un enorme imperio. Sólo atravesarla me consumió casi media jornada. Al final un exquisito jardín con deliciosos edificios, flores y montañas artificiales recreando un mundo perfecto, idílico e irreal.
Ya fuera del recinto aun queda un bello parque a las faldas de una montaña que en un tiempo perteneció al complejo y donde aun es posible encontrar alguna zona tranquila.
Cansado de tanto paseo me encaminé al hotel donde me encontré con Jing. Cenamos en la última planta de uno de los numerosos centros comerciales que abundan en la zona. Optamos por una austera comida rápida, barata y muy picante y justo después nos retiramos. Al día siguiente tocaba excursión.
Parte del trazado de la gran muralla, de unos 4.000 kilómetros en total, no está demasiado distante de Beijing, a apenas 80 kilómetros. Son muchas las excursiones que parten diariamente hacia tan emblemático lugar, algunas concebidas especialmente para el turista chino, francamente económicas, pero inaccesibles para aquel que no hable mandarín, no obstante yo contaba con la ayuda de Jing y no nos fue difícil reservar para una de ellas.
Vinieron a recogernos a las 6 de la mañana al hotel, el resto de pasajeros ya habían asistido previamente al largo, tedioso y patriotero homenaje a la bandera china que diariamente se celebraba en Tian'anmen .Al entrar al autobús nos percatamos que las dos únicas plazas disponibles estaban ubicadas en ambos extremos del mismo. El vehículo, de aproximadamente las dimensiones de un mono volumen, contaba, increíblemente, con más de 20 asientos. Me costó encajarme entre los 5 chinos que se apiñaban en la última fila ( no se como se hubiera arreglado un hombre grande ), afortunadamente el cansancio me hizo dormir gran parte del trayecto y ya cerca de nuestro destino pude disfrutar con las picudas montañas y el original paisaje.
Al llegar a Badaling observé que el lugar vivía exclusivamente para la muralla, amplias zonas de aparcamiento, servicios públicos de olor nauseabundo donde el water es un simple agujero y en el que los chinos defecan en cuclillas, tiendas de comestibles ( imposible encontrar una cafetería en china ), y unos circenses osos negros en el empinado camino hacia la gran atracción turística.
Afortunadamente no era necesario hacer todo el trayecto a pie, en determinado punto una vagoneta eléctrica individual, del estilo de las que hay en los parques de atracciones, permitía continuar la ruta cómodamente sentado, seguía cansado y no me importó que el vehículo careciese de las mínimas medidas de seguridad.
Al final llegamos a la muralla propiamente dicha y me impactó contemplar como aquellas sólidas paredes de 3 metros de alto y 2 de ancho subían y bajaban uniendo las cimas de la cordillera de triangulares montañas hasta perderse en el horizonte.El trazado era muy pendiente y me lo tomé con calma, tras recorrer poco más de un kilómetro me paré en un mirador y allí permanecí extasiado, abstraído de las oleadas de turistas de tez amarilla que me rodeaban, disfrutando del frescor del aire y de la serpenteante construcción.El esfuerzo había valido la pena.
El viaje a las tumbas Ming, otra vez en un hacinado autobús rodeado de turistas chinos, no resultó tan espectacular como esperaba, varias edificaciones de gran tamaño sin gracia alguna y delirantes explicaciones del supersticioso guía, más preocupado en que tocásemos el caparazón de la escultura de una tortuga o que entrásemos en determinadas estancias con el pie derecho por delante ( realmente pensé que Jing bromeaba cuando traducía del mandarín al inglés ) que de darnos detalles sobre la biografía de los monarcas allí enterrados o las técnicas constructivas utilizadas.
De allí nos desplazamos a un antiguo y destartalado parque de atracciones donde niños y adultos parecían encontrar gran diversión pese a la precariedad de las atracciones.Lo que si encontré interesante, aún a unos kilómetros de Beijing, fue la visita a un antiguo poblado completamente restaurado y actualmente vendido como una urbanización de lujo tras dotarle de los servicios más modernos sin que ello haya mermado su encanto tradicional.
Ya de vuelta al el centro de Beijing pude disfrutar con el templo del cielo, uno de los edificios más bellos de la ciudad. Se compone de tres pabellones y en el principal el emperador rezaba para que las cosechas fueran buenas. A su alrededor hay amplios jardines ideales para el paseo.
No muy lejos de ese lugar está la Calle Wangfujing , peatonalizada recientemente, repleta de vida y centros comerciales. Me llamaron la atención los comercios especializados en jade, la joya favorita de los chinos, a la que estiman tanto como nosotros el oro. El capricho de hacerme con una pequeña muestra me costó una pequeña fortuna. Ya anochecía y la calle comenzó a llenarse de luces de neón, auténtico reflejo de la imagen de la nueva China. Era el momento ideal para ir a cenar en uno de los agradables restaurantes de las inmediaciones frecuentados por occidentales donde se puede disfrutar de la mejor comida por un precio muy asequible, en uno de ellos me topé casualmente con el aventurero británico Ian Wright y decidí sobre la marcha abandonar Beijing y apurar mi última semana de vacaciones en la provincia de Yunnan, al pie del Himalaya.
La jornada siguiente transcurrió entre compras paseos y preparativos para el viaje a Lijiang, en la provincia de Yunnan. No nos resultó fácil ni excesivamente barato ( los vuelos domésticos son un producto de lujo en China ), hacernos con un par de pasajes para el día siguiente, pero al final conseguimos nuestro objetivo. Volaríamos hacia el pequeño aeropuerto de Lijiang, a tres horas y media en avión al suroeste. A más de dos mil metros de altura, en la zona conocida como el preTibet, donde el escritor James Milton ubicó en legendario pueblo de Shangri la, se encuentra Lijiang, antigua ciudad de canales, puentes y extraordinaria belleza, capital de la minoría conocida como Nakxi, un pueblo de tradiciones matriarcales orgulloso de conservar su propio idioma, cultura y escritura pictográfica conocida como Dongba.Llegar a este lugar es tocar el paraíso con los dedos, dejarse seducir por un paisaje excepcional, experimentar una indescriptible sensación de calma y bienestar. Pasear por Lijiang es hacerlo entre edificios centenarios construidos con madera y rodeados de canales de agua pura venida directamente del Himalaya. De madera era el hotel donde me alojé o los restaurantes donde solía comer usando ineludiblemente los palos. Pero lo que realmente hace único a Lijiang es su comunión con el entorno y con la Montaña del Dragón de Jade, con sus nieves perpetuas reinando sobre tanta hermosura.
El pueblo Nakxi es abierto, alegre y disfruta tarareando viejas melodías o retándose a improvisar cánticos, aparentemente por su gestualidad, cada cual más ingenioso. Los fines de semana también saben disfrutar en cervecerías y karaokes.Para conocer las sendas y los mágicos parajes que rodean Lijiang, lo más aconsejable es utilizar el caballo. Se pueden recorrer los escondidos pueblos de la zona o el húmedo altiplano en el entorno del lago. En ese punto te animarán a coger una barca y ya en el interior del lago alguien vendrá a tratar de venderte comida desde otra embarcación, comer pescado en medio del lago es una auténtica delicia. Pero impregnado de nuevas sensaciones y ya familiarizado con los caballos querrás ponerte nuevos retos, llegar hasta horizontes aún más lejanos y al día siguiente tal vez te encuentres, igual que yo, ascendiendo por el llamado paso de Shagri la, acompañado por Jing y dos lugareñas, y provistos de oxígeno y ropa de abrigo, con el objetivo de llegar hasta una altura de más de 4000 salvando un desnivel de más de 2000 metros en unas pocas horas. Estrechísimas sendas, tremendos desfiladeros, vegetación de montaña, flores salvajes e imponentes valles y montañas a nuestro alrededor. Mi cuerpo volvió a bajar al valle pero mi espíritu aún seguía en el paso de Sangri la.
Obsesionado por las leyendas de la gente que no envejece me dirigí a Shuhe, cerca de Liyang, donde nos dijeron que había un alquimista que podía desvelar las claves de la eterna juventud.Para allí partimos y pronto nos topamos con un templo de estilo tibetano. Un monje apareció a nuestro encuentro y nos dijo que el alquimista había desaparecido entre las montañas, pero que tal vez él podría ayudarnos. Ante nuestras cuestiones se limitó a explicarnos sus ritos funerarios y la forma de preparar el viaje al más allá.Decepcionados salimos del recinto del templo y usando nuestras manos bebimos agua fresca de la cercana fuente. Cansados y confusos decidimos hacer un alto en el camino y nos sentamos en el banco de piedra de la plaza del mercado mientras caballos y hombres circulaban a nuestro alrededor a un ritmo pausado.Entonces sus ojos se cruzaron con los míos, nos miramos y vimos que había algo en nuestro interior que no envejecía con el tiempo, que se hacía más sólido y consistente, que nos proporcionaba luz y energía y nos daba fuerzas para continuar nuestra larga marcha. Llegaba la hora de abandonar las montañas.
El regreso a Beijing lo haríamos desde el aeropuerto Da Li a más de tres horas en autobús de Lijiang. El viaje volvió a hacérseme sumamente pesado, más teniendo en cuenta la orografía de la zona, la ya descrita precariedad del transporte público en China y los vehículos que se aventuran a la ruta convirtiendo el trayecto en un zigzagueante carrusel de curvas y adelantamientos.La etnia mayoritaria en Da Li se denomina bai y su centro histórico se encuentra también magníficamente conservado. El lugar ha sido tradicionalmente punto de encuentro de mochileros y soñadores tras sus andanzas por el Tibet. Alguno se ha instalado en Da Li de forma permanente dandole a la ciudad un tenue pero perceptible guiño occidental. Es una perfecta fusión entre los dos mundos mucho mejor conseguida que en Beijing u otras grandes capitales. Aquí las esencias asiáticas prevalecen y la arquitectura tradicional se encuentra mucho mejor preservada.Me sorprendió ver una iglesia católica con un estilo arquitectónico completamente oriental, o la populosa calle del extranjero donde, igual que en una pequeña ciudad europea, me pude sentar en una terraza a tomar una pizza aunque en una atmósfera genuinamente oriental.La zona es también famosa por la calidad de su te, de diferentes aromas y variedades, en la casa de un comerciante de la zona tuve la oportunidad de hacer diferentes catas.
Pero lo que le da auténtico sabor a Da Li es cercano lago Erhai, de unos veinte kilómetros de diámetro y donde se pueden encontrar islitas con curiosos templos o pequeños pueblos de exquisita arquitectura bai. Lástima no haber podido contar con más tiempo para pescar con comorán, actividad muy popular en el lago.Las mejores vistas del lago se obtienen desde la ladera del monte a las afueras de Da Li, lo mejor, según pude comprobar, es usar el teleférico, una vez allí se puede visitar un pequeño templo, unos jardines y unas interesantes y angostas cuevas de estalactitas.A la vuelta es inevitable la visita al templo de las tres pagodas, tres imponentes torres ( unas de ellas construidas en el siglo IX ) visibles desde casi toda la zona.Y de allí de nuevo regreso al centro de Da Li donde continúe paseando y disfrutando de lo especial del lugar, de lo colorido de sus casas, de las tranquilas rutinas de sus gentes u ocasionalmente alguna reliquia de la temprana presencia europea en el lugar.Al día siguiente volaría a Beijing desde donde regresaría de nuevo a España, el sueño tocaba a su fin.
martes, 29 de mayo de 2007
BUSCANDO LA LUZ
Una llamada telefónica interrumpió mi siesta. Era José Manuel. Me animaba de que fuese a un acto con él esa tarde. Siempre tan misterioso no quiso aclararme en que consistía exactamente el acontecimiento. Me excusé. Esa misma noche mis padres llegaban de París, la ciudad de la luz, debía de coger el coche para traerlos desde el aeropuerto y temía que se tratase de una espicha o alguna otra clase de encuentro por el estilo con el alcohol como protagonista.
Insistió y al final logró convencerme. El acontecimiento lo organizaba Jonás, antiguo compañero en la Facultad y ahora exitoso abogado y tertuliano con el que José Manel aún mantenía un contacto fluido. No lo había visto desde hacía años y me apetecía charlar un rato con él.Sólo cuando acepté me explicó que el encuentro era en el Centro Pumarín Sur a las 8 de la tarde. Respiré aliviado, evidentemente aquel no era el lugar adecuado para una espicha.
La curiosidad me hizo ser bastante más puntual de lo que es habitual en mi y allí me encontré con Tomás. Me saludó con cordialidad, igual que si no hubiesen pasado tantos años desde que me prestaba apuntes en la facultad. Se notaba más delgado y seguro de si mismo, con un poso de tristeza por lo que había dejado atrás pero ilusionado por nuevos aires caribeños. Iniciamos una animada conversación a la que también se unió José Manuel a los pocos minutos. Se le notaba cómodo hablando del pasado pero pronto tuvo que dejarnos, no sin antes animarnos a que tomásemos asiento en el salón de actos.
Allí fueron apareciendo rostros conocidos en el ámbito local. Concejales, periodistas, no recuerdo si también la venerable alcaldesa.A los pocos minutos vi aparecer al lado de Tomás un hombre cincuentón, bizco y de barba entrecana. Era Fernando Savater, vasco, rebelde, inquieto y autor de alguno de los libros más lúcidos que he leído como Las Preguntas de la Vida o Ética para Amador.
El encuentro con el filósofo no se había anunciado en ningún medio de comunicación tal vez buscando que se tratase de un acto íntimo y participativo o más probablemente, evitando dar demasiadas pistas a aquellos que lo habían amenazado de muerte. Entonces agradecí en su justa mediada la llamada de José Manuel, su discreción y paciencia, insistiendo en que acudiese a la cita. Se trataba de un acontecimiento único y exclusivo, con Savater, uno de mis ensayistas favoritos, como gran protagonista.
Se dirigieron una mesa habilitada en la tarima y tras la introducción del anfitrión, impecable y amena, pero para mi interminable, dado el ansia que tenía de escuchar a Savater, el filósofo cogió por fin el micrófono y comenzó la disertación. El sabio donostiarra animaba a fomentar la curiosidad como única forma de liberar a los hombres de su destino. Esto habría de modularse mediante las herramientas adecuadas, es decir, las que proporcionaba la educación. Explicaba como en la Grecia de Pericles se educaba porque cualquier ciudadano podía convertirse en cualquier cosa dentro de la sociedad griega y se quejaba del fatalismo de nuestras sociedades donde se piensa que el hijo del ignorante siempre tendrá que serlo o que el del pobre siempre ha de ser pobre.
La educación es, sin embargo, el elemento de progreso que permite la movilidad social. Mientras el filósofo hablaba se le veía disfrutar, sonreía. Parecía imposible que un hombre tan poco agraciado físicamente pudiese resultar tan carismático e inspirador. De una forma sorprendentemente didáctica exploró los recovecos de la libertad, la belleza, la justicia y la muerte.No dudó en llamar idiotas ( del griego idiotes ) al referirse a los que no se metían en política, preocupados solo de lo suyo, incapaces de ofrecer nada a los demás y pontificó la obligación del ciudadano de informarse, de mantenerse al tanto de devenir político y social, del mismo modo que conocía los cotilleos del vecindario o el equipo campeón de la liga de fútbol.
También fue claro cuando abordó el problema vasco. Según nos explico la raíz del mal es que tal problema no existe ya que (a diferencia de Irlanda, por ejemplo, donde la situación de los católicos ha sido tradicionalmente de marginación) no hay una base objetiva, histórica ni económica para justificarlo y sus ideas no serían tomadas en serio si no fuese por la violencia.
Finalmente dio una receta para alcanzar la felicidad. En una sociedad materialista regida por mentes sencillas y gustos complejos, la clave es darle la vuelta y tener la mente compleja y los gustos sencillos.Acabada la conferencia, y ya con prisa, apenas tuve tiempo para despedirme de José Manuel y ni me planteé acercarme a Tomás o al filósofo donostiarra, rodeados ya de políticos y figurones.Mientras conducía el coche de camino al aeropuerto pensaba en mis padres y sus bonitas vacaciones en la ciudad de la luz, siempre tan bella, mágica e inspiradora, pero nada que ver con la clase de iluminación que yo había tenido aquella tarde.
Insistió y al final logró convencerme. El acontecimiento lo organizaba Jonás, antiguo compañero en la Facultad y ahora exitoso abogado y tertuliano con el que José Manel aún mantenía un contacto fluido. No lo había visto desde hacía años y me apetecía charlar un rato con él.Sólo cuando acepté me explicó que el encuentro era en el Centro Pumarín Sur a las 8 de la tarde. Respiré aliviado, evidentemente aquel no era el lugar adecuado para una espicha.
La curiosidad me hizo ser bastante más puntual de lo que es habitual en mi y allí me encontré con Tomás. Me saludó con cordialidad, igual que si no hubiesen pasado tantos años desde que me prestaba apuntes en la facultad. Se notaba más delgado y seguro de si mismo, con un poso de tristeza por lo que había dejado atrás pero ilusionado por nuevos aires caribeños. Iniciamos una animada conversación a la que también se unió José Manuel a los pocos minutos. Se le notaba cómodo hablando del pasado pero pronto tuvo que dejarnos, no sin antes animarnos a que tomásemos asiento en el salón de actos.
Allí fueron apareciendo rostros conocidos en el ámbito local. Concejales, periodistas, no recuerdo si también la venerable alcaldesa.A los pocos minutos vi aparecer al lado de Tomás un hombre cincuentón, bizco y de barba entrecana. Era Fernando Savater, vasco, rebelde, inquieto y autor de alguno de los libros más lúcidos que he leído como Las Preguntas de la Vida o Ética para Amador.
El encuentro con el filósofo no se había anunciado en ningún medio de comunicación tal vez buscando que se tratase de un acto íntimo y participativo o más probablemente, evitando dar demasiadas pistas a aquellos que lo habían amenazado de muerte. Entonces agradecí en su justa mediada la llamada de José Manuel, su discreción y paciencia, insistiendo en que acudiese a la cita. Se trataba de un acontecimiento único y exclusivo, con Savater, uno de mis ensayistas favoritos, como gran protagonista.
Se dirigieron una mesa habilitada en la tarima y tras la introducción del anfitrión, impecable y amena, pero para mi interminable, dado el ansia que tenía de escuchar a Savater, el filósofo cogió por fin el micrófono y comenzó la disertación. El sabio donostiarra animaba a fomentar la curiosidad como única forma de liberar a los hombres de su destino. Esto habría de modularse mediante las herramientas adecuadas, es decir, las que proporcionaba la educación. Explicaba como en la Grecia de Pericles se educaba porque cualquier ciudadano podía convertirse en cualquier cosa dentro de la sociedad griega y se quejaba del fatalismo de nuestras sociedades donde se piensa que el hijo del ignorante siempre tendrá que serlo o que el del pobre siempre ha de ser pobre.
La educación es, sin embargo, el elemento de progreso que permite la movilidad social. Mientras el filósofo hablaba se le veía disfrutar, sonreía. Parecía imposible que un hombre tan poco agraciado físicamente pudiese resultar tan carismático e inspirador. De una forma sorprendentemente didáctica exploró los recovecos de la libertad, la belleza, la justicia y la muerte.No dudó en llamar idiotas ( del griego idiotes ) al referirse a los que no se metían en política, preocupados solo de lo suyo, incapaces de ofrecer nada a los demás y pontificó la obligación del ciudadano de informarse, de mantenerse al tanto de devenir político y social, del mismo modo que conocía los cotilleos del vecindario o el equipo campeón de la liga de fútbol.
También fue claro cuando abordó el problema vasco. Según nos explico la raíz del mal es que tal problema no existe ya que (a diferencia de Irlanda, por ejemplo, donde la situación de los católicos ha sido tradicionalmente de marginación) no hay una base objetiva, histórica ni económica para justificarlo y sus ideas no serían tomadas en serio si no fuese por la violencia.
Finalmente dio una receta para alcanzar la felicidad. En una sociedad materialista regida por mentes sencillas y gustos complejos, la clave es darle la vuelta y tener la mente compleja y los gustos sencillos.Acabada la conferencia, y ya con prisa, apenas tuve tiempo para despedirme de José Manuel y ni me planteé acercarme a Tomás o al filósofo donostiarra, rodeados ya de políticos y figurones.Mientras conducía el coche de camino al aeropuerto pensaba en mis padres y sus bonitas vacaciones en la ciudad de la luz, siempre tan bella, mágica e inspiradora, pero nada que ver con la clase de iluminación que yo había tenido aquella tarde.
jueves, 3 de mayo de 2007
2046

La cifra 2046 corresponde a una fecha en el futuro, o son tan solo unos incómodos dígitos que obsesionan al protagonista sin aparente explicación.Este es el punto de partida de la película de Won Kar-Wai 2046. En ella el brillante, delicado y sofisticado Chow Mo Wai, un tímido patológico, atormentado por una imposible relación con Su Li Zhen, acaba convirtiéndose en un mujeriego buscavidas que entregado a la bebida y el juego, ha dejado el periodismo y escribe infames historias de sexo muy bien gratificadas. Tratando de no reproducir su sufrimiento huye de cualquier implicación emocional y continúa buscando la compañía femenina, sucedáneos de aquel primer amor, pero ya no está dispuesto a jugársela, sólo apuesta y financia al por menor. Así inicia un viaje hacia el futuro sin saber que en realidad está volviendo al pasado. 2046 habla de tres coordenadas imposibles, el amor, el tiempo y el espacio que, de cuando en cuando, vienen a confluir en una cifra, un nombre o una ciudad. En un ejercicio de masoquismo y autoflajelación muchos somos los que escapamos hacia el futuro en busca de ese pasado ideal que igual que las golondrinas de Becquer no volverá.
El día 14 de mayo parto de Barajas a Beijing, otro exótico marco en el que dar vía libre a pasiones y frustraciones, otras dos semanas de hermosura digna de ser recordada, otra coordenada más en la que dos desdichadas almas se juntarán por penúltima vez para retroalimentar un sentimiento que mata y consume. Así buscaré mi enésimo puerto, continuaré mi eterna huida hacia adelante y desgraciadamente nunca me veré libre de este maleficio, porque estoy seguro que este encuentro aún será mejor que el anterior.
martes, 20 de marzo de 2007
SESION DE TARDE
Añoradas tardes de sábado. Televisión sin color ni mando a distancia, una única opción posible pero emociones infinitas en formato Sesión de Tarde.Bienaventurados nuestros ojos, entonces tan ingenuos, con los que disfrutamos de buen cine de aventuras. Gloriosos homenajes a unos héroes arquetípicos donde no había lugar para ambigüedades, dudas o vacilaciones
. Pérfidos villanos, grotescos, repulsivos, irredimibles, enquistados en su crueldad. Personajes monolíticos y pasiones a flor de piel donde la causa del héroe justiciero siempre acababa triunfando.La brutalidad de ese mundo maniqueo se presentaba de una manera descarnada y era posible pasar del llanto a la alegría desmedida en un par de fotogramas, pero todo era simple y puro.
Pero, andando el tiempo, mis padres se compraron un televisión en color y ya no todo era en blanco o negro. Las nuevas tonalidades me desconcertaban.A medida que los hogares iban proveyéndose de los nuevos receptores, televisión española, que por aquella época celebraba su flamante 25 aniversario, volvía a emitir de nuevo Las Cuatro Plumas, La Carga de La Brigada Ligera o San Francisco pero esta vez coloreadas. En estas nuevas versiones lo pavoroso no eran ya las dramáticas historias que se narraban sino ver los rostros de Errol Flynn, Clark Gable u Olivia de Havilland indecorosamente pintarrajeados y desfigurados por un ordenador.Pero, al menos por algún tiempo, respetaron a Tarzán, colorear toda una jungla debía ser demasiado costoso. El bueno de Johnny Weissmuller aún seguía luciendo su taparrabos en blanco y negro junto a la divina Maureen O´ Sullivan. Yo Tarzán. Tu Jane. Así de fácil.
Pero luego nos cambiaron a Johnny por Christopher Lambert ya en tecnicolor. Greystoke era un personaje simiesco y salvaje. Ya no era el rey de la selva omnipotente que vencía a todos con su famoso grito, sino un ser primitivo tratando de adaptarse a las difíciles convenciones de las sociedades contemporáneas. Nosostros que también estabamos en procesos de cambio con nuestra adolescencia a cuestas y nuestro incipiente acne veíamos que nuestro héroe nos fallaba, estaba tan perdido como nosotros.Ya no había referentes, nuestro mundo se tambaleaba, dudábamos de todo, estábamos descorazonados y nos preguntábamos si aquello podía empeorar.
Después de tanta catástrofe toda una generación se aventuró a salir del microcosmos del confortable salón de sus casas y a tener los primeros escarceos con el mundo y con las copas, perdiendo, al fin, el gusto por el cine de aventuras.Pasó el tiempo y llegué a olvidarme de Sesión de Tarde hasta que una lluviosa tarde de sábado, en la que la noche ya había sustituido a la tarde como hora de encuentro, de nuevo volví a encender la televisión.
Atónito observé como todo es susceptible de degradarse y corromperse más y más. Un personaje caricaturesco, con ojos de besugo y sonrisa tontorrona reinterpretaba la leyenda de Tarzán. Era Brendan Fraser en George de la Jungla. Una divertida pero insolente revisión del mito. Desenfadada hasta el esperpento, perfecto referente para unas nuevas generaciones aturdidas y atolondradas que ya no respetan a los viejos maestros, no se emocionan con la pureza de los clásicos ni creen en héroes ni princesas.
. Pérfidos villanos, grotescos, repulsivos, irredimibles, enquistados en su crueldad. Personajes monolíticos y pasiones a flor de piel donde la causa del héroe justiciero siempre acababa triunfando.La brutalidad de ese mundo maniqueo se presentaba de una manera descarnada y era posible pasar del llanto a la alegría desmedida en un par de fotogramas, pero todo era simple y puro.
Pero, andando el tiempo, mis padres se compraron un televisión en color y ya no todo era en blanco o negro. Las nuevas tonalidades me desconcertaban.A medida que los hogares iban proveyéndose de los nuevos receptores, televisión española, que por aquella época celebraba su flamante 25 aniversario, volvía a emitir de nuevo Las Cuatro Plumas, La Carga de La Brigada Ligera o San Francisco pero esta vez coloreadas. En estas nuevas versiones lo pavoroso no eran ya las dramáticas historias que se narraban sino ver los rostros de Errol Flynn, Clark Gable u Olivia de Havilland indecorosamente pintarrajeados y desfigurados por un ordenador.Pero, al menos por algún tiempo, respetaron a Tarzán, colorear toda una jungla debía ser demasiado costoso. El bueno de Johnny Weissmuller aún seguía luciendo su taparrabos en blanco y negro junto a la divina Maureen O´ Sullivan. Yo Tarzán. Tu Jane. Así de fácil.
Pero luego nos cambiaron a Johnny por Christopher Lambert ya en tecnicolor. Greystoke era un personaje simiesco y salvaje. Ya no era el rey de la selva omnipotente que vencía a todos con su famoso grito, sino un ser primitivo tratando de adaptarse a las difíciles convenciones de las sociedades contemporáneas. Nosostros que también estabamos en procesos de cambio con nuestra adolescencia a cuestas y nuestro incipiente acne veíamos que nuestro héroe nos fallaba, estaba tan perdido como nosotros.Ya no había referentes, nuestro mundo se tambaleaba, dudábamos de todo, estábamos descorazonados y nos preguntábamos si aquello podía empeorar.
Después de tanta catástrofe toda una generación se aventuró a salir del microcosmos del confortable salón de sus casas y a tener los primeros escarceos con el mundo y con las copas, perdiendo, al fin, el gusto por el cine de aventuras.Pasó el tiempo y llegué a olvidarme de Sesión de Tarde hasta que una lluviosa tarde de sábado, en la que la noche ya había sustituido a la tarde como hora de encuentro, de nuevo volví a encender la televisión.
Atónito observé como todo es susceptible de degradarse y corromperse más y más. Un personaje caricaturesco, con ojos de besugo y sonrisa tontorrona reinterpretaba la leyenda de Tarzán. Era Brendan Fraser en George de la Jungla. Una divertida pero insolente revisión del mito. Desenfadada hasta el esperpento, perfecto referente para unas nuevas generaciones aturdidas y atolondradas que ya no respetan a los viejos maestros, no se emocionan con la pureza de los clásicos ni creen en héroes ni princesas.
sábado, 10 de marzo de 2007
EXCURSIÓN POR EL NILO
Siempre me admiro su historia, pero nunca senti su embrujo, ese que muchos les hace conectarlo con el mas alla. Pero otros destinos me hablaban de ti y me ofrecian destellos de tu luz. Los obeliscos de la plaza de San Pedro o del Popolo en Roma, de la Concordia en Paris o del Hipodromo en Estambul, el escriba sentado del Louvre, los museos de Oxford, Cambridge o Londres, recordandome constantemente que nuestra orgullosa civilizacion occidental aun es heredera de una mas antigua y ancestral. Asi fue como parti hacia los confines del Mediterraneo y el motivo por el que me embarqué en la motonave Moon River en Assuan en busca de nuevas sensaciones. Tras dejar el equipaje en el barco hice una breve visita por la ciudad. Assuan me pareció tranquila villa volcada al turismo pero bastante menos occidentalizada de lo que esperaba. La mayor parte de la gente vestía la tunica tradicional y etnicamente no podían esconder su ascendencia nubia, tez oscura y profundos ojos negros. Aunque la noche era fresca en el desierto la vida se hacía en la calle, ahí se fuma, se juega a las cartas, se toma el te o se trata de liar a algun turista despistado.
Partimos a Abu Simbel a las 4 de la madrugada, en el camino por el desierto un rojizo amanecer donde el ocre de cielo y tierra parecen fundirse en el horizonte.Tras tres horas de viaje formando un curioso convoy escoltados por policías de paisano, sin duda por ir de incógnito y no alterar a los turistas, lástima del detalle de la metralleta al hombro, llegamos al recinto de los templos rescatados de las aguas del Nilo y ahora sobre el nivel del lago Nasser.Al salir del autobús un gélido viento me hacía sentir frio incluso con el forro polar. Lo compensó la maravilla de los 4 grandes colosos esculpidos en granito que enmarcan el templo de Ramses. Rápidamente saqué unas fotos y me introduje en él. Me impresionaron sus dimensiones y el detalle de los bajorrelieves donde se describen las victorias militares del gran faraón. El templo de Nefertiti, que visité a continuación, sigue la misma estructura pero es mas diminuto pero muy bello y armonioso igualmente.Concluímos la visita a eso de las 10 justo cuando comenzaba a notarse calor ( los cambios de temperatura en Egipto son súbitos y bruscos, al menos en invierno ). Poco despues de mediodía estábamos de vuelta en Assuan. Allí contemplamos la gran presa que sostiene 500 kilómetros de agua embalsada, que forma el mayor lago artificial del mundo y que provee de agua y electriciadad a todo Egipto.A sugerencia de Ramadán, un ex futbolista cairota reciclado a guia turístico, montamos en faluca para visitar un auténtico poblado Nubio. Caravanas de camellos se divisaban por nuestro margen derecho, el gran rio transmitía una gran sensacion de paz y sosiego, la misma que encontramos en el pueblo donde la gente se obstina en siguir viviendo al modo tradicional y criar cocodrilos en los estanques. Ya muy avanzada la tarde regresamos a la motonave y continuamos la navegación. En la noche nos esperaba la contemplación del templo de Kom-Simbu, iluminado, recio e imponente, otra autentica joya. A la vuelta espectacular cena en el barco y fiesta con chilabas.Tras navegar toda la noche amanecemos en Edfna !Qué temprano sale el sol aquí!. Desembarcamos y cogemos la calesa para ver el recio templo dedicado al dios Horus. Tras una fugaz visita de nuevo optamos por el coche de caballos para regresar al barco. La circulación es caótica. Chocamos contra otro vehículo de tracción animal, tras el susto por fin llegamos al destino. El cochero quiere un euro de propina. Se lo doy y me exige otro. Me niego y me llama catalán. !En perfecto castellano!. Al fin llego al barco y me relajo tomando el sol en la terraza. Tira un poco de viento y no me decido a pegarme un chapuzón en la piscina.A eso de las tres de la tarde llegamos a Esna y el barco se detiene para esperar turno para la esclusa. A pesar de que Ramadan me lo desaconseja, supongo que por temor a que me pierda o me retrase y el barco pierda su turno para pasar la esclusa, salí a explorar Esna. El pueblo es menos turístico que otros, huele mal pero tambien tiene vendedores que te paran y policías que vigilan por todos lados. Los comerciantes te convencen para que entres en su tienda para que mires "!Sin agobiar!, !Sin agobiar!" pero si sales sin comprar nada te cogen por el brazo y te muestran algo "!Más barato!" "!Más barato!", y nunca te dejan tranquilo.Subí al barco ya casi cuando iniciábamos la maniobra de la esclusa ! Ingeniosa obra de ingeniería!. Tenemos que bajar 8 metros de desnivel y noto un hormigueo en los pies.Tras cruzar la presa iniciamos la marcha a Luxor.Son casi las 10 de la noche cuando anclamos en la milenaria ciudad, antigua capital del Egipto faraónico. Desembarqué para estirar los pies y encontré un punto mucho más desarrollado y ruidoso que los anteriores. Paré en una terraza a tomar un te con menta y reparé en que habia menos gente vestida del modo tradicional y un estupendo paseo fluvial al borde del Nilo, se respiraba una atmosfera mas occidental. Vi el maravilloso templo de Luxor iluminado, en pleno centro de la ciudad y me retiré a descansar.Tras dormir unas pocas horas me levanté a las 5,30 de la madrugada y aun adormilado me dispuse a desayunar cuando un crío esta a punto de vomitarme los playeros. Me enteré que los vómitos y la diarréa estaban haciendo estragos entre parte del pasaje. La comida egipcia es deliciosa pero fuerte y muy especiada y el agua corriente no es potable. Afortunadamente yo me encontraba pleno de energías para realizar todo el apretado programa que me quedaba por delante.El templo de Karnak es un enorme complejo de obeliscos columnas y estatuas a mayor gloria del los faraones más famosos. Sus dimensiones apabullan. El de Luxor a 3 kilómetros es más grácil y armonioso y en él se pueden observar superpuestos los restos de una mezquita y de una iglesia copta. El tiempo apremiaba porque por la tarde volaba al Cairo y aun debia de visitar el Valle de los Reyes.Cruzamos el Nilo en barca y un autobús esperaba al otro lado. Tras un trayecto que no se hace largo llegue a una desolado monte. El paisaje es lunar. Solo piedra y ni una gota de vegetación, pese a ser invierno y al frio del amanecer, el sol pega fuerte en las horas centrales del dia ( debe ser un infierno en verano ).Elejí para visitar las 3 tumbas que me parecieron más interesantes. Increibles las galerias de 200 o 300 mts excavadas en la roca para concluir en un amplio espacio interior. Mas que cuevas artificiales son auténticos palacios en la roca.De camino al barco visité al templo de Deir al Bahaire ( en honor a Hacheput ), auténticamente incrustado en el recio monte.Comí en el barco y por la tarde partí del coqueto y superprotegido ( los controles policiales son tremendos en todo Egipto ) aeropuerto de Luxor hacia El Cairo, donde me encuentro en el momento de escribir estas líneas.En cuanto tenga tiempo escribiré una nueva bitacora explicando todas mis experecias en la fascinante capital egipcia.
Partimos a Abu Simbel a las 4 de la madrugada, en el camino por el desierto un rojizo amanecer donde el ocre de cielo y tierra parecen fundirse en el horizonte.Tras tres horas de viaje formando un curioso convoy escoltados por policías de paisano, sin duda por ir de incógnito y no alterar a los turistas, lástima del detalle de la metralleta al hombro, llegamos al recinto de los templos rescatados de las aguas del Nilo y ahora sobre el nivel del lago Nasser.Al salir del autobús un gélido viento me hacía sentir frio incluso con el forro polar. Lo compensó la maravilla de los 4 grandes colosos esculpidos en granito que enmarcan el templo de Ramses. Rápidamente saqué unas fotos y me introduje en él. Me impresionaron sus dimensiones y el detalle de los bajorrelieves donde se describen las victorias militares del gran faraón. El templo de Nefertiti, que visité a continuación, sigue la misma estructura pero es mas diminuto pero muy bello y armonioso igualmente.Concluímos la visita a eso de las 10 justo cuando comenzaba a notarse calor ( los cambios de temperatura en Egipto son súbitos y bruscos, al menos en invierno ). Poco despues de mediodía estábamos de vuelta en Assuan. Allí contemplamos la gran presa que sostiene 500 kilómetros de agua embalsada, que forma el mayor lago artificial del mundo y que provee de agua y electriciadad a todo Egipto.A sugerencia de Ramadán, un ex futbolista cairota reciclado a guia turístico, montamos en faluca para visitar un auténtico poblado Nubio. Caravanas de camellos se divisaban por nuestro margen derecho, el gran rio transmitía una gran sensacion de paz y sosiego, la misma que encontramos en el pueblo donde la gente se obstina en siguir viviendo al modo tradicional y criar cocodrilos en los estanques. Ya muy avanzada la tarde regresamos a la motonave y continuamos la navegación. En la noche nos esperaba la contemplación del templo de Kom-Simbu, iluminado, recio e imponente, otra autentica joya. A la vuelta espectacular cena en el barco y fiesta con chilabas.Tras navegar toda la noche amanecemos en Edfna !Qué temprano sale el sol aquí!. Desembarcamos y cogemos la calesa para ver el recio templo dedicado al dios Horus. Tras una fugaz visita de nuevo optamos por el coche de caballos para regresar al barco. La circulación es caótica. Chocamos contra otro vehículo de tracción animal, tras el susto por fin llegamos al destino. El cochero quiere un euro de propina. Se lo doy y me exige otro. Me niego y me llama catalán. !En perfecto castellano!. Al fin llego al barco y me relajo tomando el sol en la terraza. Tira un poco de viento y no me decido a pegarme un chapuzón en la piscina.A eso de las tres de la tarde llegamos a Esna y el barco se detiene para esperar turno para la esclusa. A pesar de que Ramadan me lo desaconseja, supongo que por temor a que me pierda o me retrase y el barco pierda su turno para pasar la esclusa, salí a explorar Esna. El pueblo es menos turístico que otros, huele mal pero tambien tiene vendedores que te paran y policías que vigilan por todos lados. Los comerciantes te convencen para que entres en su tienda para que mires "!Sin agobiar!, !Sin agobiar!" pero si sales sin comprar nada te cogen por el brazo y te muestran algo "!Más barato!" "!Más barato!", y nunca te dejan tranquilo.Subí al barco ya casi cuando iniciábamos la maniobra de la esclusa ! Ingeniosa obra de ingeniería!. Tenemos que bajar 8 metros de desnivel y noto un hormigueo en los pies.Tras cruzar la presa iniciamos la marcha a Luxor.Son casi las 10 de la noche cuando anclamos en la milenaria ciudad, antigua capital del Egipto faraónico. Desembarqué para estirar los pies y encontré un punto mucho más desarrollado y ruidoso que los anteriores. Paré en una terraza a tomar un te con menta y reparé en que habia menos gente vestida del modo tradicional y un estupendo paseo fluvial al borde del Nilo, se respiraba una atmosfera mas occidental. Vi el maravilloso templo de Luxor iluminado, en pleno centro de la ciudad y me retiré a descansar.Tras dormir unas pocas horas me levanté a las 5,30 de la madrugada y aun adormilado me dispuse a desayunar cuando un crío esta a punto de vomitarme los playeros. Me enteré que los vómitos y la diarréa estaban haciendo estragos entre parte del pasaje. La comida egipcia es deliciosa pero fuerte y muy especiada y el agua corriente no es potable. Afortunadamente yo me encontraba pleno de energías para realizar todo el apretado programa que me quedaba por delante.El templo de Karnak es un enorme complejo de obeliscos columnas y estatuas a mayor gloria del los faraones más famosos. Sus dimensiones apabullan. El de Luxor a 3 kilómetros es más grácil y armonioso y en él se pueden observar superpuestos los restos de una mezquita y de una iglesia copta. El tiempo apremiaba porque por la tarde volaba al Cairo y aun debia de visitar el Valle de los Reyes.Cruzamos el Nilo en barca y un autobús esperaba al otro lado. Tras un trayecto que no se hace largo llegue a una desolado monte. El paisaje es lunar. Solo piedra y ni una gota de vegetación, pese a ser invierno y al frio del amanecer, el sol pega fuerte en las horas centrales del dia ( debe ser un infierno en verano ).Elejí para visitar las 3 tumbas que me parecieron más interesantes. Increibles las galerias de 200 o 300 mts excavadas en la roca para concluir en un amplio espacio interior. Mas que cuevas artificiales son auténticos palacios en la roca.De camino al barco visité al templo de Deir al Bahaire ( en honor a Hacheput ), auténticamente incrustado en el recio monte.Comí en el barco y por la tarde partí del coqueto y superprotegido ( los controles policiales son tremendos en todo Egipto ) aeropuerto de Luxor hacia El Cairo, donde me encuentro en el momento de escribir estas líneas.En cuanto tenga tiempo escribiré una nueva bitacora explicando todas mis experecias en la fascinante capital egipcia.
jueves, 8 de marzo de 2007
EL CAIRO
El Cairo es una majestuosa ruina en medio de un constante caos circulatorio. Grandes rascacielos, modernas tiendas, ruidosas avenidas, la torre del Cairo, el Museo Egipcio donde miles de años de Historia de la humanidad se apilan en unas desordenadas vitrinas, las desafiantes pirámides con camellos y turistas alrededor y a su sombra un montón de laberínticas e interminables callejuelas por explorar de difícil acceso y de espaldas a la modernidad.Las puertas de los negocios, muchos desconocidos o ya extinguidos en occidente, siempre están abiertas. Un puesto de falufen ( carne picada típica ), una ebanistería, un limpiabotas, una carbonería, un punto de reparación de transistores y en la esquina una tetería de mugriento azulejo blanco y un vetusto televisor en blanco y negro emitiendo un rancio serial romántico. Algunos se sientan y fuman en la cachimba pero en general la actividad es frenética. Un burro comiendo alfalfa, un crío transportando un montón de panecillos en la cabeza, carretillas siempre llenas de extraños productos y un olor a especias que lo invade todo.
Un peugeot, el vehículo favorito de los taxistas cariotas, trata de pasar por la atestada callejuela sin asfaltar a golpe de claxon. Milagrosamente consigue atravesar la marabunta, recogerme en la tetería y salir por entre una de las más de 1000 mezquitas que adornan la ciudad. Le mando que me deje en la antigua ciudadela y ya desde fuera del recinto amurallado admiro la magnífica mezquita de Mohammed Ali. Se asemeja a la mezquita azul de Estambul pero su interior aún está más ricamente decorado.Salgo y me acerco a los muros de la ciudadela y contemplo la fastuosa megalópolis de 12 millones de habitantes que es El Cairo.
Observo que el bazar no está a mucha distancia y decido acercarme caminando.Tras más de media hora vagando por estrechísimas calles llego al Khan el Kalili, donde los vendedores me abordan por doquier y los aromas a especias penetran hasta lo más recóndito de mi alma. Me interno por uno de los callejones del bazar y cansado decido tomar un denso café egipcio en Al Fishawy, allí donde el Premio Nobel Nabuib Mahfouz tenía una tertulia literaria.Anochece y comienzo a escuchar con nitidez al mujaidin llamando a la oración. La calma parece reinar por unos instantes. Algunos devotos rezan en las tiendas, otros se dirigen a la próxima mezquita de Al Hussein.
Salgo del café, regateo con el taxista y consigo que me lleve al hotel Ramses Hilton, donde me alojo, por 15 libras egipcias ( unos dos euros ), seguro que si insistiese más aún me hubiese rebajado algo.Desde el restaurante del Hotel magníficas vistas sobre el Nilo y otra vez las luces y la modernidad, esa que amenaza con comerse la verdadera alma del Cairo. Al menos siempre nos quedará el recuerdo de lo que fue.
lunes, 12 de febrero de 2007
VUELTA A CASA
Tras mi regreso del Cairo, cosas de los contrastes, Madrid me pareció una ciudad extremadamente limpia y sosegada, y el barrio de Salamanca, donde pernocté en casa de mi hermana, la quintaesencia de la sofisticación.
Los rayos de un sol invernal y sabatino alegraban la plaza de Felipe II sin mancar la piel.Tan agradable me resultó el desayuno que me tomé en el Starbucks cercano ( ¡ Qué diferencia con las mugrientas teterías ! ) que ni siquiera consideré excesivos los más de 10 euros que me cobraron por dos cafés, una magdalena y una galleta grande. Está claro que todo es cuestión de percepción y del estado de ánimo con que uno afronte la vida.Así, lleno de buen humor, y tal y como habíamos convenido, me encontraron en la céntrica plaza de España a las 2,30 los miembros del Snow Club de camino a Sierra Nevada.
Manzanares, el pequeño pueblo donde hicimos noche, me pareció el lugar ideal para reponerme del ajetreo de los días anteriores. La plaza del ayuntamiento, el castillo, la buena cena y mejor compañía, todo muy tranquilo y relajante. Ni el cruzarnos con un gato negro ( divinizado en Egipto, maldito en Europa ), podría estropear tanta paz.Después de muchísimos años volvía a desayunar churros y porras un soleado domingo por la mañana rodeado de familias que hacen de este sencillo acto una auténtica liturgia. Solo nos quedaba leer la prensa en la plaza del pueblo... y lo hicimos.
Tras un rápido viaje con Gontxo al volante llegamos a comer a Granada pero justo antes dimos un paseo junto al rio desde donde pudimos contemplar la rojiza Alhambra en todo su esplendor. Tras un te en el Albaizín iniciamos la subida a la estación.
Aún con la decoración navideña Sierra Nevada tenía un aspecto de pueblo de cuento infantil. Estuvo divertida la cena y la copa que nos tomamos pero a las 9 de la mañana, y para sorpresa de mis compañeros, abandoné la estación. Temía que insistiesen para que esquiase y después de tantos días de viaje ya no tenía el cuerpo para nuevas emociones. Me dirigí a Málaga donde al día siguiente por la tarde tenía un vuelo directo a Santander. En Málaga todavía me dio tiempo a tomar un vermut en la playa de la Malagueta, pasear por la calle Reading, visitar la enorme catedral y el coqueto ayuntamiento, hacer unas compras en la calle Larios y tapear en el Pim-pi, donde hay fotografías y toneles firmados por famosos ( la duquesa de Alba, Antonio Banderas, Aitana Sánchez-Gijón, Antonio Gala...).
Ya en la mañana del martes visitar la Alcazaba ( otra ciudadela en miniatura con preciosas vistas ) y el museo Picasso y lo más importante desayunar en la plaza de la Merced, justo junto a la casa natal del genial pintor.El vuelo de Air Nostrum, en el pequeño avión, agradable como siempre y agradable también el breve paseo por el centro de Santander antes de coger el Supra a Asturias donde de nuevo me enfrento con la dura realidad...
Los rayos de un sol invernal y sabatino alegraban la plaza de Felipe II sin mancar la piel.Tan agradable me resultó el desayuno que me tomé en el Starbucks cercano ( ¡ Qué diferencia con las mugrientas teterías ! ) que ni siquiera consideré excesivos los más de 10 euros que me cobraron por dos cafés, una magdalena y una galleta grande. Está claro que todo es cuestión de percepción y del estado de ánimo con que uno afronte la vida.Así, lleno de buen humor, y tal y como habíamos convenido, me encontraron en la céntrica plaza de España a las 2,30 los miembros del Snow Club de camino a Sierra Nevada.
Manzanares, el pequeño pueblo donde hicimos noche, me pareció el lugar ideal para reponerme del ajetreo de los días anteriores. La plaza del ayuntamiento, el castillo, la buena cena y mejor compañía, todo muy tranquilo y relajante. Ni el cruzarnos con un gato negro ( divinizado en Egipto, maldito en Europa ), podría estropear tanta paz.Después de muchísimos años volvía a desayunar churros y porras un soleado domingo por la mañana rodeado de familias que hacen de este sencillo acto una auténtica liturgia. Solo nos quedaba leer la prensa en la plaza del pueblo... y lo hicimos.
Tras un rápido viaje con Gontxo al volante llegamos a comer a Granada pero justo antes dimos un paseo junto al rio desde donde pudimos contemplar la rojiza Alhambra en todo su esplendor. Tras un te en el Albaizín iniciamos la subida a la estación.
Aún con la decoración navideña Sierra Nevada tenía un aspecto de pueblo de cuento infantil. Estuvo divertida la cena y la copa que nos tomamos pero a las 9 de la mañana, y para sorpresa de mis compañeros, abandoné la estación. Temía que insistiesen para que esquiase y después de tantos días de viaje ya no tenía el cuerpo para nuevas emociones. Me dirigí a Málaga donde al día siguiente por la tarde tenía un vuelo directo a Santander. En Málaga todavía me dio tiempo a tomar un vermut en la playa de la Malagueta, pasear por la calle Reading, visitar la enorme catedral y el coqueto ayuntamiento, hacer unas compras en la calle Larios y tapear en el Pim-pi, donde hay fotografías y toneles firmados por famosos ( la duquesa de Alba, Antonio Banderas, Aitana Sánchez-Gijón, Antonio Gala...).
Ya en la mañana del martes visitar la Alcazaba ( otra ciudadela en miniatura con preciosas vistas ) y el museo Picasso y lo más importante desayunar en la plaza de la Merced, justo junto a la casa natal del genial pintor.El vuelo de Air Nostrum, en el pequeño avión, agradable como siempre y agradable también el breve paseo por el centro de Santander antes de coger el Supra a Asturias donde de nuevo me enfrento con la dura realidad...
lunes, 29 de enero de 2007
BABEL
En una soporífera cartelera cinematográfica, sin imaginación ni ideas, a veces tenemos la suerte de toparnos con auténticos goces visuales como BABEL ( de A. González Iñarritu, con Brad Pitt y Cate Blanchett ), un perfecto fresco de nuestro mundo contemporáneo.La acción del film transcurre entre Marruecos, Estados Unidos, Méjico y Japón. Sorprende ver como un incidente en uno de esos habitats tiene una repercusión directa en cualquiera de los otros lugares aparentemente tan distantes y diferentes. La concatenación de acontecimientos es, sin embargo, totalmente coherente. España, Singapur, Egipto y Reino Unido son países con los que he tenido contacto personal o telefónico estas semanas, por ejemplo, y bien es sabido que cualquier pequeño contratiempo o accidente puede llevar tus cansados huesos a la comisaría más cercana, iniciándose una cadena de acontecimientos quién sabe si a nivel mundial.Démosle, pues, valor a nuestra vida, trascendente, sin duda, en el devenir cotidiano de nuestra aldea global y dejémonos seducir más tarde por este fascinante planeta en red, con mil paisajes y texturas que tanto me apasiona.Detrás de distintas facciones o ropajes palpitan unos mismos corazones cada vez más habitualmente latiendo en la misma frecuencia, compartiendo e interactuando, cómplices de las mismas alegrías y penurias, enredados en historias comunes, portadores de sentimientos parejos donde a menudo no son necesarias ni las palabras.Por tanto no eludamos nuestra responsabilidad en la creación de un mundo un poco más amplio y habitable, más libre y abierto, sin el lastre de obsoletos dogmas, donde las habilidades se impongan siempre a recomendaciones, etnias y diplomas.Los horizontes ya no existen, todo depende de la agudeza de nuestros ojos.
martes, 8 de agosto de 2006
CARCAMALES
Un extraño ruido me despertó súbitamente. Pensé que el estruendo lo producían los operarios que construyen un asilo cerca de mi casa pero me equivocaba. Era una voz temblorosa ampliada por un bafle la que me sacaba de mi letargo.
En la plaza contigua a mi vivienda, como cada 6 de agosto, la anciana alcaldesa leía un texto en homenaje a Gaspar Melchor de Jovellanos, eximio prócer gijonés. ¡Cuanto te citan y que poco les inspiras realmente, Jovino!La ilustrísima dama, antigua chica ye-ye, hacía ímprobos esfuerzos por resultar clara y convincente pero sus palabras entrecortadas e imprecisas apenas resultaban inteligibles. Desajustes en su dentadura, una irritación de laringe, artrosis, parkinson o cualquier otra causa motiva por el exceso de experiencias y de años provocaba tan lastimoso espectáculo. ¡Ay, Mapi! ¡Quién te ha visto y quién te ve!
La señora necesita descanso y bien podría estar veraneando en Benidorm a costa del INSERSO como todos sus coetáneos, sin embargo es más probable que programe, con el patrocinio del consistorio, una nueva expedición a la perla del Caribe en busca nuevas posibilidades de negocio para nuestra tierra. ¡Que gran lugar la floreciente Cuba para captar inversores!Lástima que allí ya no tendrá oportunidad de tener fugaces encuentros con el comandante ni de degustar su deliciosa queimada, esa que le enseñó a preparar su desgastado paisano de balanceo nada grácil, antes presidente de Galicia y ahora sólo senador por un puñado de bolsones de correos. ¡Si los hubiesen enviado por SEUR!
Tan achacoso está el iluminado revolucionario de Sierra Maestra que ha tenido que dejar lo único que aún le conseguía erotizar, el poder. La vida se convierte en un infierno sin el báculo de mando y si no que se lo pregunten al sanguinario de Pinochet. ¡El que lo creía todo atado y bien atado!
Sin embargo el cruel comandante cubano tiene la fortuna de contar con un joven hermano con el hígado disecado en whisky y 75 años de vivencias para que de un nuevo aire a su legado. ¡Que suerte tener alguien más joven en el que poder confiar! Lo mismo debió de pensar Wojtila o, para ser más precisos, el cónclave inspirado por el Espíritu Santo cuando eligieron al gran censor Joseph Ratzinger para renovar la axesuada y casta fe de la Santa Madre Iglesia. ¡Qué Dios nos coja confesados!
Aún así lo tendrán difícil para superar el record de Balaguer que ciego, fascista y nonagenario guiaba con mano de hierro la República Dominicana. O el del arrugadísimo y descerebrado actor americano Ronald Reagan que bordeando los 80 fue capaz de regir los destinos del imperio y del planeta con Alzheimer. ¡Y nadie notaba la diferencia!Es triste ver a tanto cadáver andante. Sólo los genios deben de ser atemporales. A nadie le gusta ver vedettes pellejudas ni políticos carcamales.
¡Por favor terminen el asilo ya!
En la plaza contigua a mi vivienda, como cada 6 de agosto, la anciana alcaldesa leía un texto en homenaje a Gaspar Melchor de Jovellanos, eximio prócer gijonés. ¡Cuanto te citan y que poco les inspiras realmente, Jovino!La ilustrísima dama, antigua chica ye-ye, hacía ímprobos esfuerzos por resultar clara y convincente pero sus palabras entrecortadas e imprecisas apenas resultaban inteligibles. Desajustes en su dentadura, una irritación de laringe, artrosis, parkinson o cualquier otra causa motiva por el exceso de experiencias y de años provocaba tan lastimoso espectáculo. ¡Ay, Mapi! ¡Quién te ha visto y quién te ve!
La señora necesita descanso y bien podría estar veraneando en Benidorm a costa del INSERSO como todos sus coetáneos, sin embargo es más probable que programe, con el patrocinio del consistorio, una nueva expedición a la perla del Caribe en busca nuevas posibilidades de negocio para nuestra tierra. ¡Que gran lugar la floreciente Cuba para captar inversores!Lástima que allí ya no tendrá oportunidad de tener fugaces encuentros con el comandante ni de degustar su deliciosa queimada, esa que le enseñó a preparar su desgastado paisano de balanceo nada grácil, antes presidente de Galicia y ahora sólo senador por un puñado de bolsones de correos. ¡Si los hubiesen enviado por SEUR!
Tan achacoso está el iluminado revolucionario de Sierra Maestra que ha tenido que dejar lo único que aún le conseguía erotizar, el poder. La vida se convierte en un infierno sin el báculo de mando y si no que se lo pregunten al sanguinario de Pinochet. ¡El que lo creía todo atado y bien atado!
Sin embargo el cruel comandante cubano tiene la fortuna de contar con un joven hermano con el hígado disecado en whisky y 75 años de vivencias para que de un nuevo aire a su legado. ¡Que suerte tener alguien más joven en el que poder confiar! Lo mismo debió de pensar Wojtila o, para ser más precisos, el cónclave inspirado por el Espíritu Santo cuando eligieron al gran censor Joseph Ratzinger para renovar la axesuada y casta fe de la Santa Madre Iglesia. ¡Qué Dios nos coja confesados!
Aún así lo tendrán difícil para superar el record de Balaguer que ciego, fascista y nonagenario guiaba con mano de hierro la República Dominicana. O el del arrugadísimo y descerebrado actor americano Ronald Reagan que bordeando los 80 fue capaz de regir los destinos del imperio y del planeta con Alzheimer. ¡Y nadie notaba la diferencia!Es triste ver a tanto cadáver andante. Sólo los genios deben de ser atemporales. A nadie le gusta ver vedettes pellejudas ni políticos carcamales.
¡Por favor terminen el asilo ya!
lunes, 31 de julio de 2006
CON LA MÚSICA A OTRA PARTE
Si por el invierno podemos deleitarnos con los maravillosos acordes del violín de David King trotamundos universal nacido en Manchester, el monarca de los músicos callejeros, autor junto con un tal Malcom, excéntrico millonario americano, del CD de culto Music of the Street, que he tenido la suerte de recibir de sus finas y huesudas manos, el panorama veraniego resulta mucho más grotesco.
Desde hace años un argentino que lanza pelotas al aire y que con su estruendosa música y sus infames comentarios presuntamente chistosos impide disfrutar de una tranquila tarde de sidra, ha conseguido que deteste la preciosa plaza del Lavaderu, normalmente uno de los rincones más acogedores de Gijón.
Unos gemelos rumanos que parecen sacados directamente de la película La Parada de los Monstruos producen una chirriante y ofensivo ruido que ellos pretenden hacer pasar por música bien en la plaza del 6 de Agosto o la del Marqués. Si no por sus cualidades musicales al menos estos si que podrían ganar un premio por feos.
Un ruso, con una voz de barítono ya bastante ajada por el vodka, berrea conocidas arias a voz en grito. No consigue que los cristales se rompan pero si que los niños rompan a llorar asustados por semejante vozarrón.
Si abandono la calle en busca de un lugar tranquilo, un extravagante mariachi de perilla extrañamente apreciado por muchos de los hosteleros locales, consigue que se me atragante la comida.De vuelta en casa una horda de peruanos vestidos de apaches emiten simiescos sonidos que hacen imposible la pausada lectura.
Músicos autóctonos pretenden hacerle la competencia a Hevia con sus destempladas gaitas. Los turistas japoneses los confunden con celebridades y se hinchan a sacarles fotos. A ellos y al gitano cartonero que conduce un carromato tirado por una mula. Typical Spanish!!!
Otro individuo, parece ser que alemán, se pone a cuatro patas y se coloca un extraño disfraz que reproduce una pareja de bailarines, en un alarde de originalidad este año el vestido de la señora es azul en vez de blanco, el resto del número lleva siendo absolutamente idéntico desde hace más de una década, sin embargo a su alrededor se producen aglomeraciones como si los mismísimos Fred Astaire y Ginger Rogers nos estuvieran dando una magistral lección de baile.
Es el efecto megáfono el cual experimente por primera vez en las huelgas de estudiantes de finales de los años 80. Alguien coge un bafle o un altavoz e ipso facto un grupo de descerebrados se ponen a su alrededor a corear sus consignas o a admirar sus evoluciones aunque el sujeto en cuestión no transmita absolutamente nada. Sólo se trata de poner la música más alta que el de a lado.Suerte que en octubre, finalizado su periplo por Francia e Italia, volverá el genial David con su suave violín.
Desde hace años un argentino que lanza pelotas al aire y que con su estruendosa música y sus infames comentarios presuntamente chistosos impide disfrutar de una tranquila tarde de sidra, ha conseguido que deteste la preciosa plaza del Lavaderu, normalmente uno de los rincones más acogedores de Gijón.
Unos gemelos rumanos que parecen sacados directamente de la película La Parada de los Monstruos producen una chirriante y ofensivo ruido que ellos pretenden hacer pasar por música bien en la plaza del 6 de Agosto o la del Marqués. Si no por sus cualidades musicales al menos estos si que podrían ganar un premio por feos.
Un ruso, con una voz de barítono ya bastante ajada por el vodka, berrea conocidas arias a voz en grito. No consigue que los cristales se rompan pero si que los niños rompan a llorar asustados por semejante vozarrón.
Si abandono la calle en busca de un lugar tranquilo, un extravagante mariachi de perilla extrañamente apreciado por muchos de los hosteleros locales, consigue que se me atragante la comida.De vuelta en casa una horda de peruanos vestidos de apaches emiten simiescos sonidos que hacen imposible la pausada lectura.
Músicos autóctonos pretenden hacerle la competencia a Hevia con sus destempladas gaitas. Los turistas japoneses los confunden con celebridades y se hinchan a sacarles fotos. A ellos y al gitano cartonero que conduce un carromato tirado por una mula. Typical Spanish!!!
Otro individuo, parece ser que alemán, se pone a cuatro patas y se coloca un extraño disfraz que reproduce una pareja de bailarines, en un alarde de originalidad este año el vestido de la señora es azul en vez de blanco, el resto del número lleva siendo absolutamente idéntico desde hace más de una década, sin embargo a su alrededor se producen aglomeraciones como si los mismísimos Fred Astaire y Ginger Rogers nos estuvieran dando una magistral lección de baile.
Es el efecto megáfono el cual experimente por primera vez en las huelgas de estudiantes de finales de los años 80. Alguien coge un bafle o un altavoz e ipso facto un grupo de descerebrados se ponen a su alrededor a corear sus consignas o a admirar sus evoluciones aunque el sujeto en cuestión no transmita absolutamente nada. Sólo se trata de poner la música más alta que el de a lado.Suerte que en octubre, finalizado su periplo por Francia e Italia, volverá el genial David con su suave violín.
martes, 25 de julio de 2006
EL VERANO
Hace un espantoso calor, llevo días sin poder dormir. Ni todo el bio-solán, ni toda la cerveza del mundo consiguen aplacar mi sed. Voy a la playa y, cuando consigo acordarme de llevar la toalla, hay una densa neblina que imposibilita los baños, aunque para cascada la que apunta por mis axilas por efecto de la axfisiante humedad.
Me voy a arruinar comprando desodorante, aunque por lo menos es la excusa perfecta para ir al centro comercial. Allí hay sombra y el aire acondicionado está a tope estos días, además están de rebajas y siempre es bueno tener alguna camisa de repuesto. Gracias que quemar dinero no produce calor.
Ya remite un poquito el sol y me pretendo acomodar en una terraza, pero todas las sillas están llenas de turistas que pretenden beber la sidra a sorbos. Tendrían que reservar plazas a los residentes. Anda, allí tenemos un espacio, pero que amarga está la sidra hoy. Como se nota que dejan los palos de peor calidad para el verano. ¡ Pero si yo no soy foriato! Tenía la ilusión de que al anochecer refrescase pero esto es aún peor. Toda la ropa se me pega al cuerpo, especialmente esa última camisa que me compré. Eso me pasa por traer cosas de las rebajas.
Así y todo hay que hacer algo de vida social, pero los en los chiringuitos no se para, están hasta los topes, llenos de una sudorosa y descerebrada marea humana que te empuja. No queda más remedio que imitarlos. Que estruendo. ¿ Es esto música ? Ah, son las canciones del verano ¡ por Dios !, si desde que no ponen a Georgie Dann ni siquiera son divertidas.A ver cuando se acaba todo esto, solo estamos a mitad de julio y en agosto promete empeorar.
Me voy a arruinar comprando desodorante, aunque por lo menos es la excusa perfecta para ir al centro comercial. Allí hay sombra y el aire acondicionado está a tope estos días, además están de rebajas y siempre es bueno tener alguna camisa de repuesto. Gracias que quemar dinero no produce calor.
Ya remite un poquito el sol y me pretendo acomodar en una terraza, pero todas las sillas están llenas de turistas que pretenden beber la sidra a sorbos. Tendrían que reservar plazas a los residentes. Anda, allí tenemos un espacio, pero que amarga está la sidra hoy. Como se nota que dejan los palos de peor calidad para el verano. ¡ Pero si yo no soy foriato! Tenía la ilusión de que al anochecer refrescase pero esto es aún peor. Toda la ropa se me pega al cuerpo, especialmente esa última camisa que me compré. Eso me pasa por traer cosas de las rebajas.
Así y todo hay que hacer algo de vida social, pero los en los chiringuitos no se para, están hasta los topes, llenos de una sudorosa y descerebrada marea humana que te empuja. No queda más remedio que imitarlos. Que estruendo. ¿ Es esto música ? Ah, son las canciones del verano ¡ por Dios !, si desde que no ponen a Georgie Dann ni siquiera son divertidas.A ver cuando se acaba todo esto, solo estamos a mitad de julio y en agosto promete empeorar.
jueves, 13 de julio de 2006
EL GENIO DE ZIDANE
Mucho se ha hablado, y no precisamente bien, sobre la actuación de mi idolatrado Zidane en la final del mundial. Sin embargo, para mi, el viril gesto del genial y geniudo francés aún lo engrandece más.
No es el vulgar cabezazo de un macarra que, amparado en su superioridad física o de envergadura, destroza el tabique nasal del rival, en este caso el macarra es ese pérfido italiano de lengua viperina, insultante, torticero y conspirador, que se deja caer al suelo cual vulgar mujerzuela apenas percibe el roce del galo, exprimiendo al máximo el reglamento, sin nobleza ni amor propio.
Tampoco es el furtivo codazo del cobarde. No es el insulto del provocador, ni el lloriqueo del débil. Es el acto de un hombre que embiste a la vida para salir del ghetto marsellés, para llevar a Francia a lo más alto en el Mundial 98 y la Eurocopa 2000, para proteger a su familia y a los suyos, para enfrentarse como un nuevo don Quijote a lo que considera injusto.
Igual que minutos antes había devuelto caballerosamente un balón, cuando es amonestado se retira disciplinadamente y sin protestar, con un inconfundible halo de grandeza, desapareciendo para siempre de la escena futbolítica.Te echaremos de menos Zidane.
viernes, 30 de junio de 2006
LA RESACA
¿Dónde estoy ? ¿ Qué me ha pasado ?Dios mio. Qué dolor !!!
Parece que me están acuchillando el cerebro.Las venas de mi frente quieren expandirse. Van a estallar, lo sé. He de levantarme y echar agua a la cabeza.
Buff!! Que debilidad de piernas. He de caminar apoyado a la pared, si no me caigo.Como huele todo ¿Qué habré estado haciendo ?Si tan solo pudiese recordar una imagen...Que fresquita está el agua. ¡ Que gran alivio !
AGGG, puñeteros eruptos. A ver si pasa pronto el ardor y el malestar. Voy a ducharme y dar un paseo por la playa, seguro que el aire y el viento me ayuda a despejar.
Jodido sol!!! Hasta con las gafas me molesta el resplandor. He de buscar la sombra.Que pastosa está la boca, aún rezuma alcohol. Que aliento más sólido exhalo, seguro que si pongo un mechero cerca provoco una deflagración.
Qué desconsuelo ! Qué envilecimiento ! Qué habré hecho ! Qué habré dicho !Dentro de un momento llegaré al parque...¡ Qué maravilla ! Gente sana, gente que se desliza mientras corre.Noto que me arrastro, he de tratar estirarme un poco, que no se note mi degradación. De nuevo los eruptos. AGGGSE ACABÓ.NI UNA GOTA MÁS DE ALCOHOL...Hasta el sábado que viene.
Parece que me están acuchillando el cerebro.Las venas de mi frente quieren expandirse. Van a estallar, lo sé. He de levantarme y echar agua a la cabeza.
Buff!! Que debilidad de piernas. He de caminar apoyado a la pared, si no me caigo.Como huele todo ¿Qué habré estado haciendo ?Si tan solo pudiese recordar una imagen...Que fresquita está el agua. ¡ Que gran alivio !
AGGG, puñeteros eruptos. A ver si pasa pronto el ardor y el malestar. Voy a ducharme y dar un paseo por la playa, seguro que el aire y el viento me ayuda a despejar.
Jodido sol!!! Hasta con las gafas me molesta el resplandor. He de buscar la sombra.Que pastosa está la boca, aún rezuma alcohol. Que aliento más sólido exhalo, seguro que si pongo un mechero cerca provoco una deflagración.
Qué desconsuelo ! Qué envilecimiento ! Qué habré hecho ! Qué habré dicho !Dentro de un momento llegaré al parque...¡ Qué maravilla ! Gente sana, gente que se desliza mientras corre.Noto que me arrastro, he de tratar estirarme un poco, que no se note mi degradación. De nuevo los eruptos. AGGGSE ACABÓ.NI UNA GOTA MÁS DE ALCOHOL...Hasta el sábado que viene.
domingo, 25 de junio de 2006
OPERACION MALAYA
Allá en la lejana Malasia, y desde la colina donde se ubican las ruinas de la iglesia de San Pablo en la que reposan los restos del misionero español San Francisco Javier, se puede contemplar todo el estrecho de Malaca, aun hoy día surcado por piratas herederos de antiguas tradiciones criminales, poco respetuosos con su vida y la ajena, pendencieros, criminales, degustadores del momento, azote de navegantes, saqueadores de turistas y hábiles inversores con cuentas corrientes en Suiza.
En Malasia también fue encontrado el progre Roldán cuando huía de España con su preciado botín, usurpado a los huérfanos de la guardia civil. Hay quien cree que aún tuvo tiempo a enterrarlo en suelo malayo, aunque lo más probable es que el dinero pasase de un banco de Kuala Lumpur a otro en Berna o Ginebra y aún permanezca a buen recaudo en suelo helvético. Allí en Suiza también está seguramente gran parte del dinero procedente de la especulación marbellí producto del desmantelamiento de la costa malagueña, del blanqueo de dinero, de la construcción indiscriminada, del tráfico de armas y drogas y de la corrupción generalizada. Marbella fue durante años un reino de taifa al margen de la legalidad en el que ahora se pretende convertir todo el despiezado estado español.
La corte del rey Fhad, opulento monarca árabe, conseguía prostituir procedimientos y subsecretarias. Julio Iglesias el cronner latino de acartonado gesto, cual émulo del mítico Frank Sinatra coqueteaba con la mafia y se dejaba caer por las celebraciones donde nunca faltaba el marisco, el caviar ni la neo hortera Gunilla von Bismarck.Kashogui y Nacachian, traficantes de armas, compraban el alma del consistorio por un puñado de balas de plata. Por fin la princesa coreana Kimera y su pequeña Melody tendrían un lugar donde alisar sus lacias cabelleras negras tan deseadas por otros mafiosos rivales.
Mientras tanto no se dejaba de edificar y que mejor que un amoral constructor metido a presidente de un club de fútbol experto en tapar bocas con billetes verdes y romper narices a puñetazos para gestionar tan lucrativo caos.Tras el forzoso retiro y después fallecimiento de Jesús Gil emerge Julián Muñoz, antiguo camarero reciclado a maduro jugador de fortuna de poblado bigote e indecente panza cubierta por un imposible pantalón que se abotona varios centímetros por encima de su cintura y que se presenta en sociedad con la viuda de Paquirri y de España, madre de Paquirrín, ex amiga de Encarna Sánchez y tonadillera de raza.
Tras 15 años de desatino, el poder judicial, el único que por el momento ha logrado salvaguardar su sabiduría e independencia, desencadena la OPERACIÓN MALAYA. Imposible mejor nombre!!El camarero reconvertido en alcalde prepara un cóctel demasiado explosivo y acaba en la cárcel, la tonadillera desaparecida, Julito en Miami, las armas en el Líbano y los millones de los constructores y traficantes reposando en Suiza. Es el ciclo del dinero y de la vida.
En Malasia también fue encontrado el progre Roldán cuando huía de España con su preciado botín, usurpado a los huérfanos de la guardia civil. Hay quien cree que aún tuvo tiempo a enterrarlo en suelo malayo, aunque lo más probable es que el dinero pasase de un banco de Kuala Lumpur a otro en Berna o Ginebra y aún permanezca a buen recaudo en suelo helvético. Allí en Suiza también está seguramente gran parte del dinero procedente de la especulación marbellí producto del desmantelamiento de la costa malagueña, del blanqueo de dinero, de la construcción indiscriminada, del tráfico de armas y drogas y de la corrupción generalizada. Marbella fue durante años un reino de taifa al margen de la legalidad en el que ahora se pretende convertir todo el despiezado estado español.
La corte del rey Fhad, opulento monarca árabe, conseguía prostituir procedimientos y subsecretarias. Julio Iglesias el cronner latino de acartonado gesto, cual émulo del mítico Frank Sinatra coqueteaba con la mafia y se dejaba caer por las celebraciones donde nunca faltaba el marisco, el caviar ni la neo hortera Gunilla von Bismarck.Kashogui y Nacachian, traficantes de armas, compraban el alma del consistorio por un puñado de balas de plata. Por fin la princesa coreana Kimera y su pequeña Melody tendrían un lugar donde alisar sus lacias cabelleras negras tan deseadas por otros mafiosos rivales.
Mientras tanto no se dejaba de edificar y que mejor que un amoral constructor metido a presidente de un club de fútbol experto en tapar bocas con billetes verdes y romper narices a puñetazos para gestionar tan lucrativo caos.Tras el forzoso retiro y después fallecimiento de Jesús Gil emerge Julián Muñoz, antiguo camarero reciclado a maduro jugador de fortuna de poblado bigote e indecente panza cubierta por un imposible pantalón que se abotona varios centímetros por encima de su cintura y que se presenta en sociedad con la viuda de Paquirri y de España, madre de Paquirrín, ex amiga de Encarna Sánchez y tonadillera de raza.
Tras 15 años de desatino, el poder judicial, el único que por el momento ha logrado salvaguardar su sabiduría e independencia, desencadena la OPERACIÓN MALAYA. Imposible mejor nombre!!El camarero reconvertido en alcalde prepara un cóctel demasiado explosivo y acaba en la cárcel, la tonadillera desaparecida, Julito en Miami, las armas en el Líbano y los millones de los constructores y traficantes reposando en Suiza. Es el ciclo del dinero y de la vida.
viernes, 23 de diciembre de 2005
TRIBUTO AL CINE FAC
Charlton Heston y Richard Widmark han fallecido pero su legado, al igual que el de otros grandes mitos del celuloide, sigue igual de vivo en nuestro recuerdo, reinando en la pantalla del añorado cine FAC, aquel lugar donde asistir al cine se convertía en toda una liturgia.Cine de barrio y de leyenda con butacas de madera donde nadie parecía sentirse incómodo pues tenían la capacidad trasportarnos a otra mágica dimensión, la del séptimo cielo.
Cine de familia y de reestrenos dónde se podían ver regularmente obras maestras como Ben Hur, Los diez mandamientos, Espartaco, El Álamo, El Dorado, Los siete magníficos, Simbad El Marino, Alí Baba y los cuarenta ladrones o Lo que el viento se llevó, película favorita de mi abuela, otra devota cinéfila pero ella del cine de Los Chirulos que no era ya un cine de barrio sino de pueblo, con tablones de madera por asientos y pulgas por compañeras y la misma pasión por el buen cine, pero esa es ya otra historia. La mía es la historia del cine FAC.
La historia del NODO antes de la película y descanso a la mitad para que el sacristán de la parroquia y encargado del cine pudiese sacar algún dinero vendiendo unos whiskyes a los mayores y chicles y bolsas de patatitas a los más pequeños.La historia de un público que se emocionaba y aplaudía a sus actores favoritos o jaleaba las escenas de acción como si cada pase de la proyección fuese único, personal e irrepetible pues aquellos grandes mitos ( John Wayne, Kirk Douglas, Errot Flynt, Clark Gable, Jonny Weismuller o Charlton Heston ), parecían cobrar vida en aquella rallada pantalla y sus voces, sin sonido Dolby o Stereo, retumbaban en la sala de una forma solemne e indescriptible, como si realmente hablasen inspirados por la divinidad. Sus tragedias siempre conmovían y su heroísmo era sobrehumano e inspirador.
La historia de los entrañables personajes del barrio, asiduos de la sala, desde Carlitos, que un día soñó con ser también artista, a aquellas otras que al menos durante dos horas, se evadían de una vida sórdida y miserable. Junto a ellos estábamos todos los pequeños golfillos ansiosos de descubrir nuevos mundos y aventuras y sin más preocupación que estar atentos a que Valentín, el niño eterno, cuarentón y discapacitado, no se comiese nuestra bolsa de patatitas mientras íbamos al servicio.La historia del cine FAC es la de uno de esos paraísos perdidos de nuestra infancia, un lugar auténtico e irrepetible, un templo donde el público se emocionaba y con respeto y pasión rendía culto al cine de verdad.
Cine de familia y de reestrenos dónde se podían ver regularmente obras maestras como Ben Hur, Los diez mandamientos, Espartaco, El Álamo, El Dorado, Los siete magníficos, Simbad El Marino, Alí Baba y los cuarenta ladrones o Lo que el viento se llevó, película favorita de mi abuela, otra devota cinéfila pero ella del cine de Los Chirulos que no era ya un cine de barrio sino de pueblo, con tablones de madera por asientos y pulgas por compañeras y la misma pasión por el buen cine, pero esa es ya otra historia. La mía es la historia del cine FAC.
La historia del NODO antes de la película y descanso a la mitad para que el sacristán de la parroquia y encargado del cine pudiese sacar algún dinero vendiendo unos whiskyes a los mayores y chicles y bolsas de patatitas a los más pequeños.La historia de un público que se emocionaba y aplaudía a sus actores favoritos o jaleaba las escenas de acción como si cada pase de la proyección fuese único, personal e irrepetible pues aquellos grandes mitos ( John Wayne, Kirk Douglas, Errot Flynt, Clark Gable, Jonny Weismuller o Charlton Heston ), parecían cobrar vida en aquella rallada pantalla y sus voces, sin sonido Dolby o Stereo, retumbaban en la sala de una forma solemne e indescriptible, como si realmente hablasen inspirados por la divinidad. Sus tragedias siempre conmovían y su heroísmo era sobrehumano e inspirador.
La historia de los entrañables personajes del barrio, asiduos de la sala, desde Carlitos, que un día soñó con ser también artista, a aquellas otras que al menos durante dos horas, se evadían de una vida sórdida y miserable. Junto a ellos estábamos todos los pequeños golfillos ansiosos de descubrir nuevos mundos y aventuras y sin más preocupación que estar atentos a que Valentín, el niño eterno, cuarentón y discapacitado, no se comiese nuestra bolsa de patatitas mientras íbamos al servicio.La historia del cine FAC es la de uno de esos paraísos perdidos de nuestra infancia, un lugar auténtico e irrepetible, un templo donde el público se emocionaba y con respeto y pasión rendía culto al cine de verdad.
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