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miércoles, 18 de febrero de 2009
EL VENENO DE LA LECTURA
Salía publicado hace pocos días en la prensa que, una biblioteca que más de 16.000 ejemplares, muchos de ellos con anotaciones personales, así como distintos testimonios e indicios revelaban que Hitler era un compulsivo lector.
Este hecho, que en un principio puede producir cierto desasosiego entre los aficionados a la lectura, debe ser convenientemente matizado y explicado.
Considero un buen aficionado a la lectura al que se va encontrando los libros en el camino y no tiene otro estímulo que el afán por descubrir, tomando lo mejor de cada uno en un proceso de continuo crecimiento y aprendizaje.
Hay otros lectores que utilizan la literatura a modo de sucedáneo de la realidad lo cual sólo sirve para crear un mundo paralelo y secar su cerebro del mismo modo que le sucedió al pobre don Quijote. Son personajes tristes pero inofensivos.
La relación del paranoico con los libros es mucho peor, sólo toma aquello que reafirma sus ideas, condenando a la hoguera todo lo demás. Cada vez se vuelve más fundamentalista e intolerante y siente un profundo desprecio por el que no comparte su punto de vista. Sin embargo, la acumulación de datos o la erudición en si misma no sirven para desarrollar un pensamiento crítico o una visión independiente del mundo.
La búsqueda de conocimiento es imposible sin grandes dosis de humildad, pues la nueva información adquirida obliga a re elaborar constantemente los conceptos, reconocer errores y renunciar a pasadas convicciones.
Como gráficamente explicaba Carl Sagan en un capítulo de la genial serie Cosmos toda una vida de estudio apenas llegaría para poder leer unas cuantas estanterías de la biblioteca de Alejandría, apenas una mínima parte del conocimiento disponible. La clave está, pues, en la selección y el análisis.
Decía Paracelso que todas las sustancias son susceptibles de ser veneno, la dosis diferencia a un veneno de una medicina.
No hay una receta única pero sólo con condimentos de calidad, frescos y variados, y la cocción adecuada se cocinan platos exquisitos.
martes, 17 de febrero de 2009
TROUBLE THE WATER
Hace unos meses una oronda cantante de gospel de rasgos africanos de paso por Gijón patrocinada por una fundación municipal me explicaba que era habitante de Nueva Orleans, una ciudad especial que marca el carácter y aún más tras la tragedia del 2005 de la que me hablaba con profunda y contenida tristeza y en la que había perdido familiares, amigos y a sus leales perros.
Nueva Orleans es la ciudad pecadora e infernal por la que vagaba Igantius F. Really protagonista de la ácida y divertida novela La Conjura de los Necios, un desquiciado personaje en un medio en permanente estado de amenaza y descomposición.
La ciudad es un lugar donde los más extraños especímenes cobran vida y se mimetizan con naturalidad en el vecindario, no es de extrañar que el curioso caso de Benjamin Button, aguda película actualmente en cartelera que nos hace reflexionar sobre los profundos cambios a los que nos somete la vida, esté ambientada en este peculiar enclave.
Pero Nueva Orleans es, sobre todo Bourbon Street y el barrio francés, un lugar que huele a azufre, suena a quejumbrosa música de jazz y sabe a destilado. La vida allí es bohemia, carnal y pecaminosa convirtiéndose en refugio y puerto franco de desheredados y perdedores; pero la Sodoma contemporánea ha de pagar un alto tributo por su altanería, imprevisión y promiscuidad, viéndose asolada por un dantesco huracán.
El documental Trouble the Water, recientemente proyectado en el festival de cine de Gijón, describe a al perfección, con imágenes grabadas por supervivientes de la tragedia, como las aguas se ceban con los barrios más humildes, habitados basicamente por gentes con ancestros africanos. El huracán Katerina, ignorado por unas autoridades calamitosas que no están nunca a la altura, golpea abruptamente a la comunidades más pobres, completamente desprotegidas y vulnerables, desencadenando un sinfín de reacciones cargadas de dramatismo y emotividad; desde el alcohólico que se resigna a morir, a la gente corriente que apela a su ingenio para sobrevivir o al traficante pendenciero capaz de, por una vez, hacer algo positivo por su vecinos y, armándose de valor, rescatar de una muerte segura a alguno de los miembros más débiles del barrio convirtiéndose en héroe por un día.
Nueva Orleans es una ciudad que tiene el encanto de lo peligroso y lo prohibido, que se resiste a morir y apela a su leyenda y personalidad para, pese a quien pese, resurgir como el Ave Fenix de sus propias cenizas.
lunes, 16 de febrero de 2009
LA CAZA DEL CARNERO SALVAJE

Hay quien tacha la literatura oriental de excesivamente críptica o encerrada en si misma.
No es el caso del escritor Haruki Murakami ( Kioto, 1949 ) que con su novela La Caza del Carnero Salvaje consigue un relato ágil e intelligente que refleja bien el desasiego del hombre urbano contemporáneo, presentándonos un estilo de vida y unos valores que nos resultan cercanos pese a lejanía del lugar donde se desarrolla el relato, el Japón de finales de los 70.
Una intriga lineal y fácil de seguir que engancha desde el primer instante, donde su prosa limpia y sencilla llena sugerentes imágenes vertebran un relato que se sale de lo convencional sin caer en lo abiertamente fantástico.
Un publicista treintañero recién divorciado con una vida gris, no más desestructurada y vulgar que la de otros muchos de su generación y circunstancias, edita una fotografía con un extraño carnero que le llevará a emprender un largo viaje a la remota región de Hokkaido y a realizar una surrealista investigación en la que se verá acompañado de una bella modelo de orejas deslumbrantes.
Una propuesta que pese a su ligero toque fantástico funciona perfectamente y un viaje de lo urbano a lo rural que se hace francamente agradable y nos aporta una amplia visión de un Japón que en poco más de una generación ha asumido plenamente su condición occidental y comparte nuestros mismos problemas y dilemas.
No es el caso del escritor Haruki Murakami ( Kioto, 1949 ) que con su novela La Caza del Carnero Salvaje consigue un relato ágil e intelligente que refleja bien el desasiego del hombre urbano contemporáneo, presentándonos un estilo de vida y unos valores que nos resultan cercanos pese a lejanía del lugar donde se desarrolla el relato, el Japón de finales de los 70.
Una intriga lineal y fácil de seguir que engancha desde el primer instante, donde su prosa limpia y sencilla llena sugerentes imágenes vertebran un relato que se sale de lo convencional sin caer en lo abiertamente fantástico.
Un publicista treintañero recién divorciado con una vida gris, no más desestructurada y vulgar que la de otros muchos de su generación y circunstancias, edita una fotografía con un extraño carnero que le llevará a emprender un largo viaje a la remota región de Hokkaido y a realizar una surrealista investigación en la que se verá acompañado de una bella modelo de orejas deslumbrantes.
Una propuesta que pese a su ligero toque fantástico funciona perfectamente y un viaje de lo urbano a lo rural que se hace francamente agradable y nos aporta una amplia visión de un Japón que en poco más de una generación ha asumido plenamente su condición occidental y comparte nuestros mismos problemas y dilemas.
viernes, 13 de febrero de 2009
SAN VALENTÍN
Los escaparates de los comercios están literalmente empapelados con grandes carteles recordándonos que mañana es San Valentín, los restaurantes de lujo editan folletos proponiendo menús especiales y el correo electrónico está invadido con emails de lastminute y atrapalo.com sugiriéndonos románticas escapadas.
Parece ser que el hombre contemporáneo está sometido a más estímulos informativos en unas pocas semanas ( prensa, radio, televisión, internet ) que el medieval ( iglesia, castillo, terruño ) en toda su existencia.
Constantemente nos chantajean emocionalmente y nos manipulan. Nos dicen que tenemos que comprar y cuando. Importamos el papá Noel pero sin olvidarnos de los reyes, al menos hasta la llegada de la tercera república.
Se inventan el día del padre, del abuelo, de Halloween, del amigo especial y por supuesto San Valentín.
Hasta el noble sentimiento amoroso, loado por cantores y poetas, cae presa de los depredadores de la sociedad de consumo.
No podía ser de otro modo, el sistema depende de estimular gastos superfluos para mantener la producción de objetos de todo tipo desde los cojines en forma de corazón a los peluches rosa, por no hablar de la bisutería de menguado precio y dudoso gusto.
En fin, sabemos que el mundo funciona así y detestaría estropear el día a los enamorados con estas reflexiones.
Todo lo contrario, porque el amor es precisamente lo opuesto a la racionalidad.
Afortunados sois, dejaos llevar, no importa lo que os digan, cualquier oportunidad es buena, es única, es tan especial como vosotros. Invitadla, sed espléndidos, sacadla a cenar.
Y los roñosos ya os vais buscando otra excusa, que de algo han de vivir los comercios, restaurantes y hoteles.
Parece ser que el hombre contemporáneo está sometido a más estímulos informativos en unas pocas semanas ( prensa, radio, televisión, internet ) que el medieval ( iglesia, castillo, terruño ) en toda su existencia.
Constantemente nos chantajean emocionalmente y nos manipulan. Nos dicen que tenemos que comprar y cuando. Importamos el papá Noel pero sin olvidarnos de los reyes, al menos hasta la llegada de la tercera república.
Se inventan el día del padre, del abuelo, de Halloween, del amigo especial y por supuesto San Valentín.
Hasta el noble sentimiento amoroso, loado por cantores y poetas, cae presa de los depredadores de la sociedad de consumo.
No podía ser de otro modo, el sistema depende de estimular gastos superfluos para mantener la producción de objetos de todo tipo desde los cojines en forma de corazón a los peluches rosa, por no hablar de la bisutería de menguado precio y dudoso gusto.
En fin, sabemos que el mundo funciona así y detestaría estropear el día a los enamorados con estas reflexiones.
Todo lo contrario, porque el amor es precisamente lo opuesto a la racionalidad.
Afortunados sois, dejaos llevar, no importa lo que os digan, cualquier oportunidad es buena, es única, es tan especial como vosotros. Invitadla, sed espléndidos, sacadla a cenar.
Y los roñosos ya os vais buscando otra excusa, que de algo han de vivir los comercios, restaurantes y hoteles.
jueves, 12 de febrero de 2009
¿ AGUANTAR PARA VENCER ?
Existen culturas donde se premia al que primero llega, se admira al campeón, al valiente héroe invicto que se convierte en un referente y un ejemplo a seguir para toda la sociedad.
Este no es el modelo que impera en nuestro entorno, donde al que destaca se le corta la cabeza y el que se mueve no sale en la foto, según expresión de un político contemporáneo.
Los sistemas están creados por y para corredores de fondo, oscuros y sufridos fajadores, a los que se les programa para que sean predecibles y rutianarios, estimulando la mediocridad y persiguiendo al que es original o creativo o simplemente demuestra ser más diestro en una materia.
Desde la función pública a buena parte de la gran empresa o la sociedad en general, normalmente maniatadas por mezquinos poderes fácticos, el criterio de la antigüedad siempre prevalece sobre el del mérito a la hora de conceder una prevenda, un incentivo o un premio.
La envidia y la ruindad paralizan multitud de iniciativas y proyectos brillantes, corrompen los espíritus inquietos y obstaculizan cualquier tentativa de superación.
La única estrategia posible en un entorno tan poco alentador es la de armarse de paciencia y aguantar, agazaparse discretamente y no inmutarse cuando los otros vayan cayendo alrededor.
El que aguanta gana, aunque todo lo demás se hunda a sus pies.
Es entonces cuando un sentimiento de impotencia nos invade pensando que pudimos haber hecho algo más por cambiar las cosas, por construir un mundo mejor y con carroñera astucia nos escondimos, esperando a que el temporal amainase. Aguanta y vencerás pero no convencerás.
Este no es el modelo que impera en nuestro entorno, donde al que destaca se le corta la cabeza y el que se mueve no sale en la foto, según expresión de un político contemporáneo.
Los sistemas están creados por y para corredores de fondo, oscuros y sufridos fajadores, a los que se les programa para que sean predecibles y rutianarios, estimulando la mediocridad y persiguiendo al que es original o creativo o simplemente demuestra ser más diestro en una materia.
Desde la función pública a buena parte de la gran empresa o la sociedad en general, normalmente maniatadas por mezquinos poderes fácticos, el criterio de la antigüedad siempre prevalece sobre el del mérito a la hora de conceder una prevenda, un incentivo o un premio.
La envidia y la ruindad paralizan multitud de iniciativas y proyectos brillantes, corrompen los espíritus inquietos y obstaculizan cualquier tentativa de superación.
La única estrategia posible en un entorno tan poco alentador es la de armarse de paciencia y aguantar, agazaparse discretamente y no inmutarse cuando los otros vayan cayendo alrededor.
El que aguanta gana, aunque todo lo demás se hunda a sus pies.
Es entonces cuando un sentimiento de impotencia nos invade pensando que pudimos haber hecho algo más por cambiar las cosas, por construir un mundo mejor y con carroñera astucia nos escondimos, esperando a que el temporal amainase. Aguanta y vencerás pero no convencerás.
martes, 10 de febrero de 2009
LA IDEOLOGÍA O LA PERVERSION DE LA IDEA
La ideología es discriminatoria y sectaria, no evoluciona ni trata de entender el medio en el que vive, no se adapta a los cambios ni a las nuevas tendencias.
La ideología es gregaria, cobarde y acrítica. Necesita líderes, emblemas y estructuras. Siempre la justifican ancestrales leyendas, complicadas jerarquías y mitificados mártires. No fomenta la originalidad ni el pensamiento libre. Destruye al contrario, que siempre es el culpable de todos los males y se lapida al diferente, al que trata de eliminar, al menos socialmente. El grotesco rebuzno resuena por los altavoces del poder y se convierte en verdad incuestionable.
Por el contrario, la idea es flexible e inspiradora, curiosa y obstinada, plantea conflictos y retos.
La idea es incomoda con el poderoso y ofrece consuelo al débil, engrasa los organismos anquilosados, desarma estructuras, pone en entredicho a los mitos y cuestiona ancestrales creencias ( eppur si muove, murmura Galileo tras abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribuna de la Santa Inquisición ).
La idea es un soplo de aire fresco que no requiere de la coerción o de complicadas jerarquías para sostenerse pero es un peligro para el que se acomoda o para el que no quiere dejar de hacer lo mismo.
En épocas de crisis más que nunca se necesitan ideas que nos alumbren, que nos inspiren y nos ayuden a cambiar.
Necesitamos liberarnos del lastre de complicadas estructuras y de charlatanes que siempre tratan de engañarnos con lo mismo. Desconfiemos de los mapas de La Isla del Tesoro que un merchero nos saldó un domingo en el rastro y sigamos nuestra ruta habitual con paso firme y plenos de confianza porque como decía el poeta el camino se hace al andar.
sábado, 7 de febrero de 2009
DESCUBRIENDO HONG KONG Y EL RIO PEARL
Hong Kong es una ciudad de rascacielos que crece a lo alto entre imposibles colinas y huele a pescado hervido al estilo cantones en cada esquina.
Hong Kong es la sofisticacion cosmopolita de Central y el arraigo por unas antiguas tradiciones que no han pasado la criba de la revolucion cultural en Kowloon e interpretan la modernidad de una forma peculiar.
Hong Kong es el Star Ferry y el Victoria Peak, negocios, luces de neon y desmesura...
Hong Kong es la sofisticacion cosmopolita de Central y el arraigo por unas antiguas tradiciones que no han pasado la criba de la revolucion cultural en Kowloon e interpretan la modernidad de una forma peculiar.
Hong Kong es el Star Ferry y el Victoria Peak, negocios, luces de neon y desmesura...
Han sido 10 días fantásiticos y muy bien aprovechados, 6 en solitario y 4 acompañado de mi hermana a la que agradezco que haya venido desde París a encontrarse conmigo.
A continuación 6 bitárocas ( Kowloon, Hong Kong/ Central y Victoria Peak, Sur de la Isla/Más allá de los rascacielos, Lantau, Macao, Cantón ) en las que dejo mis opiniones sobre está fascinante viaje, no sólo Hong Kong sino también otras islas y ciudades situadas en el entorno del Río Pearl.
A continuación 6 bitárocas ( Kowloon, Hong Kong/ Central y Victoria Peak, Sur de la Isla/Más allá de los rascacielos, Lantau, Macao, Cantón ) en las que dejo mis opiniones sobre está fascinante viaje, no sólo Hong Kong sino también otras islas y ciudades situadas en el entorno del Río Pearl.
jueves, 5 de febrero de 2009
KOWLOON
Kowloon fue mi barrio en Hong Kong durante los diez días que permanecí en la ciudad, animoso y vital juega a ser cosmopolita pero no puede ocultar su inconfundible alma oriental.
La fachada marítima de la península la ocupa la avenida de las estrellas, un homenaje a la floreciente industria cinematográfica local con mobiliario urbano de primera calidad y un poco disimulado aire hollywoodiense con estrellas gravadas en el suelo incluidas. Pese a su toque algo hortera es uno de los lugares más cuidados del barrio, un magnífico paseo perfectamente limpio y pavimentado con inmejorables vistas al mar e impecables terrazas en las que merece la pena sentarse a tomar algo.
Al final del paseo se encuentra Nathan Road, la columna vertebral de Kowloon, una avenida de estridentes letreros y varios kilómetros de largo plagada de vendedores al acecho que desde la puerta de sus negocios tratan de enganchar a los incautos clientes.
Tiendas de relojes, de cámaras fotográficas, casas de cambio y apuestas, joyerías, zapaterías, sastrerías, tiendas de moda... Desde albergues baratos en las indescriptibles Chuking Mansions a masajes de pies o relojes todo está a la venta en este auténtico icono del consumismo desenfrenado.
A la otra mano un parque con una vistosa mezquita pretende oxigenar, sin demasiado éxito, la concurrida avenida.
En el cruce de Nathan Road con la calle Jordan está el hotel Largos donde me alojé, una zona muy animada a lado mismo del mercado nocturno de Temple, en el que me surtí de ropa y alguna que otra baratija.
Pegado al mercado se encuentra el Food Market, un conjunto de entoldados y tenderetes donde se sirve comida típica de la zona. Es un lugar poco recomendable para occidentales excesivamente escrupulosos. Allí habrán de convivir con ruido, mesas pequeñas y tambaleantes, olor penetrante pese a estar prácticamente al aire libre, televisiones a todo volumen emitiendo culebrones de época asiáticos con pérfidos villanos y valientes guerreros, camareros mal encarados reprendidos constantemente por encargados déspotas y gruñones. En fin, una experiencia sólo interesante para estómagos encallecidos que quieran ver a gente del lugar degustando sus especialidades típicas.
Afortunadamente también sencillos, económicos y auténticos pero considerablemente más tranquilos e higiénicos, son los restaurantes que se encuentran fuera de este recinto y donde cené casi a diario setas, sopas con sabor a jengibre, cerdo al curry o deliciosos pescados recién sacados de la pecera nunca por más de 10 euros.
Las pequeñas calles transversales tienden todas a parecerse, con grandes edificios muchas veces descuidados, gente moviéndose constantemente, pequeñas tiendas sin escaparates ni ventanales con todo el frente abierto al exterior que más parecen almacenes dada su austeridad, dependientes en cuclillas que toman sopa en la calle, gente en torno a mesas circulares y un Seven Eleven en cada esquina.
Volviendo a Nathan Road y caminando un cuarto de hora a pie en dirección opuesta al mar nos toparemos con Mag Kok, un sofocante hormiguero urbano, masificado hasta lo absurdo en el que es imposible caminar dos pasos sin tropezarse con alguien donde proliferan negocios de poco gusto y dudosa honestidad, así como el mercado urbano más surtido y concurrido de la ciudad.
Hacia el oeste se encuntra el Waterfront, un apabullante centro comercial con las boutiques más exclusivas, desde aquí se coge el tren rápido que lleva al aeropuerto y sus terrazas ofrecen magníficas vistas del puerto comercial, uno de los más transitados del mundo.
Varias paradas de metro más allá, en la zona de New Kowloon, solo un poquito menos ajetreada que las descritas anteriormente se encuentra el Wong Tai Sin Temple, un atestado lugar de culto, con varios pabellones donde los fieles tratan de ganarse el favor de la divinidad con sus ofrendas, incienso o fruta generalmente. Anexo al templo se encuentra un elegante y tranquilo jardín chino en el que aún es posible encontrar algún rincón solitario.
Si los dioses no fuesen propicios para conseguir ganar en los caballos o en la lotería siempre se puede pedir consejo a alguno de los adivinos que asientan sus cabinas casi en frente del templo.
El espíritu de Kowloon es eminentemente práctico, emprendedor y dinámico, capaz de reinventarse continuamente para seguir subsistiendo, que cambia sin cesar para no dejar de ser fiel a si mismo.
martes, 27 de enero de 2009
HONG KONG/ CENTRAL Y VICTORIA PEAK
Los imponentes rascacielos de Hong Kong asientan sus cimientos en lo más arraigado de las tradiciones chinas.
Llegué a la ex colonia británica un domingo por la mañana y la ciudad, lejos de estar dormida bullía vitalidad en cada esquina. Los vendedores hindús de Nathan Road salían a la calle y trataban de venderme un happy Rolex o un traje a medida, por una vez decidí ignorar tentaciones consumistas ( tiempo habría en los mercadillos ) u otro tipo de distracciones y dirigirme al Star Ferry.
Con una frecuencia de unos diez minutos, los amplios y destartalados barcos de esta legendaria compañía, unen la península de Koowlon con la isla de Hong Kong propiamente dicha, algo más sofisticada y totalmente volcada a las finanzas pero con multitud de lugares interesantes que visitar y también llena de vida.
El trayecto en ferry duró poco más de cinco minutos y una espaciosa pasarela peatonal facilitó la marcha hacia la zona de Central, donde se apiñan los edificios más altos y vistosos, con una densidad y verticalidad tales que realmente llegan a abrumar.
Tuve que atravesar varias calles y ascender unos cuantos metros para acceder a los Mid-levels, donde me reencontré de nuevo con edificaciones hechas a una escala más humana. Esta es una zona más residencial, no todos los edificios estan tan impecables como en el vecino barrio de Central, los bloques modernos conviven con otros verdaderamente cochambrosos, entre las empinadas calles, muchas veces escalonadas surgen tenderetes o auténticos mercadillos atiborrados de indescriptibles productos, desde estampas para celebrar el cercano año nuevo chino a pescado desecado o puestos en los que preparan zumos naturales, de mango, papaya, duran (que sabe bien pero huele a demonios) o naranja, ricos y a muy buen precio y donde pude aplacar mi sed.
Continué ascendiendo por calles de gran desnivel, opté por evitar las escaleras mecánicas para seguir topándome con estampas más auténticas, sin embargo el límite de tolerancia a la suciedad y el mal olor de mi hermana se estaba agotando y necesitábamos un sitio limpio y tranquilo en el que poder descansar.
Tal y como era de prever pronto apareció una zona plagada de Starbucks, pubs de estilo británico y restaurantes de comida asiática pero con diseño y estándares de limpieza europeos.
Decidimos entrar en un Pacific Cofee franquicia muy conocida en estas latitudes, un par de magdalenas y dos cafés nos quitaron momentáneamente el hambre, además aprovechamos para mirar el internet.
Al salir nos encaminamos al Peak Train y de nuevo no tardamos en encontrarlo, Hong Kong pese a estar tan densamente poblado es una ciudad de diseño muy compacto y todo parece estar cerca.
El tren, que lleva más de 100 años salvando imposibles desniveles es toda una proeza de la ingeniería decimonónica y un emblema y orgullo de la ciudad. Su recia estructura, sus sólidos asientos de madera y su inconfundible sonido tienen el porte y la cadencia de otra época. Gran parte del trayecto se hace en posición prácticamente horizontal confiando en la resistencia de unos bancos fuertemente atornillados al suelo de madera.
Esta es la mejor forma de llegar al pico Victoria, el punto más alto de la isla y desde donde se pueden contemplar las mejores vistas del impresionante sky line, sobre todo si se accede a la terraza panorámica.
Apenas sin espacio, encajonados entre el mar y las picudas y abruptas montañas se hacinan multitud de bloques de hormigón que en una desaforada y competitiva lucha, como si se tratase de árboles en un bosque tropical, se apresuran a crecer a lo alto, delgados y esbeltos.
La ciudad supone un auténtico desafío a la naturaleza y contemplarlo desde lo alto una maravilla indescriptible.
Llegué a la ex colonia británica un domingo por la mañana y la ciudad, lejos de estar dormida bullía vitalidad en cada esquina. Los vendedores hindús de Nathan Road salían a la calle y trataban de venderme un happy Rolex o un traje a medida, por una vez decidí ignorar tentaciones consumistas ( tiempo habría en los mercadillos ) u otro tipo de distracciones y dirigirme al Star Ferry.
Con una frecuencia de unos diez minutos, los amplios y destartalados barcos de esta legendaria compañía, unen la península de Koowlon con la isla de Hong Kong propiamente dicha, algo más sofisticada y totalmente volcada a las finanzas pero con multitud de lugares interesantes que visitar y también llena de vida.
El trayecto en ferry duró poco más de cinco minutos y una espaciosa pasarela peatonal facilitó la marcha hacia la zona de Central, donde se apiñan los edificios más altos y vistosos, con una densidad y verticalidad tales que realmente llegan a abrumar.
Tuve que atravesar varias calles y ascender unos cuantos metros para acceder a los Mid-levels, donde me reencontré de nuevo con edificaciones hechas a una escala más humana. Esta es una zona más residencial, no todos los edificios estan tan impecables como en el vecino barrio de Central, los bloques modernos conviven con otros verdaderamente cochambrosos, entre las empinadas calles, muchas veces escalonadas surgen tenderetes o auténticos mercadillos atiborrados de indescriptibles productos, desde estampas para celebrar el cercano año nuevo chino a pescado desecado o puestos en los que preparan zumos naturales, de mango, papaya, duran (que sabe bien pero huele a demonios) o naranja, ricos y a muy buen precio y donde pude aplacar mi sed.
Continué ascendiendo por calles de gran desnivel, opté por evitar las escaleras mecánicas para seguir topándome con estampas más auténticas, sin embargo el límite de tolerancia a la suciedad y el mal olor de mi hermana se estaba agotando y necesitábamos un sitio limpio y tranquilo en el que poder descansar.
Tal y como era de prever pronto apareció una zona plagada de Starbucks, pubs de estilo británico y restaurantes de comida asiática pero con diseño y estándares de limpieza europeos.
Decidimos entrar en un Pacific Cofee franquicia muy conocida en estas latitudes, un par de magdalenas y dos cafés nos quitaron momentáneamente el hambre, además aprovechamos para mirar el internet.
Al salir nos encaminamos al Peak Train y de nuevo no tardamos en encontrarlo, Hong Kong pese a estar tan densamente poblado es una ciudad de diseño muy compacto y todo parece estar cerca.
El tren, que lleva más de 100 años salvando imposibles desniveles es toda una proeza de la ingeniería decimonónica y un emblema y orgullo de la ciudad. Su recia estructura, sus sólidos asientos de madera y su inconfundible sonido tienen el porte y la cadencia de otra época. Gran parte del trayecto se hace en posición prácticamente horizontal confiando en la resistencia de unos bancos fuertemente atornillados al suelo de madera.
Esta es la mejor forma de llegar al pico Victoria, el punto más alto de la isla y desde donde se pueden contemplar las mejores vistas del impresionante sky line, sobre todo si se accede a la terraza panorámica.
Apenas sin espacio, encajonados entre el mar y las picudas y abruptas montañas se hacinan multitud de bloques de hormigón que en una desaforada y competitiva lucha, como si se tratase de árboles en un bosque tropical, se apresuran a crecer a lo alto, delgados y esbeltos.
La ciudad supone un auténtico desafío a la naturaleza y contemplarlo desde lo alto una maravilla indescriptible.
Pese a que Hong Kong es un enclave cálido era pleno enero y el viento pegaba con fuerza allí en lo alto. Era el momento de bajar de nuevo y seguir dejándome envolver por la vitalidad, el frenesí y la contagiosa energía de este bullicioso lugar. Aún quedaba mucho por descubrir.
EL SUR DE LA ISLA/ MAS ALLÁ DE LOS RASCACIELOS
El sur de la isla de Hong Kong, protegido por las altas montañas y huérfano del eficiente sistema de metro que vertebra el lugar, me resultó sorprendentemente tranquilo y agradable.
Una serpenteante carretera que atraviesa el Happy Valley, donde se ubica un animado hipódromo siempre lleno, más por la afición de los asiáticos por las apuestas que por un verdadero interés por los caballos, y deja atrás las zonas residenciales más exclusivas o las viviendas unifamiliares de referencia, lugar favorito de los occidentales que por cualquier motivo han de asentarse en la ciudad y en el que se vive a ritmo más reposado.
Finalmente llegamos a Aberdeen, el distrito que 200 años atrás era refugio de piratas y malhechores y donde se asienta la población de los tankas.
Tras un duro regateo cogimos un sampan ( barco típico ) por 50 dolares de Hong Kong ( unos 5 euros ) y dimos un paseo por un puerto deportivo atestado de chatarra, taxis acuáticos ( kai do ) y viviendas flotantes. El paseo en barco nos permitió acercarnos un poco a la tradicional forma de vida en el agua y conocer el Jumbo, un famoso restaurante flotante. Concluido el paseo la olvidadiza patrona trató de cobrarnos de nuevo, ante nuestra firmeza quiso darnos a entender que los años le estaban haciendo perder la cabeza. Sin duda la mayor parte de los tankas aún siguen emparentados con los antiguos corsarios y lo más recomendable es pagar siempre al final del trayecto.
De Aberdeen nos dirigimos al pueblo de Stanley, dejando atrás el Repulse Bay, la bonita y agradable playa de Hong Kong, aunque según nos comentaron agobiante y auténticamente atestada de gente en primavera y verano. Al fondo se puede divisar el famoso rascacielos con un hueco cuadrado en el medio. Por lo visto el supersticioso constructor mandó edificarlo así porque si no el edificio impediría el acceso al agua del dragón que según la tradición ancestral habitaba en lo alto de la colina.
Llegamos por fin a Stanley, y tras darnos una vuelta por su famoso mercado, que realmente no difiere mucho de otros tantos que hay en la isla, llegamos a una terraza al borde del mar, hacía un sol espléndido y decidimos hacer un alto en el camino. Disfruté como pocas veces de la pinta de cerveza, una Tsingtao de suave sabor tostado servida por un sonriente y servicial camarero oriental.Al fondo, más allá de la bahía podía observar el Tin Hau Temple, uno de los más antiguos de la isla, hermoso y bastante exótico a mis ojos. El día era luminoso y una sensación de relax y paz invadió mi cuerpo. No había prisa, teníamos que recuperar fuerzas para emprender la excursión a Lantau.
Una serpenteante carretera que atraviesa el Happy Valley, donde se ubica un animado hipódromo siempre lleno, más por la afición de los asiáticos por las apuestas que por un verdadero interés por los caballos, y deja atrás las zonas residenciales más exclusivas o las viviendas unifamiliares de referencia, lugar favorito de los occidentales que por cualquier motivo han de asentarse en la ciudad y en el que se vive a ritmo más reposado.
Finalmente llegamos a Aberdeen, el distrito que 200 años atrás era refugio de piratas y malhechores y donde se asienta la población de los tankas.
Tras un duro regateo cogimos un sampan ( barco típico ) por 50 dolares de Hong Kong ( unos 5 euros ) y dimos un paseo por un puerto deportivo atestado de chatarra, taxis acuáticos ( kai do ) y viviendas flotantes. El paseo en barco nos permitió acercarnos un poco a la tradicional forma de vida en el agua y conocer el Jumbo, un famoso restaurante flotante. Concluido el paseo la olvidadiza patrona trató de cobrarnos de nuevo, ante nuestra firmeza quiso darnos a entender que los años le estaban haciendo perder la cabeza. Sin duda la mayor parte de los tankas aún siguen emparentados con los antiguos corsarios y lo más recomendable es pagar siempre al final del trayecto.
De Aberdeen nos dirigimos al pueblo de Stanley, dejando atrás el Repulse Bay, la bonita y agradable playa de Hong Kong, aunque según nos comentaron agobiante y auténticamente atestada de gente en primavera y verano. Al fondo se puede divisar el famoso rascacielos con un hueco cuadrado en el medio. Por lo visto el supersticioso constructor mandó edificarlo así porque si no el edificio impediría el acceso al agua del dragón que según la tradición ancestral habitaba en lo alto de la colina.
Llegamos por fin a Stanley, y tras darnos una vuelta por su famoso mercado, que realmente no difiere mucho de otros tantos que hay en la isla, llegamos a una terraza al borde del mar, hacía un sol espléndido y decidimos hacer un alto en el camino. Disfruté como pocas veces de la pinta de cerveza, una Tsingtao de suave sabor tostado servida por un sonriente y servicial camarero oriental.Al fondo, más allá de la bahía podía observar el Tin Hau Temple, uno de los más antiguos de la isla, hermoso y bastante exótico a mis ojos. El día era luminoso y una sensación de relax y paz invadió mi cuerpo. No había prisa, teníamos que recuperar fuerzas para emprender la excursión a Lantau.
domingo, 25 de enero de 2009
LANTAU
El puente de Tsing Ma, el mayor de mundo en suspensión para coches y trenes, me condujo a Lantau. La isla, aún siendo la mas grande del archipiélago, permanecía hasta la construcción del puente y el aeropuerto, hace unos diez años, prácticamente ajena al ajetreo de Hong Kong.
Pese a todo, su estimable tamaño le ha permitido absorber sin problemas estas infraestructuras y continuar manteniendo su carácter rural y auténtico.
La primera parada la efectué en la playa de Chug Sha, un larguísimo arenal rodeado de vegetación en un entorno apenas transformado por la mano del hombre. Efectuaba mi visita un día de semana y el lugar daba la sensación de soledad y sosiego, no había nadie en la arena y esto me permitió el raro privilegio de dar un largo paseo en solitario disfrutando del majestuoso mar de China.
De allí me encaminé a Tai O, llegué al pueblo por una estrechísima carretera que avanza entre el mar y unas afiladas montañas con forma de dientes de sierra. Al llegar me encontré con una villa marinera tradicional impregnada de un fuerte olor a pescado en salazón y con edificaciones de más de 300 años, auténticos palafitos con pilastres de madera asentados en el mar y que levantan las viviendas unos metros sobre el nivel del mismo.
Tras el dique principal, una intrincada red de puentes y callejuelas configura el pueblo, no demasiado turbado por el impacto de la tecnología o el turismo y donde abundan los talleres de estilo tradicional o sencillos restaurantes especializados en productos del mar. Una explanada en frente del templo más antiguo hace las veces de plaza principal o punto de reunión del pueblo. Me senté a descansar en un banco y un anciano con la piel curtida no tardó en acercarse a mi y preguntarme en un inglés apenas inteligible cuál era mi nacionalidad, se sonrió cuando le contesté que era español. No vienen muchos por aquí me dijo. Deambulé un poco más por el pueblo hasta que decidí dirigirme de nuevo al claro donde paraban los autobuses.
Tras circular un buen rato por una estrecha carretera llegué a Ngong Ping, al contrario del resguardado Tai O, este pueblo, bien conectado mediante teleférico con el sistema de metro de Hong Kong, está enfocado y creado por y para el turismo, aún así posee cierta armonía y encanto aunque algo artificial sin duda.
Atravesé el pueblo sin prestar demasiada atención a las tiendas de recuerdos y a los restaurantes de comida rápida que proliferaban por doquier y me dirigí al cercano monasterio de Po Lin, donde aún habita una pequeña comunidad de monjes.
Se accede por una especia de vestíbulo custodiado por unas estatuas de guerreros. Una amplia explanada cuadrangular plagada de flores precede al pabellón principal asentado sobre unas escaleras y donde los devotos realizan sus ofrendas. Desde este punto se pueden observar el resto de las montañas y el majestuoso buda gigante de 26 metros de alto y encaramado sobre una cercana montaña.
Esa sería mi próxima parada pero antes decidí hacer un alto en el camino para disfrutar de la magnífica comida vegetariana que servían en restaurante del monasterio. Aunque me considero preferentemente carnívoro la comida, variada y bien especiada me pareció muy apetitosa y nutritiva.
Ahora ya estaba perfectamente preparado para el esfuerzo final, los interminables escalones que me conducirían al promontorio donde se asienta el buda gigante de Lantau. La pequeña molestia se ve compensada al llegar a la base de la escultura, una enorme y magnífica pieza de bronce rodeada de otras más pequeñitas que agrupadas de tres en tres le ofrecen tributos y le rinden pleitesía. Desde lo alto pude contemplar de nuevo el monasterio y el verdor del paisaje circundante, sinuoso y salpicado de edificios tradicionales.El descenso resultó más sencillo y la mejor forma de regresar a mi destino fue utilizando el teleférico que parte de Ngong Ping, son varios kilómetros de viaje en el que se dejan atrás varias cadenas de picudas montañas muy verdes pero sin apenas árboles. Desde la parada en Tung Chung fue fácil coger el metro y volver de nuevo a mi hotel en Kowloon. Era hora de descansar.
Pese a todo, su estimable tamaño le ha permitido absorber sin problemas estas infraestructuras y continuar manteniendo su carácter rural y auténtico.
La primera parada la efectué en la playa de Chug Sha, un larguísimo arenal rodeado de vegetación en un entorno apenas transformado por la mano del hombre. Efectuaba mi visita un día de semana y el lugar daba la sensación de soledad y sosiego, no había nadie en la arena y esto me permitió el raro privilegio de dar un largo paseo en solitario disfrutando del majestuoso mar de China.
De allí me encaminé a Tai O, llegué al pueblo por una estrechísima carretera que avanza entre el mar y unas afiladas montañas con forma de dientes de sierra. Al llegar me encontré con una villa marinera tradicional impregnada de un fuerte olor a pescado en salazón y con edificaciones de más de 300 años, auténticos palafitos con pilastres de madera asentados en el mar y que levantan las viviendas unos metros sobre el nivel del mismo.
Tras el dique principal, una intrincada red de puentes y callejuelas configura el pueblo, no demasiado turbado por el impacto de la tecnología o el turismo y donde abundan los talleres de estilo tradicional o sencillos restaurantes especializados en productos del mar. Una explanada en frente del templo más antiguo hace las veces de plaza principal o punto de reunión del pueblo. Me senté a descansar en un banco y un anciano con la piel curtida no tardó en acercarse a mi y preguntarme en un inglés apenas inteligible cuál era mi nacionalidad, se sonrió cuando le contesté que era español. No vienen muchos por aquí me dijo. Deambulé un poco más por el pueblo hasta que decidí dirigirme de nuevo al claro donde paraban los autobuses.
Tras circular un buen rato por una estrecha carretera llegué a Ngong Ping, al contrario del resguardado Tai O, este pueblo, bien conectado mediante teleférico con el sistema de metro de Hong Kong, está enfocado y creado por y para el turismo, aún así posee cierta armonía y encanto aunque algo artificial sin duda.
Atravesé el pueblo sin prestar demasiada atención a las tiendas de recuerdos y a los restaurantes de comida rápida que proliferaban por doquier y me dirigí al cercano monasterio de Po Lin, donde aún habita una pequeña comunidad de monjes.
Se accede por una especia de vestíbulo custodiado por unas estatuas de guerreros. Una amplia explanada cuadrangular plagada de flores precede al pabellón principal asentado sobre unas escaleras y donde los devotos realizan sus ofrendas. Desde este punto se pueden observar el resto de las montañas y el majestuoso buda gigante de 26 metros de alto y encaramado sobre una cercana montaña.
Esa sería mi próxima parada pero antes decidí hacer un alto en el camino para disfrutar de la magnífica comida vegetariana que servían en restaurante del monasterio. Aunque me considero preferentemente carnívoro la comida, variada y bien especiada me pareció muy apetitosa y nutritiva.
Ahora ya estaba perfectamente preparado para el esfuerzo final, los interminables escalones que me conducirían al promontorio donde se asienta el buda gigante de Lantau. La pequeña molestia se ve compensada al llegar a la base de la escultura, una enorme y magnífica pieza de bronce rodeada de otras más pequeñitas que agrupadas de tres en tres le ofrecen tributos y le rinden pleitesía. Desde lo alto pude contemplar de nuevo el monasterio y el verdor del paisaje circundante, sinuoso y salpicado de edificios tradicionales.El descenso resultó más sencillo y la mejor forma de regresar a mi destino fue utilizando el teleférico que parte de Ngong Ping, son varios kilómetros de viaje en el que se dejan atrás varias cadenas de picudas montañas muy verdes pero sin apenas árboles. Desde la parada en Tung Chung fue fácil coger el metro y volver de nuevo a mi hotel en Kowloon. Era hora de descansar.
martes, 20 de enero de 2009
CANTÓN
Explorado Hong Kong decidí acercarme a Cantón.
Tomé el ferry que se adentra por el Pearl River hasta Shenzhen en la frontera con China. Hong Kong, aunque técnicamente está desde 1997 bajo soberanía China dispone de un régimen jurídico especial; tiene moneda propia ( el dólar de Hong Kong en vez del yuan ), se conduce por la izquierda y es imprescindible presentar un visado para pasar al otro lado. Cumplido el engorroso trámite llegué a Shenzhen, una ciudad en plena expansión industrial que ni es bella ni pretende serlo y que poco puede ofrecer al viajero, salvo contemplar el vertiginoso ritmo de construcción y el desenfrenado crecimiento tan característico de las grandes ciudades chinas. Ya que pasaba por el lugar me acerqué a ver una exposición de figuras de terracota traidas de Xian y a un pequeño zoológico a ver unos simpáticos osos panda tomando bambú. Con la sensación de que la ciudad ya no daba mucho más de si puse rumbo por carretera a Cantón.
El paisaje desde el autobús era pantanoso, las zonas verdes estaban continuamente salpicadas de pueblecitos donde se podía ver con tristeza como las antiguas casas tradicionales de planta baja eran sustituidas por bloques de edificios de unas cuantas alturas. Si esto sucedía en las aldeas me pregunté que estaría pasando en el cercano Cantón y efectivamente lo que me encontré fue una proliferación de grandes vías de circulación y scalextrics a diferentes alturas y una auténtica celebración a los inefables y horrendos bloques de hormigón.
Seguí avanzando hacia la zona antigua siguiendo el curso del serpenteante rio Pearl para llegar a Shinuam, una recoleta islita de menos de un kilómetro de largo por 300 metros de ancho, encerrada dentro del casco urbano estaba más descuidada de lo que debería con bonitos edificios de aire colonial que nos recordaban su floreciente pasado y la numerosa población europea que se asentó en este barrio hace poco más de un siglo aunque hoy en día presenta un estado de cierto abanadono y poca vida alrededor.
Como era de esperar mucho más animada estaba la zona típicamente china, con antiguas edificiaciones de poca altura con concurridos soportales en los que predominaban las tiendas del estilo más tradicional conviviendo con algún que otro letrero del MacDonalds o el Starbucks. Paré a comer en un restaurante limpio y espacioso ubicado en uno de los pocos edificios modernos de la calle. Tras concluir me acerqué al original mercado que se extendía por las calles adyacentes y donde me encontré con alguna de las estampas más curiosas de todo el viaje. Amenazados por los rascacielos y la modernidad gente que parecía sacada de otra época se arremolinaba a vender en las callejuelas de la zona antigua sapos o culebras dios sabe para que uso medicinal. Una desaliñada campesina ( como las que ya hace lustros se han dejado de ver en Europa ) mostraba orgullosa un manojo de gallinas. Un hombre se dejaba afeitar en plena calle mientras un viejo minusválido de camisa azul y rostro cadavérico y un niño curioso atendían a todos los movimientos. Un grupo de hombres se apiñaban en torno a una improvisada mesa formada por un par de cajas viejas para jugar a las cartas. Un poco más allá un carpintero sentado en la calle bajo el toldo de su tienda se peleaba por dar forma a unos listones de madera.
Aún con estas anacrónicas imágenes en mi retina, tal vez no tan diferentes a las que se encontraron los misioneros españoles y portugueses que arribaron por primera vez a la ciudad siglos atrás, hice mi entrada en el cercano templo de los seis banianos ( 6 Bayans Temple ). Un lugar de profunda espiritualidad que data del año 537 aunque ha sido reconstruido en varias ocasiones. Llama la atención la pagoda de las flores de 56 metros justo tras la entrada principal y los bien cuidados pabellones cargados de reliquias. Un buda sonriente nos recibe a la entrada en contraste con la seriedad de la escultura del héroe que está detrás. En el último pabellón hay tres enormes estatuas, las tres representaciones de buda más antiguas y de mayor tamaño de Cantón.
Sin salir de la zona antigua nos enontraremos con otro edificio digno de mención, el Sun Yat-Sen Memorial Hall. Un enorme edificio pensado para todo tipo de representaciones, habilitado para dar cabida a miles de personas con un delicado espacio interior cargado de armoniosos diseños de más de 71 metros sin ningún pilar a la vista.
El exterior es también elegante pese a sus grandes dimensiones, una enorme explanada con una imponente estatua de bronce de Sun Yat Sen y unos cuidados jardines completan el magnífico conjunto.
Sin duda se quedó corta mi estacia en Cantón, una ciudad con muchos rincones que descubrir, pero oscurecía y pronto partiría mi tren hacia Hong Kong.
La estación, ubicada en una amplia y luminosa plaza, es excelente, espaciosa y bien organizada, aunque atestada de gente. El tren, también impecable, me dejó en el centro de Hong Kong en algo menos de dos horas. Desde allí me dirigí inmediatamente a mi hotel. Había sido un largo día.
Tomé el ferry que se adentra por el Pearl River hasta Shenzhen en la frontera con China. Hong Kong, aunque técnicamente está desde 1997 bajo soberanía China dispone de un régimen jurídico especial; tiene moneda propia ( el dólar de Hong Kong en vez del yuan ), se conduce por la izquierda y es imprescindible presentar un visado para pasar al otro lado. Cumplido el engorroso trámite llegué a Shenzhen, una ciudad en plena expansión industrial que ni es bella ni pretende serlo y que poco puede ofrecer al viajero, salvo contemplar el vertiginoso ritmo de construcción y el desenfrenado crecimiento tan característico de las grandes ciudades chinas. Ya que pasaba por el lugar me acerqué a ver una exposición de figuras de terracota traidas de Xian y a un pequeño zoológico a ver unos simpáticos osos panda tomando bambú. Con la sensación de que la ciudad ya no daba mucho más de si puse rumbo por carretera a Cantón.
El paisaje desde el autobús era pantanoso, las zonas verdes estaban continuamente salpicadas de pueblecitos donde se podía ver con tristeza como las antiguas casas tradicionales de planta baja eran sustituidas por bloques de edificios de unas cuantas alturas. Si esto sucedía en las aldeas me pregunté que estaría pasando en el cercano Cantón y efectivamente lo que me encontré fue una proliferación de grandes vías de circulación y scalextrics a diferentes alturas y una auténtica celebración a los inefables y horrendos bloques de hormigón.
Seguí avanzando hacia la zona antigua siguiendo el curso del serpenteante rio Pearl para llegar a Shinuam, una recoleta islita de menos de un kilómetro de largo por 300 metros de ancho, encerrada dentro del casco urbano estaba más descuidada de lo que debería con bonitos edificios de aire colonial que nos recordaban su floreciente pasado y la numerosa población europea que se asentó en este barrio hace poco más de un siglo aunque hoy en día presenta un estado de cierto abanadono y poca vida alrededor.
Como era de esperar mucho más animada estaba la zona típicamente china, con antiguas edificiaciones de poca altura con concurridos soportales en los que predominaban las tiendas del estilo más tradicional conviviendo con algún que otro letrero del MacDonalds o el Starbucks. Paré a comer en un restaurante limpio y espacioso ubicado en uno de los pocos edificios modernos de la calle. Tras concluir me acerqué al original mercado que se extendía por las calles adyacentes y donde me encontré con alguna de las estampas más curiosas de todo el viaje. Amenazados por los rascacielos y la modernidad gente que parecía sacada de otra época se arremolinaba a vender en las callejuelas de la zona antigua sapos o culebras dios sabe para que uso medicinal. Una desaliñada campesina ( como las que ya hace lustros se han dejado de ver en Europa ) mostraba orgullosa un manojo de gallinas. Un hombre se dejaba afeitar en plena calle mientras un viejo minusválido de camisa azul y rostro cadavérico y un niño curioso atendían a todos los movimientos. Un grupo de hombres se apiñaban en torno a una improvisada mesa formada por un par de cajas viejas para jugar a las cartas. Un poco más allá un carpintero sentado en la calle bajo el toldo de su tienda se peleaba por dar forma a unos listones de madera.
Aún con estas anacrónicas imágenes en mi retina, tal vez no tan diferentes a las que se encontraron los misioneros españoles y portugueses que arribaron por primera vez a la ciudad siglos atrás, hice mi entrada en el cercano templo de los seis banianos ( 6 Bayans Temple ). Un lugar de profunda espiritualidad que data del año 537 aunque ha sido reconstruido en varias ocasiones. Llama la atención la pagoda de las flores de 56 metros justo tras la entrada principal y los bien cuidados pabellones cargados de reliquias. Un buda sonriente nos recibe a la entrada en contraste con la seriedad de la escultura del héroe que está detrás. En el último pabellón hay tres enormes estatuas, las tres representaciones de buda más antiguas y de mayor tamaño de Cantón.
Sin salir de la zona antigua nos enontraremos con otro edificio digno de mención, el Sun Yat-Sen Memorial Hall. Un enorme edificio pensado para todo tipo de representaciones, habilitado para dar cabida a miles de personas con un delicado espacio interior cargado de armoniosos diseños de más de 71 metros sin ningún pilar a la vista.
El exterior es también elegante pese a sus grandes dimensiones, una enorme explanada con una imponente estatua de bronce de Sun Yat Sen y unos cuidados jardines completan el magnífico conjunto.
Sin duda se quedó corta mi estacia en Cantón, una ciudad con muchos rincones que descubrir, pero oscurecía y pronto partiría mi tren hacia Hong Kong.
La estación, ubicada en una amplia y luminosa plaza, es excelente, espaciosa y bien organizada, aunque atestada de gente. El tren, también impecable, me dejó en el centro de Hong Kong en algo menos de dos horas. Desde allí me dirigí inmediatamente a mi hotel. Había sido un largo día.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
EL CISNE NEGRO
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¿Cuanta información debemos de recopilar para tener una certeza sobre algo?
Me temo que hay materias en las que el número de pruebas nunca será suficiente.
Tal y cómo bien explica el economista Nassim Nicholas Taleb en su interesantísimo libro The Black Swan, podemos ir al parque todos los días y encontrarnos sólo con cisnes blancos, pero eso no probará que los cisnes negros no existen, una circunstancia fortuita puede hacer que nos topemos con uno de estos raros ejemplares que ni siquiera imaginábamos que existiesen, bien en ese mismo parque o más probablemente en una visita a algún lugar más recóndito donde esta característica sea más abundante. Nuestra sorpresa no sería tanta, sin embargo, como la que se llevaron los primeros europeos que pusieron pie en Australia y conocieron animales tan impensables y sorprendentes a sus ojos como el canguro o el koala.
Siguiendo esta línea de razonamiento, y en el ámbito puramente subjetivo, podemos tomar el amor como ejemplo, supongo que ni infinitas pruebas son suficientes para demostrar que el afecto y el compromiso va a ser duradero, sobre todo cuando un aislado y desafortunado desliz podría dar al traste con todo lo bueno hecho anteriormente.
Desgraciadamente la vida no es más que incertidumbre, sabiendo que las certezas no existen y que siempre hay que estar atento a lo que sucede a nuestro alrededor, y lucha, tratando de superar los nuevos retos que constantemente hemos de afrontar.
Las generalizaciones y los estereotipos siempre han sido malos compañeros de viaje, pero pueden convertirse en auténticos lastres para responder a las exigencias de la época contemporánea donde todo cambia vertiginosamente y lo nuevo pone constantemente en entredicho a lo anterior.
Me temo que hay materias en las que el número de pruebas nunca será suficiente.
Tal y cómo bien explica el economista Nassim Nicholas Taleb en su interesantísimo libro The Black Swan, podemos ir al parque todos los días y encontrarnos sólo con cisnes blancos, pero eso no probará que los cisnes negros no existen, una circunstancia fortuita puede hacer que nos topemos con uno de estos raros ejemplares que ni siquiera imaginábamos que existiesen, bien en ese mismo parque o más probablemente en una visita a algún lugar más recóndito donde esta característica sea más abundante. Nuestra sorpresa no sería tanta, sin embargo, como la que se llevaron los primeros europeos que pusieron pie en Australia y conocieron animales tan impensables y sorprendentes a sus ojos como el canguro o el koala.
Siguiendo esta línea de razonamiento, y en el ámbito puramente subjetivo, podemos tomar el amor como ejemplo, supongo que ni infinitas pruebas son suficientes para demostrar que el afecto y el compromiso va a ser duradero, sobre todo cuando un aislado y desafortunado desliz podría dar al traste con todo lo bueno hecho anteriormente.
Desgraciadamente la vida no es más que incertidumbre, sabiendo que las certezas no existen y que siempre hay que estar atento a lo que sucede a nuestro alrededor, y lucha, tratando de superar los nuevos retos que constantemente hemos de afrontar.
Las generalizaciones y los estereotipos siempre han sido malos compañeros de viaje, pero pueden convertirse en auténticos lastres para responder a las exigencias de la época contemporánea donde todo cambia vertiginosamente y lo nuevo pone constantemente en entredicho a lo anterior.
Más que nunca hemos de ser capaces de, sosegadamente, aprender y reinterpretar la realidad, cambiar de traje sin dejar de ser nosotros mismos, desconfiar de los dogmas y dudar de todo porque hasta lo inimaginable puede sucecer. Eso es en definiva lo que hace apasionante la existencia. No todo está escrito, sea cual sea nuestra situación, aún hay esperanza.
lunes, 10 de noviembre de 2008
EL PRINCIPE DE LA PAZ
El juego de la política es el arte de la simulación, la hipocresía y el engaño. Un lugar donde prima el pretender sobre el ser y el vistoso continente sobre el valioso contenido.
Un circo de descarados lenguaraces que venden sonrisas bobaliconas y chascarrillos fáciles en vez de estimular a la superación y a la exigencia.
Nuestra nación ha sufrido como pocas el azote de los dirigentes incapaces que han proliferado como una auténtica plaga. Especialmente paradigmática me parece la figura de Manuel Godoy que tras 200 años podemos juzgar con el desapasionado prisma de la distancia.
La de Godoy es la historia de un guardia de corps despreocupado y atractivo que un afortunado accidente al caerse de un caballo le hace trabar amistad con María Luisa de Parma, madura, ajada y lujuriosa princesa de Asturias y futura reina de España.
A partir de ahí sus responsabilidades serán proporcionales, probablemente, a sus superlativas capacidades amatorias y falta de escrúpulos para complacer a la desdentada reina que sólo escuchaba lo que decía su Manuel, pero muy por encima de sus menguadas capacidades intelectuales.
El conde de Floridablanca, que aspiraba a obtener una posición más ventajosa respecto a Inglaterra fruto de la cual España recupera Menorca y se distancia de Francia, es defenestrado en una oscura maniobra política lo cual aprovecha Godoy para hacerse con la Secretaría de Estado unos meses después, tras el fugaz paso del anciano Aranda (1793). Sin embargo la nueva política internacional de Godoy carece de firmeza y temeroso de la Francia revolucionaria acaba por firmar la indigna Paz de Basilea (1795), poco ventajosa para España, pero que le valió al ambicioso valido el pomposo título de Príncipe de la Paz.
A partir de ahí España hipotecará su política exterior en beneficio de la francesa en permanente enfrentamiento con Inglaterra. La situación económica también es delicada y la ruina del banco de San Carlos un golpe insoportable para la maltrecha Hacienda Pública, paradójicamente Godoy reacciona acaparando más poder.
Aunque la presión del directorio francés consigue apartar a Godoy provisionalmente del poder en 1798 este sigue mandando igualmente en la sombra.
La política del valido depende cada vez más de los intereses franceses aún a costa de los nacionales (guerra de las Naranjas, Trafalgar), pero la situación se vuelve insostenible cuando decide dar permiso a los franceses para que atraviesen España e invadan Portugal a cambio del reino del Algarve para Godoy. Su narcisismo y falta de patriotismo le impide ver la realidad y el incidente acaba por provocar el motín de Aranjuez y los dramáticas abdicaciones de Bayona que permiten a Napoleón convertirse en rey de España en 1808.
Han pasado más de 200 años pero poco ha cambiado en nuestra nación y en el mundo.
Políticos con cargos por encima de sus posibilidades a cambio de los más perversos favores y componendas, políticas exteriores erráticas y supeditadas al capricho del pequeño vecino de turno de escasa estatura física pero mayor talla política (de forma que una nación potente e independiente se convierte en un servil apéndice de otra sin obtener por ello ningún rédito), imprevisión y crisis económica, reyes despreocupados y libidinosos, allegados al régimen interesados y oportunistas, instrumentos de comunicación parciales y tendenciosos. Se renuevan los actores pero la historia siempre es la misma. Cada generación ha de elaborar, eso si, su particular remake de la película para adaptarla a los tiempos.
domingo, 9 de noviembre de 2008
BARAKA
Baraka es un hermoso, poético e innovador documental experimental, una sucesión de brillantes imágenes rodadas en 1992 sin un argumento definido que pretende mostrar la grandeza de la naturaleza humana.
Baraka es también una antigua palabra sufí que significa aliento o esencia de vida.
Baraka puede significar, asimismo, fortuna o suerte favorable.
En Marruecos baraka es un don divino atribuido a los místicos y a las personas con cierta santidad, aquellos que otorgan bendición de dios a las poblaciones colocadas bajo su protección y a quienes peregrinan a sus tumbas.
Y curiosamente, desde ayer, Barak Obama es es el nuevo presidente de los Estados Unidos de América. Un hawaiano de padre keniano y madre norteamericana criado en Indonesia por su padre adoptivo asiático y educado en Columbia y Harvard , dos de las universidades americanas más emblemáticas. Obama es un negro desteñido con facciones de blanco, de nombre musulmán y creencias cristianas. Su mestizaje genético y cultural es fascinante.
Por tanto si Obama ha vencido al proteico héroe Mc Cain, garante del estilo de vida tradicional y de los viejos valores, es sin duda por ser un genuino representante de la globalizada época multicultural en la que vivimos y tal vez quien mejor pueda asumirla y entenderla.
Ilusionado espero que el nuevo inquilino del despacho oval sea capaz de cristalizar sus ambiciones en hechos y articular sus sueños en un programa riguroso. Deseo un impulso en América, un firme golpe de timón, si, pero no un viaje a ninguna parte sin rumbo ni brújula.
El planeta global está en crisis y necesita que el maquinista de la locomotora de occidente aporte soluciones imaginativas, sensatas y responsables. El mundo necesita aliento, fortuna, ingenio, algo de baraka.
TRAILER DE LA PELÍCULA BARAKA
miércoles, 5 de noviembre de 2008
DE CANALES Y PUENTES

Si los rios representan el fluir del tiempo y el inevitable devenir de la vida que diría Heráclito, son los canales, bellos y barrocos cauces de este flujo de vitalidad, su expresión más artística y poética. Pero donde hay un río o un canal por el que discurren personas e ideas ha de haber un puente que enlace pensamientos y culturas. De ahí el seductor e hipnótico poder de las ciudades de canales y puentes.Aún recuerdo cuando todavía niño visité Annecy con mis abuelos y me perdí por primera vez en un laberinto de canales, en las originales callejuelas empedradas de este pueblo encantador de la alta Saboya con deliciosos pasadizos como la puerta de Santa Clara y refinadas casas de piedra que parecían aún más bellas reflejadas en las cristalinas aguas que las circundaban. Terminado mi deambular y ya tocando con el lago que colinda con la villa me topé con un edificio bello pero sobrio, el Palais de l' Ile, completamente rodeado de agua con el fin de aislarlo de la ciudad puesto que antiguamente había sido utilizado como prisión. Alcé luego la vista para contemplar el robusto y elegante castillo que protegía la ciudad desde lo alto y reparé en que mi abuelo se acercaba hacia mi preocupado por mi larga ausencia. Con protectora indulgencia puso mi mano sobre mi hombro y me condujo a un bote en el que recorrimos el gran lago, bordeado de magníficas residencias y castillos. El agua era infinitamente pura, el cálido día de septiembre resplandeciente y luminoso, una suave brisa acariciaba mi cara y yo me sentí completamente relajado y feliz. Pensé en los desventurados cautivos que habían ido a parar en el Palais de l' Isle y los compadecí.¡Qué terrible destino es ser cautivo rodeado de una espectacular belleza que no puedes disfrutar!.
Y así otras ciudades con canales siguieron a Annecy.
Chartres, cerca de París y eclipsada por su imponente catedral, pero con un casco antiguo plagado de calles tortuosas, puentes de piedra sobre los canales y lavaderos que evocan a la Edad Media. ¡Qué divertido paseo con Laura en el trencito turístico y que suculenta comida un restaurante típico!
Brujas, en la parte flamenca de Bélgica, con canales plagados de cisnes por los que navegan los barcos con turistas, de la plaza de Burg a la iglesia de nuestra señora y aún más allá. ¡Qué ciudad más encantadora y qué sofoco, por más que las impresionantes vistas compensaran luego el esfuerzo, subiendo por las escaleras del campanario ubicado en la plaza mayor!
Cesky Krumlov, tal vez no es una ciudad de canales al uso pero si una auténtica obra de filigrana rodeada de un anillo de agua en el brazo del río Moldava que forma un pronunciado meandro en ese punto, de original acceso por la pasarela de un castillo y con una fisonomía absolutamente medieval en la que destacan sus fachadas de piedra y de colores y sus puentes de madera. La capital de la bohemia meridional es el decorado más idoneo para un romántico paseo. ¡Que agradable día de mayo de la delicada mano de la mejor compañía posible!
Venecia, sin duda el arquetipo de las ciudades con canales, es pura magia y sofisticación. Un lugar único y especial con lugares llenos de embrujo, la plaza de San Marcos, las góndolas, los puentes de Rialto y de los Suspiros. Era de noche y, completamente perdidos en el seductor laberinto que es la ciudad en sí, se nos hizo tarde para coger el último vapporetto de vuelta a nuestro hotel, situado fuera de la laguna, una espectacular carrera por las empedradas callejuelas y un providencial retraso hizo que mi hermana, dos amigas brasileñas que conocimos durante el viaje y yo pudiéramos dormir a cubierto esa noche. Casi lo lamenté. ¡Que hermoso hubiera sido haber dormido al raso en la ciudad más poética del mundo!
Pero no solo en Europa hay canales. A más de 2000 metros de altura en una zona conocida como pre Tibet ya entre el cielo y la tierra se encuentra Lijiang, un auténtico paraiso. A veces sueño que estoy de nuevo en el palacio de Mu, lugar donde la familia dominante dirigía los destinos de toda la etnia naxi, y puedo contemplar de nuevo toda la ciudad antigua con sus callejuelas empedradas y sus refrescantes canales que trasportan el agua venida directamente del Himalaya. ¡Qué fresca está el agua y qué puro es el aire!
Bonitos recuerdos, si, pero aún muchos canales y puentes por explorar. Mis ojos miran ya al Adriático. Allí se encuentra Ámsterdam. ¡Qué maravilloso es poder disfrutar de la fascinación de ciudades tan singulares!
domingo, 2 de noviembre de 2008
EL BARRANCO DEL INFIERNO
En su parte meridional, tradicionalmente asociada con el turismo de masas, el sol y la playa, se encuentra un auténtico oasis de naturaleza y vida. El barranco del infierno, un pulmón verde en el árido sur.
Se accede al mismo por la localidad de Adeje y el recorrido sigue el antiguo cauce de un río, ahora prácticamente sin actividad salvo en su parte final donde se encuentra uno de los pocos puntos de la isla donde el agua fluye espontáneamente.
Inicié la caminata al mediodía y a pesar que el pedregoso camino es un tanto intrincado, el paseo, de aproximadamente 7 kilómetros, resultó agradable y liviano.
La marcha discurría entre portentosas laderas de piedra y una profunda garganta donde aún se aprecian estratos de sedimentos de lava volcánica, dejando atrás maravillosas vistas del luminoso poblado de Adeje rodeado por el mar.
En este tramo la vegetación circundante era escasa y pobre, sólo algunas plantas autóctonas como los sufridos cardones y la original tabaiba florecían tímidamente en un terreno seco y rocoso. Sin embargo encontramos gran colorido en el cielo, abundantes aficionados al parapente desplegaban sus vistosos globos aprovechando el fuerte viento y las empinadas laderas de la zona en lo que constituye un lugar ideal para la práctica de este temerario deporte.
Según íbamos ascendiendo notábamos un entorno más puro y un contacto más íntimo con la naturaleza. En el horizonte ahora se atisbaban cernícalos y las cabras saltaban, jugueteaban y se lamentaban de forma escandalosa entre los riscos que nos rodeaban.
Los fuertes quejidos de uno de los animales, potenciados por el eco que se creaba en el desfiladero llegó incluso a alarmarnos pero uno de los guardianes del parque natural pronto nos tranquilizó y nos explicó que eran las normales disputas entre machos, porfiando por hacerse con el dominio de las hembras, algo por otro lado común en cualquier especie aún cuando los rituales puedan ser un tanto más refinados.
Continuamos la ruta y reparé en las antiguas canalizaciones que conducían el agua de la montaña al pueblo, algunas con varios siglos de antigüedad, según nos explicó una amabilísima guía y curiosamente vieja conocida de una de las chicas que realizaba la marcha con nosotros.
Pasamos por unos puentes de mampostería y poco después observamos que el paisaje variaba súbitamente convirtiéndose en una proliferación de vegetación y verdor.
El agua fluía libremente en forma de arroyuelo y era casi inevitable mojarse en algún punto. El frescor era de lo más agradable, así como el canto de alguno de los pájaros que anidaba en el lugar, pero eso no era nada comparado con la gran sorpresa que nos esperaba al final. De una imponente pared y en un paradisíaco claro surgía una hermosa cascada, un fino, cristalino y delicado hilo de belleza y de vida. Allí disfrutamos del espectacular entorno unos minutos para iniciar a continuación el descenso por la misma senda que habíamos seguido previamente, con un único alto para avituallarnos y compartir anécdotas y risas con los fantásticos compañeros salmantinos y canarios que me habían acompañado en esta pequeña expedición.
Según íbamos ascendiendo notábamos un entorno más puro y un contacto más íntimo con la naturaleza. En el horizonte ahora se atisbaban cernícalos y las cabras saltaban, jugueteaban y se lamentaban de forma escandalosa entre los riscos que nos rodeaban.
Los fuertes quejidos de uno de los animales, potenciados por el eco que se creaba en el desfiladero llegó incluso a alarmarnos pero uno de los guardianes del parque natural pronto nos tranquilizó y nos explicó que eran las normales disputas entre machos, porfiando por hacerse con el dominio de las hembras, algo por otro lado común en cualquier especie aún cuando los rituales puedan ser un tanto más refinados.
Continuamos la ruta y reparé en las antiguas canalizaciones que conducían el agua de la montaña al pueblo, algunas con varios siglos de antigüedad, según nos explicó una amabilísima guía y curiosamente vieja conocida de una de las chicas que realizaba la marcha con nosotros.
Pasamos por unos puentes de mampostería y poco después observamos que el paisaje variaba súbitamente convirtiéndose en una proliferación de vegetación y verdor.
El agua fluía libremente en forma de arroyuelo y era casi inevitable mojarse en algún punto. El frescor era de lo más agradable, así como el canto de alguno de los pájaros que anidaba en el lugar, pero eso no era nada comparado con la gran sorpresa que nos esperaba al final. De una imponente pared y en un paradisíaco claro surgía una hermosa cascada, un fino, cristalino y delicado hilo de belleza y de vida. Allí disfrutamos del espectacular entorno unos minutos para iniciar a continuación el descenso por la misma senda que habíamos seguido previamente, con un único alto para avituallarnos y compartir anécdotas y risas con los fantásticos compañeros salmantinos y canarios que me habían acompañado en esta pequeña expedición.
Por la tarde me tocó relax en la playa de Médano pero continuo ávido por seguir descubriendo todos los secretos y rincones de la isla. Ansío ver que grata sorpresa me deparará mi próxima visita.
lunes, 20 de octubre de 2008
DOLIA

Siguiendo la estela de mi primo César, incombustible aventurero, el otro día me acerqué a Dolia, un remoto pueblo perdido en el corazón de la Asturias rural del que nunca había oído hablar antes. Accedimos al lugar desde la villa de Grado, por una estrecha y mal señalizada carretera de montaña de unos 30 kilómetros. El viaje en coche se hizo bastante cómodo, el día era muy soleado, el puerto tendido y el trazado no excesivamente sinuoso.
A ambos lados de la carretera imponentes montañas y algún diminuto y languideciente pueblecito, sin apenas actividad. Nos encontrábamos en una zona de bajísima densidad de población, relativamente virgen, apenas modificada por la acción del hombre.
La antigua calzada romana de la Mesa, cuyo itinerario aún hoy se puede seguir a pie, es una opción alternativa al coche, ideal para aquellos que quieran recrearse en un lugar cargado de belleza e historia. El camino romano fue durante siglos la principal vía de comunicación entre Asturias y la meseta, por donde los romanos transportaban el oro hacia el sur y en la ruta aún se encuentran multitud de referencias a esa época. El mismo pueblo de Dolia (tinaja en latín) al que nos dirigíamos era un punto estratégico en la ruta e incluso, siglos después, en el medievo, sus habitantes estaban exentos de impuestos a cambio de proveer de alimento y morada a los exahustos viajeros.
En Dolia planeábamos encontrarnos con Kike, amigo de la infancia de mi primo, carismático e infatigable, capaz de, frisando los cincuenta, romper amarras con una vida de éxito y al estilo de Paul Gaugain, abandonar la confortable civilización y lanzarse a vivir sus sueños.
Kike había comprado la mayor parte del pueblo, unas 20 casas casi todas de piedra, convirtiéndolo en su particular reino y refugio, arrastrando con él a su familia, contagiada de su desbordante entusiasmo. La mayor parte de la restauración la había efectuado el propio Kike haciendo de sufrido albañil, peón o ebanista cuando en realidad toda su vida se había dedicado a la banca.
Su espíritu inquieto, su innata habilidad, su afición por el bricolage y la carpintería y su identificación con el proyecto de reconstrucción del lugar, han permitido que en 25 meses y sin apenas ayuda, el pueblo haya podido resurgir del abandono y del olvido.
Cada dificultad la convertía en un reto personal, empleando grandes dosis de ingenio en adaptar pequeños vehículos 4x4 con los que poder transportar nuevas vigas de madera para los desvencijados techos de las casas por los estrechos caminos que había entre las viviendas o de esfuerzo vaciando las antiguas cuadras buscando darles la altura suficiente para convertirlas en confortables apartamentos.
Llegamos al pueblo, bellamente encajado entre las cercanas laderas del monte y con forma de tinaja como indica su nombre latino, a eso de las 4 de la tarde del pasado miércoles. El día aún parecía más luminoso a esa altura, con ese sol de otoño que acaricia y no daña. A nuestro alrededor, la imponente estampa de una interminable sucesión de abruptas montañas y tendidos valles, casi completamente despoblados, teñido todo de ese cromatismo ocre y rojizo tan característico de la época.
Advertido por César, Kike nos esperaba junto una antigua pared de piedra, con gran alegría dio un salto para saludar a su viejo amigo. Tras un fuerte apretón de manos y con su característica vivacidad pasó a mostrarnos con orgullo sus preciosas y preciadas posesiones.
Empezó por una casa de escaleras de piedra y dos alturas enmarcada por una esquina de madera ensamblada, según las técnicas tradicionales, sin usar puntas. En sus estancias superiores había ubicado la vistosa y acristalada recepción del complejo rural que estaba desarrollando y un pequeño comedor. La parte inferior la había convertido en un coqueto bar. Saliendo del edificio por la parte posterior nos encontramos entre dos pequeñas viviendas de piedra ya completamente habilitadas interiormente como apartamentos rurales compuestas de salón, cocina y dos habitaciones con estilo rústico y atmósfera tradicional pero todas las comodidades necesarias ( baño, cocina, neveras, micro-ondas, TV con pantaña plana ) y magníficas vistas a las hermosas montañas que enmarcaban el lugar.
Más allá muchas más viviendas en pleno proceso de restauración. De entre ellas destacaba la más grande y ambiciosa, con una amplia y luminosa galería, en cuyos bajos está proyectado un relajante complejo termal de inspiración romana.
Al fondo estaba la iglesia, con originales arcos de piedra en su interior, que también será objeto de una próxima restauración, y una amplia zona de juegos en lo que vendría a ser la plaza principal del pueblo. Asimismo y salpicados entre las construcciones de piedra, hórreos, paneras, viejos carros del país, antiguos aperos de labranza y otros elementos que nos retrotraían a un pretérito y fascinante mundo rural.
Antes de despedirnos de Kike, aún nos invitó a tomar un refresco en el pequeño bar y nos emplazó a volver en la próxima primavera a recorrer a pie alguna de las numerosas sendas que rodean el pueblo, con impresionantes vistas y desde las que se pueden observar, lobos, osos, rebecos y jabalíes. No faltaremos a la cita.
A ambos lados de la carretera imponentes montañas y algún diminuto y languideciente pueblecito, sin apenas actividad. Nos encontrábamos en una zona de bajísima densidad de población, relativamente virgen, apenas modificada por la acción del hombre.
La antigua calzada romana de la Mesa, cuyo itinerario aún hoy se puede seguir a pie, es una opción alternativa al coche, ideal para aquellos que quieran recrearse en un lugar cargado de belleza e historia. El camino romano fue durante siglos la principal vía de comunicación entre Asturias y la meseta, por donde los romanos transportaban el oro hacia el sur y en la ruta aún se encuentran multitud de referencias a esa época. El mismo pueblo de Dolia (tinaja en latín) al que nos dirigíamos era un punto estratégico en la ruta e incluso, siglos después, en el medievo, sus habitantes estaban exentos de impuestos a cambio de proveer de alimento y morada a los exahustos viajeros.
En Dolia planeábamos encontrarnos con Kike, amigo de la infancia de mi primo, carismático e infatigable, capaz de, frisando los cincuenta, romper amarras con una vida de éxito y al estilo de Paul Gaugain, abandonar la confortable civilización y lanzarse a vivir sus sueños.
Kike había comprado la mayor parte del pueblo, unas 20 casas casi todas de piedra, convirtiéndolo en su particular reino y refugio, arrastrando con él a su familia, contagiada de su desbordante entusiasmo. La mayor parte de la restauración la había efectuado el propio Kike haciendo de sufrido albañil, peón o ebanista cuando en realidad toda su vida se había dedicado a la banca.
Su espíritu inquieto, su innata habilidad, su afición por el bricolage y la carpintería y su identificación con el proyecto de reconstrucción del lugar, han permitido que en 25 meses y sin apenas ayuda, el pueblo haya podido resurgir del abandono y del olvido.
Cada dificultad la convertía en un reto personal, empleando grandes dosis de ingenio en adaptar pequeños vehículos 4x4 con los que poder transportar nuevas vigas de madera para los desvencijados techos de las casas por los estrechos caminos que había entre las viviendas o de esfuerzo vaciando las antiguas cuadras buscando darles la altura suficiente para convertirlas en confortables apartamentos.
Llegamos al pueblo, bellamente encajado entre las cercanas laderas del monte y con forma de tinaja como indica su nombre latino, a eso de las 4 de la tarde del pasado miércoles. El día aún parecía más luminoso a esa altura, con ese sol de otoño que acaricia y no daña. A nuestro alrededor, la imponente estampa de una interminable sucesión de abruptas montañas y tendidos valles, casi completamente despoblados, teñido todo de ese cromatismo ocre y rojizo tan característico de la época.
Advertido por César, Kike nos esperaba junto una antigua pared de piedra, con gran alegría dio un salto para saludar a su viejo amigo. Tras un fuerte apretón de manos y con su característica vivacidad pasó a mostrarnos con orgullo sus preciosas y preciadas posesiones.
Empezó por una casa de escaleras de piedra y dos alturas enmarcada por una esquina de madera ensamblada, según las técnicas tradicionales, sin usar puntas. En sus estancias superiores había ubicado la vistosa y acristalada recepción del complejo rural que estaba desarrollando y un pequeño comedor. La parte inferior la había convertido en un coqueto bar. Saliendo del edificio por la parte posterior nos encontramos entre dos pequeñas viviendas de piedra ya completamente habilitadas interiormente como apartamentos rurales compuestas de salón, cocina y dos habitaciones con estilo rústico y atmósfera tradicional pero todas las comodidades necesarias ( baño, cocina, neveras, micro-ondas, TV con pantaña plana ) y magníficas vistas a las hermosas montañas que enmarcaban el lugar.
Más allá muchas más viviendas en pleno proceso de restauración. De entre ellas destacaba la más grande y ambiciosa, con una amplia y luminosa galería, en cuyos bajos está proyectado un relajante complejo termal de inspiración romana.
Al fondo estaba la iglesia, con originales arcos de piedra en su interior, que también será objeto de una próxima restauración, y una amplia zona de juegos en lo que vendría a ser la plaza principal del pueblo. Asimismo y salpicados entre las construcciones de piedra, hórreos, paneras, viejos carros del país, antiguos aperos de labranza y otros elementos que nos retrotraían a un pretérito y fascinante mundo rural.
Antes de despedirnos de Kike, aún nos invitó a tomar un refresco en el pequeño bar y nos emplazó a volver en la próxima primavera a recorrer a pie alguna de las numerosas sendas que rodean el pueblo, con impresionantes vistas y desde las que se pueden observar, lobos, osos, rebecos y jabalíes. No faltaremos a la cita.
viernes, 10 de octubre de 2008
AMBIGÜEDAD

Vivimos una época confusa, bombardeados por un exceso de información, rodeados de mensajes contradictorios y tendenciosos.
Los valores se relativizan y las ideologías se diluyen, pero a la vez nuestras acciones están cada vez más interconectadas y nuestras vidas son más poliédricas que nunca. Las circunstnacias nos obligan a jugar diversos roles y como camaleones continuamente nos hemos de adaptar a un entorno cambiante.
Nuestras actuaciones no deben de ser juzgadas de un modo dogmático. La realidad se construye a base de pequeños retazos de historias y así vamos configurando nuestro complejo mundo de pasiones, finanzas, desamores, perversiones, materialismo y soledad. Al final el protagonista es el único juez posible de su propia realidad. Sólo él conoce todas las claves de su historia. El problema es que esa no es TODA la historia porque la realidad no es uniforme, tiene múltiples registros y la tragedia de algunos puede suponer la salvación de otros.
Esa es la propuesta de la caleidoscópica novela del australiano Elliot Perlman, Ambigüedad, uno de los libros más sugerentes y atractivos que he tenido la oportunidad de leer en estos últimos meses, una perfecta reflexión sobre la aventura de sobrevivir a esta convulsa época que nos rodea, buceando en el mundo interior de 7 personas completamente distintas ( un profesor en paro, un psiquiatra, un broker de la bolsa, una ex novia... ) a las que dará la oportunidad de convertirse en narradores de su historia y encajar ésta en el complejo puzzle de la incierta existencia.
Los valores se relativizan y las ideologías se diluyen, pero a la vez nuestras acciones están cada vez más interconectadas y nuestras vidas son más poliédricas que nunca. Las circunstnacias nos obligan a jugar diversos roles y como camaleones continuamente nos hemos de adaptar a un entorno cambiante.
Nuestras actuaciones no deben de ser juzgadas de un modo dogmático. La realidad se construye a base de pequeños retazos de historias y así vamos configurando nuestro complejo mundo de pasiones, finanzas, desamores, perversiones, materialismo y soledad. Al final el protagonista es el único juez posible de su propia realidad. Sólo él conoce todas las claves de su historia. El problema es que esa no es TODA la historia porque la realidad no es uniforme, tiene múltiples registros y la tragedia de algunos puede suponer la salvación de otros.
Esa es la propuesta de la caleidoscópica novela del australiano Elliot Perlman, Ambigüedad, uno de los libros más sugerentes y atractivos que he tenido la oportunidad de leer en estos últimos meses, una perfecta reflexión sobre la aventura de sobrevivir a esta convulsa época que nos rodea, buceando en el mundo interior de 7 personas completamente distintas ( un profesor en paro, un psiquiatra, un broker de la bolsa, una ex novia... ) a las que dará la oportunidad de convertirse en narradores de su historia y encajar ésta en el complejo puzzle de la incierta existencia.
jueves, 9 de octubre de 2008
NUEVOS CLIMAS, VIEJOS AIRES
Desde las remotas épocas de la última glaciación y aún antes, los hominidos elevan la vista al cielo y recrean animales o figuras mirando a las nubes tratando, sin éxito, de controlar y predecir los fenómenos atmosféricos.
La meteorología continúa hoy en día aleatoria e imprevisible, los sabios aún no han descubierto la ecuación que contenga la ansiada respuesta, y, según quien sea el mecenas de la sesuda investigación, un mismo fenómeno puede tener diversas y contradictorias explicaciones.
En la España medieval si las cosechas eran malas bien por la sequía o el temporal los señores feudales o la Santa Inquisición aplacaban la ira de sus súbditos, los siervos de la gleba, quemando algunos judaizantes. Cuando no llovía los mayas trataban de complacer a sus dioses sacrificando unos cientos de desventurados convecinos. Tanto horror podía turbar incluso el templado ánimo de sus deidades y conmovidos rompían a llorar proporcionando la necesaria y ansiada lluvia.
En la isla de Pascua la divinidad era sensible al arte y regalaba el clima adecuado a cambio de que se les construyeran gigantescos moais con los que poder recrearse.
Lástima que esquilmado el medio en Pascua y, tras una gran sequía, asolada la agricultura en Centroamérica ambas civilizaciones se desmoronaron por falta de previsión e infraestructura. En España la pertinaz y endémica sequía sólo se solucionó en parte cuando se emprendió un incompleto plan de transvases y regadíos que aún hoy en día seguimos desarrollando.
Pocas cosas han cambiado desde entonces. El hombre del tiempo, el metereólogo, provisto de una paraferanalia más civilizada, es el moderno chamán, para sus predicciones no necesita huesos mágicos o entrañas de animales muertos, las barras isotérmicas o las fotografías del satélite Meteosat son lo suficientemente inspiradoras, con ellas trata de barruntar nuestro futuro y predecir soles que no aparecen, vientos que no soplan o temporales que se quedan en aguas de borrajas.
Sus inestimables compañeros son los Sumos Sacerdotes de la postmodernidad que reaccionan ante los imprevistos metereologicos demonizando a lejanas petroleras, madereras, quimiqueras, ingenieros, arquitectos o constructores. No tienen ningún género de dudas y lanzan sus irrefutables proclamas mientras se pasean en sus coches de gran cilindrada, calientan sus casas más de lo estrictamente necesario o quedan hechizados ante los objetos bellamente envueltos y los escaparates obscenamente iluminados.
Pero podemos seguir consumiendo tranquilos, el verdadero responsable de todo habita allende los mares. Como decía Jean Paul Sastre, el infierno siempre son los demás.
La meteorología continúa hoy en día aleatoria e imprevisible, los sabios aún no han descubierto la ecuación que contenga la ansiada respuesta, y, según quien sea el mecenas de la sesuda investigación, un mismo fenómeno puede tener diversas y contradictorias explicaciones.
En la España medieval si las cosechas eran malas bien por la sequía o el temporal los señores feudales o la Santa Inquisición aplacaban la ira de sus súbditos, los siervos de la gleba, quemando algunos judaizantes. Cuando no llovía los mayas trataban de complacer a sus dioses sacrificando unos cientos de desventurados convecinos. Tanto horror podía turbar incluso el templado ánimo de sus deidades y conmovidos rompían a llorar proporcionando la necesaria y ansiada lluvia.
En la isla de Pascua la divinidad era sensible al arte y regalaba el clima adecuado a cambio de que se les construyeran gigantescos moais con los que poder recrearse.
Lástima que esquilmado el medio en Pascua y, tras una gran sequía, asolada la agricultura en Centroamérica ambas civilizaciones se desmoronaron por falta de previsión e infraestructura. En España la pertinaz y endémica sequía sólo se solucionó en parte cuando se emprendió un incompleto plan de transvases y regadíos que aún hoy en día seguimos desarrollando.
Pocas cosas han cambiado desde entonces. El hombre del tiempo, el metereólogo, provisto de una paraferanalia más civilizada, es el moderno chamán, para sus predicciones no necesita huesos mágicos o entrañas de animales muertos, las barras isotérmicas o las fotografías del satélite Meteosat son lo suficientemente inspiradoras, con ellas trata de barruntar nuestro futuro y predecir soles que no aparecen, vientos que no soplan o temporales que se quedan en aguas de borrajas.
Sus inestimables compañeros son los Sumos Sacerdotes de la postmodernidad que reaccionan ante los imprevistos metereologicos demonizando a lejanas petroleras, madereras, quimiqueras, ingenieros, arquitectos o constructores. No tienen ningún género de dudas y lanzan sus irrefutables proclamas mientras se pasean en sus coches de gran cilindrada, calientan sus casas más de lo estrictamente necesario o quedan hechizados ante los objetos bellamente envueltos y los escaparates obscenamente iluminados.
Pero podemos seguir consumiendo tranquilos, el verdadero responsable de todo habita allende los mares. Como decía Jean Paul Sastre, el infierno siempre son los demás.
martes, 30 de septiembre de 2008
LA PEQUEÑA TIENDA DE LOS HORRORES
El mundo actual es una delicada figura de porcelana, frágil filigrana china, navegando sin rumbo en medio de un mar bravío.
Las luces de neón de los casinos de las Vegas sustituyen a la iluminación trascendente, la ocurrencia disparatada a la idea elaborada, la bisutería a la joya y el demagogo al pensador, en una suerte de sucedáneo de existencia donde ya nada es genuino u original.
Nuestro entorno se ha convertido en una pequeña tienda de los horrores, atraídos todos por el morbo de lo grotesco, donde reposa Audrie II una planta carnívora que crece y crece desordenadamente en el sótano, que bebe con avidez cantidades ingentes de sangre, a la que hay que alimentar constantemente y que amenaza con devorarnos a nosotros mismos en cada instante.
Un entramado social siempre apresurado y en peligro en el que habita un individuo fácilmente impresionable y manipulable que ya no encuentra sosiego ni satisfacción por nada, inmerso en una continua huida hacia delante en un planeta frágil, carente de sólidos cimientos y que se descompone sin remedio.
Igual que las Torres gemelas de Nueva York, nuestra pequeña torre de cristal se desploma, se cae como un castillo de naipes ante el simple aleteo de una mariposa en Wall Street o el desagradable chillido de un fundamentalista incendiario en Teherán.
Internet, Imagenio, mensajes de móvil, DVDs, GPS, mandos a distancia, tecnologías que nos desbordan, máquinas que ya no entendemos ni dominamos parecen acudir en nuestra ayuda pero somos más vulnerables que nunca, no sabríamos sobrevivir ni 24 horas en un entorno natural, hemos olvidado de donde venimos y no sabemos a dónde vamos. Serían necesarias grandes dosis de ingenio y valor para frenar a este potro desbocado.
Desgraciadamente es más fácil consumir que pensar, ignorar la realidad que afrontar los problemas, la sonrisa bobalicona que los retos apasionantes, callar que hablar claro.El precio del petróleo pude subir o bajar, las acciones se compran y se venden, unos ríen y otros lloran pero hay crisis cuando las ideas y los valores se resquebrajan o cuando las personas decentes, valientes y preparadas son ignoradas, ridiculizadas y vilipendiadas.
Las luces de neón de los casinos de las Vegas sustituyen a la iluminación trascendente, la ocurrencia disparatada a la idea elaborada, la bisutería a la joya y el demagogo al pensador, en una suerte de sucedáneo de existencia donde ya nada es genuino u original.
Nuestro entorno se ha convertido en una pequeña tienda de los horrores, atraídos todos por el morbo de lo grotesco, donde reposa Audrie II una planta carnívora que crece y crece desordenadamente en el sótano, que bebe con avidez cantidades ingentes de sangre, a la que hay que alimentar constantemente y que amenaza con devorarnos a nosotros mismos en cada instante.
Un entramado social siempre apresurado y en peligro en el que habita un individuo fácilmente impresionable y manipulable que ya no encuentra sosiego ni satisfacción por nada, inmerso en una continua huida hacia delante en un planeta frágil, carente de sólidos cimientos y que se descompone sin remedio.
Igual que las Torres gemelas de Nueva York, nuestra pequeña torre de cristal se desploma, se cae como un castillo de naipes ante el simple aleteo de una mariposa en Wall Street o el desagradable chillido de un fundamentalista incendiario en Teherán.
Internet, Imagenio, mensajes de móvil, DVDs, GPS, mandos a distancia, tecnologías que nos desbordan, máquinas que ya no entendemos ni dominamos parecen acudir en nuestra ayuda pero somos más vulnerables que nunca, no sabríamos sobrevivir ni 24 horas en un entorno natural, hemos olvidado de donde venimos y no sabemos a dónde vamos. Serían necesarias grandes dosis de ingenio y valor para frenar a este potro desbocado.
Desgraciadamente es más fácil consumir que pensar, ignorar la realidad que afrontar los problemas, la sonrisa bobalicona que los retos apasionantes, callar que hablar claro.El precio del petróleo pude subir o bajar, las acciones se compran y se venden, unos ríen y otros lloran pero hay crisis cuando las ideas y los valores se resquebrajan o cuando las personas decentes, valientes y preparadas son ignoradas, ridiculizadas y vilipendiadas.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
UNIDOS DE LA MANO

La semana pasada supuso, para mi, un soplo de esa verdadera multiculturalidad que tanto hecho en falta en Gijón.
Días de animados encuentros entre bretones, escoceses, galeses y asturianos en una auténtica celebración de las tradiciones célticas con el permiso de algún invitado inglés, brasileño o castellano donde el don de lenguas, la curiosidad y el desenfado parecían ser los atributos comunes de la mayor parte de los jóvenes invitados.
La atmósfera me llegó a recordar a mi enriquecedora etapa de estudiante en Cardiff, donde este tipo de encuentros eran cotidianos, suponiendo en mi caso el acontecimiento un genial cambio de escenario sin necesidad de salir de la ciudad, de modo que por una vez la montaña venía a Mahoma.
Así pues, y tras dos o tres divertidas jornadas llenas de sorpresas para todos; un asturiano escanciaba sidra mientras un escocés explicaba lo que significaba el Kilt en su cultura o el bretón rompía un cubito de hielo sobre la cabeza de algún inglés, llegó el acontecimiento que a todos no había reunido en la ciudad, el enlace matrimonial entre una asturiana ( en este caso mi hermana ), y un escocés.
Los británicos acudieron al evento, previsto para las 5,30 de la tarde, con su tradicional kilt realizando una especie de procesión desde el hotel donde se alojaban la mayoría hasta la iglesia de la ceremonia. Al frente de la original comitiva un personaje encantador y entrañable, Robert, gaitero de Kelzo, que con sus atemporales melodías, conseguía crear la adecuada atmósfera de contenida alegría y respeto por las arraigadas tradiciones.
Ya en la iglesia se cambio la música celta por la sacra y sólo la belleza de la novia y alguna de las invitadas conseguía restar algo de protagonismo a los vistosos trajes regionales de los escoceses.
En su sermón el sacerdote volvió a insistir en la idea de que las procedencias podían ser múltiples pero la divinidad una sola y que el orgullo por lo nuestro pero el respeto por lo ajeno debían de guiar nuestra conducta.
De nuevo en el exterior serpentinas, pétalos de rosa y nada de chabacano arroz. Más música de gaita, a veces escocesa, otras veces asturiana y un día espléndido para acompañarnos al banquete.
Desde la terraza del restaurante Bellavista magnificas puestas de sol para hacer honor a su nombre y delicioso y abundantísimo aperitivo en el que continuaron surgiendo risas y complicidades entre los invitados de las distintas procedencias.
El banquete que comenzó cerca de las 9,30 consistió en una interminable sucesión de sabrosos platos que consiguió que hasta el equipo de rugby de Aberdeen rechazase un segundo plato, por primera vez en su historia....
Tras la comida y siguiendo en este caso una tradición británica, se pasó a la lectura de discursos. El novio estuvo en su doble versión, castellano e inglés, divertido y cariñoso. Los testigos, solo en versión inglesa, fueron genialmente mordaces, tal vez por fortuna, buena parte de los invitados de España no pudieron entender nada. Su delirante gracia estaba en su ironía, pero como suele ser habitual en estos casos el novio no salió muy bien parado.
Por último hizo su intervención el hermano de la novia en un discurso sentido y emocional que fue muy aplaudido, sobre todo en su versión inglesa y por el que, debido sin duda a la extraordinaria generosidad de la gente, recibí muchas alabanzas.
Tras el trago de la lectura pude relajarme y los novios, mi hermana y Neil, pasaron a cortar la tarta.
Después del postre, que en esta ocasión fueron dos, tocaba el momento de bajar tanta comida y nos dirigimos a la zona de baile y allí nos encotramos con otra pequeña sorpresa. Louise, una delicada y jovencísima bailarina nos deleitó con una danza gaélica en toda una demostración de resistencia física, coordinación y calidad técnica.
Tras esto el convencional baile donde se mezclaron los habituales ritmos de pop españoles con los británicos y la proverbial barra libre.
Cuando a eso de las 4 de la mañana la música enlatada desapareció, de nuevo Robert, el impagable gaitero, vino en nuestra ayuda. La pureza de su música despertó de lo más profundo de nuestro interior ancestrales ritmos y sones.
Más de la mitad de los invitados ya se había ido, pero los que aún quedábamos empezamos a entrelazar con fuerza nuestros brazos, dábamos vueltas y una vez alcanzada la velocidad necesaria nos soltábamos para volver a coger de nuevo a quien tuviésemos más cerca en una suerte de enloquecido baile celta. Cuando las energías empezaban a decaer todos comenzamos a hacer un circulo y con los brazos en alto nos cogimos de la mano para bailar la danza prima mientras cantábamos el Asturias patria querida. En el centro haciendo un pequeño círculo estaban los novios y los padres de ambos. Rodeándolos un abigarrado grupo de gente de distintas edades, nacionalidades y procedencias que habían unido sus manos para celebrar algo único y especial, el imparable poder de un desbocado torrente que desborda barreras y prejuicios, la incontenible fuerza del amor.
Días de animados encuentros entre bretones, escoceses, galeses y asturianos en una auténtica celebración de las tradiciones célticas con el permiso de algún invitado inglés, brasileño o castellano donde el don de lenguas, la curiosidad y el desenfado parecían ser los atributos comunes de la mayor parte de los jóvenes invitados.
La atmósfera me llegó a recordar a mi enriquecedora etapa de estudiante en Cardiff, donde este tipo de encuentros eran cotidianos, suponiendo en mi caso el acontecimiento un genial cambio de escenario sin necesidad de salir de la ciudad, de modo que por una vez la montaña venía a Mahoma.
Así pues, y tras dos o tres divertidas jornadas llenas de sorpresas para todos; un asturiano escanciaba sidra mientras un escocés explicaba lo que significaba el Kilt en su cultura o el bretón rompía un cubito de hielo sobre la cabeza de algún inglés, llegó el acontecimiento que a todos no había reunido en la ciudad, el enlace matrimonial entre una asturiana ( en este caso mi hermana ), y un escocés.
Los británicos acudieron al evento, previsto para las 5,30 de la tarde, con su tradicional kilt realizando una especie de procesión desde el hotel donde se alojaban la mayoría hasta la iglesia de la ceremonia. Al frente de la original comitiva un personaje encantador y entrañable, Robert, gaitero de Kelzo, que con sus atemporales melodías, conseguía crear la adecuada atmósfera de contenida alegría y respeto por las arraigadas tradiciones.
Ya en la iglesia se cambio la música celta por la sacra y sólo la belleza de la novia y alguna de las invitadas conseguía restar algo de protagonismo a los vistosos trajes regionales de los escoceses.
En su sermón el sacerdote volvió a insistir en la idea de que las procedencias podían ser múltiples pero la divinidad una sola y que el orgullo por lo nuestro pero el respeto por lo ajeno debían de guiar nuestra conducta.
De nuevo en el exterior serpentinas, pétalos de rosa y nada de chabacano arroz. Más música de gaita, a veces escocesa, otras veces asturiana y un día espléndido para acompañarnos al banquete.
Desde la terraza del restaurante Bellavista magnificas puestas de sol para hacer honor a su nombre y delicioso y abundantísimo aperitivo en el que continuaron surgiendo risas y complicidades entre los invitados de las distintas procedencias.
El banquete que comenzó cerca de las 9,30 consistió en una interminable sucesión de sabrosos platos que consiguió que hasta el equipo de rugby de Aberdeen rechazase un segundo plato, por primera vez en su historia....
Tras la comida y siguiendo en este caso una tradición británica, se pasó a la lectura de discursos. El novio estuvo en su doble versión, castellano e inglés, divertido y cariñoso. Los testigos, solo en versión inglesa, fueron genialmente mordaces, tal vez por fortuna, buena parte de los invitados de España no pudieron entender nada. Su delirante gracia estaba en su ironía, pero como suele ser habitual en estos casos el novio no salió muy bien parado.
Por último hizo su intervención el hermano de la novia en un discurso sentido y emocional que fue muy aplaudido, sobre todo en su versión inglesa y por el que, debido sin duda a la extraordinaria generosidad de la gente, recibí muchas alabanzas.
Tras el trago de la lectura pude relajarme y los novios, mi hermana y Neil, pasaron a cortar la tarta.
Después del postre, que en esta ocasión fueron dos, tocaba el momento de bajar tanta comida y nos dirigimos a la zona de baile y allí nos encotramos con otra pequeña sorpresa. Louise, una delicada y jovencísima bailarina nos deleitó con una danza gaélica en toda una demostración de resistencia física, coordinación y calidad técnica.
Tras esto el convencional baile donde se mezclaron los habituales ritmos de pop españoles con los británicos y la proverbial barra libre.
Cuando a eso de las 4 de la mañana la música enlatada desapareció, de nuevo Robert, el impagable gaitero, vino en nuestra ayuda. La pureza de su música despertó de lo más profundo de nuestro interior ancestrales ritmos y sones.
Más de la mitad de los invitados ya se había ido, pero los que aún quedábamos empezamos a entrelazar con fuerza nuestros brazos, dábamos vueltas y una vez alcanzada la velocidad necesaria nos soltábamos para volver a coger de nuevo a quien tuviésemos más cerca en una suerte de enloquecido baile celta. Cuando las energías empezaban a decaer todos comenzamos a hacer un circulo y con los brazos en alto nos cogimos de la mano para bailar la danza prima mientras cantábamos el Asturias patria querida. En el centro haciendo un pequeño círculo estaban los novios y los padres de ambos. Rodeándolos un abigarrado grupo de gente de distintas edades, nacionalidades y procedencias que habían unido sus manos para celebrar algo único y especial, el imparable poder de un desbocado torrente que desborda barreras y prejuicios, la incontenible fuerza del amor.
lunes, 22 de septiembre de 2008
EL VIAJE MÁS APASIONANTE
Reproduzco el discurso que tantos nervios me hizo pasar.Se trataba de un momento especial para mi hermana y no quería fallarle. Se le echó valor y pude superar la prueba. Espero estar más tranquilo la proxima vez...
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La celebración de esta noche constituye un singular homenaje a este mundo global y cosmopolita que permite que una asturiana y un escocés caigan atrapados por las redes del amor en la hermosa, y ya no tan lejana para nadie, ciudad de la luz o que dos familias separadas por diferentes tradiciones lenguas y miles de kilómetros de distancia vengan a descubrir aquí en Gijón, al borde de una costa bañada por un mismo océano, lo mucho que les une en realidad y puedan compartir todos juntos, emociones, sentimientos e ilusiones comunes.
La Eva aún niña que jugaba a la comba o al cascallo en el barrio del Carmen y que recuerdo con total nitidez, la intrépida adolescente que decide irse a América en busca de nuevos horizontes, la inteligente universitaria que tras acabar sus estudios anhela nuevos estímulos y se deja seducir por el hechizo de París es hoy una joven reposada pero desenvuelta, tranquila pero curiosa, sobria pero moderna, austera pero elegante, independiente pero ilusionada por compartir el azaroso viaje de la vida con un inmejorable compañero, viajero infatigable, divertido, espontáneo, al que le unen valores, anhelos e inquietudes comunes y con el que se dispone con alegría contagiosa a afrontar los retos más estimulantes.
Eva y Neil, de todo corazón os deseo mucha suerte en este apasionante viaje.
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Tonight’s event celebrates the wonder of a world that allows a young asturian woman and a scotsman to meet and fall in love in Paris, the city of light. A union, which just a few years ago was an unimaginable dream uniting 2 families, which were previously separated by a different language,culture and thousands of miles between them, to come together, here in Gijon. 2 families who are in reality bonded by the same ocean allowing them to experience together the same emotions, feelings and dreams.
I remember a young girl, skipping or playing hopscotch in the street outside our house and I remember a brave young teenager deciding to exchange this beautiful coast for the plains of America in search of her new horizons, I remember the intelligent university graduate after finishing her studies burning with ambition for new challenges in Paris.
Today, I see my sister as a young woman, strong but caring, calm but inquisitive, traditional but modern, austere but elegant, independant but looking forward to taking the next step in her life with her perfect partner, a man who I see as a tireless traveller, funny, spontaneous who will share her aspirations and confrontations who will be at her side to share all their special moments
Eva and Neil, from the bottom of my heart I wish you both the best of luck in this veritable voyage.
martes, 9 de septiembre de 2008
MISION DE PAZ
Durante siglos nuestro reino se convirtió en garante de la religión católica. Nuestros orgullosos antepasados se pusieron al servicio de una labor divina. No importaba arruinar vidas o haciendas, se trataba de una causa santa y el fin justificaba cualquier medio.Después llegó la decadencia y en 1898 se perdieron los últimos restos de aquel moribundo imperio. Costó todo el siglo XX asumir nuestro nuevo papel, padecimos dictaduras infortunios y al final comprendimos que ya no éramos una potencia, pero podíamos convertirnos en un valioso aliado.
Con humildad e inteligencia y de la mano de los países más desarrollados y las democracias más consolidadas empezamos a sacar partido de nuestra nueva condición. Pero tanta calma y estabilidad perjudicaba a mediocres, holgazanes, chantajistas, vividores, ladrones, fundamentalistas, terroristas y todos aquellos que vivían con prisa. Mientras otros trabajaban ellos se dedicaban a intoxicar y conspirar y espontáneamente se inició una grave crisis.
Un aprendiz de Robespierre, ignorante e indolente, lleno de fantasmas y frustraciones y con cuentas pendientes consigo mismo, toma las riendas y sorprendentemente todo mejora. La furia se aplaca guillotinando estatuas, las guerras se convierten en misiones y los legionarios en cooperantes y predicadores. Los que caen no mueren, pasan a ser mártires.
Como Peter Pan viajamos al país de Nunca Jamás y el capitán Garfio se convierte en nuestro amigo y aliado. Buscamos horizontes nuevos y ansiamos encontrar El Dorado en el Caribe o en el imperio inca, con los sátrapas locales se vuelven a renegociar las condiciones de la encomienda o la mita y, con el oro, los sicarios de Alá o de Sabino Arana se podrán cobrar la deuda por los servicios prestados.
Un desatinado Papá Noel expide millones de pasaportes al Hotel Paraíso y colapsa el sistema, pero a río revuelto, ganancias para los empresarios y oportunistas adictos a la prisa.Todo va bien, el país o lo que queda de él, vuelve a su papel de evangelizador de otros pueblos y civilizaciones y se reinventa como potencia, los enemigos ahora son bandidos y se eliminan 13 o 300 pero siempre en misión de paz. Las democracias occidentales han de ser remodeladas, mejor el caos que el antiguo orden gritan los elegidos con el puño en alto mientras un brillo especial ilumina sus preclaros ojos. Bienaventurados somos.
Con humildad e inteligencia y de la mano de los países más desarrollados y las democracias más consolidadas empezamos a sacar partido de nuestra nueva condición. Pero tanta calma y estabilidad perjudicaba a mediocres, holgazanes, chantajistas, vividores, ladrones, fundamentalistas, terroristas y todos aquellos que vivían con prisa. Mientras otros trabajaban ellos se dedicaban a intoxicar y conspirar y espontáneamente se inició una grave crisis.
Un aprendiz de Robespierre, ignorante e indolente, lleno de fantasmas y frustraciones y con cuentas pendientes consigo mismo, toma las riendas y sorprendentemente todo mejora. La furia se aplaca guillotinando estatuas, las guerras se convierten en misiones y los legionarios en cooperantes y predicadores. Los que caen no mueren, pasan a ser mártires.
Como Peter Pan viajamos al país de Nunca Jamás y el capitán Garfio se convierte en nuestro amigo y aliado. Buscamos horizontes nuevos y ansiamos encontrar El Dorado en el Caribe o en el imperio inca, con los sátrapas locales se vuelven a renegociar las condiciones de la encomienda o la mita y, con el oro, los sicarios de Alá o de Sabino Arana se podrán cobrar la deuda por los servicios prestados.
Un desatinado Papá Noel expide millones de pasaportes al Hotel Paraíso y colapsa el sistema, pero a río revuelto, ganancias para los empresarios y oportunistas adictos a la prisa.Todo va bien, el país o lo que queda de él, vuelve a su papel de evangelizador de otros pueblos y civilizaciones y se reinventa como potencia, los enemigos ahora son bandidos y se eliminan 13 o 300 pero siempre en misión de paz. Las democracias occidentales han de ser remodeladas, mejor el caos que el antiguo orden gritan los elegidos con el puño en alto mientras un brillo especial ilumina sus preclaros ojos. Bienaventurados somos.
jueves, 31 de julio de 2008
GLOBALIZADOS
Los jueves acostumbro a tomar un kebap en el turco que hay cerca de la playa. El camarero de Bangla Desh ya sabe las salsas que más me gustan y está casi tan rico como los que solía tomar en Inglaterra, donde este tipo de negocios tiene una larga tradición. Sin embargo ese día me apetecía tomar una cerveza y el dueño, estrictamente musulmán, no sirve alcohol en su local.
Decidí, pues, ir al chino que hay en la esquina. Allí entre escuálidas bellezas de ojos rasgados, probando esencias, aromas y sonidos de esa cultura milenaria desde siempre encerrada en si misma, caí en la cuenta de la gran transformación que se ha producido en nuestra sociedad en apenas una década.
Lo que a Marco Polo le costó, sufrimiento, incertidumbre, años de viaje, peligros infinitos y la incredulidad de sus coetáneos que lo acabaron tomando por loco y encerrando en una celda, hoy se puede disfrutar a cinco minutos de nuestras casas.Aún haciéndome estas reflexiones, ya en la calle, a la salida del restaurante, un fornido y sonriente africano de los que no hace tantos años causaría estupor, o al menos sorpresa, en alguna no tan apartada aldea, me ofrece con toda naturalidad las últimas novedades en DVD, todas americanas, por supuesto.
No estoy interesado y enseña la mercancía a otro transeúnte, en este caso un otoñal galán de chaleco amarillo y roída gabardina que tampoco le presta ninguna atención ya que su mirada está fija en dos desaliñadas rumanas. El buen señor parece más proclive a dejarse seducir por los soeces guiños de las dos muchachas, presumiblemente de la etnia gitana, ansiosas de dar un buen escarmiento a la, tal vez, no tan inocente vanidad del anciano.
Llego a casa todavía sonriendo y, tal y como hago todas las noches, me conecto a Internet. Entre mis contactos encuentro gente muy diversa que he conocido a lo largo de todos estos años, los hay de Grecia, Alemania, Lituania, Perú o China. La telaraña de la red consigue que las amistades no se elijan en función de criterios étnicos o geográficos. La gente se agrupa por afinidades simpatías o formas de entender el mundo.Definitivamente nuestro planeta se ha aplanado y democratizado, los lujos antes al alcance de unos pocos privilegiados hoy son accesibles para todos.
Esto nos proporciona grandes ventajas pero, a la vez, nuevas responsabilidades y retos que afrontar.El obrero chino compite con el alemán. El informático americano colabora con el hindú. Al arquitecto coreano le surge competencia en España.Las intangibles barreras que Occidente había creado para proteger su way of life caen con más estrépito que el muro de Berlín.
El proceso ya ha comenzado y lo más inteligente es sacar el máximo provecho de este nuevo entorno. No seamos tan vanidosos como mi maduro vecino y actuemos con prudencia y respeto. Las nuevas culturas tienen mucho que aportar, aprendamos humildemente todo lo bueno que nos ofrecen y descartemos solo aquello que realmente sea dañino deshonesto o cruel.Es hora de dejar de hacer lo rutinario y aburrido, vamos a tener el placer de enfrentarnos con fantásticos, desconocidos y excitantes retos. Nuevos amigos, oportunidades y horizontes nos esperan allende los mares.
Decidí, pues, ir al chino que hay en la esquina. Allí entre escuálidas bellezas de ojos rasgados, probando esencias, aromas y sonidos de esa cultura milenaria desde siempre encerrada en si misma, caí en la cuenta de la gran transformación que se ha producido en nuestra sociedad en apenas una década.
Lo que a Marco Polo le costó, sufrimiento, incertidumbre, años de viaje, peligros infinitos y la incredulidad de sus coetáneos que lo acabaron tomando por loco y encerrando en una celda, hoy se puede disfrutar a cinco minutos de nuestras casas.Aún haciéndome estas reflexiones, ya en la calle, a la salida del restaurante, un fornido y sonriente africano de los que no hace tantos años causaría estupor, o al menos sorpresa, en alguna no tan apartada aldea, me ofrece con toda naturalidad las últimas novedades en DVD, todas americanas, por supuesto.
No estoy interesado y enseña la mercancía a otro transeúnte, en este caso un otoñal galán de chaleco amarillo y roída gabardina que tampoco le presta ninguna atención ya que su mirada está fija en dos desaliñadas rumanas. El buen señor parece más proclive a dejarse seducir por los soeces guiños de las dos muchachas, presumiblemente de la etnia gitana, ansiosas de dar un buen escarmiento a la, tal vez, no tan inocente vanidad del anciano.
Llego a casa todavía sonriendo y, tal y como hago todas las noches, me conecto a Internet. Entre mis contactos encuentro gente muy diversa que he conocido a lo largo de todos estos años, los hay de Grecia, Alemania, Lituania, Perú o China. La telaraña de la red consigue que las amistades no se elijan en función de criterios étnicos o geográficos. La gente se agrupa por afinidades simpatías o formas de entender el mundo.Definitivamente nuestro planeta se ha aplanado y democratizado, los lujos antes al alcance de unos pocos privilegiados hoy son accesibles para todos.
Esto nos proporciona grandes ventajas pero, a la vez, nuevas responsabilidades y retos que afrontar.El obrero chino compite con el alemán. El informático americano colabora con el hindú. Al arquitecto coreano le surge competencia en España.Las intangibles barreras que Occidente había creado para proteger su way of life caen con más estrépito que el muro de Berlín.
El proceso ya ha comenzado y lo más inteligente es sacar el máximo provecho de este nuevo entorno. No seamos tan vanidosos como mi maduro vecino y actuemos con prudencia y respeto. Las nuevas culturas tienen mucho que aportar, aprendamos humildemente todo lo bueno que nos ofrecen y descartemos solo aquello que realmente sea dañino deshonesto o cruel.Es hora de dejar de hacer lo rutinario y aburrido, vamos a tener el placer de enfrentarnos con fantásticos, desconocidos y excitantes retos. Nuevos amigos, oportunidades y horizontes nos esperan allende los mares.
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