viernes 6 de noviembre de 2009

ESSAOUIRA







Cuando pienso en Marruecos mi mente se recrea con imágenes de Essaouira. Un pueblo marinero de estrechas calles y casas blancas antiguamente llamado Mogador, un nombre que evoca exuberantes aromas, exóticos viajes y excitantes aventuras y cuyo influjo aún sigue presente en todo el pueblo ya que desde el antiguo fuerte portugués, a las murallas con cañones colocados de forma simétrica apuntando a la profundidad del oceano o el trazado mismo de la ciudad todo tiene un profundo sabor colonial.
Essaouira es hoy una tranquila villa donde los marineros que despiezan pescado, entre redes y gaviotas conviven con surferos que lanzan sus melenas al viento y turistas que disfrutan de la amplia y soleada playa, en un lugar apartado del bullicio de la relativamente cercana Marrackech y donde aún es posible la relajación y el paseo.
Del riad Inna al Taros café o al restaurante Les Alizes Mogador, en apenas un fin de semana uno puede sentirse cómodo e integrado en la acogedora población y reconocer las caras de todos los músicos callejeros o de los enredadores profesionales de turistas, que aún mantienen la mirada más limpia que sus vecinos de Agadir o Marrackech.

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jueves 5 de noviembre de 2009

COPENHAGUE, UN ROMÁNTICO SUEÑO







Copenhague ha sabido pasar a la modernidad sin perder un ápice de su romanticismo ni de su lánguido encanto decimonónico.
Nada más salir del hotel Scandic Weber, donde me alojaba ( una opción muy recomendable ), me topé con los jardines Tívoli, el parque de atracciones más antiguo del mundo, inagurado en 1843 con deliciosas y atemporales atracciones de vetusta estética y espíritu. Esto no fue más que el comienzo, en la ciudad aún encontraría numerosos guiños al siglo XIX, como el Ortedsparken, de sinuosas sendas y un gran verdor en torno a un lago artificial o el elegante invernadero del jardín botánico.
Sin embargo, el comercio más vital y pujante, también es una seña de identidad de la capital danesa. A partir del Rudhuplasen ( la amplia zona donde se ubica el recio ayuntamiento ), se accede a Stroget, una larguísima zona peatonal de impecable empedrado y donde las tiendas más famosas se suceden hasta desembocar en el Kongens Nytorv, magnífica y monumental plaza donde se encuentran edificios tan emblemáticos como el hotel de Inglaterra o el palacio de Thott. A continuación se encuentra el Nyhavn, un gran canal que en épocas pretéritas hizo de puerto principal de la ciudad y que hoy está enfocado principalmente al ocio y al turismo, tanto la belleza de las casas multicolores que lo enmarcan a ambos lados como por su emplazamiento estratégico lo convierten en un lugar ideal para hacer un alto en la marcha y tomarse una cerveza en una de las múltiples terrazas que allí se encuentran, y más en mi caso, que tras una mañana muy ajetreada necesitaba reponer fuerzas para acercarme a ver la sirenita.
Acabada la cerveza me dirigí hacia la emblemática escultura, antes habría de pasar por la Amalienborg Plads, de enormes dimensiones y donde todos los días al mediodía se realiza la ceremonia del cambio de la guardia, un ritual donde arte y marcialidad se dan la mano. Un poco más allá me encontré con la iglesia de San Albano, de magníficas vidrieras y la fuente de Gefion, de grandes dimensiones y impecables acabados, todo ello en un hermoso parque de elegante armonía que constituye un magnífico aperitivo para la contemplación de la delicada sirenita, de reducido tamaño pero plena de romántico encanto, que ensimismada mira lánguidamente hacia la profundidad del mar.
El espíritu soñador de la sirenita me impulsó hacia la vecina isla de Christiania donde tras contemplar la belleza de sus orillas, algunas casas de época o el magnífico y ultra moderno edificio del Diamante Negro, me topé con una de las más gratas sorpresas de todo el viaje. El barrio de Christiania, una comunidad hippie que se asienta en las inmensa franja de tierra antiguamente usada para fines militares y que hoy, merced a un vacío legal, pervive como experimento anarquista y pretende funcionar con independencia de la autoridad danesa.
Los habitantes de esta república independiente son adultos que se empeñan en vivir como eternos adolescentes, construyen psicodélicas construcciones perfectamente integradas en la naturaleza, circulan sólo a pie o en bicicleta, se niegan a usar la luz eléctrica, fuman libremente marihuana en las calles y todo con el atterezzo propio de los años 70, en una atmósfera de realidad detenida o lugar fuera del espacio y del tiempo. Christiania, es, sin duda, un lugar francamente interesante por el que deambulé con total libertad hasta casi fundirme con él en una especie de ensoñación. La magia terminó cuando saqué la cámara fotográfica y traté de sacar unas instantáneas. Un enorme hippy de ojos verdes, desaliñado atuendo y largas rastas se encargó de recordarme que mi mundo y mis valores son otros bien diferentes.

miércoles 4 de noviembre de 2009

MALMÖE, LA CAPITAL DE LA SUECIA MERIDIONAL




Desde Copenhague es fácil llegar a Malmoë si nos acercamos a la estación de ferrocarril ( a un paso mismo del Tívoli ). Cada 30 minutos un tren sale con dirección a la ciudad más meridional de Suecia y verdadera capital de la región sur.
Durante el trayecto pude contemplar una de las grandes proezas de la ingeniería europea, ya que surqué a toda velocidad, elevado sobre el puente Öresundm, los casi 16 kms que separan Selandia de la península escandinava. Desde el mismo observé una gran cantidad de molinos de viento plantados en el agua que ya han pasado a formar parte del paisaje de la zona. Una vez en tierra me llamaron especialemente la atención las casas con techos extremadamente puntiagudos y la techumbre vegetal tradicional ( compacto de hojas, turba, ramas y fardos de paja ).
A mis desentrenados ojos meridionales, Malmoe ofrecía el mismo aspecto que la vecina capital danesa, por algo fue parte de Dinamarca hasta hace apenas 3 siglos.
A unos 400 metros de la estación me encontré con la enorme plaza del ayuntamiento de 2500 metros cuadrados, a imagen y semejanza de la que acababa de dejar más allá del puente, pero con elementos singulares, por supuesto, como la estatua del rey Karl o la famosa farmacia del León así como un edificio del ayuntamiento también sobrio pero con algún elemento decorativo. A partir de aquí de nuevo surgieron una serie de calles peatonales ( Adelgaten, Ostergaten, Rudelsgaten ), ideales para comprar o pasear y en cuyas inmediaciones enconté edificios tan singulares como la iglesia de San Pedro ( la construcción más antigua de la ciudad ), el Flensburska huste ( siglo XVI ), viejo almacén de estilo holandés renacentista, o la que fuera residencia del gobernador.
Siguiendo la senda del canal que rodea la parte antigua apareció la pujante ciudad universitaria, la más importante del mundo para temas marítimos. Me adentré en un inmenso parque de los que tanto gustan en estas latitudes y hayé un viejo molino así como el castillo de Malmous de estilo renacentista escandinavo y hoy sede de muchos museos. Tiene torreones circulares, bellos tonos rojizos y está rodeado de un estanque, hogar de patos y gansos, además los torreones se reflejan produciendo un bello efecto. Más allá del parque, a la sombra del Turning Torso ( el edificio más alto de Suecia, obra del arquitecto español Santiago Calatrava ) ,y tras atravesar una interminable zona de césped llegué a las playas, con bien cuidadas pasarelas de madera y muy concurridas los días soleados, como el agradable día de junio que me tocó rendir visita a la ciudad. Sólo me faltaba acercarme al mar y mojar mis manos con las frías aguas del estrecho de Öresund mientras en el horizonte contemplaba el enorme puente que me había conducido hacia allí y los originales molinos.

sábado 3 de octubre de 2009

LA RED

En las últimas semanas he sido reiteradamente interrogado por mi ausencia en este foro.Diversos emails desde distintas partes del mundo o conversaciones con conocidos en la calle, me han hecho caer en la cuenta de la importancia de mi YO virtual y, hasta cierto punto, su inquietante autonomía respecto al real.He vuelto, si, pero con cierta precaución, con un tanto de recelo, con miedo, en fin, a que el personaje acabe por devorar a la persona, igual que Saturno hizo con sus hijos.El mundo ha cambiado y pasamos cada vez mayor tiempo en red. Al final del pasado siglo XX, ni tan siquiera disponía de una dirección electrónica o sabía lo que era navegar por internet y ahora cada vez consumo más tiempo conectado, bien por las extranets que mi trabajo me suele obligar a revisar a diario, por la consulta de prensa on line o por el empleo del msn o el yahoo voice.La red ayuda a consolidar amigos o mantener relaciones a larga distancia antes imposibles o impensables pero también atrapa y cobra sus víctimas hasta convertirse para algunos en un sucedáneo de vida incierto, lúdico y virtual, del que es su mejor exponente el ínclito second life, según algunos genial experimento y placentero refugio, según otros auténtico santuario de frikis y pirados de todo pelaje.Es indudable que los buscadores ponen a nuestro alcance todo el conocimiento posible a golpe de click pero esto no ha hecho a la humanidad, ni siquiera al singular individuo, más sabio o más prudente. Éste se deja llevar por los atávicos sentimientos sedimentados en los meandros de su cerebro de reptil o de primate y queda obnubilado por los por los tentadores cantos de sirena o por las eternas serenatas de los tenores huecos que tanto desdeñaba el poeta y todo aquel que busca ideas detrás de las palabras.Apasionantes viajes, principescos romances, figuras estilizadas, deportivos último modelo, nuevos estilos de vida, espiritualidad indolora, atajos para alcanzar la trascendencia, bombones que no engordan, alargamientos de pene... , con tanta felicidad a nuestro alcance casi parece de mal gusto mostrarse crítico o infeliz, sin embargo, lo que verdaderamente caracteriza nuestro entorno es la desorientación, las contradicciones ( el miedo al cambio climático sin renuncia al consumismo atroz o la hipersensibilidad carente de cualquier referencia emocional que no sea el propio hedonismo ), la trivialización de lo trascendente, la falta de respeto por normas y valores, la esquizofrenia colectiva, la degradación del arte, el imperio de la zafiedad, la falta de armonía.Las nuevas armas tecnológicas que nos hubieran permitido convertirnos en “semidioses”, nos vuelven más esclavos que nunca.¿Será esta nuestra naturaleza?, o, tal vez, alguien lo cambia todo para que todo siga igual, tal y como nos advertía Lampedusa.

viernes 26 de junio de 2009

NOVIEMBRE EN HOLANDA







Amsterdam una ciudad antigua de talante joven y hospitalario, fue la base de operaciones idónea para obtener una primera visión de los Países Bajos.
Pese al frío de un noviembre que no fue especialmente benigno, pude percibir toda la calidez de un cuidado territorio en gran parte ganado al mar y de la bella ciudad de los canales.
Mis padres me acompañaron 15 años después de nuestro último viaje juntos ( allá por el 92 para ver la expo de Sevilla ) y esto hizo que en ocasiones tuviese que adaptarme a su ritmo. Reduje esta vez mis habituales paseos e idas y venidas sin rumbo predeterminado y recurrí preferentemente a las visitias guidadas, más prácticas y cómodas, además muchas en castellano.
La primera incluso parecía bastante original, la recomendaba la guía Lonely Planet y no era necesario pagar más que la voluntad, todo el trayecto se hacía a pie y los guías eran tan hippies como la ciudad misma.
Mientras paseábamos por la plaza Dam, el barrio rojo o el mercado de las flores, nuestro guía Francisco, un risueño y despreocupado chico ecuatoriano nos daba su visión sobre la prostitución, la ocupación de viviendas o el consumo de drogas. Sus opiniones más que avanzadas eran verdaderamente subversivas, tras más de 3 horas de paseo bajo un intenso frío acabó el circuito guiado. Comenzaba a trapear y Francisco nos invitó a tomarnos unas setas alucinógenas para entrar en calor. Amablemente rechazamos la invitación y entramos en una cercana cafetería. Cogimos la última mesa que quedaba libre, a lado mismo de la barra, era un lugar agradable con paredes revestidas en madera, amplios ventanales y una empinadísima escalera de acceso a los servicios y al altillo.
Desde allí pudimos contemplar como los copos de nieve iban cubriendo la ciudad de un bonito manto blanco.
Afortunadamente nuestro hotel, cerca de la estación central de trenes, no estaba lejos de ese lugar y el regreso, pese al frío, no resultó pesado.
Quedé para cenar con mis padres unas horas más tarde en una cercana parrilla argentina y entretuve mi espera paseando por las callejuelas entre canales, copos de nieve, bicicletas y luces rojas, hasta que encontré una sencilla vinatería pero frecuentada por chicos y chicas bien del barrio en la que ponían música en directo.
Mientras saboreaba el vino rezaba para que el días siguientes estuviera más apacible.
El reloj sonó a las 7,30, me asomé a la ventana del coqueto hotel y desilusionado comprobé que granizaba y el frío no había remitido.
Aún así decidimos cumplir el programa que teníamos previsto. Llegamos a la cercana calle Damrak, donde cogimos el autobús que nos condujo a un pueblo tradicional holandés, llano, construido entre una especie de acequias y grandes molinos achicando agua todo el tiempo. El lugar estaba totalmente enfocado al turismo, con un taller de artesanía donde fabricaban zuecos de madera que, tal y cómo hicimos ver al artesano, guardaban gran parecido con las madreñas asturianas y que, para nuestra sorpresa, conocía perfectamente.
Salimos del taller y el verde del paisaje salpicado con el blanco de la nieve lograba componer imágenes de gran belleza, pero realmente constituía una indudable molestia para nuestra visita.
Subimos al autobús con destino a Volendam, a nuestro alrededor se alzaban molinos y extensos campos verdes, al bajar del vehículo noté que la temperatura había subido considerablemente y comenzaba a lucir un sol espléndido.
El paseo por el tranquilo y bien cuidado pueblo costero me resultó gratísimo. Un lugar llano y un tanto laberíntico, con molinos y muchas casas de madera de un verde muy vivo. A través de los grandes ventanales las viviendas con el salón a ras de suelo y las cortinas siempre abiertas los moradores de las casas mostraban sin recato sus mejores porcelanas y parte de su intimidad, un hecho que ya me había llamado la atención en Amsterdam pero que en este pequeño pueblo se hacía incluso más patente.
Tras concluir nuestro paseo entre las casas nos encontramos con una gran iglesia al fondo y un paseo elevado al borde del mar donde pese a los agradables restaurantes y cafeterías aún se percibía, al menos por el tipo de edificaciones, parte de su sabor marinero, cuando el mar interior estaba abierto y la mayoría de la población se dedicaba a la pesca del arenque.
De allí partimos a Marken, que en realidad es una pequeña isla unida a tierra tan solo por una carretera. Al circular por ella pudimos ver como el nivel del mar variaba a cada uno de los lados de la vía en otra muestra de las increíbles proezas de la ingeniería holandesas.
El pueblo de Marken, recoleto y cuidadísimo, con pequeñitas casas de madera terminadas en un tejado muy puntiagudo y estrechísimos pasillos entre ellas, mantiene el encanto que le proporcionó su aislamiento, hasta la construcción de la carretera, manteniendo tradiciones y hábitos ya perdidos en otros lugares de Holanda.
Tras impregnarnos de la magia del pueblo y relajarnos entre estampas de tarjeta postal reemprendimos el viaje a Ámsterdam, a unos 30 kilómetros del lugar.
Aún no había oscurecido y nos dio tiempo a pasear por las calles más comerciales, llenas de gente por la cercanía de San Nicolás que es el encargado de traer los regalos a las familias holandesas la noche del 5 de diciembre. En nuestro paseo fuimos topándonos con edificios emblemáticos como el ayuntamiento o el museo de historia.
Tras tanto ajetréo decidimos rematar el día cenando en un magnífico restaurante chino-indonesio, estupenda opción en un país que, tal vez por haber tenido colonias en el extremo oriente, sabe apreciar y valorar la comida asiática.
Amanecimos con un tibio sol y decidimos emprender un tour guiado por algunas de las ciudades más emblemáticas de Holanda.
Partimos hacia Rótterdam no sin antes hacer una parada en Aalsmer para ver una subasta de flores, en una inmensa nave donde cientos de palés de tulipanes entraban y salían con destino a cualquier lugar del mundo a ritmo vertiginoso.
Rótterdam es una ciudad nueva que impacta por el fuerte protagonismo de los volúmenes de sus edificios, en general de un diseño poderoso y agresivo. La oficina de correos y el ayuntamiento son prácticamente los dos únicos edificios de cierto interés que se conservan de la etapa anterior a la segunda guerra mundial. La desembocadura del río Mosa, con el puente de Erasmo y la frenética actividad de su puerto son sin duda los dos principales atractivos turísticos de una ciudad que aún careciendo del encanto de sus vecinas destila vitalidad.
Mucho más atractivo resultó Delft, coqueto pueblo de canales y diseño similar al de Ámsterdam pero mayor paz y armonía por el que apetece caminar y perderse. Tras un encantador paseo y la visita de un taller de porcelana, la industria que siglos atrás le dio auge y poder económico, paramos a reponer fuerzas en la plaza a la sombra de la muy puntiaguda torre de la iglesia nueva que desafiaba a un cielo de ese azul característico que tan bien captó el maestro Vermer en sus pinturas. El dulce de manzana que me pedí aún resultó más delicioso en un entorno tan agradable.
De allí partimos a La Haya donde se ubican varios tribunales de justicia internacionales, la visita, demasiado corta, fue apenas una pequeña pincelada de lo que la ciudad tiene que ofrecer pero fue suficiente para poder percibir su trazado rectilíneo, su elegancia y su armonía.
El Binnenhof, sede del parlamento y verdadero eje de la vida de la ciudad, es un enorme conjunto de edificios monumentales, ubicado en un gran espacio abierto, con una laguna en la que se reflejan las sobrias formas de todo un lateral del conjunto.
Tras un corto paseo por el centro en el que vimos uno de los palacios de la reina, situado en una pequeña plaza, nos trasladamos hacia la zona marítima de la ciudad, conocida como Scheveningen, hasta el siglo pasado este lugar no era más que un encantador pueblito de pescadores. Diversos pintores e intelectuales lo escogieron como residencia hasta convertirse en una atractiva zona residencial con una regular e imponente playa, y un gran pier de madera, que me recordó al de Brighton, haciendo de puente entre la delgada línea del horizonte y la fina arena.
Su balneario y su casino le dan al lugar un aire aristocrático y cosmopolita de un poco disimulado toque elitista. El lugar es refinado y exclusivo, ideal para darse un agradable paseo y palpar el estilo de vida exquisito de la rancia aristocracia.Tan sólo quedaba acercarse a Matureland, cerca de La Haya y nuestra última parada ese día, allí nos encontramos con un cuidado parque en el que hay reproducción en miniatura de alguno de los lugares más emblemáticos de Holanda, desde el aeropuerto de Schiepol al Binnenhof. Interesante para ver, aprender y sacarse originales fotografías.
Ya era noche cerrada cuando llegamos a Ámsterdam y nos homenajeamos con una estupenda comida en el nada económico restaurante de Rodeleeuw.
El último día en Ámsterdam lo comenzamos con el obligado paseo en barco por los canales de la ciudad, están dispuestos en forma de anillos concéntricos y en el pasado fueron el medio más práctico para el transporte de mercancías, desde los canales interiores se pueden contemplar las encantadoras casitas adosadas de los barrios más céntricos desde otra perspectiva y en el canales más amplios y exteriores el museo Nemo, así como un curioso restaurante flotante a imagen y semejanza del que vería unas semanas más tarde en Hong Kong.
Acabado el paseo nos acercamos al Rijksmuseum donde admiramos numerosos cuadros de los maestros daneses Rembrandt o Vermer. Aún hubo tiempo para dar otro paseo a pie por el entorno del canal próximo al moderno casino, una zona muy animada por la noche.
Rematé mi estancia en la ciudad con un larguísimo paseo en solitario por alguno de los puntos más calientes de la ciudad. Empecé por el barrio rojo, donde además de la típica exhibición de carne fresca en los ventanales me topé con una extraño templo chino. De allí giré hacia la tranquila zona de Jordan donde entré en uno de los populares coffe-shops, acogedor y con la atmósfera muy cargada de humo de hachis. Esa es mi última imagen de Amsterdm, al día siguiente volaría a Tenerife a escenificar la historia de un adiós, tal y como ya he relatado en una bitácora anterior.

martes 16 de junio de 2009

INMIGRANTES DIGITALES

Parece ser que todo el que ha sobrepasado los 30 y utiliza los medios digitales para comunicarse es un imigrante digital, al menos eso es lo que nos planteaba Tirso Maldonado, un profundo conocedor del mundo virtual y gurú de las nuevas tendencias en interntet, en un taller sobre redes sociales y gestión de clientes al que asistí recientemente en el hotel Zen Balagares, alojamiento de moderno y agradable diseño ubicado en un entorno rural pero cerca del aeropuerto y un gran centro comercial, provisto de spa y amplios salones con conexión a internet y señal suficiente como para dar cobertura a los 25 portátiles de los allí reunidos.
Aquel encuentro me dio nuevas muestras de como internet ha revolucionado nuestra forma de comportamiento. Las reflexiones que antes guardábamos en un diario privado ahora las hacemos públicas en un blog.
El niño tímido que antes dejaba grabado un corazón en un árbol o metía una carta dentro de una botella hoy es un adulto que, no sin cierto pudor, decide exhibirse en el facebook, el tuenti o el Xing, en un desesperado intento de no perder la rueda de las nuevas tendencias y a duras penas poder seguir manteniéndose conectado con el mundo y existir en la red, el nuevo templo de culto contemporáneo, lugar para ver y dejarse ver, de intercambio de ideas y mercaderías, cumpliendo la función del ágora de las polis griegas, referente necesario para todas sociedades urbanas posteriores y que el siglo XXI ha transformado en virtual.
Ciertamente, supongo que igual que la mayor parte de los nacidos en los años 70 del pasado siglo, no soy un nativo digital e igual que los africanos que venden CDs en las calles chapurreando un idioma que no es el suyo, me encuentro desorientado y perdido en esta nueva frecuencia, utilizando un lenguaje y unos referentes que ya no son los míos, en un arriesgado cambio de piel y una huida hacia delante, sin rumbo y siempre temiendo encontrarme profundos abismos y peligrosos precipicios, en un vano intento de sobrevivir a la postmodernidad.

miércoles 22 de abril de 2009

VIEJOS TRENES QUE SUENAN A TANGO

El otro día, moviendo antiguos trastos, descubrí en el fondo del cajón y entre viejos apuntes del instituto un papel cargado de polvo. Era un texto que escribí hace unos 15 años y rememora una época aún anterior, la de mi infancia.
Ese recurrente paraiso perdido en el que todos los nostálgicos tendemos a sumergirnos una y otra vez.

La vida pasa pero hay cosas que nos marcan para siempre. De hecho creo haber hablado en alguna ocasión en este foro del buen Carlos al que me refiero en el texto.
Antes escribía en un cuaderno y ahora en un blog, pero soy de los que se mantiene fiel a si mismo.

Me reconozco completamente en este escrito de adolescente. Ni mis inquietudes ni mi estilo han variado tanto desde entonces...
A continuación, sin más preámbulos y sin ningun cambio, reproduzco el texto mencionado.


Era Carlitos de Gijón, el más celebrado, o al menos el más célebre, cantante del chigre. Mi padre, el dueño del local, si sabía que no había comido, solía animarle a cantar. El arrugado y diminuto viejecito aceptaba satisfecho, a cambio generalmente, de un bocadillo y un vaso de vino. Por un momento se hacía un silencio en el bar y la gente escuchaba a aquel hombre respetuosamente. Hasta los camareros solían cesar en su labor. Sin embargo, el cocinero, ajeno a todo lo que sucedía en el exterior continuaba trabajando y el ruido de las potas y cacerolas a veces distraían al buen Carlos.
¡Ha echado a perder mi actuación!¡Los artesanos siempre han odiado a los artistas!¡Hereje!- Gritaba indignado.
Un buen día, tal vez agradecido por la generosidad de mi viejo (como el solía decir), propuso llevarme hasta la estación de trenes, que yo (con tan sólo 6 años entonces), aún no conocía.
Generalmente Carlos era alegre y risueño, pero al llegar a la pequeña y destartalada estación local su actitud cambió por completo, parecía ensimismado y nostálgico. Seguramente recordaría su lejana juventud, cuando se movía por todo el país cantando tangos y haciéndose pasar por argentino ( aunque lugareño siempre hablaba con un marcado acento bonaerense ).
De repente salió de su estado de abstración y me dijo:
- Las piezas nunca pueden encajar perfectamente. ¿ No ve vos la distancia entre los raíles ?
- Sí. - Contesté-.
-Es porque siempre hay que dejar un sitio para los sentimientos.
En ese momento sonó la sirena de un tren e inmediatamente una lágrima corrió por la mejilla del viejo cantante.
- La sirena del tren que se va suena para el que se queda en tierra a separación y distancia, a un futuro duro y tal vez triste. - Masculló-.
- ¿ Y para el qué se va ?- le pregunté.
- Para el que se va es el sonido de la ilusión, los nuevos horizontes y las oportunidades.
- Para mi es solo una señal de aviso- Le dije-.
- Cuando hayas vivido más cada vez que escuches esta sirena te entrarán unas inexplicables ganas de llorar, como me pasa a mi.
Años más tarde me enseñaron en la escuela que los raíles se colocan así para evitar los efectos de una presumible ditación del acero los días de calor. No hace mucho me hablaron en el instituto del ruso Paulov y del reflejo condicionado. Los perros del científico salivaban cada vez que escuchaban un timbre, igual que Carlos lloraba cada vez que escuchaba una sirena.
No obstante yo prefiero seguir creyendo en los artistas y recelando de los artesanos y científicos.
Ahora siempre que escucho una sirena de tren, yo también lloro.
Asimismo, cada vez que escucho el tango, Caminito, (" Cuando ella se fue nunca más volvió..., caminito amigo, caminitio adiós "), recuerdo a Carlos con cariño y nostalgia y una lágrima corre también por mi mejilla.

LOS SENTIMIENTOS NO SE PUEDEN NI SE DEBEN EXPLICAR CIENTÍFICA NI RACIONALMENTE.

domingo 22 de marzo de 2009

MACAO











Al otro lado de la bahía que forma el río Peal, a apenas 70 kms y una hora en ferry de Hong Kong se encuentra la ciudad de Macao, bajo administración portuguesa de 1557 a 1999 y actualmente con un régimen especial dentro de China, es un pequeño enclave que evoca legendarios viajes y trepidantes aventuras, marinos portugueses, misioneros católicos y exotismo oriental.
Desde el mismo momento que salí del ferry noté que Macao era una ciudad mestiza y especial.
Entre la fina neblina matinal aparecían ante mis ojos casitas adosadas como las de Ámsterdam o la entrada principal a la ciudad prohibida en Beijing, reproducciones de gran tamaño y calidad integradas dentro de un enorme casino.
Repuestos de la sorpresa inicial decidimos abandonar el puerto a través calles empinadas llenas de letreros en portugués con dirección a la antigua Fortaleza del Monte, construida por los jesuitas portugueses para proteger la península. Hoy en día los antiguos muros y cañones carecen de valor militar y la plaza es tomada por niños, turistas y ancianas chinas que practican tai-chi. Desde esta colina se puede observar toda la ciudad, no excesivamente grande y formada por un abigarrado conjunto de casinos y barrios de distintas épocas y estilos. A un paso de la fortaleza están los restos de la antigua iglesia de San Pablo, una imponente fachada principal despojada de techos y muros laterales debido a un terrible incendio pero capaz de seguir desafiando al tiempo desde un promontorio al final de unas largas escaleras. A un lado, en la antigua puerta de entrada a la zona china, está el diminuto templo chino de Na Tcha, armonioso pero de insignificante tamaño.
A sus pies se encuentra la antigua ciudad colonial que es un fresco de Lisboa trasplantado a Asia con alguna pincelada oriental. Calles empedradas, miradores, colores y texturas evocan a la metrópoli. ¡Oh cuanta saudade!
Justo en el epicentro de esta zona colonial quedo admirado por la iglesia de Santo Domingo en la plaza del Senado, un edificio barroco con algún añadido autóctono como los azulejos chinos de su techumbre. Diseño europeo en su concepto y la delicadeza de los artesanos orientales para su elaboración. Una magnífica combinación.
Continuamos caminando sin rumbo y un vendedor se me acerca con una bandeja llena de galletas y me anima a probar una. Tienen una textura y un sabor familiar pero en el paladar queda un suave regusto a especia, igual que la ciudad misma.
Abandonamos la zona antigua por la alameida Riveiro, una magnífica avenida llena de lujosas boutiques. Entre elegantes escaparates llego al hall del Hotel Lisboa, pese a su imponente aspecto y ante la desgana de mi hermana decido no entrar; en la ciudad hay más de 30 casinos pero ciertamente el juego no es el objeto de nuestra visita.
Alguien nos da la dirección de una tienda de outlets, ropa de marca fabricada en Macao a muy buen precio, evitamos esta nueva tentación y nos dirijimos a otra zona de la ciudad.
Entre el Lago San Bai y una frondosa colina donde predomina el verde de los árboles salpicado por el blanco y granate de los elegantes edificios, está la antigua residencia del gobernador portugués. Un entorno elegante y aristocrático no muy distante del Templo de A- Ma, el templo chino más antiguo de la ciudad, formado por varios pabellones situados a distintas alturas entre roca y vegetación. Sorprenden las estructuras espirales colocadas en su techumbre, barras de incienso de larga duración generalmente utilizadas por los marineros que se embarcaban durante largo tiempo y no podían acudir al templo con frecuencia.
Retornamos a la zona costera ya con dirección al ferry. En el amplio paseo marítimo, dotado de moderno mobiliario urbano me encuentro con una enorme escultura de la virgen, al fondo diviso la primera ciudad de China.
Esa es la magia de Macao su capacidad para fusionar imágenes atlánticas y orientales componiendo bellas y evocadoras estampas.

miércoles 18 de febrero de 2009

EL VENENO DE LA LECTURA

Salía publicado hace pocos días en la prensa que, una biblioteca que más de 16.000 ejemplares, muchos de ellos con anotaciones personales, así como distintos testimonios e indicios revelaban que Hitler era un compulsivo lector.
Este hecho, que en un principio puede producir cierto desasosiego entre los aficionados a la lectura, debe ser convenientemente matizado y explicado.
Considero un buen aficionado a la lectura al que se va encontrando los libros en el camino y no tiene otro estímulo que el afán por descubrir, tomando lo mejor de cada uno en un proceso de continuo crecimiento y aprendizaje.
Hay otros lectores que utilizan la literatura a modo de sucedáneo de la realidad lo cual sólo sirve para crear un mundo paralelo y secar su cerebro del mismo modo que le sucedió al pobre don Quijote. Son personajes tristes pero inofensivos.
La relación del paranoico con los libros es mucho peor, sólo toma aquello que reafirma sus ideas, condenando a la hoguera todo lo demás. Cada vez se vuelve más fundamentalista e intolerante y siente un profundo desprecio por el que no comparte su punto de vista. Sin embargo, la acumulación de datos o la erudición en si misma no sirven para desarrollar un pensamiento crítico o una visión independiente del mundo.
La búsqueda de conocimiento es imposible sin grandes dosis de humildad, pues la nueva información adquirida obliga a re elaborar constantemente los conceptos, reconocer errores y renunciar a pasadas convicciones.
Como gráficamente explicaba Carl Sagan en un capítulo de la genial serie Cosmos toda una vida de estudio apenas llegaría para poder leer unas cuantas estanterías de la biblioteca de Alejandría, apenas una mínima parte del conocimiento disponible. La clave está, pues, en la selección y el análisis.
Decía Paracelso que todas las sustancias son susceptibles de ser veneno, la dosis diferencia a un veneno de una medicina.
No hay una receta única pero sólo con condimentos de calidad, frescos y variados, y la cocción adecuada se cocinan platos exquisitos.

martes 17 de febrero de 2009

TROUBLE THE WATER


Hace unos meses una oronda cantante de gospel de rasgos africanos de paso por Gijón patrocinada por una fundación municipal me explicaba que era habitante de Nueva Orleans, una ciudad especial que marca el carácter y aún más tras la tragedia del 2005 de la que me hablaba con profunda y contenida tristeza y en la que había perdido familiares, amigos y a sus leales perros.
Nueva Orleans es la ciudad pecadora e infernal por la que vagaba Igantius F. Really protagonista de la ácida y divertida novela La Conjura de los Necios, un desquiciado personaje en un medio en permanente estado de amenaza y descomposición.
La ciudad es un lugar donde los más extraños especímenes cobran vida y se mimetizan con naturalidad en el vecindario, no es de extrañar que el curioso caso de Benjamin Button, aguda película actualmente en cartelera que nos hace reflexionar sobre los profundos cambios a los que nos somete la vida, esté ambientada en este peculiar enclave.
Pero Nueva Orleans es, sobre todo Bourbon Street y el barrio francés, un lugar que huele a azufre, suena a quejumbrosa música de jazz y sabe a destilado. La vida allí es bohemia, carnal y pecaminosa convirtiéndose en refugio y puerto franco de desheredados y perdedores; pero la Sodoma contemporánea ha de pagar un alto tributo por su altanería, imprevisión y promiscuidad, viéndose asolada por un dantesco huracán.
El documental Trouble the Water, recientemente proyectado en el festival de cine de Gijón, describe a al perfección, con imágenes grabadas por supervivientes de la tragedia, como las aguas se ceban con los barrios más humildes, habitados basicamente por gentes con ancestros africanos. El huracán Katerina, ignorado por unas autoridades calamitosas que no están nunca a la altura, golpea abruptamente a la comunidades más pobres, completamente desprotegidas y vulnerables, desencadenando un sinfín de reacciones cargadas de dramatismo y emotividad; desde el alcohólico que se resigna a morir, a la gente corriente que apela a su ingenio para sobrevivir o al traficante pendenciero capaz de, por una vez, hacer algo positivo por su vecinos y, armándose de valor, rescatar de una muerte segura a alguno de los miembros más débiles del barrio convirtiéndose en héroe por un día. http://www.youtube.com/watch?v=Cq426VjZD1E
Nueva Orleans es una ciudad que tiene el encanto de lo peligroso y lo prohibido, que se resiste a morir y apela a su leyenda y personalidad para, pese a quien pese, resurgir como el Ave Fenix de sus propias cenizas.

lunes 16 de febrero de 2009

LA CAZA DEL CARNERO SALVAJE


Hay quien tacha la literatura oriental de excesivamente críptica o encerrada en si misma.
No es el caso del escritor Haruki Murakami ( Kioto, 1949 ) que con su novela La Caza del Carnero Salvaje consigue un relato ágil e intelligente que refleja bien el desasiego del hombre urbano contemporáneo, presentándonos un estilo de vida y unos valores que nos resultan cercanos pese a lejanía del lugar donde se desarrolla el relato, el Japón de finales de los 70.
Una intriga lineal y fácil de seguir que engancha desde el primer instante, donde su prosa limpia y sencilla llena sugerentes imágenes vertebran un relato que se sale de lo convencional sin caer en lo abiertamente fantástico.
Un publicista treintañero recién divorciado con una vida gris, no más desestructurada y vulgar que la de otros muchos de su generación y circunstancias, edita una fotografía con un extraño carnero que le llevará a emprender un largo viaje a la remota región de Hokkaido y a realizar una surrealista investigación en la que se verá acompañado de una bella modelo de orejas deslumbrantes.
Una propuesta que pese a su ligero toque fantástico funciona perfectamente y un viaje de lo urbano a lo rural que se hace francamente agradable y nos aporta una amplia visión de un Japón que en poco más de una generación ha asumido plenamente su condición occidental y comparte nuestros mismos problemas y dilemas.

viernes 13 de febrero de 2009

SAN VALENTÍN

Los escaparates de los comercios están literalmente empapelados con grandes carteles recordándonos que mañana es San Valentín, los restaurantes de lujo editan folletos proponiendo menús especiales y el correo electrónico está invadido con emails de lastminute y atrapalo.com sugiriéndonos románticas escapadas.
Parece ser que el hombre contemporáneo está sometido a más estímulos informativos en unas pocas semanas ( prensa, radio, televisión, internet ) que el medieval ( iglesia, castillo, terruño ) en toda su existencia.
Constantemente nos chantajean emocionalmente y nos manipulan. Nos dicen que tenemos que comprar y cuando. Importamos el papá Noel pero sin olvidarnos de los reyes, al menos hasta la llegada de la tercera república.
Se inventan el día del padre, del abuelo, de Halloween, del amigo especial y por supuesto San Valentín.
Hasta el noble sentimiento amoroso, loado por cantores y poetas, cae presa de los depredadores de la sociedad de consumo.
No podía ser de otro modo, el sistema depende de estimular gastos superfluos para mantener la producción de objetos de todo tipo desde los cojines en forma de corazón a los peluches rosa, por no hablar de la bisutería de menguado precio y dudoso gusto.
En fin, sabemos que el mundo funciona así y detestaría estropear el día a los enamorados con estas reflexiones.
Todo lo contrario, porque el amor es precisamente lo opuesto a la racionalidad.
Afortunados sois, dejaos llevar, no importa lo que os digan, cualquier oportunidad es buena, es única, es tan especial como vosotros. Invitadla, sed espléndidos, sacadla a cenar.
Y los roñosos ya os vais buscando otra excusa, que de algo han de vivir los comercios, restaurantes y hoteles.

jueves 12 de febrero de 2009

¿ AGUANTAR PARA VENCER ?

Existen culturas donde se premia al que primero llega, se admira al campeón, al valiente héroe invicto que se convierte en un referente y un ejemplo a seguir para toda la sociedad.
Este no es el modelo que impera en nuestro entorno, donde al que destaca se le corta la cabeza y el que se mueve no sale en la foto, según expresión de un político contemporáneo.
Los sistemas están creados por y para corredores de fondo, oscuros y sufridos fajadores, a los que se les programa para que sean predecibles y rutianarios, estimulando la mediocridad y persiguiendo al que es original o creativo o simplemente demuestra ser más diestro en una materia.
Desde la función pública a buena parte de la gran empresa o la sociedad en general, normalmente maniatadas por mezquinos poderes fácticos, el criterio de la antigüedad siempre prevalece sobre el del mérito a la hora de conceder una prevenda, un incentivo o un premio.
La envidia y la ruindad paralizan multitud de iniciativas y proyectos brillantes, corrompen los espíritus inquietos y obstaculizan cualquier tentativa de superación.
La única estrategia posible en un entorno tan poco alentador es la de armarse de paciencia y aguantar, agazaparse discretamente y no inmutarse cuando los otros vayan cayendo alrededor.
El que aguanta gana, aunque todo lo demás se hunda a sus pies.
Es entonces cuando un sentimiento de impotencia nos invade pensando que pudimos haber hecho algo más por cambiar las cosas, por construir un mundo mejor y con carroñera astucia nos escondimos, esperando a que el temporal amainase.
Aguanta y vencerás pero no convencerás.

martes 10 de febrero de 2009

LA IDEOLOGÍA O LA PERVERSION DE LA IDEA

Ya hace años desde que Joan Elías impartió un inspirador seminario dentro del Progarma de Alta Dirección de Empresas al que asístí entusiasmado. Desde entonces tengo la suerte de que me alumbre frecuentemente con sus geniales y ocurrentes elocubradas, pequeñas y ocurrentes píldoras de sabiduría que me remite frecuentemente en forma de boletín.
La última analiza el concepto de ideología y lo confronta con el de idea, explicando que una es más interior y rígida y la otra más flexible y analítica con el entorno. http://www.joanelias.com/elocubradas/DeIdeaseIdeales.htm
Yendo un paso más allá de su propuesta me atrevo a decir que las ideologías son las invisibles cadenas que atenazan nuestra sociedad.
La ideología es discriminatoria y sectaria, no evoluciona ni trata de entender el medio en el que vive, no se adapta a los cambios ni a las nuevas tendencias.
La ideología es gregaria, cobarde y acrítica. Necesita líderes, emblemas y estructuras. Siempre la justifican ancestrales leyendas, complicadas jerarquías y mitificados mártires. No fomenta la originalidad ni el pensamiento libre. Destruye al contrario, que siempre es el culpable de todos los males y se lapida al diferente, al que trata de eliminar, al menos socialmente. El grotesco rebuzno resuena por los altavoces del poder y se convierte en verdad incuestionable.
Por el contrario, la idea es flexible e inspiradora, curiosa y obstinada, plantea conflictos y retos.
La idea es incomoda con el poderoso y ofrece consuelo al débil, engrasa los organismos anquilosados, desarma estructuras, pone en entredicho a los mitos y cuestiona ancestrales creencias ( eppur si muove, murmura Galileo tras abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribuna de la Santa Inquisición ).
La idea es un soplo de aire fresco que no requiere de la coerción o de complicadas jerarquías para sostenerse pero es un peligro para el que se acomoda o para el que no quiere dejar de hacer lo mismo.
En épocas de crisis más que nunca se necesitan ideas que nos alumbren, que nos inspiren y nos ayuden a cambiar.
Necesitamos liberarnos del lastre de complicadas estructuras y de charlatanes que siempre tratan de engañarnos con lo mismo. Ya es hora de atreverse a seguir nuevas sendas y originales caminos, porque como decía el poeta el camino se hace al andar.

sábado 7 de febrero de 2009

DESCUBRIENDO HONG KONG Y EL RIO PEARL


Hong Kong es una ciudad de rascacielos que crece a lo alto entre imposibles colinas y huele a pescado hervido al estilo cantones en cada esquina.
Hong Kong es la sofisticacion cosmopolita de Central y el arraigo por unas antiguas tradiciones que no han pasado la criba de la revolucion cultural en Kowloon e interpretan la modernidad de una forma peculiar.
Hong Kong es el Star Ferry y el Victoria Peak, negocios, luces de neon y desmesura...
Han sido 10 días fantásiticos y muy bien aprovechados, 6 en solitario y 4 acompañado de mi hermana a la que agradezco que haya venido desde París a encontrarse conmigo.
A continuación 6 bitárocas ( Kowloon, Hong Kong/ Central y Victoria Peak, Sur de la Isla/Más allá de los rascacielos, Lantau, Macao, Cantón ) en las que dejo mis opiniones sobre está fascinante viaje, no sólo Hong Kong sino también otras islas y ciudades situadas en el entorno del Río Pearl.

jueves 5 de febrero de 2009

KOWLOON

Kowloon fue mi barrio en Hong Kong durante los diez días que permanecí en la ciudad, animoso y vital juega a ser cosmopolita pero no puede ocultar su inconfundible alma oriental.
La fachada marítima de la península la ocupa la avenida de las estrellas, un homenaje a la floreciente industria cinematográfica local con mobiliario urbano de primera calidad y un poco disimulado aire hollywoodiense con estrellas gravadas en el suelo incluidas. Pese a su toque algo hortera es uno de los lugares más cuidados del barrio, un magnífico paseo perfectamente limpio y pavimentado con inmejorables vistas al mar e impecables terrazas en las que merece la pena sentarse a tomar algo.
Al final del paseo se encuentra Nathan Road, la columna vertebral de Kowloon, una avenida de estridentes letreros y varios kilómetros de largo plagada de vendedores al acecho que desde la puerta de sus negocios tratan de enganchar a los incautos clientes.
Tiendas de relojes, de cámaras fotográficas, casas de cambio y apuestas, joyerías, zapaterías, sastrerías, tiendas de moda... Desde albergues baratos en las indescriptibles Chuking Mansions a masajes de pies o relojes todo está a la venta en este auténtico icono del consumismo desenfrenado.
A la otra mano un parque con una vistosa mezquita pretende oxigenar, sin demasiado éxito, la concurrida avenida.
En el cruce de Nathan Road con la calle Jordan está el hotel Largos donde me alojé, una zona muy animada a lado mismo del mercado nocturno de Temple, en el que me surtí de ropa y alguna que otra baratija.
Pegado al mercado se encuentra el Food Market, un conjunto de entoldados y tenderetes donde se sirve comida típica de la zona. Es un lugar poco recomendable para occidentales excesivamente escrupulosos. Allí habrán de convivir con ruido, mesas pequeñas y tambaleantes, olor penetrante pese a estar prácticamente al aire libre, televisiones a todo volumen emitiendo culebrones de época asiáticos con pérfidos villanos y valientes guerreros, camareros mal encarados reprendidos constantemente por encargados déspotas y gruñones. En fin, una experiencia sólo interesante para estómagos encallecidos que quieran ver a gente del lugar degustando sus especialidades típicas.
Afortunadamente también sencillos, económicos y auténticos pero considerablemente más tranquilos e higiénicos, son los restaurantes que se encuentran fuera de este recinto y donde cené casi a diario setas, sopas con sabor a jengibre, cerdo al curry o deliciosos pescados recién sacados de la pecera nunca por más de 10 euros.
Las pequeñas calles transversales tienden todas a parecerse, con grandes edificios muchas veces descuidados, gente moviéndose constantemente, pequeñas tiendas sin escaparates ni ventanales con todo el frente abierto al exterior que más parecen almacenes dada su austeridad, dependientes en cuclillas que toman sopa en la calle, gente en torno a mesas circulares y un Seven Eleven en cada esquina.
Volviendo a Nathan Road y caminando un cuarto de hora a pie en dirección opuesta al mar nos toparemos con Mag Kok, un sofocante hormiguero urbano, masificado hasta lo absurdo en el que es imposible caminar dos pasos sin tropezarse con alguien donde proliferan negocios de poco gusto y dudosa honestidad, así como el mercado urbano más surtido y concurrido de la ciudad.
Hacia el oeste se encuntra el Waterfront, un apabullante centro comercial con las boutiques más exclusivas, desde aquí se coge el tren rápido que lleva al aeropuerto y sus terrazas ofrecen magníficas vistas del puerto comercial, uno de los más transitados del mundo.
Varias paradas de metro más allá, en la zona de New Kowloon, solo un poquito menos ajetreada que las descritas anteriormente se encuentra el Wong Tai Sin Temple, un atestado lugar de culto, con varios pabellones donde los fieles tratan de ganarse el favor de la divinidad con sus ofrendas, incienso o fruta generalmente. Anexo al templo se encuentra un elegante y tranquilo jardín chino en el que aún es posible encontrar algún rincón solitario.
Si los dioses no fuesen propicios para conseguir ganar en los caballos o en la lotería siempre se puede pedir consejo a alguno de los adivinos que asientan sus cabinas casi en frente del templo.
El espíritu de Kowloon es eminentemente práctico, emprendedor y dinámico, capaz de reinventarse continuamente para seguir subsistiendo, que cambia sin cesar para no dejar de ser fiel a si mismo.

martes 27 de enero de 2009

HONG KONG/ CENTRAL Y VICTORIA PEAK




Los imponentes rascacielos de Hong Kong asientan sus cimientos en lo más arraigado de las tradiciones chinas.
Llegué a la ex colonia británica un domingo por la mañana y la ciudad, lejos de estar dormida bullía vitalidad en cada esquina. Los vendedores hindús de Nathan Road salían a la calle y trataban de venderme un happy Rolex o un traje a medida, por una vez decidí ignorar tentaciones consumistas ( tiempo habría en los mercadillos ) u otro tipo de distracciones y dirigirme al Star Ferry.
Con una frecuencia de unos diez minutos, los amplios y destartalados barcos de esta legendaria compañía, unen la península de Koowlon con la isla de Hong Kong propiamente dicha, algo más sofisticada y totalmente volcada a las finanzas pero con multitud de lugares interesantes que visitar y también llena de vida.
El trayecto en ferry duró poco más de cinco minutos y una espaciosa pasarela peatonal facilitó la marcha hacia la zona de Central, donde se apiñan los edificios más altos y vistosos, con una densidad y verticalidad tales que realmente llegan a abrumar.
Tuve que atravesar varias calles y ascender unos cuantos metros para acceder a los Mid-levels, donde me reencontré de nuevo con edificaciones hechas a una escala más humana. Esta es una zona más residencial, no todos los edificios estan tan impecables como en el vecino barrio de Central, los bloques modernos conviven con otros verdaderamente cochambrosos, entre las empinadas calles, muchas veces escalonadas surgen tenderetes o auténticos mercadillos atiborrados de indescriptibles productos, desde estampas para celebrar el cercano año nuevo chino a pescado desecado o puestos en los que preparan zumos naturales, de mango, papaya, duran (que sabe bien pero huele a demonios) o naranja, ricos y a muy buen precio y donde pude aplacar mi sed.
Continué ascendiendo por calles de gran desnivel, opté por evitar las escaleras mecánicas para seguir topándome con estampas más auténticas, sin embargo el límite de tolerancia a la suciedad y el mal olor de mi hermana se estaba agotando y necesitábamos un sitio limpio y tranquilo en el que poder descansar.
Tal y como era de prever pronto apareció una zona plagada de Starbucks, pubs de estilo británico y restaurantes de comida asiática pero con diseño y estándares de limpieza europeos.
Decidimos entrar en un Pacific Cofee franquicia muy conocida en estas latitudes, un par de magdalenas y dos cafés nos quitaron momentáneamente el hambre, además aprovechamos para mirar el internet.
Al salir nos encaminamos al Peak Train y de nuevo no tardamos en encontrarlo, Hong Kong pese a estar tan densamente poblado es una ciudad de diseño muy compacto y todo parece estar cerca.
El tren, que lleva más de 100 años salvando imposibles desniveles es toda una proeza de la ingeniería decimonónica y un emblema y orgullo de la ciudad. Su recia estructura, sus sólidos asientos de madera y su inconfundible sonido tienen el porte y la cadencia de otra época. Gran parte del trayecto se hace en posición prácticamente horizontal confiando en la resistencia de unos bancos fuertemente atornillados al suelo de madera.
Esta es la mejor forma de llegar al pico Victoria, el punto más alto de la isla y desde donde se pueden contemplar las mejores vistas del impresionante sky line, sobre todo si se accede a la terraza panorámica.
Apenas sin espacio, encajonados entre el mar y las picudas y abruptas montañas se hacinan multitud de bloques de hormigón que en una desaforada y competitiva lucha, como si se tratase de árboles en un bosque tropical, se apresuran a crecer a lo alto, delgados y esbeltos.
La ciudad supone un auténtico desafío a la naturaleza y contemplarlo desde lo alto una maravilla indescriptible.
Pese a que Hong Kong es un enclave cálido era pleno enero y el viento pegaba con fuerza allí en lo alto. Era el momento de bajar de nuevo y seguir dejándome envolver por la vitalidad, el frenesí y la contagiosa energía de este bullicioso lugar. Aún quedaba mucho por descubrir.

EL SUR DE LA ISLA/ MAS ALLÁ DE LOS RASCACIELOS













El sur de la isla de Hong Kong, protegido por las altas montañas y huérfano del eficiente sistema de metro que vertebra el lugar, me resultó sorprendentemente tranquilo y agradable.
Una serpenteante carretera que atraviesa el Happy Valley, donde se ubica un animado hipódromo siempre lleno, más por la afición de los asiáticos por las apuestas que por un verdadero interés por los caballos, y deja atrás las zonas residenciales más exclusivas o las viviendas unifamiliares de referencia, lugar favorito de los occidentales que por cualquier motivo han de asentarse en la ciudad y en el que se vive a ritmo más reposado.
Finalmente llegamos a Aberdeen, el distrito que 200 años atrás era refugio de piratas y malhechores y donde se asienta la población de los tankas.
Tras un duro regateo cogimos un sampan ( barco típico ) por 50 dolares de Hong Kong ( unos 5 euros ) y dimos un paseo por un puerto deportivo atestado de chatarra, taxis acuáticos ( kai do ) y viviendas flotantes. El paseo en barco nos permitió acercarnos un poco a la tradicional forma de vida en el agua y conocer el Jumbo, un famoso restaurante flotante. Concluido el paseo la olvidadiza patrona trató de cobrarnos de nuevo, ante nuestra firmeza quiso darnos a entender que los años le estaban haciendo perder la cabeza. Sin duda la mayor parte de los tankas aún siguen emparentados con los antiguos corsarios y lo más recomendable es pagar siempre al final del trayecto.
De Aberdeen nos dirigimos al pueblo de Stanley, dejando atrás el Repulse Bay, la bonita y agradable playa de Hong Kong, aunque según nos comentaron agobiante y auténticamente atestada de gente en primavera y verano. Al fondo se puede divisar el famoso rascacielos con un hueco cuadrado en el medio. Por lo visto el supersticioso constructor mandó edificarlo así porque si no el edificio impediría el acceso al agua del dragón que según la tradición ancestral habitaba en lo alto de la colina.
Llegamos por fin a Stanley, y tras darnos una vuelta por su famoso mercado, que realmente no difiere mucho de otros tantos que hay en la isla, llegamos a una terraza al borde del mar, hacía un sol espléndido y decidimos hacer un alto en el camino. Disfruté como pocas veces de la pinta de cerveza, una Tsingtao de suave sabor tostado servida por un sonriente y servicial camarero oriental.Al fondo, más allá de la bahía podía observar el Tin Hau Temple, uno de los más antiguos de la isla, hermoso y bastante exótico a mis ojos. El día era luminoso y una sensación de relax y paz invadió mi cuerpo. No había prisa, teníamos que recuperar fuerzas para emprender la excursión a Lantau.

domingo 25 de enero de 2009

LANTAU






El puente de Tsing Ma, el mayor de mundo en suspensión para coches y trenes, me condujo a Lantau. La isla, aún siendo la mas grande del archipiélago, permanecía hasta la construcción del puente y el aeropuerto, hace unos diez años, prácticamente ajena al ajetreo de Hong Kong.
Pese a todo, su estimable tamaño le ha permitido absorber sin problemas estas infraestructuras y continuar manteniendo su carácter rural y auténtico.
La primera parada la efectué en la playa de Chug Sha, un larguísimo arenal rodeado de vegetación en un entorno apenas transformado por la mano del hombre. Efectuaba mi visita un día de semana y el lugar daba la sensación de soledad y sosiego, no había nadie en la arena y esto me permitió el raro privilegio de dar un largo paseo en solitario disfrutando del majestuoso mar de China.
De allí me encaminé a Tai O, llegué al pueblo por una estrechísima carretera que avanza entre el mar y unas afiladas montañas con forma de dientes de sierra. Al llegar me encontré con una villa marinera tradicional impregnada de un fuerte olor a pescado en salazón y con edificaciones de más de 300 años, auténticos palafitos con pilastres de madera asentados en el mar y que levantan las viviendas unos metros sobre el nivel del mismo.
Tras el dique principal, una intrincada red de puentes y callejuelas configura el pueblo, no demasiado turbado por el impacto de la tecnología o el turismo y donde abundan los talleres de estilo tradicional o sencillos restaurantes especializados en productos del mar. Una explanada en frente del templo más antiguo hace las veces de plaza principal o punto de reunión del pueblo. Me senté a descansar en un banco y un anciano con la piel curtida no tardó en acercarse a mi y preguntarme en un inglés apenas inteligible cuál era mi nacionalidad, se sonrió cuando le contesté que era español. No vienen muchos por aquí me dijo. Deambulé un poco más por el pueblo hasta que decidí dirigirme de nuevo al claro donde paraban los autobuses.
Tras circular un buen rato por una estrecha carretera llegué a Ngong Ping, al contrario del resguardado Tai O, este pueblo, bien conectado mediante teleférico con el sistema de metro de Hong Kong, está enfocado y creado por y para el turismo, aún así posee cierta armonía y encanto aunque algo artificial sin duda.
Atravesé el pueblo sin prestar demasiada atención a las tiendas de recuerdos y a los restaurantes de comida rápida que proliferaban por doquier y me dirigí al cercano monasterio de Po Lin, donde aún habita una pequeña comunidad de monjes.
Se accede por una especia de vestíbulo custodiado por unas estatuas de guerreros. Una amplia explanada cuadrangular plagada de flores precede al pabellón principal asentado sobre unas escaleras y donde los devotos realizan sus ofrendas. Desde este punto se pueden observar el resto de las montañas y el majestuoso buda gigante de 26 metros de alto y encaramado sobre una cercana montaña.
Esa sería mi próxima parada pero antes decidí hacer un alto en el camino para disfrutar de la magnífica comida vegetariana que servían en restaurante del monasterio. Aunque me considero preferentemente carnívoro la comida, variada y bien especiada me pareció muy apetitosa y nutritiva.
Ahora ya estaba perfectamente preparado para el esfuerzo final, los interminables escalones que me conducirían al promontorio donde se asienta el buda gigante de Lantau. La pequeña molestia se ve compensada al llegar a la base de la escultura, una enorme y magnífica pieza de bronce rodeada de otras más pequeñitas que agrupadas de tres en tres le ofrecen tributos y le rinden pleitesía. Desde lo alto pude contemplar de nuevo el monasterio y el verdor del paisaje circundante, sinuoso y salpicado de edificios tradicionales.El descenso resultó más sencillo y la mejor forma de regresar a mi destino fue utilizando el teleférico que parte de Ngong Ping, son varios kilómetros de viaje en el que se dejan atrás varias cadenas de picudas montañas muy verdes pero sin apenas árboles. Desde la parada en Tung Chung fue fácil coger el metro y volver de nuevo a mi hotel en Kowloon. Era hora de descansar.

martes 20 de enero de 2009

CANTÓN




Explorado Hong Kong decidí acercarme a Cantón.
Tomé el ferry que se adentra por el Pearl River hasta Shenzhen en la frontera con China. Hong Kong, aunque técnicamente está desde 1997 bajo soberanía China dispone de un régimen jurídico especial; tiene moneda propia ( el dólar de Hong Kong en vez del yuan ), se conduce por la izquierda y es imprescindible presentar un visado para pasar al otro lado. Cumplido el engorroso trámite llegué a Shenzhen, una ciudad en plena expansión industrial que ni es bella ni pretende serlo y que poco puede ofrecer al viajero, salvo contemplar el vertiginoso ritmo de construcción y el desenfrenado crecimiento tan característico de las grandes ciudades chinas. Ya que pasaba por el lugar me acerqué a ver una exposición de figuras de terracota traidas de Xian y a un pequeño zoológico a ver unos simpáticos osos panda tomando bambú. Con la sensación de que la ciudad ya no daba mucho más de si puse rumbo por carretera a Cantón.
El paisaje desde el autobús era pantanoso, las zonas verdes estaban continuamente salpicadas de pueblecitos donde se podía ver con tristeza como las antiguas casas tradicionales de planta baja eran sustituidas por bloques de edificios de unas cuantas alturas. Si esto sucedía en las aldeas me pregunté que estaría pasando en el cercano Cantón y efectivamente lo que me encontré fue una proliferación de grandes vías de circulación y scalextrics a diferentes alturas y una auténtica celebración a los inefables y horrendos bloques de hormigón.
Seguí avanzando hacia la zona antigua siguiendo el curso del serpenteante rio Pearl para llegar a Shinuam, una recoleta islita de menos de un kilómetro de largo por 300 metros de ancho, encerrada dentro del casco urbano estaba más descuidada de lo que debería con bonitos edificios de aire colonial que nos recordaban su floreciente pasado y la numerosa población europea que se asentó en este barrio hace poco más de un siglo aunque hoy en día presenta un estado de cierto abanadono y poca vida alrededor.
Como era de esperar mucho más animada estaba la zona típicamente china, con antiguas edificiaciones de poca altura con concurridos soportales en los que predominaban las tiendas del estilo más tradicional conviviendo con algún que otro letrero del MacDonalds o el Starbucks. Paré a comer en un restaurante limpio y espacioso ubicado en uno de los pocos edificios modernos de la calle. Tras concluir me acerqué al original mercado que se extendía por las calles adyacentes y donde me encontré con alguna de las estampas más curiosas de todo el viaje. Amenazados por los rascacielos y la modernidad gente que parecía sacada de otra época se arremolinaba a vender en las callejuelas de la zona antigua sapos o culebras dios sabe para que uso medicinal. Una desaliñada campesina ( como las que ya hace lustros se han dejado de ver en Europa ) mostraba orgullosa un manojo de gallinas. Un hombre se dejaba afeitar en plena calle mientras un viejo minusválido de camisa azul y rostro cadavérico y un niño curioso atendían a todos los movimientos. Un grupo de hombres se apiñaban en torno a una improvisada mesa formada por un par de cajas viejas para jugar a las cartas. Un poco más allá un carpintero sentado en la calle bajo el toldo de su tienda se peleaba por dar forma a unos listones de madera.
Aún con estas anacrónicas imágenes en mi retina, tal vez no tan diferentes a las que se encontraron los misioneros españoles y portugueses que arribaron por primera vez a la ciudad siglos atrás, hice mi entrada en el cercano templo de los seis banianos ( 6 Bayans Temple ). Un lugar de profunda espiritualidad que data del año 537 aunque ha sido reconstruido en varias ocasiones. Llama la atención la pagoda de las flores de 56 metros justo tras la entrada principal y los bien cuidados pabellones cargados de reliquias. Un buda sonriente nos recibe a la entrada en contraste con la seriedad de la escultura del héroe que está detrás. En el último pabellón hay tres enormes estatuas, las tres representaciones de buda más antiguas y de mayor tamaño de Cantón.
Sin salir de la zona antigua nos enontraremos con otro edificio digno de mención, el Sun Yat-Sen Memorial Hall. Un enorme edificio pensado para todo tipo de representaciones, habilitado para dar cabida a miles de personas con un delicado espacio interior cargado de armoniosos diseños de más de 71 metros sin ningún pilar a la vista.
El exterior es también elegante pese a sus grandes dimensiones, una enorme explanada con una imponente estatua de bronce de Sun Yat Sen y unos cuidados jardines completan el magnífico conjunto.
Sin duda se quedó corta mi estacia en Cantón, una ciudad con muchos rincones que descubrir, pero oscurecía y pronto partiría mi tren hacia Hong Kong.
La estación, ubicada en una amplia y luminosa plaza, es excelente, espaciosa y bien organizada, aunque atestada de gente. El tren, también impecable, me dejó en el centro de Hong Kong en algo menos de dos horas. Desde allí me dirigí inmediatamente a mi hotel. Había sido un largo día.

miércoles 7 de enero de 2009

HISTORIA DE UN ADIOS

Aquello parecía el cierre de una etapa. Hacía un gélido frío en Ámsterdam cuando lleno de dudas volé desde Schipol al aeropuerto del Norte, previa escala en Madrid.
La sala de espera de los Rodeos, menos concurrido que el aeropuerto del Sur, el cual solía utilizar cuando venía directamente de mi tierra, ofrecía mejores vistas y más sosiego. Esta vez ni siquiera me impacienté por la espera.
Algo había cambiado en el paisaje y la ilusión se terminaba igual que el frescor de un otoño que languidecía marchitaba los brotes que la primavera había traído perfumados y frescos.
Llegó como siempre agradable y cariñosa pero se había acabado la frescura de antaño, el destello de sus ojos se había apagado, su sonrisa, de la que ahora se sentía tan orgullosa parecía más artificial que nunca, su energía se había evaporado, por el cansancio del trabajo según me dijo.
Tan solo unos meses juntos y ya sentía el hastío y el desgaste de toda una eternidad.
Elegimos un magnífico y apartado restaurante francés para cenar, El Refugio de María, en el frondoso valle de la Orotava. Fue una desapasionada velada en una casa rústica con un trato exquisito. Ya ni recuerdo que cenamos pero de lo que estoy seguro es de que pedimos vino del país en vez de una especialidad francesa, siempre lo hacíamos así.
La conversación fue fluida pero carente de pasión, oíamos palabras sin escuchar sentimientos, ya no nos susurrábamos nada al oído, nos mirábamos y ya no nos veíamos, le acariciaba la mano y ya no sentía su ternura, olía su perfume y ya no quedaba impregnado de su hechizo. En ese momento supe que estaba todo perdido. Nada podía reprocharle, simplemente éramos dos burbujas que se separaban como pompas de jabón volando cada una en busca de su destino, sin dañarse pese a al fragilidad de sus estructuras.
Disciplinadamente traté de cumplir el protocolo marcado para el fin de semana.
El viernes por la mañana ella trabajaba y me acerqué en autobús a La Laguna, que aún no había tenido la oportunidad de conocer de día. Su zona histórica me pareció francamente interesante, edificios de piedra y miradores, antiguas iglesias y una torre a la que subí por una estrecha escalera.
A la bajada paré a tomar un café en una terraza cercana al mercado viejo, estaba fresco y tuve que refugiarme en el interior del local, no era un lugar acogedor, lúgubre y oscuro, no obstante hice algo de tiempo leyendo los periódicos locales. Mientras los ojeaba me di cuenta de que sabía más de lo que yo mismo me imaginaba sobre la vida política y social de la isla. Incluso empezaban a interesarme sus pequeñas reivindicaciones y batallas. Demasiado tarde, sin duda.
Por fin ella llegó, fuimos a comer a La Casa Encantada, un sitio estupendo, volvimos a pedir un buen vino de la tierra y una sama con unas papitas arrugadas. Siempre me había gustado salir a comer con ella. Era una liturgia con la que ambos llegábamos a sentir gran complicidad. Aunque de una forma distinta, menos profunda, llegué a disfrutar de nuevo de su conversación y su compañía, tal vez sólo porque intuía que esta sería la última vez.
Paseamos por la zona antigua y vimos que en un entoldado estaban presentando vinos de la zona, entramos y allí se encontró con unas amigas, chicas muy simpáticas que yo ya conocía bien. Uno de los productores nos invitó a visitar su bodega, a ella le encantó, le gustaba ese mundo por tradición familiar. Quedamos en ir todos juntos al día siguiente.
No madrugamos. Era sábado y la visita estaba prevista para el mediodía. Desayunamos con calma y cogimos el coche, paramos para recoger a las dos amigas que nos acompañarían y pusimos rumbo a la bodega.
Sin estar distantes parecíamos distanciados, ni en la mesa nos sentamos juntos. Yo me fijé más en los antiguos toneles y en la plantación de alrededor del edificio dónde me las arreglé para sacarme fotografías. Ella se quedó más tiempo con sus amigas en la terraza.
De allí fuimos todos juntos a un guachinche y después a una remota playa en un acantilado. Me esforzaba por hablar y sonreír pero a diferencia de otras ocasiones y de la inmejorable predisposición de nuestras acompañantes llegué a encontrarme extraño y aislado, ajeno a todo. Me sentí muy aliviado cuando pensó que sería mejor no salir de marcha esa noche. Estaba agotado psicológicamente.
Al día siguiente fuimos a una tranquila playa del sur, frente a unas casitas blancas y un tenderete donde vendían cerveza. Fue la última vez que hicimos algo juntos y pese a que estaba algo fresco nos dimos un largo baño. Me dejaba llevar, el final era irremediable pero no sufría, simplemente veía que nuestro tiempo juntos se extinguía.
Ya en casa vimos un rato la televisión, antes de acostarnos hablamos, todavía conseguimos sonreír una última vez juntos, tal vez un reflejo del pasado.
Al día siguiente me acercó hasta el aeropuerto. Tras facturar la maleta le pregunté si no le parecía que vivíamos en dos mundos demasiado opuestos. No me respondió nada convincente. Al coger el avión supe que ya no volvería nunca más a la isla.
Pronto me enteré que ella también tenía la decisión tomada.

lunes 1 de diciembre de 2008

LA GRANJA PECUARIA

Aún resonaban ecos totalitarios en las aulas de la escuela masculina donde me eduqué. El que fuese caudillo reposaba desde hacía unos pocos años en un famoso valle pero su escalofriante espectro aún se paseaba por nuestro colegio.En cuanto apareció nuestro maestro, don José Durán, todos nos levantamos y nos pusimos en pié. Así permanecimos hasta que el se acomodó en su mesa. En posición marcial, con gesto de respeto y derechos como velas (el solía utilizar otra expresión más cuartelesca). A don José sin duda le hubiese gustado que le hiciésemos el recibimiento con el brazo en alto y cantando viejos himnos pero, como él decía, los nuevos aires libertarios estaban corrompiendo absolutamente todas las instituciones y la docencia ya no era ni sombra de lo que había sido. Aquel día todos estábamos especialmente nerviosos, había programada una excursión a la granja pecuaria. No éramos más que unos chavales impúberes de apenas 12 años y cualquier cambio en nuestra rutina suponía un gran acontecimiento. Allí en la granja, según nos había anticipado don José, contemplaríamos a unos impresionantes sementales que, destinados a labores procreadoras, habitaban una especie de harem vacuno, lo máximo de la virilidad. Don Fabián, antiguo ganadero, viejo amigo suyo, y, ahora, el encargado de atender las visitas de la granja nos explicaría lo que representa un toro en nuestra cultura, así como el arte de cubrir y alumbrar las hembras en busca de los ejemplares más diestros para el mantenimiento de la estirpe.Mientras pasaba lista un antiguo profesor del centro, ya retirado y de apellido autóctono, digamos Valdés, irrumpió en el aula. Todos nos volvimos a levantar. El señor Durán aprovechó para loar las gestas de su admirado colega en lejanas estepas, según él luchando en una gloriosa cruzada contra el mal. En nuestra impresionable inocencia todos nos sentimos muy orgullosos de que alguien tan heroico nos acompañase en nuestra pequeña expedición.En el amplio y destartalado hall del colegio nos esperaba para despedirnos en una especie de ceremonia ritual, el director, don Máximo, un enciclopédico erudito a punto de jubilarse que prestaba poca atención a sus obligaciones académicas y que solía esconderse del convulso y desde hacía pocos años, también cambiante, mundo exterior tras sus gruesas gafas.Ningún autobús nos esperaba a la puerta. Como verdaderos expedicionarios herederos de las hazañas de Cortés o Pizarro haríamos a pie los aproximadamente diez kilómetros que nos separaban de nuestro objetivo.Salimos de la ciudad y nos internamos por polvorientos senderos. El calor húmedo se empezó a pegar a las camisetas y nuestras flacuchas piernas aún sin cubrir de vello notaban el fuerte ritmo marcado por los dos veteranos líderes. Según Durán en esos momentos se sentía como un pastor de ovejas obsesionado por cuidar de su rebaño.A mediodía, tras más de dos horas de caminata, los eximios profesores decidieron hacer un alto en un merendero. Curiosamente todos traíamos suficientes vituallas en nuestras mochilas excepto nuestros preclaros guías, confiados en que el buen Dios, al que se solían mostrar muy devotos, proveería. Y no fue Dios el que proporcionó el nutritivo maná sino algunos estudiantes, no se si muy desganados o más bien con argumentos académicos poco convincentes y muy necesitados de pasar el curso.Afortunadamente no descubrieron que mi bocadillo, por la azarosa coincidencia de regentar mi familia un restaurante y tener aquel día demasiado producto cortado, estaba relleno de gloriosas hebras de jamón ibérico. Bien sabía que el cerdo ibérico era otro de sus animales fetiche. Mi estrategia de apartarme en un discreto rincón a realizar mi almuerzo me salvó, sin duda, de un ayuno forzoso.Trascurrió demasiado tiempo y decidí acercarme al resto del grupo. Todos mis compañeros estaban impacientes y nerviosos. Algunos jugaban a ojo de buey, cuchillo y tijera. Otros charlaban a voces produciendo un gran estruendo con sus gritos. Los insignes maestros, tras terminar de comer habían desaparecido en el interior de la cantina del merendero, justo al lado de la gran terraza donde nos encontrábamos, según ellos para tomar un café. Habíamos recibido órdenes precisas de no entrar pero ya hacía más de media hora de aquello. Bermejo, uno de mis compañeros, osado de puro inconsciente, decidió internarse en el fondo del edificio. Los encontró despidiéndose de dos pintarrajeadas mujerzuelas a las que ellos llamaban bellas señoritas.Tras un brutal bofetón a Bermejo por su atrevimiento reemprendimos la marcha. La pausa había sido demasiado larga y eso nos dejaba muy justos de tiempo para llegar al lugar a la hora convenida pero los señores Durán y Valdés eran hombres de palabra y desde luego el grupo cumpliría. Tras un interminable sprint por angostas caleyas, cansados y sudorosos, llegamos a las puertas de la granja.Nos esperaba un joven de bata blanca. Don Fabián se había jubilado. Noté la cara de decepción de don José. La disertación fue técnica y tediosa. Nos pasaron por diversos laboratorios y básicamente ahondaron en los secretos de la reproducción in vitro. Solo al final nos enseñaron algunos animales. Eran francamente impresionantes. Totalmente especializados en labores reproductivas sus testículos tenían una hipertrofia tal que los hacía semejantes a balones de fútbol colgándoles casi hasta el suelo.Bermejo, alocadamente locuaz, como siempre, le preguntó a nuestro joven anfitrión, si veríamos a los toros interactuar con las hembras. El científico nos explicó que esas técnicas ya no se utilizaban, se limitaban a recoger el esperma en una bolsa especial para, tras fertilizarlo con el óvulo adecuado, introducirlo en una vaca ya seleccionada. Román, otro compañero aún más imprevisible y temerario que Bermejo quiso saber como se entretenían entonces los animales. El joven investigador, con una sonrisa burlona, contestó que la mayor parte del tiempo se entretenían entre ellos. Fue un momento doloroso. El mítico animal había sido corrompido, envilecido y humillado.Aún era peor, sin compañeras ni profesoras como referente nuestro futuro podría ser tan difícil, oscuro y siniestro como el de los desafortunados toros de la granja pecuaria.El regreso al colegio, con una ligera llovizna al principio que luego remitió para dar paso a un rojizo y espeluznante atardecer, fue triste y extraño. A Durán no le quedaron fuerzas ni para dar el merecido castigo a Román y Bermejo. Ya casi a las puertas del colegio se empezó a sentir realmente mal y todos vimos como una ambulancia lo llevaba al hospital.Un infarto mantuvo alejado de las aulas a don José todo el resto del curso. Le sustituyó la señorita Virginia, recién diplomada y de voluptuosa y escultural belleza. Su desparpajo fue una auténtica inspiración para nosotros y los oscuros nubarrones se disiparon mágicamente.La siguiente excursión la hicimos a ENSIDESA, el director no nos esperaba en el hall de la escuela pero si un flamante autobús y por entre las enrejilladas escaleras de la fábrica, Bermejo, Román y luego otros muchos dijeron ver la más recóndita intimidad de nuestra nueva profesora apenas si cubierta por una brevísima lencería de color rosa pálido.Definitivamente los tiempos habían cambiado. Ahora si que teníamos algo bueno que admirar.

miércoles 19 de noviembre de 2008

EL CISNE NEGRO


¿Cuanta información debemos de recopilar para tener una certeza sobre algo?
Me temo que hay materias en las que el número de pruebas nunca será suficiente.
Tal y cómo bien explica el economista Nassim Nicholas Taleb en su interesantísimo libro The Black Swan, podemos ir al parque todos los días y encontrarnos sólo con cisnes blancos, pero eso no probará que los cisnes negros no existen, una circunstancia fortuita puede hacer que nos topemos con uno de estos raros ejemplares que ni siquiera imaginábamos que existiesen, bien en ese mismo parque o más probablemente en una visita a algún lugar más recóndito donde esta característica sea más abundante. Nuestra sorpresa no sería tanta, sin embargo, como la que se llevaron los primeros europeos que pusieron pie en Australia y conocieron animales tan impensables y sorprendentes a sus ojos como el canguro o el koala.
Siguiendo esta línea de razonamiento, y en el ámbito puramente subjetivo, podemos tomar el amor como ejemplo, supongo que ni infinitas pruebas son suficientes para demostrar que el afecto y el compromiso va a ser duradero, sobre todo cuando un aislado y desafortunado desliz podría dar al traste con todo lo bueno hecho anteriormente.
Desgraciadamente la vida no es más que incertidumbre, sabiendo que las certezas no existen y que siempre hay que estar atento a lo que sucede a nuestro alrededor, y lucha, tratando de superar los nuevos retos que constantemente hemos de afrontar.
Las generalizaciones y los estereotipos siempre han sido malos compañeros de viaje, pero pueden convertirse en auténticos lastres para responder a las exigencias de la época contemporánea donde todo cambia vertiginosamente y lo nuevo pone constantemente en entredicho a lo anterior.
Más que nunca hemos de ser capaces de, sosegadamente, aprender y reinterpretar la realidad, cambiar de traje sin dejar de ser nosotros mismos, desconfiar de los dogmas y dudar de todo porque hasta lo inimaginable puede sucecer. Eso es en definiva lo que hace apasionante la existencia. No todo está escrito, sea cual sea nuestra situación, aún hay esperanza.

lunes 10 de noviembre de 2008

EL PRINCIPE DE LA PAZ


El juego de la política es el arte de la simulación, la hipocresía y el engaño. Un lugar donde prima el pretender sobre el ser y el vistoso continente sobre el valioso contenido.
Un circo de descarados lenguaraces que venden sonrisas bobaliconas y chascarrillos fáciles en vez de estimular a la superación y a la exigencia.
Nuestra nación ha sufrido como pocas el azote de los dirigentes incapaces que han proliferado como una auténtica plaga. Especialmente paradigmática me parece la figura de Manuel Godoy que tras 200 años podemos juzgar con el desapasionado prisma de la distancia.
La de Godoy es la historia de un guardia de corps despreocupado y atractivo que un afortunado accidente al caerse de un caballo le hace trabar amistad con María Luisa de Parma, madura, ajada y lujuriosa princesa de Asturias y futura reina de España.
A partir de ahí sus responsabilidades serán proporcionales, probablemente, a sus superlativas capacidades amatorias y falta de escrúpulos para complacer a la desdentada reina que sólo escuchaba lo que decía su Manuel, pero muy por encima de sus menguadas capacidades intelectuales.
El conde de Floridablanca, que aspiraba a obtener una posición más ventajosa respecto a Inglaterra fruto de la cual España recupera Menorca y se distancia de Francia, es defenestrado en una oscura maniobra política lo cual aprovecha Godoy para hacerse con la Secretaría de Estado unos meses después, tras el fugaz paso del anciano Aranda (1793). Sin embargo la nueva política internacional de Godoy carece de firmeza y temeroso de la Francia revolucionaria acaba por firmar la indigna Paz de Basilea (1795), poco ventajosa para España, pero que le valió al ambicioso valido el pomposo título de Príncipe de la Paz.
A partir de ahí España hipotecará su política exterior en beneficio de la francesa en permanente enfrentamiento con Inglaterra. La situación económica también es delicada y la ruina del banco de San Carlos un golpe insoportable para la maltrecha Hacienda Pública, paradójicamente Godoy reacciona acaparando más poder.
Aunque la presión del directorio francés consigue apartar a Godoy provisionalmente del poder en 1798 este sigue mandando igualmente en la sombra.
La política del valido depende cada vez más de los intereses franceses aún a costa de los nacionales (guerra de las Naranjas, Trafalgar), pero la situación se vuelve insostenible cuando decide dar permiso a los franceses para que atraviesen España e invadan Portugal a cambio del reino del Algarve para Godoy. Su narcisismo y falta de patriotismo le impide ver la realidad y el incidente acaba por provocar el motín de Aranjuez y los dramáticas abdicaciones de Bayona que permiten a Napoleón convertirse en rey de España en 1808.
Han pasado más de 200 años pero poco ha cambiado en nuestra nación y en el mundo.
Políticos con cargos por encima de sus posibilidades a cambio de los más perversos favores y componendas, políticas exteriores erráticas y supeditadas al capricho del pequeño vecino de turno de escasa estatura pero mayor talla política (de forma que una nación potente e independiente se convierte en un servil apéndice de otra sin obtener por ello ningún rédito), imprevisión y crisis económica, reyes despreocupados y libidinosos, allegados al régimen interesados y oportunistas, instrumentos de comunicación parciales y tendenciosos. Se renuevan los actores pero la historia siempre es la misma. Cada generación ha de elaborar, eso si, su particular remake de la película para adaptarla a los tiempos.

BARAKA


Baraka es un hermoso, poético e innovador documental experimental, una sucesión de brillantes imágenes rodadas en 1992 sin un argumento definido que pretende mostrar la grandeza de la naturaleza humana.
Baraka es también una antigua palabra sufí que significa aliento o esencia de vida.
Baraka puede significar, asimismo, fortuna o suerte favorable.
En Marruecos baraka es un don divino atribuido a los místicos y a las personas con cierta santidad, aquellos que otorgan bendición de dios a las poblaciones colocadas bajo su protección y a quienes peregrinan a sus tumbas.
Y curiosamente, desde ayer, Barak Obama es es el nuevo presidente de los Estados Unidos de América. Un hawaiano de padre keniano y madre norteamericana criado en Indonesia por su padre adoptivo asiático y educado en Columbia y Harvard , dos de las universidades americanas más emblemáticas. Obama es un negro desteñido con facciones de blanco, de nombre musulmán y creencias cristianas. Su mestizaje genético y cultural es fascinante.
Por tanto si Obama ha vencido al proteico héroe Mc Cain, garante del estilo de vida tradicional y de los viejos valores, es sin duda por ser un genuino representante de la globalizada época multicultural en la que vivimos y tal vez quien mejor pueda asumirla y entenderla.
Ilusionado espero que el nuevo inquilino del despacho oval sea capaz de cristalizar sus ambiciones en hechos y articular sus sueños en un programa riguroso. Deseo un impulso en América, un firme golpe de timón, si, pero no un viaje a ninguna parte sin rumbo ni brújula.
El planeta global está en crisis y necesita que el maquinista de la locomotora de occidente aporte soluciones imaginativas, sensatas y responsables. El mundo necesita aliento, fortuna, ingenio, algo de baraka.

TRAILER DE LA PELÍCULA BARAKA

miércoles 5 de noviembre de 2008

DE CANALES Y PUENTES


Si los rios representan el fluir del tiempo y el inevitable devenir de la vida que diría Heráclito, son los canales, bellos y barrocos cauces de este flujo de vitalidad, su expresión más artística y poética. Pero donde hay un río o un canal por el que discurren personas e ideas ha de haber un puente que enlace pensamientos y culturas. De ahí el seductor e hipnótico poder de las ciudades de canales y puentes.
Aún recuerdo cuando todavía niño visité Annecy con mis abuelos y me perdí por primera vez en un laberinto de canales, en las originales callejuelas empedradas de este pueblo encantador de la alta Saboya con deliciosos pasadizos como la puerta de Santa Clara y refinadas casas de piedra que parecían aún más bellas reflejadas en las cristalinas aguas que las circundaban. Terminado mi deambular y ya tocando con el lago que colinda con la villa me topé con un edificio bello pero sobrio, el Palais de l' Ile, completamente rodeado de agua con el fin de aislarlo de la ciudad puesto que antiguamente había sido utilizado como prisión. Alcé luego la vista para contemplar el robusto y elegante castillo que protegía la ciudad desde lo alto y reparé en que mi abuelo se acercaba hacia mi preocupado por mi larga ausencia. Con protectora indulgencia puso mi mano sobre mi hombro y me condujo a un bote en el que recorrimos el gran lago, bordeado de magníficas residencias y castillos. El agua era infinitamente pura, el cálido día de septiembre resplandeciente y luminoso, una suave brisa acariciaba mi cara y yo me sentí completamente relajado y feliz. Pensé en los desventurados cautivos que habían ido a parar en el Palais de l' Isle y los compadecí.¡Qué terrible destino es ser cautivo rodeado de una espectacular belleza que no puedes disfrutar!.
Y así otras ciudades con canales siguieron a Annecy.
Chartres, cerca de París y eclipsada por su imponente catedral, pero con un casco antiguo plagado de calles tortuosas, puentes de piedra sobre los canales y lavaderos que evocan a la Edad Media. ¡Qué divertido paseo con Laura en el trencito turístico y que suculenta comida un restaurante típico!
Brujas, en la parte flamenca de Bélgica, con canales plagados de cisnes por los que navegan los barcos con turistas, de la plaza de Burg a la iglesia de nuestra señora y aún más allá. ¡Qué ciudad más encantadora y qué sofoco, por más que las impresionantes vistas compensaran luego el esfuerzo, subiendo por las escaleras del campanario ubicado en la plaza mayor!
Cesky Krumlov, tal vez no es una ciudad de canales al uso pero si una auténtica obra de filigrana rodeada de un anillo de agua en el brazo del río Moldava que forma un pronunciado meandro en ese punto, de original acceso por la pasarela de un castillo y con una fisonomía absolutamente medieval en la que destacan sus fachadas de piedra y de colores y sus puentes de madera. La capital de la bohemia meridional es el decorado más idoneo para un romántico paseo. ¡Que agradable día de mayo de la delicada mano de la mejor compañía posible!
Venecia, sin duda el arquetipo de las ciudades con canales, es pura magia y sofisticación. Un lugar único y especial con lugares llenos de embrujo, la plaza de San Marcos, las góndolas, los puentes de Rialto y de los Suspiros. Era de noche y, completamente perdidos en el seductor laberinto que es la ciudad en sí, se nos hizo tarde para coger el último vapporetto de vuelta a nuestro hotel, situado fuera de la laguna, una espectacular carrera por las empedradas callejuelas y un providencial retraso hizo que mi hermana, dos amigas brasileñas que conocimos durante el viaje y yo pudiéramos dormir a cubierto esa noche. Casi lo lamenté. ¡Que hermoso hubiera sido haber dormido al raso en la ciudad más poética del mundo!
Pero no solo en Europa hay canales. A más de 2000 metros de altura en una zona conocida como pre Tibet ya entre el cielo y la tierra se encuentra Lijiang, un auténtico paraiso. A veces sueño que estoy de nuevo en el palacio de Mu, lugar donde la familia dominante dirigía los destinos de toda la etnia naxi, y puedo contemplar de nuevo toda la ciudad antigua con sus callejuelas empedradas y sus refrescantes canales que trasportan el agua venida directamente del Himalaya. ¡Qué fresca está el agua y qué puro es el aire!
Bonitos recuerdos, si, pero aún muchos canales y puentes por explorar. Mis ojos miran ya al Adriático. Allí se encuentra Ámsterdam. ¡Qué maravilloso es poder disfrutar de la fascinación de ciudades tan singulares!

domingo 2 de noviembre de 2008

EL BARRANCO DEL INFIERNO




La isla de Tenerife, que últimamente visito con bastante frecuencia, es una maravillosa caja de sorpresas.
En su parte meridional, tradicionalmente asociada con el turismo de masas, el sol y la playa, se encuentra un auténtico oasis de naturaleza y vida. El barranco del infierno, un pulmón verde en el árido sur.
Se accede al mismo por la localidad de Adeje y el recorrido sigue el antiguo cauce de un río, ahora prácticamente sin actividad salvo en su parte final donde se encuentra uno de los pocos puntos de la isla donde el agua fluye espontáneamente.
Inicié la caminata al mediodía y a pesar que el pedregoso camino es un tanto intrincado, el paseo, de aproximadamente 7 kilómetros, resultó agradable y liviano.
La marcha discurría entre portentosas laderas de piedra y una profunda garganta donde aún se aprecian estratos de sedimentos de lava volcánica, dejando atrás maravillosas vistas del luminoso poblado de Adeje rodeado por el mar.
En este tramo la vegetación circundante era escasa y pobre, sólo algunas plantas autóctonas como los sufridos cardones y la original tabaiba florecían tímidamente en un terreno seco y rocoso. Sin embargo encontramos gran colorido en el cielo, abundantes aficionados al parapente desplegaban sus vistosos globos aprovechando el fuerte viento y las empinadas laderas de la zona en lo que constituye un lugar ideal para la práctica de este temerario deporte.
Según íbamos ascendiendo notábamos un entorno más puro y un contacto más íntimo con la naturaleza. En el horizonte ahora se atisbaban cernícalos y las cabras saltaban, jugueteaban y se lamentaban de forma escandalosa entre los riscos que nos rodeaban.
Los fuertes quejidos de uno de los animales, potenciados por el eco que se creaba en el desfiladero llegó incluso a alarmarnos pero uno de los guardianes del parque natural pronto nos tranquilizó y nos explicó que eran las normales disputas entre machos, porfiando por hacerse con el dominio de las hembras, algo por otro lado común en cualquier especie aún cuando los rituales puedan ser un tanto más refinados.
Continuamos la ruta y reparé en las antiguas canalizaciones que conducían el agua de la montaña al pueblo, algunas con varios siglos de antigüedad, según nos explicó una amabilísima guía y curiosamente vieja conocida de una de las chicas que realizaba la marcha con nosotros.
Pasamos por unos puentes de mampostería y poco después observamos que el paisaje variaba súbitamente convirtiéndose en una proliferación de vegetación y verdor.
El agua fluía libremente en forma de arroyuelo y era casi inevitable mojarse en algún punto. El frescor era de lo más agradable, así como el canto de alguno de los pájaros que anidaba en el lugar, pero eso no era nada comparado con la gran sorpresa que nos esperaba al final. De una imponente pared y en un paradisíaco claro surgía una hermosa cascada, un fino, cristalino y delicado hilo de belleza y de vida. Allí disfrutamos del espectacular entorno unos minutos para iniciar a continuación el descenso por la misma senda que habíamos seguido previamente, con un único alto para avituallarnos y compartir anécdotas y risas con los fantásticos compañeros salmantinos y canarios que me habían acompañado en esta pequeña expedición.
Por la tarde me tocó relax en la playa de Médano pero continuo ávido por seguir descubriendo todos los secretos y rincones de la isla. Ansío ver que grata sorpresa me deparará mi próxima visita.

miércoles 22 de octubre de 2008

EL TRINEO DE NUESTRA INFANCIA


Tras otra agotadora jornada, prisioneros del mundo y sus reglas, desvalidos, incomprendidos quizá, el millonario Charles Foster Kane, el vagabundo de Chaplin y todos nosotros nos tumbamos en la oscura penumbra de una habitación y tras bucear en las profundas aguas de nuestra memoria caemos en la cuenta de que nuestro único verdadero y singular patrimonio son nuestros recuerdos. Ellos nos proporcionan la sabiduría y la dicha pero también el amargo pero adictivo regusto de la nostalgia.
Pensamos en el pasado y una y otra vez reconstruimos nuestras vidas, dándo a los acontecimientos nuevos matices y perspectivas según el giro de nuestras vivencias posteriores, nuestro estado de ánimo o el ángulo que utilicemos para enfocar nuestra mirada. Producimos así infinitas películas con nuevas acotaciones u originales montajes con finales tristes o alegres, según donde pongamos el punto final del cuento ¿ Es posible que Butch Cassidy y The Sundance Kid sobrevivan al último fotograma? o el énfasis de la historia ¿ Somos el Dr Jekyll o Mr Hyde ?.
Nuestra vida, cualquier existencia, puede ser una comedia coral o un drama griego, introspectiva o de acción, relatada por un narrador omniscente en forma de voz en off o contada en primera persona.
La vida que recordamos no es más que una sucesión de acontecimientos que seleccionamos de forma aleatoria, casi nunca en orden cronológico, que valoramos como queremos y recreamos a nuestro antojo. Nuestro mundo interior es, en realidad, el producto de nuestra fantasía, donde, igual que el Sr. Kane, todos guardamos celosamente nuestro particular Rosebud.